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La cultura del fútbol

Publicada el 11/05/2019 a las 06:00
Los intelectuales de todo pelaje han tenido una posición contradictoria hacia el fútbol. Borges creía que era uno de los mayores crímenes que Inglaterra había cometido contra la Humanidad, mientras que Albert Camus o Paul Auster lo alabaron por sus valores morales o como un milagro mediante el cual Europa aprendió a odiarse sin destrozarse.

En mi infancia y parte de mi adolescencia tenía como hábito seguir la Liga española por la Cadena Ser, con Vicente Marco en Carrusel Deportivo. No existía todavía la televisión, solo en el NO-DO podías ver algunos minutos de los grandes partidos. En Ceuta, desde los 7 u 8 años éramos preferentemente del Athlétic de Bilbao, del Barça o del Real Madrid. Aún recuerdo mis lloros cuando el Barça perdió la final de la entonces Copa de Europa (la Champions actual) contra el Benfica por 3-2.

Cuando Marruecos dejó de ser Protectorado español, en 1956, el Atlético de Tetuán era un equipo de Segunda y se fusionó con la A.D. de Ceuta, creando el Atlético de Ceuta y jugando en el estadio construido en 1933 por iniciativa del alcalde socialista David Valverde.

En 1942 se le puso el nombre de un antiguo futbolista, Alfonso Murube, que se levantó el 18 de julio con otros falangistas y llegaría a ser teniente en el Ejército de Franco, abatido en el frente de Aranjuez en 1938, mientras el antiguo alcalde socialista había sido fusilado dos años antes y el nuevo, republicano Radical (de Lerroux), sufriría cárcel varios años. En la temporada 1960-61, año en que me trasladé con mi familia a Valencia, a los 15 años, estuvo a punto de subir a Primera, pero el Elche lo derrotó en la promoción de ascenso.

Como viví en la calle Finlandia, al lado del Mestalla, solía ir con una entrada a Gol y allí tuve la ocasión de ver la última etapa de Di Stefano en el Madrid y Kubala en el Barcelona, que después jugarían en el Espanyol. El Levante U.D. entregaba un pase gratis a los alumnos del Instituto Luis Vives que sacaran matrícula de honor en alguna asignatura y celebramos el ascenso a primera en 1962/63, sin dejar de seguir al Valencia C.F del que algunos años fui socio.

En mi época de la Facultad ir al fútbol o enterarse de cómo iba la Liga se consideraba reaccionario y tenías que hacerlo a escondidas. Estaba mal visto como símbolo franquista y se interpretaba como “el pan y circo” de los romanos, por impedir tomar conciencia de la falta de democracia. Actualmente ocurre algo semejante en ciertos ambientes de jóvenes politizados con los toros. Habría que estudiar la dialéctica cultural de exclusión en el franquismo-antifranquismo de aquellos años. Fue a principios de los años 70 del siglo XX cuando Vázquez Montalbán, con su Crónica sentimental de España, nos justificó la pasión futbolística y su supuesto papel antifranquista como ocurría en aquella época con el Barça.

En casa de Ernest Lluch, con Fontana, veíamos los partidos de la Champions cuando era profesor no numerario en la Universidad de Valencia. Pero fue en Londres, donde conocí a Eric H. Hobsbawm, cuando percibí la dimensión social y política de este deporte. Iba algunas veces a los partidos del Arsenal, en el barrio de Highbury-Islington, donde residió hasta su muerte el escritor George Orwell. Los obreros industriales, desde finales del siglo XIX, eran los principales supporters (seguidores) de los clubs en sus domingos de ocio. Un escritor como Allan Sillitoe lo describió en 1958, con gran maestría, en su novela Saturday Night and Sunday Morning, llevada al cine por Karel Reisz, judío checo, refugiado en Inglaterra y cuyos padres murieron en Auschwitz. E.H.Hobsbawm investigó el fenómeno en sus trabajos sobre cultura obrera (La formación de la cultura obrera británica, en El mundo del trabajo, Crítica, 1987): “En las postrimerías de 1870 los periódicos ya eran conscientes de que atraían más lectores cuando publicaban los resultados de los partidos”.

Se calcula que en España un 56% de la población sigue los campeonatos de fútbol a través de la prensa, los digitales, la televisión o en los estadios. El etólogo Desmond Morris, el del libro de El mono desnudo, escribió que si los extraterrestres vinieran a la tierra tendrían que explicarse por qué en muchas ciudades y pueblos existen rectángulos con césped y gradas para contemplar que 22 personas pugnan por un balón para colocarlo dentro de un marco de tres palos, cerrado por una red.
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Javier Paniagua es socio de infoLibre
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3 Comentarios
  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 17/05/19 16:38

    A mí me gusta la biología y no doy la vara a nadie con Watson y Crick, ni con las investigaciones engenómica. El que tenga oídos para oir...

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  • Rafael Santana Rafael Santana 11/05/19 18:18

    Pues yo pertenezco a ese otro 44% de población, además hombre, al que no le atrae nada el fútbol.
    Y no se de que hablar los lunes por la mañana en la oficina.
    Así que guardo silencio.
    En cambio sí que levanto la voz contra la inmoral mercadería que suponen los distintos negocios del fútbol.

    Sigue siendo el "pan et circae" de nuestro tiempo.
    La mejor manera de seguir manteniendo a la gente "entretenida" alejada de lo que verdaderamente importa, para todos, y no para un bando u otro.

    Muchas veces me digo que si la gente pusiera tanto ardor como ponen cuando hablan de fútbol, cuántas cosas se podrían cambiar en este mundo, que no funcionan.

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  • AMP AMP 11/05/19 11:27

    El fútbol como deporte es muy loable, como mercancía, bastante repugnante.

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