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Red invisible de contactos

Publicada el 28/09/2020 a las 06:00

Estas líneas son para sumar, en tiempos de pandemia.

Y trata sobre la red de personas anónimas con las que entramos en contacto en nuestro deambular de cada día, por el pueblo, por la ciudad; que toda esta situación de la pandemia ha puesto de relieve; que son las que forman parte de tu vida del día a día y que muchas veces son más importantes, te aportan más a tu bienestar cotidiano, que cualquier imagen que uno pueda tener guardada, de personas con las que anduvo en el pasado, con las que alguna vez tuvo relación, pero en la actualidad ya no le dicen nada.

Es por esto que quiero rendir homenaje y reconocimiento con este escrito a dichas personas, vendedoras, cajeras, dependientes, autónomos, y un sinnúmero más, que tejen esa red cotidiana con la que entramos en contacto, cada día, y sobre las que se apoya esta sociedad, de una manera más auténtica, sin tanta intermediación mediática, sin tantas redes sociales que lo único que hacen es desvirtuar todo lo que nos queda de auténtico en las relaciones entre seres humanos, que en definitiva es lo que importa, el contacto sincero y auténtico, aunque sea breve.

Empezaré de lo más lejos hasta lo más cerca de mi trabajo, tomando como salida donde hay un establecimiento de alimentación muy conocido y económico, aquí me referiré a las dos cajeras habituales que son Miriam y Marta. Quiero destacar la oportunidad de que en cada contacto diario, aunque sea breve, me aportan una sonrisa diaria por la mañana, que cuando uno está trabajando se agradece, una palabra amable, una sonrisa, un chascarrillo, hacer en un momento dado una broma, y darme cuenta que son personas que están ahí cada día realizando un trabajo que no es precisamente un trabajo muy creativo y sin embargo te siguen poniendo esa sonrisa, con la que sales después de pagar un poco más contento. Yo por ello, les doy las gracias.

Si continúo para abajo me refiero ahora a las argentinitas, como yo las llamo. También las podría llamar las valencianistas, son las personas que regentan el bar donde suelo desayunar, desde que Maribel la del otro bar al que también me referiré, dejó de abrir por la mañana a raíz de la pandemia.

Estas chicas que llevan ya bastantes años aquí de hecho, son mujeres jóvenes, con parejas jóvenes que tienen niños pequeños, y son Grace (Graciela), Rocío y Cris que, aunque no es Argentina, sí que está casada con un argentino.

De aquí destacaría muchos detalles. De hecho, hace poco les he regalado un ejemplar de mi libro de prosa poética, un poco a modo de agradecimiento por su acompañamiento. Puedo destacar la diligencia, es la palabra, cómo atienden a los clientes y cumplen las normas que se han impuesto a raíz de la pandemia, con qué diligencia, con que complicidad, y con qué cariño me tratan y que de alguna manera se trasluce en la aceptación y en la afluencia diaria de de su clientela.

Cada una tiene un carácter bien diferenciado. El carácter de Rocío es un carácter un poquito más recio, más bravo, más serio (sólo a priori) en contraposición al carácter de su hermana Grace que es más dulce, más callada también, y luego están los arranques espontáneos de sonrisa tan natural que tiene por ejemplo su tercera empleada Cris. Cada una en su manera y en su estilo, son como las hormiguitas que van cumpliendo su función de una manera encadenada, la función que está sociedad les depara, en el hueco que han sabido labrarse cada día y esa jornada laboral abnegada, de lunes a sábado, es algo que yo quiero de alguna manera resaltar en este escrito, y agradecerles enormemente, su entrega de cada día.

Sigo bajando la calle y me detengo en una famosa tienda de golosinas, que tiene otras repartidas por la región. Aquí la persona que está, con la que más hablo, es Sara, una persona muy discreta, que se aplica a su trabajo con abnegación. Lo notable que quiero destacar en un principio es que no sabemos lo que hay detrás de cada persona, hasta que uno se detiene un poco a charlar con ella. Su mundo, su vida, los esfuerzos que realizan por ganarse la vida día a día, en qué condiciones tan precarias laborales muchas veces, y destacar cómo me ha sorprendido gratamente, en el momento que uno se detiene y presta atención a la persona que tiene enfrente, que le está ofreciendo un servicio, son esos momentos lo que quiero destacar aquí, la vida y la riqueza que hay detrás de cada persona con las que uno se detiene, aunque sea tan solo por un instante, cada día.

