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Publicada el 18/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 17/06/2019 a las 21:14
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Una mayoría de investigadores de las llamadas ciencias sociales (historia, ciencias politicas, literatura, sociología…) se limitan a sus investigaciones, publican sus artículos y libros, pero les cuesta salir a la cancha pública y explicar sus tesis. Lo hacen en reuniones cerradas, en congresos ad hoc, en cursos universitarios, conferencias o en plataformas como los thinks tank o en fundaciones especializadas, y solo algunos consiguen acceder a los medios de comunicación como tertulianos o columnistas entrando en los debates políticos o sociales.

Estoy en este apartado, aunque cada vez menos porque cuando estás jubilado y ya no tienes ninguna responsabilidad académica ni cargo alguno cuentan cada vez menos con tu presencia, aunque si tienes oportunidad, como es mi caso, dispones del privilegio de escribir libros, en un diario, digital o revista y expresar tu opinión sobre la realidad circundante. A veces los periodistas con sentido corporativo los consideran competidores porque ocupan espacios que les corresponde por su profesión. Sucede también con los pedagogos que se atribuyen la capacidad de expedir títulos necesarios para acceder a la docencia y así, por ejemplo, aunque no sean matemáticos o químicos, proclaman que pueden dar normas para enseñarlas. De esa forma, a más pedagogía menos ciencia, que es lo que está ocurriendo desde la enseñanza primaria a la universidad. Prefiero tener a un Einstein como profesor, aunque este poco dotado para la comunicación académica, que aquellos que han adquirido “técnicas de aprendizaje” pero que no están al día en su materia.

Con los periodistas, a veces, me ocurre algo parecido. Tienen un amplio conocimiento de lo que pasa en el mundo, captan con rapidez la raíz de los acontecimientos, leen lo que se publica en otros medios del extranjero y construyen relaciones para obtener buenas fuentes. Pero a veces les cuesta profundizar en aquellas publicaciones que se editan y se limitan a leer reseñas o las contraportadas de libros porque la tensión de su profesión les hace seguir el día a día con precipitación y disponen de poco tiempo, aunque en muchos casos hacen un esfuerzo supletorio para estudiar clásicos y modernos. Algunos combinan la narración con el periodismo de opinión. Ahí está la generación de Miller, Hemingway, Roth, Faulkner, Capote, Cheever, y otros, como también García Márquez, Vargas Llosa, Javier Marías o Millás, o los históricos de los siglos XIX y XX. Otros escriben ensayos o narraciones de lo que han publicado sobre personajes o hechos relevantes o hacen bolos por plataformas cuando han alcanzado un cierto estatus profesional.

Hace unos días tuve la ocasión de oír a dos ellos, Lucia Méndez y Jesús Maraña, que trabajan en medios madrileños y tienen buen predicamento entre el público que les lee porque suelen ser atinados en sus comentarios y escriben con buen estilo. Pero también procuran distanciarse de los cargos públicos o que detentan alguna representación. Suelen practicar aquello de que los periodistas no deben ser amigos de los políticos, de los empresarios o de los profesionales sobre los que tengan que informar. Procuran tener buenas relaciones, pero a distancia. Algunas veces cuando desarrollan sus intervenciones a modo de conferencia suelen practicar con los mismos parámetros que en las tertulias radiofónicas o televisivas.

Así, si, por ejemplo, se les plantea un tema que vaya más allá del análisis circunstancial, reaccionan con cierta previsión. Si para analizar el caso del soberanismo catalán aludes a la tesis que algunos historiadores y economistas sustentamos de que el problema soberanista tiene su raíz en que en Cataluña, como en el País Vasco, penetró la Revolución Industrial pero en cambio sus clases sociales no controlaban el Estado, al contrario de lo ocurrido en Europa (es el Piamonte el que unifica y dirige Italia, es Prusia la que hegemoniza Alemania, es la Ille de France la que controla Francia, es el centro financiero e industrial de Londres quien gobierna el Reino Unido y así en general en el resto de países), te tachan de historicista.

La burguesía catalana, que hace proclamación de españolismo, trata de intervenir y reformar el Estado español en la Restauración (1876-1923) a través de la Lliga desde principios del siglo XX. Y ahí está Cambó para articularlo como ministro con Alfonso XIII. Pactan el proteccionismo con los propietarios agrícolas castellanos y andaluces. Pero no consiguen reformar la administración de los aparatos estatales, controlados por funcionarios y políticos instalados de Madrid.

En cambio, ante esta tesis se contraargumenta que los catalanes han tenido fuerza y presencia en el Estado sobre todo desde 1978 poniendo como ejemplo a Pujol en el respaldo a la Constitución del 78. Eso ya significaba influir en el Estado, confundiendo acuerdos de convivencias o pactos políticos puntuales de legislaturas después del franquismo con lo que representa el poder estructural de un Estado en la línea de como lo concebía Weber, y como máximo, como han destacado algunos economistas. Se limitó a transigir aspectos en la política económica por razones de intereses comunes con el agrarismo desde Cánovas. Si se leen los discursos y conferencias de Pujol se apreciará sus diferencias con Tarradellas y cómo su proyecto de “fer país” desembocaba, como ya lo planteó en 1922 Esquerra Republicana, en que para los catalanes el poder de Madrid, y de España, no tiene posibilidad de reforma y hay que marcharse. Lo demás se las trae al pairo. Ante este problema se propone un Estado federal, especialmente por los socialistas, sin que se defina a qué modelo federal se están refiriendo porque tengo contabilizados unos 123 en el mundo.
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Javier Paniagua es socio de infoLibre
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6 Comentarios
  • M.T M.T 19/06/19 17:36

    Excelente artículo. Lo felicito.

