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Despenalizar la prostitución no es defenderla

Jesús Moncho Pascual
Publicada el 13/09/2020 a las 06:00

¿Hacer leyes, legalizar, despenalizar, abolir...? Empecemos por decir que "Abolir no es prohibir". Excelente frase, entre otros, de Mabel Lozano, gran luchadora por la dignidad de las mujeres y contra la explotación y degradación prostitucional. Apropiadas palabras y conceptos, que no tratan de solucionar la cuestión ipso facto, pero que ponen la problemática en una tesitura de partida para su solución más que plausible. "Hacemos una Ley de la abolición y ya acabamos con todo. No es así. Estos son dos fenómenos (prostitución y trata) muy complejos y arraigados que están conviviendo de la mano. Un gran negocio... Lo más importante es trabajar en leyes para que esas mujeres puedan salir de la prostitución".  (woman.es, Mabel Lozano, marzo 2020).

En efecto, prohibir la prostitución, en el estado actual de cosas, es atacar a la parte más débil, el oferente de prostitución, que normalmente se mueve en una situación de necesidad o precariedad. La prohibición significa dejarlo/la en la misma posición y capacidad en la que se encontraba y con pocas posibilidades de cambio y mejora, o quizás implica empujarlo/la a persistir en un submundo aún más profundo.

Por lo tanto, si la sociedad se marca el objetivo de la erradicación de la prostitución y el fin de la vejación que conlleva, se debería adoptar una línea de actuación que, aunque requiera tiempo y esfuerzos, nos lleve a resultados significativos y permanentes, es decir: abolir (la prostitución) no es prohibir, es dotar de derechos a las personas víctimas de este proceso de prostitución.

Primero que nada, la abolición no es un fin en sí mismo, sino un instrumento que permita trabajar de manera coherente en un ámbito más grande, en el seno de la sociedad, a fin de obtener una reinserción eficaz de las víctimas; además de una prevención, con especial incidencia en sectores vulnerables, junto con una formación-educación del conjunto de la sociedad sobre la problemática. Y esto son leyes, implantación de una legislación que posibilite la consecución de tales objetivos. Entre las metas principales, no es necesario decirlo, estaría: acabar con el tráfico y comercio de personas, dotar de recursos materiales y no materiales a las víctimas, más su defensa y orientación hacia un nuevo mundo o contra recaídas.

Está claro que se hace patente la persecución y descrédito del consumidor de sexo pagado, porque posibilita la mercantilización, cosificación y violencia estructural establecida o permitida contra personas vulnerables. Siempre considerando que la prostitución es un fuerte obstáculo a la igualdad y dignidad de las personas, además de ser violencia contra el débil, y que la víctima no puede ser vertida en submundos escondidos lejos de los derechos que nos humanizan a todos.

No es una tarea de un día para otro. Es de largo recorrido. Pero se estarán sentando las bases para que la sociedad no vea, no considere, la prostitución como algo más de nuestra realidad, algo normal o realizable, y se sienta Impelida a huir de su demanda, de su oferta , de su práctica. Habremos avanzado hacia el respeto y la igualdad de las personas, sobre todo de las más vulnerables, que, seguramente, necesitan el esfuerzo de todos/as. Y la ley es la única garantía.

Jesús Moncho es socio de infoLibre

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9 Comentarios
  • Ambon Ambon 13/09/20 11:01

    La meta debe ser acabar con la prostitución, para eso no tengo claro que la prohibición sea la forma, el ejemplo de la ley seca en USA, no se terminó con el consumo de alcohol como era la intención de los legisladores, sino que se potenció la delincuencia organizada.

    Creo que es mejor la regulación, el control público de ese negocio y no me refiero a que el Estado se transforme en proxeneta, me refiero a que se autoricen determinados lugares en los que la prostitución pueda ejercerse legalmente, bajo en control del Estado, control de la libertad de las mujeres que ofertan sus servicios sexuales, control sanitario y control fiscal.

    Otra pata del banco debe ser la educación en valores en las escuelas, es decir, educar para reducir o eliminar la demanda des sexo pagado.

    El hecho de prohibir algo, no significa que deje de existir, la marihuana está prohibida pero todos sabemos de su existencia y su circulación en nuestros pueblos y ciudades, es curioso que muchas veces se solicita la legalización de la marihuana para sacarla del control de las mafias y ahora pensemos que terminaremos con la prostitución prohibiéndola.

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    • Jose Espuche Jose Espuche 18/09/20 21:30

      Estoy con usted que la prohibición para reducir la prostitución no es aconsejable. Centros públicos regulados y aseados. A sí se permitiría la prostitución con el control necesario. La prostitución es un negocio y debería de pagar por ejercer la prostitución. Evitaríamos las mafias de trata de mujeres y se liberarían. Pero se trata de prevenir la prostitución. Ella solo se puede conseguir con educación-formación. Educación para tratarse como personas y formación laboral para buscarse la vida. No me imagino que se consiga. Haremos lo necesario para lograrlo.

