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Después de la diversión...

Jesús Pichel Martín
Publicada el 20/05/2021 a las 06:00

Ser joven es estupendo. Esa sensación de plenitud, ese exceso de energía y vitalidad, ese impulso adanista de borrar la historia y hacer todo de nuevo, esa inconsciencia que prefiere el riesgo a la seguridad, esa necesidad de experimentarlo todo, todo eso y mucho más, hace de la juventud el tiempo de alegría y de gozo expansivo.

Los que ya no somos jóvenes, lo fuimos. Y probablemente tenemos sensaciones encontradas: si por una parte añoramos aquel tiempo libre y despreocupado, por otra solo aceptaríamos a volver a esa edad si pudiésemos tener la experiencia y los conocimientos que tenemos ahora. Si por una parte nos hacen sonreír las fotos de entonces (tan delgados, con tanto pelo, vestidos a la moda…), por otra parte, no nos reconocemos en ellas (¿ese era yo?).

Mi padre con veinte años se fue a la guerra tras el golpe de Estado fallido del dictador Franco. Terminada la guerra, mili de castigo en África durante tres años. Mi generación, a la Universidad, a la discoteca, a las manis corriendo perseguidos por los grises. Y Franco muerto en la cama.

Pandemia. Estado de alarma. Confinamientos. Cierres perimetrales. Distancia social. Normas de higiene (lavado de manos, gel hidroalcohólico, etc.). Mascarillas obligatorias. Las UCI al borde del colapso. Vacunas. Fin del Estado de Alarma.

Y los jóvenes (y los que sin serlo se creen jóvenes) celebrando la libertad de arremolinarse saltando, cantando y bebiendo y bebiendo y bebiendo en cualquier plaza de España. Todos juntos, muy juntos, sin mascarilla, liberados de tanta tontería que tenemos los viejos. El mundo vuelve a ser nuestro, pensarán.

Quizá no tengan familia. Quizá sí la tienen y tengan la suerte de no contagiarse y no contagiar a los suyos. Quizá alguno se contagie, pero sea asintomático (privilegios de ser joven). Quizá infecte a alguien. Quizá algún contagiado lleve el virus a su casa y lo sirva de postre cualquier día. Quizá algún niñato irresponsable acabe llorando a moco tendido mientras le abrazan sus familiares en el tanatorio.

 

Jesús Pichel Martín es socio de infoLibre

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2 Comentarios
  • Angel10 Angel10 24/05/21 17:41

    Muy bien contado, Jesús.

    Pero ya sabes, la juventud es una enfermedad que se cura con los años

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    0

  • jporrom jporrom 20/05/21 12:14

    Esta cuestión a algunos gobernantes, como nuestra IDA, no les motiva ni conmueve porque consideran que son secundarias dado que han evaluado las consecuencias de ello y consideran que los beneficios son mucho mayores. Son políticos que pertenecen a ideologías que nos producen dudas razonables sobre si están procurando el bien común, pero parece que una parte del electorado coinciden con ellas o bien no son conscientes de sus consecuencias.

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