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23F, cuarenta años de dudas

José Manuel González de la Cuesta
Publicada el 24/02/2021 a las 06:00

Todos los años volvemos a girar la cabeza hacia atrás en el tiempo, para intentar recordar, con un poco más de luz, lo sucedido aquel día aciago para la decencia política, la democracia y la historia de este país, en la tarde del 23 de febrero de 1981, lunes de frío invernal en Madrid y gélido ambiente en el resto de España. Miramos al pasado y tratamos de recordar qué hacíamos cuando atronó, como un estallido de miedo en nuestra conciencia, aquel grito que nos heló el alma y aceleró el pulso. Porque el “quieto todo el mundo”, el silencio posterior, los nuevos gritos de “al suelo todo el mundo” y los tiros, seguido de un silencio aterrador, con amenazas de muerte a un cámara de televisión, nunca abandonarán nuestra memoria.

El pánico de no saber qué estaba pasando en un joven contestatario, sindicalista e inconformista hizo que las piernas empezaran a temblarle durante toda la tarde y el miedo se instalara en todos los pliegues de su cerebro con una idea machacona: a ver si al final van a tener razón los que dicen que vamos camino de una nueva guerra civil. Todas esas emociones, el bando de Milans del Bosch en Valencia (ese sí que era un auténtico toque de queda, de los que el meten miedo en el cuerpo; lo digo como observación a los que ahora se quejan de que el Gobierno está cercenando sus libertades porque los manda a las diez a casa); la ausencia de noticias, la tardanza de la declaración del rey y la cabeza dando vueltas sobre qué hacer y cómo hacerlo. Las comunicaciones no eran como ahora con teléfonos móviles, etc., entonces era todo más simple y nada podía evitar una sensación de desamparo y soledad ante el peligro.

Desde entonces, todos los años recordamos ese día en esta fecha, que la ironía del destino ha hecho coincidir un golpe de estado militar, con el entierro de Antonio Machado en el exilio, como una metáfora de que la historia siempre se puede repetir. Todos los años recordamos, este con especial interés por el culto que nuestra sociedad tiene a los números redondos, y todos los años nos enfrentamos a la duda de si sabemos la verdad de aquel infausto acontecimiento. La sospecha de que una vez más el relato de la historia es el que interesa al poder, planea sobre nuestros recuerdos.

Se han escrito muchos artículos, ensayos y novelas. Se han filmado películas, series de TV, documentales, grabado entrevistas, y siempre nos queda la misma sensación en forma de pregunta: ¿lo que pasó es lo que nos cuentan? No digo esto por acusar a quienes han trabajado durante años, desde diferentes campos, el 23-F, porque ellos tendrán también un conocimiento fragmentario de lo sucedido y sus causas y sus protagonistas. En una cosa están todos los investigadores de acuerdo: la información de la que se dispone es parcial y mucha de ella está sometida a secreto de Estado.

¿Pero por qué después de cuarenta años sigue estando calificada de secreto o como confidencial o como reservada? El poder, sea el que sea, y no me refiero a los gobiernos de turno, sabe muy bien que una manera de evitar el cuestionamiento de su ser reside en la protección de sus miembros y la ocultación de la historia, para, como he escrito más arriba, ofrecernos el relato de la historia que a ellos les interesa. Para eso se inventaron la ley de secretos oficiales, una ley que en España data de 1968, reformada en 1978, es decir, es del franquismo y la predemocracia.

En este cuarenta aniversario, la mejor conmemoración que se podría hacer es desclasificar todos los documentos que están relacionados con el 23-F y dejar que los historiadores hagan su trabajo. Sería la mejor manera de acabar con las especulaciones, las dudas, las sospechas y el terraplanismo. Porque ya todo está dicho y los que sufrimos aquella tarde noche del 23 de febrero de 1981, nos merecemos una explicación, que vaya más allá de la “autoridad competente, por supuesto militar” y el “elefante blanco”. Algo, a lo que por cierto, nunca le pudimos poner cara.


José Manuel González de la Cuesta es socio de infoLibre

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6 Comentarios
  • Antonio Basanta Antonio Basanta 24/02/21 16:11

    Como dice Javier Cercas el gran secreto del 23-F es que no hay secreto alguno. Ha sido lo mas comentado y retransmitido de España en toda la democracia. Que no haya secreto alguno no quiere decir que se pueda conocer toda la verdad, si es que es posible en la Historia conocer toda la verdad pretensión que tiene que ver mas con la religión que con la historia y con la realidad. No se conoce toda la verdad sobre el golpe de Estado criminal de Franco, ni se conoce toda la verdad sobre la ocupación nazi en Francia, ni se conoce toda la verdad sobre la subida al poder de los nazis ni se conoce toda la verdad sobre el golpe de Estado de Trozky que llevó al poder al partido bolchevique de Lenin en Rusia. Solo la historia sacará poco a poco cuestiones no dichas. Pero se conoce la verdad fundamental, sin ningun secreto. Que las fuerzas franquistas intentaron romper la democracia con un golpe de Estado franquista, que tenia distintas versiones pero todas unidas en lo principal: La eliminación de la democracia parlamentaria y su sustitución por un régimen totalitario, heredero de la dictadura franquista. Que la democracia resistió, que los partidos politicos se enfrentaron al golpe, cada uno con sus actuaciones, algunas distintas, estudiables pero inequívocas de enfrentarse contra el golpismo. Que el Rey se enfrentó a los golpistas y luchó por la perseverancia de la democracia y de la Constitución, independientemente que alguien pueda considerar mejor o peor los movimientos para desactivar el golpismo. Que la democracia venció y dió paso a la desactivación de los movimientos golpistas que anidaban demasiado en cargos de las fuerzas armadas. Esa es la verdad y no tiene secretos. Los movmientos que hiciera cada una de las instituciones para elegir el bien común de la defensa de la democracia en España, tienen una importancia mínima, accidental y que quien quiera dar importancia a lo accesorio o no fundamental tienen intereses espurios. Que las tesis negacionistas de separatistas y alguien de la extrema izquierda es seguidora de las tesis golpistas, consciente o inconscientemente, que querían adjudicarle al Rey (ellos y su obediencia debida) sus movimientos criminales.

