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Librepensadores

Socialdemocracia o muerte

Felipe Domingo Casas
Publicada el 02/12/2019 a las 06:00 Actualizada el 30/11/2019 a las 20:03
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Con el pactómetro o gobernómetro funcionando a toda pastilla en las televisiones públicas y privadas, se han hecho ya todos los cálculos y se han vertido las opiniones más interesadas, afirmando, en unos casos, la certeza de la investidura de Pedro Sánchez y poniéndola en duda en otros. Terminaré por dar mi pronóstico, pero antes unas reflexiones que deben ser la base para la investidura y el futuro Gobierno de progreso.cEn España y en otros muchos países, en los momentos actuales, se dirime una lucha ideológica y política entre la socialdemocracia y el neoliberalismo, que es el único sistema económico que rige en el mundo. O tiene que dirimirse. Porque el capitalismo neoliberal que impera desde los tiempos de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan, a pesar de que muchos manifiestan que está en crisis y algunos pronostican su muerte, tanto los que lo combaten como sus defensores reconocen las enormes desigualdades que ha creado su aplicación este sistema económico globalizado entre los paises y las capas sociales de esos países.

No hay revoluciones a la vista que pongan en riesgo el capitalismo neoliberal y su sustitución por otro sistema económico en los paises, ni por medios pacíficos ni violentos. Todos los movimientos y protestas sociales, de los chalecos amarillos en Francia, de las prolongadas protestas en Hong Kong contra el gigante asiático de China, las multitudinarias protestas y movilizaciones en Chile o las de los bolivianos, las de los colombianos y ecuatorianos, si las traducimos al terreno de la economía, pretenden arrancar al neoliberalismo un pellizco lo más grande posible del crecimiento económico que genera (un trozo del pastel) para paliar las enormes desigualdades que crea en las capas populares.

No se ha puesto en práctica todavía en ningún país un modelo económico alternativo que supere al capitalismo, como el socialismo participativo de que habla Thomas Piketty aunque las ideologías sean y no la lucha de clases, en su opinión, las que han creado las desigualdades sociales. Cualquiera que haya visto a Jeanine Áñez, la que se declara nueva presidenta de Bolivia, intronizando una gran Biblia a palacio y decir: “Nuestra fuerza es Dios”, pensará que quiere establecer una teocracia en el país para dotarle de mayor igualdad, pero en realidad su propósito es eliminar las reformas hechas o las que pretendía hacer Evo Morales para reducir las desigualdades de los bolivianos.

El ejemplo de Chile es el más significativo, si cabe. “En Chile nació el neoliberalismo y en Chile morirá”, se leía en una pintada en una blanca pared de Santiago. A mucha gente le sorprende lo de Chile, escribe Ernesto Vale para La Vanguardia. Una decisión sencilla hizo prender la mecha: el incremento del billete del metro. Para los que hemos pasado de los 70 años, eran las subidas de precios que se producían en España en tiempos del franquismo, el aumento de la “carestía de la vida”, lo que nos movilizaba a los partidos políticos en la clandestinidad y a las asociaciones de vecinos, entonces pujantes.

“En el experimento chileno, el milagro económico, se privatizaron casi todas las empresas públicas, además de las pensiones, los servicios de salud, la educación, la vivienda protegida, etc”. ¡Se adueñaron del agua!, ¿les suenan los intentos de la liberal Esperanza Aguirre e Ignacio Gonzalez para privatizar el Canal de Isabel II?

En España, hace ya tiempo, que los partidos políticos han escogido su ideología y con ella hacen su oferta electoral a la ciudadanía y, aunque algunos se resistan a aceptarlo, forman dos bloques claramente diferenciados, las derechas y las izquierdas. Lo que diferencia a unas y a otras es el modelo económico. El neoliberalismo, en las derechas, y la socialdemocracia, en las izquierdas, porque como dice Joseph Stiglitz, “el neoliberalismo no es nada liberal”. Vístanse con el ropaje de invierno o de verano, de primavera ú otoño, el modelo económico que imponen el PP, Ciudadanos y Vox es el neoliberal, un modelo que en su esencia crea profundas desigualdades y que, a mayor desigualdad, crea mayor inestabilidad social. No caben medias tintas. La secuencia de los economistas que afirman que al imprescindible crecimiento económico le sigue el reparto de la riqueza generada y múltiples oportunidades para todos no es cierta, si rige la exclusiva ley de los mercados y no se le contraponen políticas económicas y sociales que la distribuya. .

Michael J.Sandel, Premio Princesa de Asturias 2018, en una entrevista en El País, a su paso por España en el mes de mayo para dar una conferencia en la facultad de filosofía y letras de la Complutense afirmaba: “La globalización neoliberal ha hecho crecer la desigualdad y la exclusión social y ha creado una ira y un resentimiento en muchos votantes que encaja con esa especie de revuelta populista contra el establishment”.

