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Los niños primero

Felipe Domingo
Publicada el 09/02/2020 a las 06:00

“No perderse en el laberinto de la memoria, en sus  olvidos y mentiras, sus recovecos y sus excesos”. Geraldine Schwarzt

Teniendo presente que a los 10 días del debate de investidura y de la formación del nuevo Gobierno se introducía en el debate político, a gran escala, la educación en las escuelas, con la participación en las tertulias televisivas de los principales dirigentes políticos.

Teniendo presente que, pese a ser un debate lanzado por Vox, ningún dirigente de la formación  ha participado en el mismo para defenderlo, dada su animadversión a los debates, o para insistir en su mantenimiento en Murcia porque ya se encargan el PP y C's de hacerlo, o para su implantación en Andalucía y Madrid como “condición sine qua non” para aprobar los respectivos presupuestos.

Considerando que la conclusión más general y  extendida es  que se trata de un debate inventado, una polémica artificial,  y de distracción, depende de quien opine, sin que se cite en ningún caso a la Carta Magna de la infancia que es la Convención de los derechos del niño.

Considerando, como dice la Convención en su preámbulo, que “el niño debe estar plenamente preparado para una vida  independiente en sociedad y ser educado en el espíritu de los ideales proclamados en la Carta de las  Naciones Unidas y, en particular, en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad”.

Considerando que el pin parental no es un asunto moral ni objetable en conciencia, sino una censura por el que los padres no pueden vetar a sus hijos para que acudan a actividades complementarias, obligatorias y evaluables, como parte del derecho a la educación integral que como sujetos de derechos humanos les corresponde.

Afirmo que introducir en el debate político la educación de los niños en los primeros días de la formación del Gobierno y a reglón seguido del agresivo debate de investidura es una jugada bien preparada, que indica que con la ultraderecha —el neofascismo— hay que estar alerta y no despachar la polémica de forma  alegre y superficial, pues  ha conseguido el objetivo propagandístico que pretendía de hacer dudar  a muchos que “la educación que reciben niños y niñas, para ser conforme a sus derechos, debe estar encaminada a promover su pleno desarrollo, así como a inculcarles el respeto por los derechos humanos” ( Catalina Perazzo). Nos encontramos, pues, en el punto de cómo debatir con la ultraderecha y cómo combatir al fascismo, que siempre vuelve, porque es eterno.

Geraldine Schwarz escribe en su libro Los Amnésicos que “Hitler tanteaba regularmente a su pueblo para ver hasta dónde podía llegar, lo que se toleraba o lo que no se toleraba, a la vez que lo inundaba de propaganda nazi y antisemita” .

Los tiempos de ahora son otros, las democracias están más o menos asentadas en la mayoría de los países, pero con el nacimiento de Vox y su extensión en escaso tiempo, su objetivo es el mismo: tantear con regularidad a la sociedad española con debates, propuestas y planes que podemos considerar ya superados y al mismo tiempo declararse el más firme defensor de la Constitución y referirse a  los demás como traidores de la misma. Es la perversión del lenguaje, eficaz propaganda goebbeliana.

Los dirigentes de Vox han elegido ahora la escuela y la educación de los primeros años como el principal eje de su actividad política y de oposición al nuevo Gobierno. Lo dijo, hace meses, Rocío Monasterio: "Daremos la batalla ideológica en la escuela”. Miguel González, en un artículo en El País, señalaba que “el cheque escolar y  el PIN parental que parecen nombres de productos financieros, son las dos banderas de Vox en la educación”, con lo que advertía ya de lo que iba a suceder en los siguientes meses.

Los dirigentes de  Vox conocen sus limitaciones y que la batalla ideológica que han introducido por la educación es a medio y largo plazo, pero no renunciarán a ella, al contrario, la acentuarán porque también conocen que los españoles no estamos definitivamente vacunados contra el nacionalcatolicismo en el que el franquismo nos formó.

Y conocen también que si se encuentran con aliados fáciles de embaucar, tantos comentaristas tibios que extiendan sus propuestas, en vez de  contrarrestar sus posiciones, irán ganando ésta y otras batallas. Geraldine se refiere con la palabra alemana Mitläufer, a las personas “que siguieron la corriente” (en la década de los treinta, la mayoría) del pueblo alemán que “por una acumulación de pequeñas cegueras y de pequeñas cobardías, sumadas unas a otras, crearon las condiciones necesarias” para lo que vino después.

¿Quién ha ganado en estos 10 días la batalla ideológica de la educación? ¿Quienes propugnan que los hijos son propiedad de los padres y son ellos los únicos responsables de su educación? ¿Quienes mantienen desde años una batalla por la educación pública de calidad, libre y no discriminatoria, los partidarios de la extensión de la escuela concertada? ¿ O los de la privada? Porque si de lo que única o principalmente se ha discutido en los medios de comunicación ha sido sobre el pin, en las aulas y en la calle, entre el profesorado y en el Gobierno de lo que se tiene que discutir es sobre la educación de los niños en España.

