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La guadaña que no cesa

Javier Herrera Navarro
Publicada el 15/01/2021 a las 06:00

Creo que estamos en una fase de la pandemia en la que cada cual, según su propio entender y discurrir, lucha por desterrar de su mente un escenario apocalíptico; precisamente por eso creo que, en el inconsciente colectivo, lentamente se va adueñando de nosotros una tramoya sólo imaginada hasta ahora por el Beato de Liébana o los más preclaros guionistas hollywoodienses de ciencia-ficción. Y todos en nuestro fuero interno luchamos por huir de la quema lo mejor que sabemos y podemos.

Cierto que aún subyace en nuestro interior un residuo de la fe del primitivo que llevamos dentro, como la de ese campesino desesperanzado que asiste a un insoportable aguacero pero que sabe que algún día escampará y volverá a salir el sol... Pero ¿y si los nubarrones no cesan y si el cielo se cierra a cal y canto y no hay santo ni dios que pueda abrir sus puertas? No quiero ni queremos pensarlo, por eso nos aferramos a la imagen del túnel tras cuyo tránsito se ve de nuevo la luz y a esa imagen le otorgamos un grado de probabilidad elevada de igual manera que ni se nos ocurre que no seamos nosotros, cada cual, quien se vea como protagonista, tras la abracadabrante travesía, contemplando esa luz; pero ¿qué certeza tenemos de que seamos de esos elegidos que asisten de nuevo al espectáculo de los rayos del astro rey iluminando nuestra era, jardín, bosque o solar matrio?, ¿tiene alguien la certeza de que estará durante ese día disfrutando de tan emocionante alumbramiento? Yo desde luego no. Y quien diga que sí está seguro, vive en otro mundo; en el mundo de las fantasías y de los autoengaños; es un iluso o una ilusa.

La guadaña no cesa de asestar a diario millares de tajadas y menos mal que no cunde el pánico, que mantenemos ese resquicio de esperanza por el que puede que se cuele un rayo de sol que la deslumbre e impida que el movimiento del péndulo (¡ah! Poe) llegue a nuestro cuello...


Javier Herrera Navarro es socio de infoLibre

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