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Quino

Antonio García Gómez
Publicada el 03/10/2020 a las 06:00

“Si alguien golpea tu mejilla izquierda, ve y aprende kárate”. Manolito

Quino y tus benditas criaturas de trazo y vida, Mafalda, Susanita, Manolito, Miguelito, Felipe, Guille y Libertad. Entrañables todos ellos, con Mafalda a la cabeza, por cierto nada  repipi, si algo sabionda, si sutil e irónica, tan audaz como real, a pesar de ser solo un dibujo, tan necesaria en aquellos tiempos de turbulencias juveniles, alumbrando inquietudes en aquellos corazones jóvenes, que lo éramos leyendo tus breves historias, salpicadas de punzadas de humor blanco, de hondura reflexiva.  

“¡Qué desaire, hasta mis debilidades son más fuertes que yo!”. Felipe

Aquellas tiras que yo no paraba de coleccionar, de leer, de releer, para dejarme asomar una media sonrisa, entre amarga y liberadora, capaz de asomarme a la tierra argentina, a la que creímos deber tanto, de tantos libros, historias, canciones, poemas,  y también cómics que nos llegaron de la tierra pampera y que bebíamos con fruición, de cuando aún no sospechábamos que la libertad fuera a quedar tronchada de mala manera, de cuando la libertad era una noción tan pizpireta como soñada.  

“¿Yo prejuicios?, ¡¡inventos tuyos!!, ¿Cuándo dije yo algo contra esos cochinos negros, ché…?”. Susanita

Y también como lecciones palmarias, estridentes e implacables, desde las breves historias de aquellos irrepetibles personajes, y, sin embargo, tan reconocibles en el paisaje cotidiano, porque ya sospechábamos que nada fuera a ser tan fácil de entender, de conquistar.

“Yo opinaría, pero mejor no tocar el tema, ¿no?”. Mafalda

Tan puntual, tan entrañable, tan indispensable, acompañándonos en nuestro bracear a ciegas, con aquella manera de interpelar, como cuando habiendo acudido a la escuela escuchó a su maestra que “su mamá la amaba, su mamá la mimaba …”, y entonces Mafalda, una vez enterada de la buena madre que era la mamá de la maestra, inquirió si habría algo más que les fuera a enseñar.

“Sorprendente, mi dedo es más grande que la torre de mi casa”. Miguelito

Y tan infantiles, tan ingenuos, tan pandilleros, permaneciendo unidos en aquel tiempo en que también necesitábamos echarnos amigos y preguntaros la razón de tantas evidencias, a hurtadillas casi, con la osadía de los ilusos.

“¿No es increíble lo que puede  tener adentro un lápiz?”. Guille

Y tras sus criaturas Quino, protector, creador, amable, durante aquellos nueve años de magia y actualidad, desde el hemisferio sur, desde 1964 a 1973. Eterna memoria.

“¿Qué opinan en tu casa de cómo andan las cosas? ¡Púf!; por lo menos son optimistas, en la mía opinan que Púaj!”. Libertad

Siendo capaces de haber aprendido tanto, siquiera a ciegas, siquiera de media sonrisa en media sonrisa, seguro que con tiempo para volver a repensar las tiras de Mafalda y sus amigos, ahora que podríamos volver a releerlas, tal vez, con el escepticismo cínico de los años a cuestas.


Antonio García Gómez es socio de infoLibre

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1 Comentarios
  • Ambon Ambon 03/10/20 13:53

    Aprender a reflexionar riendo o sonriendo ¿Hay modo mejor?

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