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Ninipolítica

Publicada el 21/05/2021 a las 06:00

Ni me importa la verdad, ni me importan los hechos. De la libertad de Ayuso pasamos al libertinaje.

La ninipolítica se asemeja a la adolescencia irresponsable. Es un Estado que no reconoce la realidad de los hechos ni la dificultad de superarlos. De este modo se niega lo evidente y se eluden las responsabilidades propias.

Pero la adolescencia política, ahora se usa como un instrumento malicioso para alcanzar el poder.

De este modo se pasa de un estado transitorio de la juventud a una forma de vida. Vivir a lo nini se ha extendido a edades muy avanzadas como consecuencia de un mundo que no ofrece futuro ni soluciones. Ese amplio sector no ve con malos ojos esas actitudes políticas.

Lo fácil en la vida es mirar para otro lado, ponerse de perfil antes los problemas; lo difícil es afrontar las situaciones, ser solidario, ayudar a la solución de los problemas.

Esta es la quiebra en la que la derecha ha optado. Ayuso pone la cara amable y elude sus responsabilidades en el desastre social. Y ahora pretende extenderlo a los nuevos modelos del PP.

El PP se desnortó hace mucho tiempo. Al mismo paso que el neoliberalismos con su austericidio llegó a su extremo, el PP perdió el rumbo. Su crisis ha presidido este periodo. La corrupción rompió su capacidad de avanzar a posiciones más europeas. En su interior han dominado las tendencias a refugiarse en el pasado, en la ilusión de reconstruir la gran derecha.

Esa incapacidad de refundarse, llevó a que grupos económicos y mediáticos impulsaran alternativas como Ciudadanos. Pero eso conllevaba atacar una estructura de poder consolidadas en muchos niveles territoriales y políticos.

La división de la derecha es un hecho irreversible. España se ha mantenido una unidad creada artificialmente tras la muerte de Franco. Aquella salida en falso hacia la democracia tenia un talón de Aquiles en la derecha franquista. No solo porque se garantizaba la caída de pie en el nuevo sistema de los antiguos antidemocratas, sino porque tampoco se tocó nada de sus poderes económicos, mediáticos… De este modo se consolidaron los exfranquistas dentro del propio PP, tras mandar al cementerio a UCD, protagonista de la transición.

Pero dentro del PP convivía toda la derecha. Desde lo que hoy conocemos como Vox, hasta los más europeístas. La crisis era y es inevitable.

La derechización del PP hacia las formas y contenidos de la ultraderecha confirma la caida del los sectores más centrados. Los resultados más positivos ya no son en Galicia o Andalucía, ahora son en Madrid. Que son los dos polos que dibujan las dos alternativas que tiene el PP.

En este punto llega la política nini. Es un trumpismo a la española. Pero la gran diferencia es que la capacidad de tomar decisiones es mucho mas limitada y los problemas se consolidan. En este mundo, no es la primera vez que ante situaciones de grandes dificultades han surgido payasos de un tipo u otro, arropados con diferente uniforme.

La derecha española alienta la libertad, esa que se sustenta en la irresponsabilidad, en la no aceptación de normas, lo que ellos antes llamaban libertinaje. El círculo se cierra y puede ahogarles. Porque la derecha siempre fue gente de bien y el libertinaje raya con la anarquía.

Así la gente de bien, de muy bien a la derecha desde siempre, se revuelve en sus sillones. La proliferación del botellón ciudadano y popular, lo veremos en cada ocasión. En Madrid, en las fiestas de San Isidro. Los demás a continuación, porque el ejemplo Ayuso se expande de la mano de sus alcaldes a cada ciudad, a las playas… las ciudades universitarias verán crecer esa nueva pandemia. Es el libertinaje… de la mano del PP.

Al tiempo los problemas sociales crecen y las colas del hambre siguen con y sin pandemia. La asistencia sanitaria se deteriora más, la enseñanza pública cae y crece la privada, las infraestructuras se paralizan… los presupuestos en Madrid ni se aprueban ni se aplican… en dos años habrá elecciones y de nuevo a repetir el capítulo desde el principio.

La realidad es muy tozuda y puede no mirarse a la cara, pero sigue ahí y lo que es peor que se deteriora. La conclusión de la ninipolitica de Ayuso, y ahora de todo el PP, es la paralización. Al fondo, el covid y los virus que vengan detrás amenazan con desastres similares a grandes catástrofes humanitarias.

En la ninipolítica no hay futuro.



                                                                                                     Marcelo Camacho es socio de infoLibre

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