Continúa mi periplo por la calle principal del pueblo y me detengo en la librería a hojear algún libro, porque a mí me gusta hojear libros, y allí puedo detenerme a charlar obra, vida y milagros, podríamos decirlo así, con Pilar, una de las dependientas que atiende. Resaltar aquí, en una primera aproximación, cómo en un momento dado, lo interesante que puede ser pararse al menos cinco minutos con una persona y charlar. Por ejemplo, la última charla que recuerdo en torno a los hijos, que es un tema importante. Y para personas adultas como nosotros, que tenemos los hijos mayores fuera de casa, aún más. Y cómo pese a que puedan existir otras muchas diferencias en otros muchos aspectos, en éste en concreto, el de los hijos, existen patrones de similitud, y de cómo puedo uno encontrar coincidencias y cómo puede uno encontrarse en la otra persona, con sensibilidades afines. Entonces al salir de una conversación como ésta, sale uno con un buen sabor de boca, y le merece la pena detenerse y 'perder el tiempo', si es que se puede decir así. Dejar transcurrir el tiempo, sin que la soga horaria te atenace.

Continúo por la calle principal hacia abajo y me detengo en la farmacia que suelo frecuentar para comprar mis medicinas, una farmacia en la que varias personas atienden, aquí sobre todo quiero hacer mención a Jesús, qué es un hombre joven, que tiene los hijos jóvenes también, y que lleva en la farmacia desde que la conozco. Lo bueno y sorprendente en un momento dado, es la amabilidad que le caracteriza siempre en la atención al público, que no es solamente conmigo, que lo veo que lo hace con personas mayores que vienen a él expresamente, con qué dedicación, con qué atención, con que mimo diría yo, les atiende. Una persona muy atenta y destacar que, en efecto, si en un momento dado uno se detiene un poco y charla un poco con la persona, te dice un poco de ella, de cuánta vida hay detrás de cada persona, y cuánto lo desconocemos. Por esto, quiero dar las gracias también.

La penúltima parada de este recorrido inicial que estoy haciendo sería en el kiosco de la plaza principal del pueblo, donde hay tres hermanos, yo me centraré en este escrito en el hermano varón. Con Javi puedo charlar a unos niveles de conversaciones socio-político-filosóficas porque tiene una consciencia bastante grande, con lo cual las conversaciones adquieren un alto nivel. Y así, como el que no quiere la cosa, con el tan solo hecho a lo mejor de ir a comprar un periódico, unas gominolas o preguntar por una revista, surgen las conversaciones. Javi tiene algo especial, mi compañero de trabajo G. me lo dice en muchas ocasiones, tiene algo especial y ese hombre desde luego, es una persona por la que verdaderamente merece también la pena detenerse un ratito y poder compartir con él su sabiduría de Vida.

Y ya por último también quiero hacer mención a Maribel, mujer que regenta el otro bar al que me gusta salir a desayunar. Con ella también puedo decir así, que son personas que, aunque no forman parte de mi entorno familiar o de mi entorno laboral, que son los grupos de personas que uno frecuenta diariamente, son las personas con las que también trato cada día, y que resultan ser, al fin y al cabo, personas relevantes de mi día a día. Una mujer realmente extraordinaria, una mujer que tiene también una vida detrás y una filosofía práctica de vida que me resulta muy curiosa y con la que puedo entrar en conversaciones respecto de los hijos, por ejemplo, y de otras cuestiones más prosaicas, que terminan por arrancarnos la sonrisa a ambos.

Puede que estas personas, y otras muchas en profesiones similares, que en estos tiempos de pandemia han tomado un papel preponderante en el mantenimiento de la maquinaria social, del engranaje de lo que conocemos como vida cotidiana, no destaquen en puestos de responsabilidad, ni de mando, ni en ninguna institución. Puede que sus nombres no salgan en ningún periódico (algo que quiero remediar con este escrito), puede que no sean famosas y nada más que sean importantes en sus ambientes familiares, en sus entornos laborales. Pero son personas que forman parte de ese enjambre, de esa red de personas, que se me antoja invisible a los ojos de los demás, y que quizá, solo sean importantes para mí, y con las que entro en contacto cada día, a las que me vengo refiriendo todo el rato; y que son, en definitiva, esa red invisible de contactos que me hacen más amable el día a día.

Así pues y a modo de cierre de este primer escrito un poco lo que quiero es reconocer y dar las gracias a esa red de contactos cotidianos, imperceptibles dentro del maremágnum de cada día, que se dan en un día laboral cualquiera, de una persona cualquiera, como es mi caso, y la importancia que pueden llegar a tener porque, aunque sean contactos breves, son auténticos.

Y uno a veces descubre que está enganchado a imágenes del pasado, de contactos de otras personas que significaron algo en el pasado, y que resulta que esas personas ya no le dicen a uno nada. Y, sin embargo, personas cómo éstas que he nombrado, con las que tienes contactos breves cada día o cada semana y que, en un momento dado, te pueden aportar lo que de auténtico tiene cada uno, cada una, en ese trato tan breve, me parece de un valor enorme, que es lo que yo quiero subrayar en este escrito y reconocerles ese valor tan enorme que tienen, en ese contacto de cada día.

A todas ellas, a todos ellos, y a los que no se nombran también, ¡gracias!

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Rafael Santana es socio de infoLibre

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