Por sus palabras, se refiere a los movimientos neofascistas, porque afirmaba: Así como en el Reino Unido, EEUU e incluso China, los participantes en sus coloquios “suelen estar más cerca de los valores puramente económicos del mercado, en España, la audiencia tiende a ser más crítica con la extensión de los mecanismos del mercado a otros espacios como la educación, la sanidad o el medio ambiente”. Quizás por ello, “la extrema derecha autoritaria y populista”, haya tardado más tiempo en resurgir que en otros paises y lo haya hecho, en su opinión, recoge el periodista, en una escala más reducida.

Michael J. Sandel no se imaginaba en el mes de mayo que se repetirían las elecciones y que los resultados electorales del 10-N, con el avance significativo de Vox que ha contradicho esas afirmaciones, todos los partidos y los medios de comunicación deben reflexionar sobre las responsabilidades contraidas en el incremento del neofascismo en España y actuar para reducirlo.

Habrá investidura en diciembre. No por el PP y Ciudadanos. Declararse de ideología liberal en el ámbito económico y de “centro”, como ahora con énfasis se declaran Arrimadas y Villacís, las nuevas lideresas, es una contradicción “in términis”. El liberalismo lo impregna todo: el feminismo, la sanidad, la educación, la fiscalidad, el clima. Angel Garrido pasó del liberalismo del PP - bien lo saben los taxistas- al liberalismo de Ciudadanos sin pestañear. El feminismo liberal no existe, los conciertos en educación, manejados por ideologías conservadoras o religiosas fomentan el adoctrinamiento que tanto critican las derechas y crean desigualdades. Aunque es un pronóstico atrevido, incluso osado, pienso que ERC puede votar “sí” a la investidura si el alma de izquierdas y antifascista se impone al independentista, previo acuerdos entre el Partido Socialista y el partido republicano.

Que el Gobierno implemente con decisión y sin miedo políticas sociales y de igualdad, distribuya la riqueza en beneficio de los más desfavorecidos, haga políticas territoriales claras y dialogadas, serán el mejor antídoto contra el neofascismo, al que se le han de imponer todas las trabas posibles para que no pervierta las Instituciones. Ignoro por qué hoy, dia internacional contra la violencia machista, no han podido aprobar una declaración institucional en la Asamblea de Madrid contra la misma. Precisamente en eso consiste la unidad, en aislar al fascismo. Contra esa forma de actuar, aprovecharse de la democracia para debilitarla, hay que oponer más y más democracia.

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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre

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2 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 02/12/19 20:45

    Estoy bastante en desacuerdo con su opinión, consocio, pero destacaré solo un asunto: es imposible meter en el mismo saco las protestas de Hong Kong, los chalecos amarillos, Bolivia, Chile o Colombia (o, ya puestos, las de Cataluña, que usted no menciona). En Hong Kong más bien suspiran por más neoliberalismo si con eso se libran del pesado yugo de Pekín; en Bolivia hubo un intento de amaño de escrutinio que ha desembocado en algo bastante parecido a un golpe de Estado y se enfrentan los partidarios del que amañaba con los que lo echaron, pero el asunto económico está, si está, en segundo plano. Hasta cierto punto los motivos de las revueltas chilenas y las de los chalecos amarillos sí coinciden, pero solo hasta cierto punto porque las condiciones sociales de los dos países son incomparables. Y si metemos a los separatistas catalanes, que también las pían mucho, nos las vemos con un movimiento plenamente reaccionario muy similar a los xenófobos que se imponen en Hungría, Polonia o Italia. Lo de Colombia, igual que sus eternas guerras de guerrillas, confieso que soy incapaz de entenderlo: entra en la categoría de galimatías barroco típicamente latinoamericano.

    O sea, que no: que esos casos que usted cita se parecen poco entre sí.

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  • Ambon Ambon 02/12/19 18:25

    El capitalismo financiero globalizado lo impregna todo, incluso lo que desde el punto de vista ideológico podría sonar como lo opuesto que es el comunismo, en nuestros días es un capitalismo de Estado, China y su modelo lo evidencia, pero han manoseado las palabras y los conceptos, así los que hoy se llaman liberales, en realidad serían los conservadores de otros tiempos, los que hoy se llaman populares, representan los intereses de las élites y los que se definen como socialistas son tímidamente socialdemócratas.

    Estoy de acuerdo con el autor en que hoy la dicotomía es entre una economía de mercado con o sin regulaciones, entre la ley de la selva y un Estado que ponga y haga cumplir las normas para cuidar a TODOS sus ciudadanos, como le llamamos a eso, no debería ser lo importante, pero acepto el término de socialdemocracia, la segunda parte de la palabra es importante para evitar los totalitarismos de uno u otros signo que tanto daño hicieron el pasado siglo.

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