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Librepensadores

Vuelven los reinos de taifas

Publicada el 20/06/2019 a las 06:00 Actualizada el 19/06/2019 a las 22:18
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Los reinos autonómicos han servido para resucitar los antiguos reinos de taifas en la península. El Estado de las autonomías ha desintegrado políticamente España, fragmentándola en 17 miniestados. Un salto atrás en el tiempo que nos permite poner el contador de los siglos a cero y desandar la historia a velocidad de vértigo, en AVE en vez de a caballo.

Todavía algunos ingenuos creen que Franco fue el artífice de la unidad de España, cuando solo fue el máximo responsable de una Guerra Civil que dividió y enfrentó como nunca a los españoles, causando una carnicería. A lo largo de su siniestra dictadura, el dictador se preocupó de aplastar sin piedad a la izquierda, pero ahora, cerrada esa etapa negra, nadie más que él, sus incondicionales y los independentistas, confunde unidad con represión.

Por eso, que la izquierda regale la unidad de España a la derecha, apostando por la desigualdad de los territorios y el insolidario derecho a decidir, se antoja demencial. Según ese planteamiento, un ciudadano de izquierdas, aquí, no puede ser español, sino que tiene que ser autonómico por obligación, e independentista por vocación.

Posicionamiento político contra natura que atenta directamente contra la igualdad de condiciones, derechos y deberes de todos los ciudadanos, que debe presidir la vida pública de un país que no pretenda ser una república bananera.

La plurinacionalidad de España constituye la excusa perfecta para justificar los privilegios y diferencias de trato, haciendo tabla rasa de nuestra historia, vínculos y raíces comunes. Durante generaciones los españoles nos hemos movido, mezclado, convivido, guerreado y comerciado juntos, conquistado tierras y participado en las mismas batallas sin preocuparnos de nuestra procedencia. Hasta ahora, que la acabamos de descubrir. Porque sin denominación de origen no somos nada.

¿Habrá que apelar al diálogo de civilizaciones entre autonomíaspara entendernos, como cuando el solar patrio estaba ocupado por musulmanes, cristianos y judíos? ¿Hasta dónde vamos a llegar con este reciclaje de políticas del pasado?

Nunca antes las diferencias culturales, fueran gastronómicas —como comer longaniza o butifarra—, folklóricas —como bailar la jota o la sardana— o lingüísticas —como decir aita o papá—, habían servido para separarnos, justificar tan sangrantes discriminaciones económicas, o disfrutar de más y mejores servicios. La madre del cordero está en repartir equitativamente la riqueza nacional y no en respetar las señas de identidad de cada región, que ni la fabada, la paella, la escalibada, el cocido, los Sanfermines y las fallas están en discusión.

Resulta evidente que un país del tamaño del nuestro no puede permitirse tener 17 parlamentos, 17 gobiernos, 17 legalidades, 17 fiscalidades, 17 educaciones y 17 sanidades diferentes, sin que antes o después ese tinglado salte por los aires.

El estado de las autonomías ha convertido España en una barca de locos en la que cada cual rema en distinta dirección. Parece que por fin hemos dejado de estar todos sojuzgados y puede cada uno seguir su propio rumbo sin que nadie le frene o estorbe. Los vascos con su rh especial y su cupo, los navarros con sus fueros como premio por ayudar a Franco en la guerra, los catalanes reconvirtiendo a los llegados de otros puntos de la península a su milenaria identidad oprimida, los andaluces reclamando su deuda histórica... Y así hasta el infinito. Derecho a decidir por aquí y por allá. Y, si tú sí, ¿por qué yo no?

Se ha abierto la veda de las reivindicaciones, pero encima nadie está contento y todo el mundo se siente agraviado. Este ir cada uno por su lado ha provocado que:
 
