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La generosidad…

Antonio García Gómez
Publicada el 29/03/2020 a las 06:00
“La economía vale más que la vida humana en la lógica neoliberal”.
Nuccio Ordine
 

La generosidad de los ricos, de los muy ricos, bienvenida sea, en estos tiempos de miedo y crisis absolutos, bienhallado el desprendimiento ¿puntual? … de quienes se han estado enriqueciendo de manera exponencial, esta vez, en tiempos de bonanza y desigualdad y ahora han decidido y anunciado que van a despojarse de parte de sus altísimas ganancias pasadas.

Hace años, hace meses, hace semanas, el neoliberalismo económico campaba a sus anchas, seguro de su poderío imparable, fiel a su codicia infinita, como si se tratara de una seña de identidad de la forma de establecer sus principios, de imponer sus cánones de comportamiento, de cuando y de paso se preconizaba el escapismo de quienes se podían permitir ingenieros fiscales, a tocateja, para que lograsen ahorrarles cantidades ingentes de sus obligaciones, precisamente, fiscales, solidarias.

Los millonarios generosos de ahora hace nada se sentían a buen recaudo, amparados por gobiernos y políticas muy comprensivas, exactamente, con su capacidad de exonerarse de su obligaciones fiscales, solidarias, cívicas, incluso y sobre todo interesadas, muy amigos de sus amigos “buitres”, despectivos con el resto ramplón, vistos como sujetos consumidores, de cuando la publicidad sabía lo que hacía y lo lograba muy concienzudamente… cuando era tan fácil gastar y endeudarse, apostando o celebrando el gasto a crédito instantáneo, mientras ellos, los que iban acumulando riqueza y patrimonio escapaban sin pudor ni culpa de sus responsabilidades solidarias, ante la necesidad y la obligación de haber pagado sus impuestos, adscritos al fraude constante, al choriceo de alto rango… despreciando a los paganos de nómina… confiados en que ellos serían absueltos una y mil veces.

Pero parece que ahora, ante las dimensiones colosales de la pandemia, y tal vez por prurito sentimental o por cálculo apresurado y cierto de que se les mueren los consumidores, el espíritu cívico ha llegado a tocar las sensibilidades de los megamillonarios. De manera que despliegan su generosidad, muchos con publicidad, para que se sepa, y uno que también sufre la pandemia y también tiene miedo y sentido cívico se recrea en la esperanza de que ojalá también salgamos aprendidos, y andemos vigilantes ante la posibilidad de que más pronto que tarde se regrese a la desigualdad, la insolidaridad, el liberalismo salvaje que dé vía libre a los depredadores de costumbre.

Aunque tal vez éste, el de la crisis que nos tiene angustiados, sea algo más que un serio aviso, porque ahora somos capaces, pasamos soberbios de la amenaza medioambiental, de apreciar que es la especie humana la que está amenazada, y no tanto como naciones, nacionalistas, abanderados, de unos contra otros, sino como pura y estricta especie frente al espejo de su propia extinción. Hace mucho que me enseñaron, y aún lo recuerdo, que “la sobrespecialización de una especie era el camino más directo hacia su autodestrucción”, y nosotros, los humanos, llevamos demasiado tiempo en devorarnos unos a otros en nombre de nuestros dioses, únicos y verdaderos, en nombre de nuestros becerros de oro, amos y señores de nuestras vidas ensoñadas, esclavizadas, explotadas y perseguidas… por pobres, por refugiadas, por excluidas del gran pastel que va… desmoronándose.

Hace muy poco leí que “solo 200 de las 600 megafortunas, en nuestro país, estaban eximidas de pagar tributo alguno por sus patrimonios”. Y que concretamente “en Madrid quienes poseyeran patrimonios superiores a los 30 millones de euros pagan 0 euros de impuestos”.

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Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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