x

Nos gustaría enviarte notificaciones de las últimas noticias y novedades

PERMITIR
NO, GRACIAS
X

La buena información es más valiosa que nunca | Suscríbete a infoLibre por sólo 1 los primeros 15 días

Buscador de la Hemeroteca
Regístrate
INICIAR SESIÓN
¿Olvidaste tu contraseña?
infolibre Periodismo libre e independiente
Secciones
Librepensadores

Madre Naturaleza

Manuel Bravo Acuña
Publicada el 01/04/2020 a las 07:56 Actualizada el 01/04/2020 a las 09:02

Dicen que la naturaleza es sabia. No hace mucho estábamos hablando de los incendios de Australia o de California; de la desertización o del deshielo de los polos; de la contaminación de las grandes ciudades y de los plásticos en los ríos y en los mares, en resumen: ¡del cambio climático!

Ahora no sabemos si se extinguieron los incendios de Australia o de California y, a lo mejor, hasta se ha frenado la desertización y el deshielo de los polos, pero lo que sí sabemos es que la contaminación atmosférica se ha reducido casi el 100%.

Y yo me pregunto: ¿Será que con esta pandemia nos está castigando la madre naturaleza por nuestro mal comportamiento? ¿Aprenderemos algo de lo que nos está pasando?

Ahí lo dejo.

Manuel Bravo Acuña es socio de infoLibre

Más contenidos sobre este tema




4 Comentarios
  • Donconfitero Donconfitero 02/04/20 07:31

    Si se sustituye "madre naturaleza" por "Dios" y "mal comportamiento" por "nuestros pecados", el argumento es el mismo.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    0

    • mabrac mabrac 02/04/20 08:23

      Buenos días, Donconfitero.

      Te comprendo y hasta puedo entenderte, pero de ninguna manera se me ha pasado por la cabeza tu reflexión. No creo en dios; lo del mal comportamiento creo que nos lo tenemos que atribuir casi toda la humanidad y yo "nunca he pecado", he podido hacer mal algunas cosa y, si ha hecho falta, me he disculpado.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

  • Isa. Isa. 01/04/20 14:14

    Manuel, me has dado una excusa a tu breve reflexión para compartir un cuento, como homenaje a la Tierra que no castiga. Extraído de 'La rosa azul' “cuentos de las mujeres”. Me lo regaló una amiga de B. Aires muy querida, que está malita desde hace tiempo. Por ella. Por todas y todos. Vulnerables. Fuerza.

    La Mujer del Cielo

    En tiempos remotos, la humanidad vivía en un paraíso celestial. Bajo el cielo no estaba la Tierra, sino que por todo lo que alcanzaba la vista se extendía el mar, en el que vivían aves acuáticas y otros animales.

    Sobre las vastas aguas no había sol alguno, pero el cielo estaba iluminado por el árbol de la luz, que crecía ante la casa del señor del cielo.

    Un sueño aconsejó a aquel que reinaba sobre el paraíso celestial que se casara con una mujer joven y bella, y él hizo lo que en el sueño se le había ordenado. Con el aliento del señor del cielo la mujer se quedó encinta, pero el hombre no comprendió el milagro de la Naturaleza y se inflamó de cólera y de furia. Sin embargo entonces volvió a soñar, y la voz del sueño le aconsejó que arrancara del umbral de su palacio el árbol de la luz. De nuevo obedeció a la voz de su sueño. Así, allí fuera, delante de la casa, quedó un agujero grande y profundo.

    Cuando el señor del cielo vio con cuánta curiosidad miraba su mujer el interior del agujero le entró de nuevo una ira furibunda, y por detrás le pegó un empujón. Ella cayó desde el paraíso celestial y se precipitó hacia abajo, al gran mar.

    Aún furioso, el señor del cielo arrojó tras ella todos aquellos objetos y seres animados que la mujer había amado y apreciado: una mazorca de maíz, hojas de tabaco, un corzo, lobos, osos y castores; todo esto viviría más tarde en el mundo inferior. Aunque entonces aún no existía este mundo que ahora es el nuestro. La infeliz mujer del señor del cielo se precipitó hacia abajo por los aires, y la extensa superficie de agua en la que habría de ahogarse se volvía cada vez más cercana.

    Responder

    Denunciar comentario

    Ocultar 1 Respuestas

    0

    0

    • Isa. Isa. 01/04/20 14:15

      Aquello lo vieron los animales que habitaban en el gran mar y decidieron ayudar a la mujer. Las aves acuáticas desplegaron sus alas y volaron tan pegadas las unas a las otras que los extremos de sus plumas se rozaban. Querían recoger al vuelo a la mujer del cielo. La gran tortuga de mar emergió y elevó su caparazón sobre la superficie del mar mientras los demás animales se sumergían hasta el fondo para recoger allí cieno y arena. La rata azmilclada llevó un par de piedras y el sapo acarreó hasta allí algas y plantas marinas, y echaron el cieno, la arena, las algas y las piedras sobre el caparazón de la tortuga. Así surgió una isla que, poco a poco, se hizo más y más grande.

      Entre tanto las aves habían recogido al vuelo en el aire a la mujer del cielo y la fueron bajando hacia el mundo inferior. De vez en cuando llegaban nuevas aves y relevaban a las que estaban fatigadas por la pesada carga que descansaba sobre su plumaje.

      Al fin la mujer del cielo aterrizó sana y salva en la isla de la gran tortuga marina. Dio las gracias a las aves, que les habían salvado la vida a ella y al hijo que llevaba en su vientre. Tomó un puñado de tierra y lo arrojó. La tierra firme entonces se acrecentó, gracias a los poderes mágicos que la mujer del cielo posee en las puntas de sus dedos, y la isla creció y creció hasta convertirse en un mundo, y los horizontes se abrieron hacia la lejanía. Plantas y árboles comenzaron a brotar y los animales que el señor del cielo había arrojado a su mujer hallaron morada y alimento, y se multiplicaron.

      Así surgió la Tierra, y la mujer del cielo se convirtión en la Gran Madre Tierra.

      Responder

      Denunciar comentario

      0

      0

Lo más...
 
Opinión