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  • Ambon Ambon 18/06/19 09:59

    Si he entendido bien, nos viene a decir que las causas del nacionalismo vasco o catalán radican en que sus élites económicas que de algún modo protagonizaron la revolución industrial no controlaron el poder político a nivel del Estado, pero me llama la atención que esas misma élites han sido en general partidarias de la unidad y sin embargo son las clases medias vasca y catalana las que han conformado el nacionalismo en ambas CCAA.

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    • Javier Paniagua Javier Paniagua 20/06/19 08:43

      En el caso catalán la burguesia industrial quiere colaborar con el Estado y así lo hace la LLiga con Cambó a la cabeza. Incluso se entrevista con la reina Maria Cristina de Habsburgo que venía del imperio Austro-Hungaro lleno de multiples nacionalidades y creían que entendería el problema catalan.Cambó es dos veces ministro, y otra vez rechaza el ofrecimiento de AlfonsoXIII de presidir el Consejo de Ministros. Pero después de la Dictadura de Primo de Rivera que suprime la Mancomunitat la Lliga cambia su nombre de Regionalista por el de Catalanista, y de alguna manera abandona la colaboración aunque apoyaran a Franco en su mayoría. Es entonces cuando Esquerra considera que el Estado español es irreformable y hay que crear uno nuevo, independiente, y eso cala en las clases populares. De hecho en Cataluña el socialismo es miniritario con respecto al anarcosindicalismo al contrario de lo que ocurre en los paises industriales donde se impone la socialdemocracia. Los vascos, en cambio, no les interesa intervenir en el Estado siempre que se le respete su capacidad financiera y sobretodo los conciertos. En efecto son los pequeños y medios empresarios siderurgicos los que daran fuerza al PNV y desplazaran a la alta burguesia vasca con la figura de Sabino Arana que tiene una concepción racista del pueblo vasco y del español (no hay más que leer sus obras completas) en un tiempo en que el problema de la raza y su traslación política está en vigor. Pero tanto en Cataluña como en Euskadi hay un desarrollo industrial que no existe, o fracasa como señaló el profesor Nadal  en su libro "El fracaso de la industrialización en España" que fue muy discutido por los historiadores de la Economía. No obstante, el PNV se suele entender con los socialistas vascos y ya ha abandonado sus concepciones racistas pero so cu catolicismo vinculado historicamente al carlismo. Un saludo

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      • Ambon Ambon 20/06/19 12:46

        Gracias por su respuesta. Como bien dice usted, a Sabino Arana es mejor no menearlo para no enturviar la visión de modernidad que actualmente se tiene del PNV.

        Respecto a los fracasos de la industrialización en el resto de España, hay muchas y diversas causas y algunas de ellas muy anteriores a la revolución industrial como fue el desmantelamiento del comercio artesanal de la Castilla del siglo XV en los inicios de la casa de Austria a favor de los paises bajos, como fué el desmantelamiento industrial y minero de Andalucía y ya entrado el siglo XX la obligatoriedad que tenían las Cajas de Ahorros de toda España de invertir de forma preferente en Madrid, Cataluña y Euskadi, lo que llevó a las fuertes corrientes migratorias de esos años y a aumentar la desvertebración y la desigualdad entre regiones, por la falta de trabajo y desarrollo de muchas zonas de nuestro país. Adjudicar los méritos al capitalismo vasco o catalán y los fracasos a los pueblos del resto de España, obviando las acciones de gobierno nunca me ha parecido justo.

        Pero como usted sabe, lo mas importante de todo esto es que seamos capaces de hablar y debatir sobre ello y que los políticos dejen de manosear la historia usándola a su conveniencia, incluso sin conocerla.

        Cordiales saludos

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  • itnas itnas 18/06/19 08:14

    Un gran artículo prof. Paniagua. En efecto, no se comprende la razón por la que no se da más espacio a los expertos en específicas materias, como la Historia, la Biología o la Matemática, cuando se tratan temas relacionados con ellas. El periodista es buen conocedor de todo y de nada por formación. Que pueda discernir lo que 'grosso modo' hay detrás de una investigación científica, por ejemplo, queda claro, pero los matices imprescindibles para entender la investigación no pertenecen a su ámbito y, en muchas ocasiones, esto le hace decir generalizaciones ya sabidas, o equivocarse. Y, sin embargo, son los que teóricamente comunican, como expertos. 

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 18/06/19 07:09

    Veo la crisis actual del "proces" como muy desagradable especialmente porque empeora las relaciones personales en la sociedad catalana. Pero tal vez esta crisis resultarâ útil evidenciando su parte mâs errónea, me refiero ante todo al ninguneamiento sistemático de que la soberanía en el Estado español emana de todos su ciudadanos libres e iguales.

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