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    • MIglesias MIglesias 13/09/20 11:34

      La libertad de las mujeres cuando hablamos de prostitución es una falacia, la prostitución parte de la íntima convicción histórica de un sistema patriarcal en el que la mitad de la población tiene derecho a acceder al cuerpo de la otra mitad cuando guste, bajo esa premisa la libertad no existe. La prostitución no es un trabajo como cualquier otro, es un sistema de explotación basado en la pobreza y en la desigualdad de género que implica una triple discriminación: mujer, pobre y puta.
      Según datos de la ONU en 2016, el 70% de las víctimas por trata sexual son mujeres y niñas. La trata de mujeres existe porque la demanda de prostitución es inabarcable con la oferta actual, por lo tanto la primera es consecuencia de la segunda.
      España ocupa el tercer puesto en los países del mundo y el número uno en la UE en consumo de prostitución, ningún delito es erradicado por una ley que lo prohíba, la prostitución no va a ser la excepción, pero la ley permite que se persiga el delito.

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  • MIglesias MIglesias 13/09/20 10:48

    Es posible prohibir y proteger a la vez, todo lo que expone es compatible con la prohibición. Lo que usted reivindica es lo mismo que decir que, puesto que son los más desfavorecidos los que engrosan la bolsa de la economía sumergida, debemos legalizar el fraude.
    La prostitución, sin entrar en sus derivas colaterales de tráfico de personas (incluidos niños y niñas), mafias, corrupción, esclavitud, delitos fiscales, etc..., es, junto a la gestación subrogada, la cosificación máxima de la mujer, el residuo aceptado socialmente de la mujer como objeto de placer del hombre, sin mente, sin sentimientos y sin voluntad, mientras no se ponga coto a la práctica, no se acabará con la idea.
    Todos los que utlizan los prostíbulos saben que están violando a mujeres obligadas a prostituirse, hoy en día no cabe la ignorancia y la sociedad no puede permitirse ni un día más una violación santificada por la costumbre a la espera de que cambien los hábitos.
    El abordaje de la prostitución es complejo y debe ser multidisciplinar, leyes que prohíban y penen, reinserción, educación sobre igualdad, actuación policial coordinada internacionalmente para destruir las redes de tráfico y normativa internacional contra los paraísos fiscales que alimentan el negocio. La esclavitud se acabó prohibiéndola después de un largo debate social, no porque los esclavistas vieran a dios al caerse del caballo, ahora estamos en ese punto del debate, la sociedad ya sabe que esta esclavitud que permaneció encubierta, agazapada en los límites de la legalidad y la conciencia social, es un delito contra la humanidad que debe ser erradicado y la experiencia nos dice que solo podrá lograrse utilizando todas las armas disponibles.

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  • ágora ágora 13/09/20 10:18

    Propone usted dejar de considerar delito la utilización de personas como mercancías, una forma de esclavitud que persiste en el siglo XXI porque afecta mayoritariamente a mujeres y la sociedad sigue siendo machista. Despenalizar la prostitución sólo favorece a los proxenetas y las redes de tráfico de personas por mucho que se intente disfrazar como ayuda a las víctimas de la prostitución.

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    • JJJ JJJ 13/09/20 10:29

      Usted se limita a criticar a quien propone algo para acabar con la prostitución o ayudar a minimizarla. Cuál es su propuesta, si es que tiene? Abolimos la prostitución?, como abolimos el hurto o la blasfemia o el hecho de tomar el sol o tomar alcohol? No ve que son decisiones personales, un ámbito que no se puede prohibir ni mucho menos abolir?

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      • MIglesias MIglesias 13/09/20 10:51

        El hurto está prohibido y penado, el consumo de alcohol restringido en determinadas situaciones y prohibido a menores y comparar la blasfemia y tomar el sol con la prostitución es para hacérselo mirar.

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        • JJJ JJJ 13/09/20 11:41

          Tanto el hurto como tomar alcohol o el sol son consecuencia de una decisión personal (caen dentro del ámbito personal y no ajeno a uno). El hurto ataca el derecho ajeno a la propiedad, la blasfemia ataca el sentimiento religioso de otros: se pueden prohibir, pero no abolir porque son expresión de la decisión de uno (pueden continuar dándose). Tomar alcohol (mientras no contravenga alguna ley establecida), como tirarse de un puente abajo no atacan derechos ajenos, y nadie los puede prohibir o abolir, porque aunque así fuera, son fruto de una decisión personal que continuará dándose. Ahora, usted, mire que hacemos con las decisiones personales.

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          • MIglesias MIglesias 13/09/20 12:02

            No he utilizado en verbo abolir en ningún momento porque creo que es un error semántico, la abolición llegará, si llega, cuando llegue y será después de la prohibición.
            Las decisiones personales en una sociedad están limitadas, si usted decide asesinar la sociedad le juzgará en base a las leyes de las que se haya dotado, en eso se basa el contrato social, ni el liberalismo más recalcitrante se atrevería a decir que las decisiones personales, cuando son contrarias a los intereses de la sociedad, no deben tener consecuencias.

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