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La integración de los opuestos

Rafael Santana
Publicada el 04/02/2020 a las 06:00

“Como la propia vida, soy a ratos destructor y a ratos nutridor, salvaje y domesticado,
solitario y comunitario”. 
Sheldon Kopp.
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Llevar una vida lo más equilibrada y feliz posible pasa por “integrar los opuestos”, es decir, reconocer e integrar las propias contradicciones de nuestra personalidad, sin que ello nos genere sentimientos de inferioridad o superioridad. De tal manera que nos permita encontrar nuestro hueco en este mundo, y desde ahí veamos este mundo ni grande ni pequeño, sino nuestro, y no andemos todo el tiempo como —huyendo— en una búsqueda incesante.

Para mí hay un mito, el de Ceres y Proserpina, que ilustra espléndidamente esto que digo. Nos habla de dicha integración de los opuestos, con el descenso cíclico de Proserpina cada otoño, cuando los árboles se desprenden de sus hojas, hacia el mundo subterráneo del subconsciente, descenso al mundo de las sombras, a esa parte de nuestro interior que no podemos, o que no queremos ver; para renacer posteriormente cada primavera, con una nueva luz, una nueva esperanza, atravesando así el abismo de lo insondable, de lo ignominioso, de todas aquellas partes de nuestro ser que necesitan ser escuchadas, aceptadas, como partes integrantes del—todo—que somos.

Igualmente, los principios de la filosofía hermética, nos hablan desde bien antiguo que los extremos se tocan, las paradojas se reconcilian, que ninguna verdad es totalmente verdadera o falsa porque todo dependerá del color del cristal con el que se mire, de la perspectiva en la que cada uno se posicione para analizar la cuestión. Que todo asciende y desciende en un fluir constante, en un movimiento pendular si se quiere, como en un continuo vaivén o balancé, que nos hacer circular de un extremo a otro. En definitiva, que nadie hay totalmente bueno o totalmente malo, que todos tenemos nuestras sombras y nuestras luces.

Encontramos otros ejemplos de esta paradoja de la reconciliación, por citar alguna que me interesa especialmente, como las prácticas de tantra sexual, de la unión de lo masculino con lo femenino, en donde el enroscamiento de la energía sexual, serpenteando por la columna vertebral, en el éxtasis orgásmico de la energía kundalini, se da como un encuentro constante entre la energía masculina y femenina, entre las energías del cielo y de la tierra, entre lo que está afuera y lo que está dentro, lo que está encima y lo que está debajo, entre la derecha y la izquierda. Un encuentro entre el placer y el dolor que procuramos, como en un equilibrio constante entre lo que damos a la vida y lo que tomamos de ella, un equilibrio de la fuerza de la vergüenza que nos paraliza y que nos impide pasar a la acción.

Y es en esta acción donde quiero recalar, e invitar a todas, a todos, a mirar a nuestra España desde una óptica sosegada, sin odios ni rencores, algunos viejos, otros meramente ficticios, que lo único que hacen es invitar a la ceguera y a la sinrazón. Porque otra España es posible, positivista y posibilista, con ganas de progresar en conjunto, no solamente para unas pocas oligarquías de siempre, sino para todas, para todos. Desde una óptica más ecosocial, más ecofeminista, más ambientalista, más inclusiva y diversa; más plural.

Porque si seguimos empeñados en atraer a fantasmas del pasado, con el vociferío mediático, con noticias falsas circulando libremente por la Red, con el anuncio constante del apocalipsis, no nos extrañe que perdamos de vista lo esencial. Que el ser humano nace libre para amar, para reunirse libremente, para compartir sus conocimientos y acometer las tareas conjuntas según las posibilidades de cada uno. Para organizarse y habitar este planeta en armonía con el resto de seres que lo habitan. Y que, si no hacemos caso a todo esto, finalmente atraeremos más desdicha a la que ya soportamos cada día y quién sabe si de una manera irreversible.

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Rafael Santana es socio de infoLibre

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1 Comentarios
  • @tierry_precioso @tierry_precioso 04/02/20 08:18

    Agradable y certero articulo.
    Un vecino se fue dejando tres gatas (madre y dos hijas) y como Hector no tiene nada contra los gatos, solamente se enfuruña un poco cuando juegan con su rabo, estân en casa tres gatas y un perro. Buen dîa!

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