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Como en el día de la marmota

Antonio García Gómez
Publicada el 15/01/2021 a las 06:00

Viajando en la sentina del barco, ciegos ante los vaivenes de la mar airada, sabiendo que van a regresar los temporales una y otra vez, sin que nos avisen, dando por hecho el regreso al mareo inevitable, desesperanzado, siempre a punto de hundirnos, siempre prometiéndonos la nueva calma, pasajera, desde el puente de la embarcación que parece estar siempre a punto de irse a pique, definitivamente.

Y así nos encontramos, a merced de un mar que nos bambolea sin compasión, con la tripulación al mando enemistad entre ella, un día sí y otro también.

Como para que el maestro Iñaki Gabilondo muestre “sentirse agotado y harto del clima político, de un sectarismo que convierte el debate político en un permanente chapoteo en el fango”.

Y es una sensación que nos va invadiendo a muchos, a merced de una “repetición de la jugada”, desde el principio de una legislatura en la que surgió la pandemia, desde el mismo instante en que media España, con sus líderes , como “enloquecidos” desde el minuto cero, declarando que la otra media España había constituido un gobierno “ilegítimo, criminal y totalitario”, con sus palabras y su mala saña para insistir a diario, y para no dar ni un pase de la debida lealtad y más en una situación de emergencia, llámese “pandemia que no cede” o “temporal de nieve histórico”.

Pero todo les vale, mientras nosotros desde las sentinas sentimos que el rumbo no endereza hacia una situación que abrigue alguna mínima esperanza.

En el debate “salud o economía”, ha salido triunfante, cada vez que la cuestión se ponía en entredicho, la economía, con las consecuencias que todos conocemos. El regreso a la enésima oleada, al rebrote descontrolado, al repunte desbocado. Ayer los fallecidos subieron a 408 compatriotas, a los que ya se les ha negado la visión de sus decesos trágicos, irreparables, formando paso a un escenario cotidiano que cada día hace menos mella.

Y siguen los hospitales colapsados, y los pacientes y sus patologías se retrasan sine día, mientras se aguarda al ataque inmisericorde y suicida. Con el desahogo de una oposición que aún no se ha enterado de la situación que nos devasta, o sé y forma parte de su estrategia, con una población que asume el derrotero fatalista de una pandemia que se agrava, que se aligera un poco, que vuele a agravarse, que vuelve a aliviarse, que regresa a la previsión de ¿un confinamiento radical,  exigente, corto o no…?... que ¿nos vuelva a plantearnos el estúpido dilema por regresar de nuevo a la economía antes de tiempo?

Y volviendo a Iñaki Gabilondo, al cabo, se debería terminar coincidiendo con sus palabras: “Un país no puede pretender vivir con el arrastre de medio país viviendo todos los días con el sueño de ver si se hunde todo lo que el gobierno haga. Es absurdo. Es la depravación final de la democracia”.

Y, sin embargo, es lo que se practica, sin que importe otra cosa. De cuando se exigía la responsabilidad facilitada a las autonomías, a la posición actual en la que, por ejemplo, en la Comunidad andaluza, el gobierno autonómico cree necesario un confinamiento puntual y exigente y solo se alcanza a pedir al gobierno central a que tome él la decisión. Con la amenaza asegurada de que entonces será acusado de ”totalitarismo”, mientras se volvería, de inmediato, a reclamar el paso a las comunidades a disponer de posibilidades de decisión unilateral. Y así en un disparate continuo que nos va llevando a una desesperación creciente.

Y resulta descorazonador. Frente a la deslealtad de una oposición que no filtra su derecho a la oposición por la lealtad debida, institucional y patriota, como tanto dicen que les gustaría.

Mientras la sociedad se convierte en heroica y anónima, dando ejemplo constante, a diario y por mayoritaria responsabilidad, el espectáculo del acecho constante, ruin y estúpido continúa alentando, haciendo daño por hacer, o con la aviesa intención de destruirlo todo cuanto antes.

Hace una quincena andábamos “salvando la navidad”, participando en aglomeraciones festivas y consumistas que enriquecían a “los más grandes”, a favor de las querencias de unos cuantos líderes, de espaldas a las indicaciones de expertos y especialistas. Ahora hemos vuelto al hoyo de los contagios in crescendo, como si fuera inevitable, tan groseramente confiados que muy pronto regresará, ¡qué calma y con qué balance de muertos!, y volveremos a reclamar el escape economicista del consumismo también desbocado.

Y entretanto ya ha y estudios que certifiquen que la mitad de los sanitarios ya están al borde de caer en la falla de la salud mental. De tanto aplaudirlos al abandono actual por mucho que pongamos en cuarentena, laudatoria por supuesto, su esfuerzo heroico que ya… no da para más.

Y ya se ha olvidado al hospital de los 135 millones, y ya forma parte de la contabilidad amortizada de los 11,4 millones a la gran empresa de la sanidad privada IDC-Capio, mientras se intenta pasar de tapadillo sobre el asunto humanitario de Cañada Real con 120 bombonas de butano y 100 estufas de gas… y en Madrid “se acaba el yeso” para tanta fractura por caídas sobre la nieve, y falta “la sangre” para trasfusiones y, de nuevo, se llama a la ciudadanía que, con heroica generosidad, hace cola para donar su sangre… y nada hace pensar que no se volverá a insistir a repetir la mendacidad de “gobierno ilegítimo, criminal y totalitario” hasta hacerlo caer, hasta hacernos caer a todos… para que vuelvan los carroñeros de siempre, los herederos del “haga como yo y no se meta en política” que ya lo harán ellos, los carroñeros, en su lugar.

Y la inmensa mayoría, desde la sentina, seguiremos atendiendo los bandazos de la tempestad ¿con resignación, con rabia, con tristeza…?

Habiendo olvidado que gran parte del desastre es efecto directo de unas políticas de recortes de servicios públicos, de los que nadie, en la actual oposición quiere acordarse, mientras se acude al infantiloide guion de hacerse retratar “retirando nieve con una pala”, con tanto estilo para salir en la imagen.

Y que cuele, de nueve, la caradura de algunos desahogados, irresponsables y ajenos a toda lealtad y esfuerzo común.

Y de nuevo tendrá que pasar mucho tiempo antes de escuchar a la “nueva referente de la derecha”, Isabel Díaz Ayuso, el menor análisis ante su propio comportamiento: admitiendo que no es admisible acusar al Gobierno de entregar pocas vacunas a Madrid y luego ser la comunidad que menos vacunas pone de las que recibe.

Desalentador y miserable.

 

Antonio García Gómez es socio de infoLibre

 

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1 Comentarios
  • CarmenMoreno CarmenMoreno 15/01/21 09:02

    Artículo que retrata auténticamente el sentir de muchos ciudadanos/as entre los que me encuentro.
    Muchas gracias y Ojalá se reaccione pronto!.
    Un saludo.

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