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Librepensadores

El juicio pendiente

Antoni Cisteró García
Publicada el 14/10/2019 a las 06:00 Actualizada el 11/10/2019 a las 20:29
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Es una práctica habitual en el catolicismo: cuando se detecta algún caso de pederastia entre los clérigos, se manda al pecador lejos de su ámbito, a menudo al extranjero. Silencio, ninguna autocrítica ni arrepentimiento institucional, olvido del infractor. Pero imaginemos que, por azar, al ser destinado a algún país peligroso, el antiguo perseguidor de niños es atacado por su calidad de católico. Podrá incluso ser considerado un mártir, condición que no borra, sin embargo, su currículo de pederasta. Si no muere en el lance y se recupera, podrá seguir con el trabajo que se le hubiera asignado en el momento de su destierro: podrá ser un buen enfermero o ayudar eficazmente a cooperativas agrícolas. Pero no debiera nunca más acercarse a los niños.

Sirva este preámbulo para mirar el procés desde un punto de vista global y no, como hasta ahora, con el foco puesto en unos pocos días de otoño. Si consideramos la larga prisión preventiva, en parte provocada por el engaño de los compañeros que huyeron dejando de acudir a su oficina el lunes de marras, los afectados pueden considerarse injustamente tratados. Pero si asumimos una visión más amplia, si pensamos en todo lo sucedido desde 2012, y en especial durante 2017, la figura de muchos de ellos (y por descontado los de fuera), coge otra dimensión.

Mintieron sobre los recursos de que disponían, dibujaron un falso horizonte idílico y cercano, empujaron a la ciudadanía a enfrentarse a un contrincante sin medir las fuerzas de ambas partes, y fomentaron la separación entre fieles y escépticos. Violaron la buena fe, el legítimo amor a su país de centenares de miles de personas, que lo que siempre han querido es lo mejor para Cataluña.

Las posturas independentistas son legítimas, como lo son las unionistas, las federalistas y todas las istas que se quieran proponer. Pero no es legítimo jugar con un sentir profundo y sincero, tocando la flauta de un futuro inexistente hasta llevarlo al río del desencanto, desgarrando por el camino tejidos sociales y familiares de todo tipo. No se puede empujar al “pueblo” a resistencias numantinas mientras se aprovecha la ventaja electoral que la maniobra genera para perjudicar al propio pueblo con recortes, privatizaciones e ineficacia.

Llegará la sentencia que, añadida a la prisión preventiva de algunos, fijará una pena relacionada con los presuntos desacatos anticonstitucionales. Pero: ¿Y todas las mentiras y manipulaciones previas? No están contempladas en el código penal, pero no por ello son menos dañinas. Estas, solo el pueblo (sí, el pueblo, todo él) de Cataluña, el verdadero violado, las debería juzgar castigándolas con el olvido de los protagonistas.

Quizá sean buenos historiadores, economistas, funcionarios, camareros o taxistas, pero han sido también embaucadores, el farol no era únicamente para el gobierno central, también lo fue para la ciudadanía, a la que empujaron a recibir porrazos desde sus muy confortables despachos. Nunca más deberían poder reanudar la tarea política en representación de la gente a la que engañaron, y mucho menos participar en las arduas negociaciones previstas para encontrar la salida al lío al que nos han llevado. Esta inhabilitación debería ser la base previa a cualquier reducción de pena.

Y, por cierto: algunos están haciendo la misma labor negativa sin ser inculpados. Pero siguen con el populismo como tapadera de su ineficacia. Tendrían que ser los verdaderos partidarios de la independencia, y también los de la mejora y aumento del autogobierno de Cataluña los que les alejaran de la gestión pública, con el fin de que cogieran el relevo otros más centrados en el bienestar común. En el fondo, como que esto será difícil de llevar a cabo, si algún día llega la inhabilitación del actual presidente y su equipo, inepto incluso para avanzar hacia la soberanía, significará un paso gracias al cual, la ciudadanía, toda, se verá beneficiada.


