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El recuento

Rafael Muñoa Gibello
Publicada el 21/04/2021 a las 06:00

La disputa entre los candidatos de izquierda a la Presidencia de la Comunidad de Madrid el próximo 4 de mayo, evidencia una mentalidad ecléctica, perfectamente vaciada del sentido que debía hermanarlas en estas circunstancias extremas. Ojalá que su desunión, al menos la de MM y de UP, no suscite la risa de Dionisio en sus bacanales, sino más bien se ratifique aquella bondadosa política aristotélica que facultaba a todos los ciudadanos de la polis condiciones de una vida buena. Es decir que, como Aristóteles deseaba, el día 4 prevalezca la justicia y la felicidad de todos como fin social.

Bajo los signos de libertad o comunismo, un denominador común que vincula la estupidez con la paradoja, van a celebrarse estas elecciones acompañadas de una pandemia que no cesa en su temblor y dolor.

La triunfante Díaz Ayuso, en su lapsus más paradójico hablaba de libertad, al mismo tiempo que se ponía al lado del fascismo, porque ése es el lado bueno de la historia. Esto lo dice la presidenta madrileña un día del siglo 21 sin sonrojarse. Pero este logos (el de la libertad), ella no lo asimila, sino que se lo ciñe a su ser como una poderosa coraza, moral y política, para privatizar sin pudor la Sanidad pública, malversar capitales en obras como la del Isabel Zendal y dar expansión a un capitalismo de amigos, particularmente burgués, corrupto y decadente. Por tanto, las críticas formuladas por la izquierda a la administración de esta formación están fundamentadas en una conciencia digna que se opone a desmanes tan lesivos, como estos días pasados nos han recordado la Audiencia Nacional y otras instancias al sustanciar casos tales como los de la Gürtel, Kitchent, Bárcenas y etc.

Estas dialécticas, estas arquitecturas del delito, esta falta de ética, ciñen el entorno político de Díaz Ayuso, y han inducido en la posición y en la misma sociedad, la reacción de un nuevo espíritu de convivencia que entrañe igualdad, justicia, fraternidad y, por ende, libertad. Todo lo contrario de lo que hemos vivido en estos dos años con la gestión del Gobierno Ayuso. Un resumen muy somero de esta gestión comenzaría con la de las residencias de mayores (recogida en el libro de Manuel Rico: Vergüenza), el desacato al fallo de los jueces respecto de los fondos buitres, su complacencia con el turismo de jóvenes europeos en España que no vienen sino a participar en fiestas ilegales, que agravarán la infección de esta cuarta ola. Pero estos casos en la tradición capitalista española son fundamentos litúrgicos que liberan a la humanidad de las impurezas sociales, como la de la Covid.

Luego está la chulería con que esta señora celebra su rebeldía contra el gobierno central y su desparpajo al pretender hurtarle competencias. Caso de la vacuna Sputnik V. En conclusión un bagaje nefasto, del que ahora Ayuso intenta exonerarse achacando la responsabilidad de su gestión de la pandemia al Gobierno, y no es menos alarmante, en definitiva, su capricho de convocar elecciones, yendo ahora coaligada con un partido que dice sentirse orgulloso de sus antecesores franquistas, y de las hazañas de la División Azul en la URSS, y que se inserta, por tanto, en un movimiento socio político ultraderechista, cuyo objetivo estricto no es otro que el de asegurarse que no exista más democracia que la que imponga su nostalgia franquista.

Este caso de posible involución tiene su foco en ciertos componentes sociales en su expresión más fundamentalista, y, de no ser por la decisión del exvicepresidente Iglesias, hubiesen tenido muy fácil el triunfo electoral el próximo 4 de mayo, con cuanto supondría de regresión moral e intelectual para la existencia democrática. Ahora está por ver quién ganará ese día.

Este cambio de tendencia en las estadísticas, ha sido propiciado ciertamente por la decisión de Pablo Iglesias al presentar a estos comicios su candidatura, dejando todos sus cargos de Gobierno. Con lo que dejaba claro, una vez más, que no todos los políticos son iguales. Algo sorprendente en la política española. Y, a este respecto, Daniel Basteiro le dedicaba un gran artículo afeando la actitud de cuantos periodistas y políticos se habían unido a la realidad mediática predefinida contra Iglesias, subrayando, entre los múltiples bulos que le dedicaban, su gusto por las poltronas y su ambición de poder. Y es que la envidia es uno de los sentimientos más pernicioso que el humano puede interiorizar. Sobre todo hacia un joven cuando de la nada crea un partido político de tan extraordinario éxito como ha resultado Podemos y no menos sorprendente y tan buen político su fundador.

Resulta impensable, por tanto, que un político, ya hecho en la política nacional, desee empezar de nuevo en la política regional, pero con Iglesias todo puede suceder: lo impensable y hasta lo imprevisto.

 

Rafael Muñoa Gibello es socio de infoLibre

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