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  • Angel10 Angel10 24/02/21 16:08

    La Constitución dice:

    Artículo 1

    2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

    Pero el pueblo español, único soberano, no sabe la verdad porque los distintos gobiernos la clasifican y la ocultan.

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    • JesusF JesusF 24/02/21 20:17

      La soberanía nacional, resida en quien resida, no tiene ninguna relación con la acción gubernamental, e institucional en general, a la hora de clasificar o desclasificar documentos, al igual que para otras decisiones. Ni siquiera en un sistema que fuese muy asambleario, las cuestiones trascendentales como admitir, a cambio de que siga como líder, que se hipoteque en un chalé en Galapagar el presidente de un partido, no suelen darse muchas veces, so pena de alcanzar cotas ridículas inimaginables.

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    • Antonio Basanta Antonio Basanta 24/02/21 16:21

      En politica, la verdad no existe. Eso viene de las religiones monoteístas y de la fé que sus creyentes tengan en las versiones totalitarias. Existe una cercanía a la verdad, pero la verdad tienen muchas aristas que ni la Historia a veces recompone. Hoy todavía se discuten parcelas de la verdad del siglo XVIII, del siglo XIX y del siglo XX en Europa y en el mundo. Y nadie conoce, ni puede conocer, la verdad exacta de todos y cada uno de los puntos y comas. Es una pretensión imposible, y por imposible es totalitaria porque esconde la visión sectaria y totalitaria de sus buscadores. Pero la verdad (visto así de manera humana y relativa) si se conoce. Un grupo de franquistas, encastillados en las fuerzas armadas sobre todo, dieron un golpe de Estado que les alió mal y que nos puso al borde de una dictadura y de crimenes. Que la democracia, el pueblo, los politicos democráticos y el Rey se enfrentaron y derrotaron el golpe. Eso sí se sabe y esa es la verdad. Todas las demás cosas se irán sabiendo parcialmente cuando la historia siga su curso y no haya interpretaciones políticas o partidistas. En todo caso lo que queda por saber es algo accesorio, sin importancia comparándola con lo principal: Como en todas las acciones históricas importantes. Si lo importante es menospreciado en beneficio de lo accesorio o lo casi no importante es que la racionalidad no existe y se sustituye por el fanatismo y la creencia.

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  • JesusF JesusF 24/02/21 12:38

    Aunque sólo tiene una relación tangencial, parafraseo el título de su artículo para añadir un pequeño pero sentido homenaje, que podría titular como “23F, treinta años de deuda”, que personalmente trato de hacer en ocasiones en las que se presenta este tema y se me permite. Algún agorero malintencionado estará elucubrando si estoy a vueltas con D. Juan Carlos o si la deuda es más de tipo crematístico, como la del alcohol, viandas, tabaco y bote de propinas que trasegaron y esquilmaron los numeritos alumnitos de Tráfico de sabe Dios qué que asaltaron el Congreso.
    Me refiero a D. Francisco Laína, quien era entonces el Director de la Seguridad del Estado, con rango de Secretario de Estado, y que fue, de facto, el Presidente del Gobierno al encabezar un Gobierno Provisional que dirigió durante todas aquellas oprobiosas horas al hacerse cargo, como Jefe, de la Comisión Permanente de secretarios de Estado y de subsecretarios. Hasta 30 años después, en 2011, no se le reconoció oficialmente su mérito otorgándosele la merecidísima Medalla de la Orden del Mérito Constitucional. Tal signo de gratitud, inexplicablemente tardío, sigue siendo el único galardón para ese hombre al que apenas le conocemos, y menos le reconocemos, a pesar de su labor inimaginable, inédita, improvisada a la par que meditada, callada más que oculta, y objetivamente eficaz.
    Desde mucho antes mereció el aplauso de todos los españoles demócratas, y ayer el de todos los asistentes al acto en el Congreso.

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  • JesusF JesusF 24/02/21 10:11

    Que la desclasificación de documentos tenga el ritmo normal medio de cualquier país democrático debería ser, desde hace tiempo, habitual. Eso no implica necesariamente que haya motivos espurios para ocultar algo, ni que incluso no se hayan destruido en su momento algunos folios. La especulación que se origina en general, y en particular en el caso del golpe de Estado del 23F la estamos reviviendo estos días y me atrevo a resumirla con el genial destacado de Javier Cercas que ayer “El País” hacía en su artículo titulado “El gran secreto sobre el 23 de febrero”: ¿Qué es un español? Es alguien que tiene una teoría o guarda un secreto del 23 de febrero.”
    Que se pueda leer todo pues, pero ya sabemos que demasiados -los implicados, sus compinches y sus secuaces involuntarios adeptos a la secta del bulo retorcido- salga lo que salga, dirán que no es todo, que aún se ocultan nombres y hechos.

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