Antoni Cisteró García es socio de infoLibre
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3 Comentarios
  • Angel Viviente Angel Viviente 15/10/19 21:22

    Este artículo da " a los de fuera de Cataluña" una visión distinta de las que estamos acostumbrados a oír, de uno y otro lado.
    Independientemente de las razones y orígenes, el artículo toca un tema que creo muy importante y que solo conozco por oídas y que es extremadamente angustioso y al que creo no se le esta prestando demasiado "aire" en los medios y que es el de la ruptura social que se esta produciendo y que es algo terrible. Imagino familias enfrentadas entre ellos y grupos de amigos que han dejado de verse, compañeros de trabajo... Y el problema es saber si esto pudiera tener una vuelta atrás.
    Juicio pendiente a los que han llevado a esta situación en uno y otro lado, aireando sus banderitas en los morros de los otros.
    Esta claro que esto no se ha gestionado bien por ambas partes. Pero el problema no es nuevo. La Republica ya dirimió estos asuntos en 1934 y ya vimos como acabó el experimento. Deberían(mos) todos tomar nota y exigir políticos razonables, sensatos, inteligentes, empáticos...etc, que se sienten y diriman temas básicos, teniendo delante y analizando lo que no debió hacerse... ahora y en 1934.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 15/10/19 18:00

    Si el Presidente es Torra es obvio que mejorar sí se puede pero, ¿cómo se puede aumentar el autogobierno de Cataluña sin llegar a la independencia completa?

    En Cataluña:

    La lengua materna de la mayoría de los escolares es el español, pero están obligados a aprender en catalán. El Gobierno de España no puede impedirlo.

    En los sucesos del otoño de 2017 quedó demostrado que la presencia policial (Policía Nacional, Guardia Civil) es residual. Cuando el Gobierno intentó trasladar a miles de policías, no tuvo más solución que el sonrojante barco Piolín y alquilar hoteles de los que, en la mayoría de los casos, se les expulsó. El Gobierno no pudo hacer nada más.

    El Gobierno puede, si le autoriza el Senado, aplicar el 155 por un periodo limitado y con un objetivo concreto cuando las autoridades de la CA incumplan gravemente sus obligaciones. Tras los sucesos del otoño de 2017, lo único que pudo hacer el Gobierno fue aplicarlo durante un mes para convocar elecciones que los separatistas volvieron a ganar: se avanzó mucho con el "arma atómica" de la CE, como se puede ver. Un artículo de gran utilidad.

    El Gobierno decía que había intervenido las cuentas de la Generalidad unos meses antes de aplicar el 155. Como los funcionarios catalanes son mayoritariamente afectos al régimen separatista, que así se los selecciona. todo lo que consiguió el Gobierno fue asegurar a través de su egregio ministro Montoro que la Generalidad no había destinado un duro a la preparación del referendo. Menos mal que el TS no le ha hecho ningún caso.

    Es decir, el Gobierno de España es incapaz, ni siquiera en caso de perentoria necesidad, de controlar en Cataluña la enseñanza, el orden público o la hacienda y no es solo ni principalmente por incapacidad propia, sino porque la transferencia de competencias ha sido tan amplia y tan profunda que al Gobierno no le queda prácticamente ninguna.

    La sensación de un español que visita Cataluña, especialmente fuera de Barcelona, es la de estar en el extranjero. En un extranjero hostil, por cierto, ni siquiera neutral.

    ¿Podría concretar el autor en qué está pensando cuando habla de aumentar el autogobierno de Cataluña? Siento verdadera curiosidad.

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    • ACistero ACistero 16/10/19 10:54

      Muchas gracias, Jorge Plaza, por leer y comentar mi artículo. Con los rescoldos del tsunami de ayer, he mandado otro artículo a esta sección (Mareas y tsunamis), que quizá ayude a clarificar mi posición.
      Mi referencia a "más autodeterminación" no es ni a favor ni en contra de ella, sino un llamado a los que se proclaman independentistas, sin mayor análisis por su parte sobre lo que ello significa y acarrea. Solo poniendo en evidencia la falsedad de la utopía final, que para ellos justifica cualquier desmán intermedio, será posible que accedan a hablar y razonar. Pondré el manido ejemplo de la partida de cartas. El que va de "farol", al perder, no enseña nunca las cartas, con lo cual sigue pidiendo más y más fondos (coste económico y social) a sus fieles (en el sentido religioso de la palabra, enfrentando fe a razón), que padecen ya ludopatía. Solo poniendo todas las cartas sobre la mesa, algunos, no todos, verán el engaño continuado en el que se sustentaba su adhesión, y quizá se acabe la partida que ha caído en una espiral de autodestrucción. No será fácil, pero un baño de realidad nunca viene mal.
      En cualquier caso, y como apunto en el citado artículo, te invito a seguir este hilo para ir profundizando sobre el tema. Por mi parte no quedará.

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