  • Se inicie una desenfrenada carrera por diferenciarse a toda costa del vecino, no sea que le confundan con él
  • Se fortalezca la identidad local en detrimento de la general, fomentando un sentimiento centrífugo, de ruptura, con el Estado central y de conflictividad con los demás territorios
  • Las regiones compitan entre sí por ver cuál consigue más competencias y transferencias y se lleva la mayor tajada del presupuesto. Lucha desigual que beneficia a las más fuertes por su mayor capacidad de presión, en perjuicio de las más débiles que se ven cada vez más marginadas y rezagadas
  • Se multipliquen por 17 las instituciones, empresas públicas y estructuras de estado con el consiguiente incremento del despilfarro e ineficiencia. Se produce una  notable pérdida de economías de escala y de ahorro al no poderse efectuar contrataciones, compras de equipos y medicamentos a nivel nacional. Como tampoco el personal de la administración puede trasladarse libremente a otras comunidades, y ha de
    quedarse obligatoriamente a trabajar en la suya. Todo sea por la conciliación familiar. Y, si, por poner un ejemplo, antes una licencia de caza o de pesca valía para toda España, ahora se necesitan 17. Más ventajas.
En resumen, estamos ante un sistema político insostenible con un gasto inasumible. Las cuentas no salen. O estado de las autonomías o Estado de Bienestar: las dos cosas no son posibles. Y el que diga lo contrario, miente. Si mira debajo de su bandera, verá que las listas de espera siguen creciendo y que las pensiones están en riesgo.

Por fortuna, el estado de las autonomías resulta completamente innecesario y totalmente prescindible. Lo que no impide acercar al máximo la administración al ciudadano, descentralizando a nivel municipal la gestión de los recursos, sin necesidad de inventarse chiringuitos ni cortijos disparatados.

Entre tanto, seguiremos siendo tan autonómicos como mande el guión, sabiendo, eso sí, que como nos quiten la Liga, desaparecemos del mapa.
____________

Andrés Herrero es socio de infoLibre
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5 Comentarios
  • Ambon Ambon 20/06/19 18:24

    El problema de las autonomías es que se hizo con miedo en la sacrosanta transición y por esos miedos, probablemente justificados, no fue ni chicha ni limoná. España dada su diversidad debe ser una Federación, si es República, ya ni te cuento, si además la logramos que sea Ibérica, un sueño.

    Debe ser un Estado Federal, con las competencias de cada nivel de administración perfectamente delimitadas para dejar de una vez de discutir y utilizar como arma de pactos las competencias dudosas. El Senado debe ser una verdadera cámara territorial donde se debatan las diferencias siempre con la máxima de la igualdad entre todos.

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  • AMP AMP 20/06/19 09:44

    Tocayo, has tocado un tema sumamente interesante y delicado.
    Se hace muy difícil entender 17 gobiernos que no mejoran precisamente la vida de sus ciudadanos en la medida que deberían después de 40 años de existencia. Se hace muy difícil entender las diferencias entre españoles sean de donde sean.

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  • subeChico subeChico 20/06/19 09:41

    Me parece que el señor Herrero sostiene su tesis con excesiva vehemencia, como si le faltasen razones y necesitase levantar la voz.
    Yo, desde luego, no estoy de acuerdo con su sacrosanta unidad, aunque estoy de acuerdo con la necesidad de descentralizar hacia las instituciones locales para dotarlas de más autonomía.

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  • BASTE BASTE 20/06/19 08:28

    Franco solo mantuvo,con gran coste humano,la unidad conseguida, a sangre y fuego,por el hijo de Piedrahita t,de ello,sólo nos separan menos de 500 años,son muchas más las generaciones milenaristas que ha tenido la península dividida en diversos reinos que en unidad,eso sin contar con Portugal,Andorra o Gibraltar.Es un conglomerado de naciones con más historia propia que común que abarca desde el reino de Antonio hasta la actualidad,pasando por vascos, fenicios, romanos, bárbaros, árabes....etc,cada uno con sus áreas de poder solapándose en tiempo y territorio.La tan pretendida unidad ha sido algo conseguido y mantenido por la fuerza por el ansia de poder de unos pocos frente a otros muchos.El estado de las autonomías solo es una solución temporal al problema,la solución armónica vendrá cuando la unidad sea una colaboración entre entes con personalidad propia en su más amplio sentido,mientras tanto el apaño autonómico mantiene la paz, aunque sea con dificultad.Ir hacia atrás es tratar de desmontar lo logrado y es propio de quienes añoran aquéllo del imperio en el que no se ponía el sol.Vamos hacia el futuro y lo bueno está en la diversidad,no en la endogamis de lo único.Por cierto,los Fueros,que no son solo navarros,tienen un recorrido histórico mucho más allá del dictador gallego.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 20/06/19 07:22

    Estoy de acuerdo con la unidad y la igualdad de los ciudadanos. Opino que el sistema autonómico debe ser mejorado pero no suprimido. Me ha pasado por la cabeza que podrías ser catalán y en tal caso entiendo cierto hartazgo tuyo. Buen día, Andrés!

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