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Poliarquía total

Pablo Quirós Cendrero
Publicada el 16/06/2019 a las 06:00
El concepto democracia está bastante alejado de lo que llamaríamos gobierno del pueblo, por sus raíces etimológicas. La imperfección, desviación, o evolución pragmática para normalizar el cauce político requiere que exista participación efectiva, comprender y estar informados de los temas públicos e influencia en la agenda pública. Poliarquía (Dahl) es lo que entendemos como democracia en occidente. La poliarquía se ha dotado de cargos públicos elegidos, elecciones libres, libertad de expresión y de asociación; parece una democracia, pero no lo es de forma auténtica.

Llamamos representatividad al reparto del poder entre diferentes actores. Se lo trasladamos mediante instituciones, partidos políticos o medios de comunicación. No dotamos de mecanismos de control suficientes a estos actores y nos encontramos con abuso de poder por élites dominantes que, mediante lobbys o alianzas, obtienen el control e imponen las voluntades más beneficiosas a sus intereses. Esto crea el sentimiento de verse no representado por los actores políticos que ocupan las sedes de la soberanía popular, creando una desafección de alto grado en la población.

Dahl habla de una profunda transformación del concepto de ciudadanía, pero aún hoy el término ciudadano, con sus derechos y sus deberes, sigue siendo un gran desconocido o está infravalorado por una gran mayoría en nuestro país. Existe la necesidad inmediata de aumentar las capacidades de los ciudadanos en la vida política, teniendo una mayor implicación y de una forma más cualificada. Puede que sólo esto haga que disminuya la desafección política.

La heterogeneidad social es una de las dificultades de la acción colectiva, lo cual reduce la posibilidad de esa acción colectiva. Sin embargo, la masa se moviliza muchas veces por el factor esperanza, el discurso demagógico y un líder carismático. A la hora de analizar cómo causan tensión en un sistema político las diferentes variables que operan en él, está claro que la mayor o menor implicación de los ciudadanos en las decisiones políticas llevarán a un consenso con más o menos capacidad de resolución de estas. Pero D. Easton nos dice que es necesario ver el sistema político, rodeado de ambientes físicos, biológicos, sociales y psicológicos. No se puede analizar de forma aislada. La democracia que nos hemos dado se trata de un sistema abierto, expuesto a las influencias que proceden de los demás sistemas de la sociedad.

La cultura política de no esperar mayor evolución que lo que depara el destino y mucho menos del sistema político (parroquiano), más allá de pequeñas sintonías de vez en cuando, se ha ido asentando, aunque parece que estamos en la búsqueda de una sociedad de cultura política de participación, donde los miembros de la misma se orientan hacia el sistema como un todo y practican un rol de sujeto activo; al contrario de la cultura del súbdito, que tiene la conciencia de una autoridad superior, aunque después la interprete como legítima o ilegítima. Es decir, se critica al líder de la formación por las diferentes tesituras, pero al fin y al cabo se le respeta porque por algo está ahí.

El desarrollo de las redes sociales, nuevos medios de información y la tecnología han hecho que exista un “público atento” lo suficientemente informado como para intentar dirigir los procesos. Y hay quien maneja la idea de utilizar todos los cauces para mantener un constante diálogo con la ciudadanía, para pulsar la opinión de hacia dónde, o donde no, dirigir algunas políticas.

La poliarquía parece lo ideal, si bien se trata de sistemas democráticos imperfectos que no llegan a cumplir con las exigencias normativas de la democracia ya que, aunque todos los instrumentos de la poliarquía son imprescindibles, no son suficientes para un completo proceso democrático en una sociedad. En las democracias muy consolidadas, los incentivos del sistema favorecen su expansión. El horizonte de un sistema democrático estable no está limitado y reacciona mejor al crecimiento económico, por eso los países más desarrollados son también las democracias más antiguas.

La teoría de la elección racional nos hace entender el comportamiento electoral. Los electores quieren maximizar su propio beneficio sin tener riesgos. El sujeto que analiza la teoría es el individuo, egoísta por naturaleza, lo cual llevará al final de una forma racional a buscar su propio interés, lo que hace que las formaciones políticas se deslicen entre los diferentes clivages y las modernas necesidades de la agenda pública. Decía Robespierre que la voluntad general no es lo mismo que la voluntad de todos, tienen en común la pluralidad al componerse pero se diferencian en un detalle básico: la voluntad de todos es la suma de los intereses particulares de los individuos que buscan el mismo objetivo, mientras que la voluntad general constituye la unión de los intereses particulares que se encaminan hacia un bien común.

El individuo elegirá a quien recoja mejor sus necesidades. Después comprobará el poder de decidir que tiene —es decir, de ganar—, lo cual estimulará al individuo a sentirse necesario, decisivo. De igual forma, considerará a lo que debe renunciar para ir a votar y el efecto de los medios en el individuo y el tiempo que pierde en informarse y estar al tanto, lo cual le formará una opinión como votante medio. Por tanto, el interés propio y no el colectivo es el que predomina en el modelo electoral de hoy día. Algo así como la voluntad de todos, como decía Robespierre, que los partidos deben transformar posteriormente en voluntad general.

Si no ocurre ningún cataclismo internacional, los próximos cuatro años de política interna serán muy largos para los que no tengan los deberes hechos en cuanto a hacer ver a su electorado que están aquí para hacer cumplir en la medida de lo posible lo que les han encargado que hagan, más allá de elucubraciones e interpretaciones sesgadas, de pactos y vetos y de idealizar el necesario funcionamiento de la democracia, haciendo parecer ilegítimos los votos de los demás.
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Pablo Quirós Cendrero es socio de infoLibre
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