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Bielorrusia y la OTAN

Juan José Torres Núñez
Publicada el 15/10/2020 a las 06:00

Si se hubiera preservado la Unión Soviética, el mundo sería más estable. Mijaíl Gorbachov

Algunos errores del presidente electo Aleksandr Lukashenko han contribuido a los escenarios que hoy estamos viendo en las calles de Bielorrusia. Por ejemplo, no comprendemos por qué al principio Lukashenko culpó a Rusia de intentar influir en el proceso electoral del pasado 9 de agosto. Lo cierto es que, como señala el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, “Bielorrusia probablemente se está enfrentando por primera vez a una amenaza de desestabilización seria”. Y la oposición, con unas manifestaciones bien organizadas y cada vez más radicales, está echando más leña al fuego para provocar la intentona de un cambio de régimen, conocido como revolución de colores, contra Lukashenko. Esta política ya la hemos visto aplicada por Estados Unidos y sus aliados como una práctica rutinaria de agresión contra un país soberano, contraviniendo así al derecho internacional.

Tenemos los ejemplos claros de Iraq, Libia, Ucrania, Bolivia, entre otros. Se trata, pues, de una injerencia extranjera en los asuntos internos de un país soberano. Y esto es inaceptable y condenable, como han manifestado Lukashenko, Lavrov y Vladímir Putin. Lo más peligroso de todo esto es que existe un propósito de desestabilizar a Rusia. El ministro bielorruso de Asuntos Exteriores ha dado una respuesta contundente: “No permitiremos que en Bielorrusia se aplique el guion ucraniano de una revolución de colores organizada desde el exterior”. Veamos, pues, algunos hechos históricos.

Como sabemos, el Soviet Supremo anunció la disolución de la Unión Soviética el 26 de diciembre de 1991, un día después de que Mijaíl Gorbachov dimitiera de su cargo. Estados Unidos celebró este acontecimiento histórico, como era de esperar, con un proyecto que consistía en la creación de un muro de contención, o cordón sanitario, que se extendiera desde el mar Báltico hasta el mar Negro con un objetivo muy preciso: contener a Rusia. El proyecto fue ideado anteriormente por el mariscal Josef Pidulski, que gobernó Polonia desde 1918 a 1935. Augusto Zamora R. lo describe como “un nacionalista anticomunista”. Esta idea de Pidulski consistía en crear una Federación Intermarium (entre mares) dirigida por Polonia, con Lituania, Letonia, Estonia, Ucrania, Bielorrusia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Hungría y Rumania, para debilitar y contener a Rusia.

Este proyecto siguió vigente con la administración de Barack Obama y hoy con el presidente polaco Andrzej Duda. Obama preparó a la oposición bielorrusa para derrocar a Lukashenko por medio de una revolución de colores como ya había hecho en Ucrania. Para esta tarea se necesitaba enviar a Bielorrusia ONG occidentales, con fondos y con instituciones benéficas con fundaciones como la de George Soros (que proporciona dinero a todos los movimientos de extrema derecha en el mundo entero), USAID y la ayuda inestimable de la Unión Europea, siempre al servicio del imperialismo norteamericano. Con esta breve introducción ahora ya sí entendemos las palabras que pronunció Duda en agosto de 2015 al referirse a la Federación Intermarium (FI), declarando que tenía en mente “ la formación de un bloque de países que se extendiera desde el mar Báltico al mar Negro y al Adriático”, incluyendo a Bielorrusia en esta federación. El objetivo sigue siendo el mismo: contener a Rusia. La ceguera y el belicismo de la OTAN en Europa nos obligan a repetir una vez más las palabras sabias del profesor estadounidense, Stephen Cohen, al advertir que “acercarse a la frontera de Rusia es una idea terrible”.

Como comenta Emil Avdaliani en su artículo Poland and the Success of its Intermarium Project, el proyecto se refiere a un concepto geopolítico que ha variado con el tiempo, algunas veces se ha extendido desde los países escandinavos hasta los Balcanes. Y claro, siempre ha sido un trabajo de los británicos y estadounidenses para convencer a las élites de Europa del Este. Sin embargo, Avdaliani cree que “pocos países quieren volver a empezar una guerra fría por una batalla geopolítica en Europa del Este porque es posible acomodar los intereses rusos”. Esta sería la postura más racional si la Unión Europea tuviera una política independiente, inteligente y de cooperación, y no la de lacayos que actúan bajo el yugo del régimen estadounidense que los obliga a la confrontación. Un ejemplo lo vemos en la concentración de tropas estadounidenses en Polonia que ahora está teniendo lugar, con objeto de crear “buenas condiciones para el éxito de la Federación Intermarium”. Lavrov ha denunciado “las declaraciones destructivas de la Unión Europea y la OTAN respecto a la situación de Bielorrusia”. Y ha puntualizado que “a los intentos de la OSCE se suma la tensión en la línea de la Unión Europea, la OTAN y la actividad de la Alianza Atlántica cerca de las fronteras de Bielorrusa”.