Los derechos del niño son universales y únicos como lo son los de los adultos, precisamente porque son personas desde su nacimiento e, incluso, por ser personas menores, sus derechos están sobreprotegidos, gozan de una protección complementaria: el interés superior del niño. El Comité de las Naciones Unidas, creado para la evaluación y seguimiento de la Convención, afirma en su Observación nº14 que ”no hay jerarquía de derechos de los niños, todos los derechos previstos responden al “interés superior del niño” y ningún derecho deberá verse perjudicado por una interpretación negativa del interés superior del niño”.

Catalina Perazzo, directora de Sensibilización y políticas de Infancia de Save the Children, de la que soy socio, lo recalca muy bien en su artículo “Te quiero libre” (que puede calificarse de intemporal, positivo, porque podía haberlo escrito hace 20, 10, 2 años,  ya que no nombra el pin ni a ningún dirigente político, pero se apoya y recoge las ideas y el concepto de la educación de la Convención de los derechos del niño), donde afirma: "Ante un conflicto entre derechos, del niño y de sus padres, la premisa es clara, el criterio prioritario será el interés superior del niño”.  

Los derechos humanos en general y, por tanto, los de los niños, entre ellos el derecho a la educación, siempre son mejorables, pero nunca pueden retroceder. La Convención de los derechos del niño, el Comité de seguimiento, los Planes de Acción de las Cumbres mundiales a favor de la infancia evalúan los avances y resultados que se van obteniendo a favor de la infancia, “porque no hay causa que merezca  más alta prioridad que la protección y desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana”. 

La obligación de los Estados y de los Gobiernos es facilitar un mundo apropiado para los niños, en el que la educación es fundamental para conseguir desde ya y para el futuro personas libres, independientes, solidarias, emocionalmente seguros y socialmente competentes, sin que ningún niño o niña quede postergado o discriminado. Tenemos, pues, que felicitarnos del progreso, de los avances, e impedir o lamentar el retroceso, si se produce.

Si en España hay disparidades entre los géneros en la educación primaria y secundaria, por razón de raza, entre niños y niñas, entre los niños y niñas de las zonas urbanas y de las zonas rurales, entre los niños ricos y los pobres, es incomprensible que el Tribunal Constitucional ampare la separación por sexos que realizan determinadas organizaciones, porque ello va contra el desarrollo integral de los niños, “su desarrollo físico, psicológico, espiritual, social, emocional, cognitivo y cultural”. El Gobierno tendrá que intervenir para cambiar el sesgo retrógado de tal decisión, porque “la discriminación genera un círculo vicioso de exclusión social y económica y compromete la capacidad de los niños para desarrollarse plenamente”.

El interés superior del niño en lo que afecta a su educación como derecho es prioritario, por lo que ese interés prioritario compromete a las diversas fórmulas que España tiene establecida en la enseñanza: la pública, la concertada y la privada. Se ha abundado mucho en que la censura parental que propugna Vox es un ataque a la escuela pública, pero, con ser verdad, no es toda la verdad. El Gobierno ha de vigilar muy de cerca e intervenir para que la enseñanza se desprenda de la carga ideológica que conllevan determinados centros apoyados con fondos públicos, pero que discriminan por razón de la religión, la opinión política o de cualquier otro tipo. Y ampliar la enseñanza pública, mermada en algunas comunidades autónomas, como Madrid, en estas décadas de gobierno. 

La educación es un derecho fundamental para reducir la pobreza, tanto por la escolarización como para el desarrollo físico y cognitivo del niño, por lo que es inexcusable que el Gobierno y las comunidades autónomas atajen los indices alarmantes de pobreza infantil que existen en España. 

Finalmente, en el derecho civil de familia, el interés superior del niño/niña, en ocasiones no está suficientemente tutelado por parte de algunas resoluciones  de los tribunales, bien porque en algunos territorios no hay juzgados especializados, porque no se realizan las pruebas demandadas o se hacen someramente, cuando al acudir a ellos se anteponen los criterios de educación de un padre o una madre o de los dos, por encima de los afectos, el amor, la tolerancia y el desarrollo emocional que los menores han tenido durante años con personas distintas, bien sean los abuelos, otros familiares, allegados o cuidadores. No hay resolución que no exprese que se atiende a ese interés superior del  menor, pero en ocasiones aducida como una muletilla.

Nuestra democracia no progresará si no se atiende al principio “los niños primero”

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Felipe Domingo es socio de infoLibre

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