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Por el diálogo, el entendimiento, la acción y el coraje

Publicada el 19/09/2020 a las 06:00

Este país no puede permitirse una clase política corrosiva, cáustica y mediocre. Al margen de los datos macroeconómicos o del comportamiento del Íbex en la bolsa de valores, el pueblo, en el que reside la soberanía (negro sobre blanco en la tan manoseada Constitución) necesita medidas urgentes, aprobadas en las Cámaras con el mayor de los consensos, destinadas a paliar los efectos devastadores que está causando esta pandemia y que continuarán en el futuro inmediato y que agrandarán la brecha de pobreza económica, social y cultural durante décadas, cuando cientos de miles de ciudadanos aún no se han recuperado de la crisis anterior.

No es momento de levantar muros entre el Gobierno y el resto de fuerzas políticas o comunidades autónomas. No es el momento de agitar la podredumbre ajena para disimular la propia. No es el momento de paralizar la confección de unos Presupuestos, ni de sacar rédito político sabiendo que , con ello, perderemos una vez más el tren del desarrollo y de la dignidad del pueblo. No es el momento de hacer declaraciones vacías de contenido real, ni de fantochadas.

No hay, a estas alturas, ningún ciudadano que no sepa ver que no tenemos ya la mejor sanidad pública del mundo porque falta personal en los hospitales o el ratio de UCIS no se acerca ni de lejos al de países de nuestro entorno (los mismos que no dudan en invertir miles de millones de euros en mejorarlo). Ni que tenemos una educación pública que nos sitúa a la cola de Europa. Ni que ya no se puede seguir prosperando a base de chiringuitos, ladrillo y servicios. Ni que tenemos una judicatura atascada felizmente a su servicio.

¿Qué es Europa y para qué sirve? Para muchos sigue siendo poco más que un ideal; pero hoy es un ideal que no nos facilitará 140.000 millones de euros si el virus de la estupidez política, que nos define como país desde hace décadas, no encuentra vacuna ni remedio.

Este país necesita altura de miras, diálogo y coraje político para tomar decisiones urgentes y determinantes para reconducir esta situación. Déjense de dar titulares bochornosos e indignos y siéntense a dialogar sin defender sus consignas por encima del bien común. Déjense de actuar como autómatas que siguen un manual de instrucciones caduco. Todos ustedes deberían hacer alarde de Política (con mayúsculas) en lugar de competir a ver quién mea más lejos.

¿Cuántos puestos de trabajo más se tienen que seguir destruyendo para que actúen a favor de una ciudadanía que está hastiada de ver el comportamiento indiferente y vergonzoso de la clase política? ¿Se han preguntado cómo puede llevar al colegio una familia a dos hijos y sus mascarillas con unos ingresos inferiores a 1.500 euros todos los días del mes? ¿Necesitan más preguntas sin resolver? La lista crece día a día como los contagios y, en muchos casos, las consecuencias serán irreparables.

Miguel Lema es socio de infoLibre

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2 Comentarios
  • Macu L. Macu L. 20/09/20 23:18

    Muy buena reflexión, que no por repetida pierde interés, fuerza y vigencia.
    Nuestra clase política es, con honrosas excepciones, una desvergüenza que debería ser juzgada por delitos de lesa humanidad. Corta de miras para buscar soluciones a los problemas de la ciudadanía pero muy hábil para esquilmar los recursos publicos y más para enriquecerse a su costa y de paso a sus amigos y acólitos.
    Grandes corporaciones y grupos de presión (el capital) que con base y en defensa de la dinámica y libertad de los mercados tratan de maximizar su beneficio, que no coincide con el interés público general y que no suele favorecer a la ciudadanía salvo que ésta se sitúe en la parrilla media-alta y alta clase social.
    Si para obtener recursos nuestro sistema fiscal no se dirige a las personas y actividades que los ostentan; si para reducir gastos nuestros servicios públicos esenciales se recortan, externalizan o privatizan reduciendo y empeorando la atención y la asistencia, personalmente no observo un comportamiento indiferente de la clase política sino mas bien una estrategia muy estudiada y estructurada para marcar todavía más las diferencias: unas clases dirigentes favorecidas y enriquecidas, luchando por llevarse más trozo del pastel, y unas clases trabajadoras penalizadas y empobrecidas, luchando por no resbalar y acabar en la clase de los excluidos, los expulsados del sistema, donde casi cualquier derecho se transforma en humo.

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    • miguelll miguelll 26/09/20 09:24

      Lo que de verdad asusta, no por desconocido, es que la falta de respuesta y acción se hace todavía más patente en una situación de pandemia global, en una situación de emergencia. Y la ciudadanía no se rebela contra ello: las únicas manifestaciones que hemos visto últimamente en este país son las de negacionistas (también en Alemania, Francia o Reino Unido). El covid nos tiene paralizados en ese sentido y la sensación de mansedumbre es desoladora. El futuro ha entrado de repente como un elefante en una cacharrería, aunque el ruido de sus pasos lo hayamos estado escuchando desde los últimos veinte años. ¿Cómo debe actuar la ciudadanía ante esto?¿Qué armas le quedan cuando está confinada?

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