El periódico El País nos informa que Irina Romano, profesora de historia en la Universidad Europea de Humanidades de Vilna (Lituania), “ve un paralelismo entre lo que está ocurriendo [hoy en Bielorrusia] y los métodos estalinistas”. A ella la despidieron “junto a otros compañeros de la Academia de Ciencias en los años 2000 acusados de […] socavar los cimientos de la ideología estatal”. Pero lo que no nos dicen es que esta Universidad Europea de Vilna, con una capacidad para 1.500 estudiantes y dirigida presuntamente por la CIA está subsidiada por fondos de EE UU, ONG europeas y por las fundaciones de Soros. Imaginamos que la guía docente del curso de historia que enseña la profesora Irina Romano incluye un tema sobre la bandera blanca y roja que usan la oposición y los partidos que participan en las protestas. En este tema tendrá que explicar a los estudiantes –que por cierto, más del 90% son bielorrusos– que esta bandera blanca y roja, que no es la de Bielorrusia, la usó la Mancomunidad de Polonia-Lituania de los años 1569 a 1795. Y también la usaron los más de 28.000 voluntarios bielorrusos que lucharon contra Rusia en la 36 División de los Waffen-SS durante la ocupación de Bielorrusia por los nazis en la Segunda Guerra Mundial (1943-1944). No nos sorprende en absoluto que el Ministerio de Defensa bielorruso haya manifestado que “los militares no pueden permitir, ni ver con tranquilidad que los manifestantes usen las mismas banderas que los nazis usaron durante las matanzas de bielorrusos, rusos, judíos y otras nacionalidades. La oposición está advertida”.

La excandidata presidencial de las elecciones del 9 de agosto, Svetlana Tijanóvskaya, exiliada en Lituania, promovió la creación de un Consejo coordinador para el traspaso de poder. En sus declaraciones a la prensa ha actuado como si ya fuera la presidenta de Bielorrusia, pidiendo que “Lukashenko tiene que irse”. La oposición pide reformas, pero lo que no nos dice la prensa es que en el supuesto programa del Consejo coordinador se pide entrar en las estructuras militares de la UE y de la OTAN, así como en el sistema político y económico de Occidente, con las privatizaciones correspondientes. También se pide salir de los proyectos de integración con Rusia y fortalecer el nacionalismo con la prohibición de todo lo que sea pro ruso. Con otras palabras, se pide la integración total en el sistema neoliberal, que pondría a Bielorrusia en las garras del Fondo Monetario Internacional y la convertiría en un país fallido como lo es hoy Ucrania. Un programa como este fue adoptado en Ucrania después del golpe de Estado, sufragado por EE UU.

Se entiende por qué el Consejo coordinador ha criticado el acuerdo entre Putin y Lukashenko por “formar un contingente ruso listo para intervenir en Bielorrusia”. Existe un marco bilateral entre Rusia y Bielorrusia: un proceso de unión. Y un marco multilateral: la Organización del Tratado de Defensa Colectiva (ODKV), formado por Rusia, Bielorrusia, Armenia, Kazajistán, Kirguizistán y Tayikistán. Parece más lógico y más inteligente que el pueblo bielorruso emprenda un diálogo nacional para resolver sus problemas “sin indicaciones desde fuera”, como ha subrayado Putin. Nos gustaría ver lo antes posible la normalidad en Bielorrusia. La UE tiene que cesar la puesta en marcha de un nuevo proceso de sanciones a Bielorrusia, impuestas por la maquinaria de cambio de régimen y guerras interminables de EE UU. Y la OTAN tiene que cesar el desarrollo de maniobras militares en la frontera con Bielorrusia y disolverse como hizo el Pacto de Varsovia porque con sus actuaciones belicistas está fomentando el fascismo en Europa. Los intentos de la OTAN de dominar el mundo con sus guerras criminales suponen el mayor problema para la democracia.


Juan José Torres Núñez es socio de infoLibre

 

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4 Comentarios
  • Juan José Torres Núñez Juan José Torres Núñez 16/10/20 17:25

    Muchas gracias. Vuestros comentarios los leo con detenimiento. Saludos.

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  • LeTal LeTal 16/10/20 01:19

    Un artículo clarificador y sin paños calientes. Gracias a Juan José Torres por su trabajo. Un saludo!

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  • Ambon Ambon 15/10/20 18:19

    Muchas gracias por el artículo, siempre es muy interesante leerte.

    La única fortaleza geopolítica que tiene USA en Europa es la estupidez de la UE, que en vez de tener sus propias estrategias entre las que debe estar la neutralidad o la pluralidad de relaciones, con USA pero también con Rusia, en vez de eso se pliega cobardemente a los intereses américanos. Antes podíamos culpar a los quintacomunistas de UK, pero ahora ya no están.

    Rusia y Putín tienen las cosas mucho mas claras, cuando USA y la UE enrederan en Ucrania ¿Que sacaron? nada, mientras tanto Rusia recuperó Crimea y su base en el mar Negro.

    Europa es vecino de Rusia y no es inteligente la confrontación, si no mas bien la colaboración

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  • Federico Aguilera Klink Federico Aguilera Klink 15/10/20 17:50

    Hola,
    Hacia tiempo que no te leía. Gracias de nuevo. Entre Bielorrusia, Nagorno Karavaj y las sanciones por el supuesto pseudo envenenamiento a Navalny para parar el Nordstream 2, la UE va a conseguir que Rusia responda a la OTAN en territorio UE y nos vamos a reir todos mucho.
    Qué vergüenza de UE sumisa y tramposa....

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