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No caigamos en la crispación

Publicada el 30/10/2020 a las 06:00

“La política es el conjunto de actividades orientadas a la planificación y realización de las decisiones vinculantes para toda la sociedad y/o orientadas al bien común y al provecho del conjunto de la sociedad” (David Easton).

La política, por mucha rivalidad que exista entre los actores que compiten, es mucho más interesante y noble de lo que estamos soportando en España en estos momentos. Los ciudadanos hemos de participar en política y hacer un adecuado seguimiento de ella en cualquier situación, más aún en la actual, y controlar a los denominados políticos.

No es mi intención entrar en profundidades ni extenderme sobre la pandemia que nos está tocando vivir, primero porque no soy un entendido y segundo porque prefiero comentar otras cosas aunque en parte tengan que ver con ella. Inevitablemente, no obstante, como ciudadano de Madrid desde mi nacimiento hace ya muchos años, algo sí tengo que decir sobre lo que está ocurriendo en nuestra Comunidad, donde gobierna ininterrumpidamente el PP desde hace casi veinte años. Una Comunidad en que la política fiscal no ha sido precisamente progresiva y sí de unos presupuestos restrictivos debido a que se trata con un especial “cariño” a los que más tienen y sus impuestos están siendo muy por debajo a lo que sería justo. Una Comunidad en que por tal motivo, siendo la de más alto PIB de España, es de las últimas en dedicar a la Sanidad, a la Educación y a la Dependencia, tres de las cuatro patas del Estado de bienestar y, por eso, cuando llega un problema como el que está atacando al mundo entero, el Covid-19, nos pilla en las peores condiciones para hacerle frente. Una Comunidad en que se retrasan y, posiblemente, se falsean los datos reales sobre contagios, hospitalizaciones, UCIS y fallecimientos.

Una Comunidad en que nuestra presidenta se autoerige en la defensora máxima de la economía y, con más de cuatrocientos (hemos estado por encima de los quinientos) contagios por cada cien mil habitantes y las UCIS otra vez casi desbordadas, ni se contratan rastreadores ni se refuerza la sanidad primaria pese a haberlo anunciado a bombo y platillo, y no toma las adecuadas medidas globales de confinamiento sino que se limita a “encerrar” a los barrios del sur y el Este de Madrid y a algunas ciudades, también del Sur salvo una; y cuando el Gobierno central toma las medidas que ella debió tomar antes, se enfrenta a él y lo critica públicamente. Así no pueden ir bien las cosas y sí enfadar a la mayoría de la población, la cual lleva un mes haciendo importantes movilizaciones y pidiendo la dimisión de la señora Díaz Ayuso.

A la vista de lo que está sucediendo, podríamos sacar al menos dos conclusiones: 1) muchos de de los habitantes de estas zonas, seguramente, van a trabajar, a limpiar domicilios y a cuidar a mayores de zonas no confinadas, en autobuses y metros atestados, y pueden o haberse contagiado ahí o por el camino y no donde viven, y 2) que igual estas arbitrarias decisiones algo tengan que ver con la cuestión votos electorales.

Pero a lo que sí dedica mucha atención la señora presidenta es al enfrentamiento político con el Gobierno del país y con su presidente Pedro Sánchez, cual líder de la oposición a nivel estatal. Sobre este asunto, hay quienes opinan que es ella quien ha tomado la determinación de actuar así, hasta el punto de llegar a creer que se le ha ido de las manos al presidente del PP, Pablo Casado, y éste se ha visto forzado a adoptar una postura dura de oposición ante el Gobierno del señor Sánchez para no desentonar. Personalmente, no estoy de acuerdo, pues no veo a la presidenta de Madrid con la capacidad intelectual ni de iniciativa adecuadas para ello, por mucho que le “asesore” su jefe de Gabinete de cuyo nombre no quiero acordarme y sí que es al contrario, es decir que es ella quien sigue directrices de Génova, y me atrevo a asegurar que Casado sigue indicaciones de la FAES de Aznar. Y para más inri nombran como portavoz estatal del partido al “moderado” (menudo peligro tenía ya antes) Martínez Almeida, alcalde de Madrid.

Sólo hay que recordar todo lo acontecido desde el mes de marzo, inicio de la pandemia. Desde entonces, el comportamiento de la derecha en España nada tiene que ver con el de las respectivas oposiciones en otros países, fundamentalmente europeos. Ningún apoyo al Gobierno en los primeros momentos, tan difíciles e imprevisibles; crítica agresiva a todo y en todo (si el Ejecutivo hacía, porque hacía, y si no hacía, porque no hacía); bloqueo aquí y en Europa, llegando a intentar dificultar que le lleguen a España los fondos asignados por la Unión Europea para combatir los efectos económicos y sociales como consecuencia del Covid-19. Pero hay más: la negativa a llegar a acuerdos para renovación del Consejo General del Poder Judicial cuyos componentes levan dos años en funciones, permitiéndose además ésta Institución el lujo de hacer nombramientos muy importantes en la judicatura. E idéntica postura de bloqueo para renovar al Defensor del Pueblo, el Tribunal de Cuentas, Radio-TV Española y algunas otras instituciones de este nivel. Está claro que le interesa que todo permanezca igual; es lícito pensar que por algo será, y que, posiblemente, esta inmovilización beneficia a su partido.

Todo ello no ocurre por casualidad, ni porque alguien del PP. Se ha levantado un día cualquiera de mal humor, ni es fruto de la improvisación. Se trata una estratégica predeterminada y coordinada que significa claramente la actual línea política del Partido Popular. Y lo peor es que se está ejecutando mediante la creación de un ambiente de crispación seguramente no vivido nunca antes en nuestra joven democracia, dentro y fuera de las instituciones, probablemente por aquello de “cuanto peor, mejor”, que decía no hace mucho alguien de ellos. Y esto refuerza el hartazgo y la desafección de la política por parte de la gente y abunda más en la repetidísima frase de que “todos los políticos son iguales, no quiero saber nada de la política”. Y esto, para mí es un error pues no son todos iguales, y tenemos la obligación moral y la necesidad de ocuparnos de lo político.

Pero lo más urgente e importante es que los ciudadanos no caigamos en el error de hacernos eco de esa crispación, y menos participar de ella.

Sería intolerable que nos peleásemos con compañeros de trabajo, vecinos, amigos o familiares por diferencias sobre la Política o los políticos. Eso podría ser muy arriesgado. Y cuidado con Vox, que en esto son especialistas y muy peligrosos.

Finalmente, he de expresar que tengo la impresión de que a esta situación no le queda mucho tiempo. Y el PP volverá a ser un partido de derechas pero serio. Y me explico: a corto plazo, caerá Díaz Ayuso; y a medio plazo lo hará Casado; sobre ello se especula fuera y al parecer en el interior del propio partido. A ambos se les considerará que ya cumplieron la misión para que fueron designados, sin conseguir los objetivos prefijados, y se les retirará como se retiran las llamadas liebres en algunas competiciones atléticas: ya exprimidos, agotados e inservibles para otra etapa posterior cuya meta será intentar alcanzar el poder, si consiguen salir airosos de algunos de los procesos judiciales que tienen pendientes. Otra cosa es que lo consigan.

Pedro Crespo Rubio es socio de infoLibre

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