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Librepensadores

Los bancos no aprenden

Publicada el 01/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 31/05/2019 a las 17:16
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Una parte considerable de los economistas hoy día han aceptado que una de las razones por la cuales esta crisis esta siendo tan profunda y costando tanto dinero es por el desarrollo, por parte de los bancos, de una innovación que les ha llevado a competir en otros mercados donde no son expertos y, sobre todo, porque se han alejado mucho de sus clientes —la razón de su existencia—.

La pérdida de confianza en los bancos como instituciones es tal que creo que tendrán que pasar lustros para recuperarla. En primer lugar, porque en ese desmesurado interés por crecer a toda costa, embolsándose unos jugosísimos incentivos, se dejaron atrás a quien les ha dado de comer. Prácticamente todos los bancos y cajas antes del año 2007 realizaban la misma estrategia: dotarse de unos instrumentos, los que fueran, para hacer crecer sus balances y cuenta de resultados. El negocio bancario —como bien saben ustedes—, es un negocio de intermediación por el cual el banco es remunerado por dar un servicio a sus clientes, bien sea custodiando su dinero a cambio de un tipo de interés o gestionándolo con mayor agresividad en los diferentes mercados a cambio de una mayor rentabilidad conjuntamente con cierta asunción de riesgo.

Desde el momento en que el banco o caja o cooperativa de crédito desvía la atención de sus clientes para ponerla en “la colocación” de sus productos, pierde su alma, su sentido, y se convierte en otro negocio donde el cliente importa, pero mucho menos, donde el objetivo no es hacer dinero por la satisfacción del cliente, sino a pesar de la insatisfacción del mismo. ¿Les suena de algo? Eléctricas, telecomunicaciones, los grandes oligopolios que todavía existen en nuestro país. En estas estábamos cuando las cajas decidieron parecerse a los bancos. Interesaba y mucho desde un punto de vista de remuneraciones de los consejos y los equipos directivos, y esta maldita crisis nos recordó a todos el papel que debíamos jugar y del que nos escapamos. A los ahorradores el de guardar algo para el futuro y no invertir todo en inmuebles porque “olvídate, si voy a duplicar mi inversión en 4 años…”; a los banqueros porque dejaron de mirar el interés de los clientes para centrarse más en el suyo propio, aumentar el activo un 10%, como sea, y el pasivo otro 5%. Y como sólo de “intermediación ecuánime y justa con el cliente” el negocio no da para tanto, habrá que hacer otras cosas. Se crearon los derivados, se titulizaron las hipotecas para crecer más rápidamente, se decidió que los seguros eran la forma más sana de crecer y había que colocarlos y, como todo el mundo tenía que tener una hipoteca y derecho a crédito, necesitábamos tener una oficina cada 100 metros, y nos convertimos en el país con más sucursales del mundo —casi 1 cada 1.000 habitantes, en Europa tienen 1 cada 2.000—. Actualmente en España 1 cada 1.500 como en 1983.

La burbuja explotó y además de irnos algunos al carajo —15.000 sucursales menos— y entonar un mea culpa por derrochadores, se decidió que deberíamos volver a comportamientos más cercanos a la ética y el sentido común. Íbamos a cerrar los paraísos fiscales, íbamos a trocear y separar la banca de inversión para que los productos de alto riesgo no pudieran volver a hundir los bancos tradicionales, íbamos a exigir a las entidades unos niveles de core capital que les permitirían “aguantar más” —test de stress— las posibles situaciones de bancarrota de sus clientes, íbamos a controlar más para que un banco no se convirtiera en una entidad tan grande que pueda hacer quebrar el sistema. “Too big to fail”. Y, sobretodo, había un trabajo que hacer para recuperar la confianza, porque ya nadie se creía eso de “en este banco lo más importante son sus clientes”, “nuestro cliente es lo primero”, “ la banca cívica”, “Queremos ser tu banco” o el “Alma del banco”. Después de décadas en las que ha quedado meridianamente claro que los bancos utilizan a sus clientes como a cualquier otro recurso, exactamente igual que a sus trabajadores, ya nadie se cree ese discurso.

No habíamos quedado que, a parte de legal, deberíamos mantener cierto carácter ético. Y más con la que nos esta arrasando. ¿No ha habido multas y juicios y declaraciones y más juicios y más multas por vender –colocar– productos a los clientes con un perfil de riesgo que no corresponde? ¿No ha habido suficientes condenas, desahucios, bajadas a los infiernos? La solución actual es obligar a los gestores a someter a sus clientes al cuestionario de perfil de riesgo. ¿No habíamos dicho que lo de las preferentes no se debe repetir, y que lo que nos va costar a todos nosotros, al erario público, es mucho más que lo que captaron todas las cajas y los bancos con ese comportamiento?

¿Por qué no aprendemos? Nos obstinamos en seguir manteniendo un sistema que acabará devorándonos. ¿Por qué? Porque en medio de todo ello hay un sistema de primas e incentivos a corto que obligan a quien quiere cobrarlos a no mirar la ética, a no mirar de frente, a los ojos y en interés de su cliente.

Los clientes ya han comenzado a cambiar de banco como de camisa y los nuevos competidores están apareciendo en la intermediación ofreciendo lo que sus clientes desean. Vosotros, mientras, habréis dejado el alma, lo que os debería diferenciar y os podía quedar, en el camino. ¿Y a quién importa todo esto? Y más si será la próxima generación quien lo pague. 

Aprendan e intermedien, y háganlo en el verdadero interés de su cliente, en desarrollar su mercado desde la demanda y conocimiento que de él tienen sus trabajadores, no desde el lado de la oferta de sus productos y servicios, no basado en la colocación de productos y el despido de sus plantillas. Es más difícil, y exige un pizca más de tiempo y humildad, pero es mucho más sano y justo, además de rentable a largo plazo. Pongan ahí sus incentivos.

Eso, si es sincero, les permitirá recuperar la confianza del cliente y no seguir disminuyendo su valor bursátil por la gran desconfianza que despiertan día a día.
___________________

Pablo Armendáriz es socio de infoLibre
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4 Comentarios
  • Ambon Ambon 02/06/19 14:02

    Hola Luisa, yo también tuve que pleitear con la Caixa para que me devolvieran cantidades a cuenta para la compra de una vivienda que debía estár avalada por ellos y también con Bankia para recuperar el exceso de la claúsula suelo en una hipoteca de mi hijo de la que yo era avalista, ganamos en los dos casos, pero gracias a los tribunales europeos, sin ellos, probablemente seguiría en pleitos y con poca esperanza o ninguna si se terminael dinero para pleitear.

    Todos los españoles somos iguales ante la ley, dice la Constitución, pero si tienes un pleito y no tienes dinero, ya me dirás como ejerces tu derecho a la justicia, un ciudadano con un modesto abogado peleando contra bufetes con cientos de abogados y lo que es mas importante cientos de relaciones influyentes.

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    • Luisa Vicente Luisa Vicente 02/06/19 21:12

      Hola Ambon, me alegro que pudieras recuperar tu dinero. Parece que ahora tenemos unos resquicios para poder defendernos contra la mafia bancaria. See han ganado a pulso la escasa credibilidad que tienen ahora después de haber cometido tantas estafas. Un cordial saludo !

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  • Luisa Vicente Luisa Vicente 02/06/19 00:51

    Hola Pablo, enhorabuena por tu artículo. No se si has sido un extrabajador de la banca y hablas así porque conoces bien el entramado de intereses y deslealtades de la banca, o quizá hayas sido un estafado al que le han colocado Participaciones Preferentes, Deuda Subordinada, un wasch o cualquier activo tóxico que matan tus ahorros. Lo digo porque esta carta transmite mucha desilusión, mucha impotencia, mucho desencanto. Es la carta que yo hubiera escrito, tal cual, sin quitar ni poner un párrafo. A mi me estafaron 70.000 euros con las preferentes de La Caixa. Al fina los recuperé sin abogado. Luché mucho, muchísimo, pero estaba tan decepcionado de mi banco, que ya no luchaba por recuperar mi dinero, sino por recuperar mi dignidad. La banca no tiene arreglo ni aprenderá nunca, Pablo. Ser banquero les produce un vértigo adictivo. Cuando ganan mucho dinero de manera injusta y escandalosa le da un chute de la adrenalina , que están deseando volver a repetir la misma jugada. Son jugadores de ruleta, ludópatas empedernidos , la gente les importa un bledo, van a por el más débil, clientes confiados, ancianos, jubilados, personas que no tienen formación financiera etc. Ahora han puesto en marcha una bomba de relojería , mucho peor que las preferentes. Se la colocarán a personas a partir de los 65 años. Se trata de la hipoteca inversa. De aquí a 10 0 12 años, los bancos tendrán una oleada de demandas como las tuvieron con las preferentes. Es un producto de riesgo, lo colocaran con una información deficiente, o incluso ocultando información básica con tal de colocar esta bomba. La CNMV, El Banco de España no están por su labor de controlar y supervisar, son sus aliados, para eso se crearon, no para custodiar al cliente de sus malas prácticas. En fin, si al menos tuviéramos unas Instituciones honestas que cumplieran con su labor, estaríamos más seguros, pero todo seguirá igual. Gracias por tu aporte.

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  • Ambon Ambon 01/06/19 14:14

    Todo eso que cuentas pasa porque el modelo bancario capitalista ha mudado como los virús, se ha hecho mas virulento, mas dañino para la sociedad siguiendo el modelo del individualismo liberal y alejandose del modelo social.

    Las Cajas de Ahorros habían sobrevivido algunas mas de 200 años recogiendo el ahorro local y favoreciendo el emprendimiento local, como tu dices los clientes eran importantes y se les cuidaba, además sus beneficios iban a obra social en el territorio, pero claro eso ya no vale, ahora tenemos que ser globales. Resultado esta generación de banqueros y políticos tienen el dudoso honor de haber llevado a su desaparición a instituciones centenarias.

    Se comenta que cuando en España termino la fusión bancaria, de los famosos 7 grandes y el Santander se merendó a Banesto, el Sr. Botín, dijo, "ahora a por las Cajas", no se si es verdad, pero podría serlo. El Señor Gónzalez, puesto por Aznar al frente de la Banca Pública Argentaria, pasó a ser presidente del BBVA, cuando se privatizó, privándonos a todos los ciudadanos de lo que era nuestro, antes habían ido juntando todo el paquete, Banco Hipotecario, Caja Postal, etc. Los grandes bancos privados no estaban dispuestos a perder el gran negocio hipotecario y desgraciadamente, el Sr. Aznar que debía mirar por el bien común, prefirió hacer el negocio con lo privado, cosa que su sra. volvió a hacer al vender la vivienda pública a los fondos buitres.

    La solución está en manos del Estado, somos propietarios de la mayoría de Bankia y algunas otras cosas, pues bien, usemos eso para volver a crear una Banca Pública potente, responsable y que piense en el bien común. Es nadar contracorriente, pero las corrientes también se pueden modificar si la mayoría así lo quiere.

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