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Comunicación política

Hacer política con un martillo en la mano

  • La oposición culpabiliza al Gobierno de la crisis sanitaria y de la diplomática con Marruecos
  • Este tipo de actuación de frentismo puede volverse en su contra si elige asuntos inadecuados

Publicada el 21/05/2021 a las 06:00 Actualizada el 21/05/2021 a las 08:52

La crisis desencadenada esta semana en Ceuta ha servido a los dos principales grupos de oposición al Gobierno, el Partido Popular y Vox, para lanzarse contra el Ejecutivo. Especialmente simbólica fue la durísima intervención de Pablo Casado en la sesión de control celebrada el pasado miércoles en el Parlamento contra Pedro Sánchez, al que en lugar de apoyar, decidió, en línea de lo que lleva haciendo desde el inicio de la legislatura, culpabilizar de todo lo ocurrido. Decía Mark Twain que “cuando alguien tiene un martillo en la mano, todo se convierte en un clavo”. El PP lleva quince meses con un martillo en la mano.

La airada respuesta de Pedro Sánchez acusando al líder popular de no tener límite alguno en el ejercicio de la oposición ha reabierto la continuada discusión sobre las relaciones en un sistema democrático entre el Gobierno y la oposición. Hay que tener en cuenta que un Gobierno y los partidos que se encuentran en la oposición parten de roles muy diferentes. Sus responsabilidades no son las mismas. Tampoco lo son sus objetivos. Alguien puede argumentar que ambos sectores buscan lo mismo, el poder. Sin embargo, su situación es bien distinta. El Gobierno ya tiene el poder y desea mantenerlo. El principal partido de la oposición lo que necesita es arrebatar el poder a quien actualmente lo tiene. Evidentemente, no es lo mismo.

El discurso unificador del Gobierno

De forma tradicional, un Ejecutivo suele asumir una función unificadora del país. Es el Gobierno de la nación. Si se dedica a trabajar sólo para la parte de los ciudadanos que se supone que le han apoyado en las urnas estará castigando su propia imagen. Lo normal es que un presidente o un ministro en cualquier país hable siempre en nombre de todos los ciudadanos.

Esto tiene una lógica incontestable. Sus acciones afectan siempre a todos los habitantes de esa nación, sean o no sus votantes. Lo que hace un Gobierno importa a la totalidad de la ciudadanía y, por ello, siempre cuidará su discurso desde esa responsabilidad. Por eso suele intentar promover los consensos y los acuerdos más amplios posibles. Según explica el sociólogo y expresidente de la ACOP David Redolí, "debe mostrar un perfil muy pactista, sosegado, profesional… y salirse de ese marco de confrontación brutal que quiere instalar la oposición". Sabe que eso irá en favor de la estabilidad del país y, por tanto, del mantenimiento del estatus que le permite estar en el poder.

El papel de la oposición

Por el contrario, la oposición no representa a todos. Básicamente, su función es crítica frente al Gobierno. Por supuesto, su objetivo es evitar la continuidad de un estatus que le condena a una posible irrelevancia a la hora de tomar las grandes decisiones políticas. La oposición, de forma rutinaria, apostará siempre por el disenso antes que por el consenso. Para ganar las siguientes elecciones necesita el triple efecto de mantener a sus votantes, captar nuevos y hacer perder todos los que pueda al partido en el poder.

El Gobierno se conformará con que el mapa electoral no se altere en exceso. La oposición necesita irremediablemente una modificación sustancial de ese mapa. “La mayor o menor dureza de la oposición depende de las coyunturas. Siempre se emplean con mayor dureza contra el Gobierno en los momentos en los que lo ven más debilitado, como cuando las encuestas no le son favorables o tras unas elecciones, aunque sean parciales”, opina el profesor de Comunicación Política de la Universidad de Navarra Carlos Barrera.

Este simple esquema tiene, sin embargo, multitud de excepciones y matices derivados de las múltiples vicisitudes que van surgiendo. En el caso español, estamos viviendo un caso particular extremo en este juego de roles. La conformación del Gobierno de coalición puso fin a un periodo de inestabilidad política iniciado hace ahora tres años con la moción de censura que acabó con la presidencia de Mariano Rajoy. El Partido Popular nunca aceptó aquella derrota parlamentaria y desde entonces siempre ha ansiado la recuperación del poder de forma inmediata. Da la sensación, observando sus mensajes públicos, de que nunca ha aceptado estar en la oposición a la que las urnas le han llevado.

El uso político de la pandemia

La pandemia estalló en España apenas unas semanas después de la formación del Gobierno de coalición. El Partido Popular tomó una decisión que marcó su futuro. Apostó por culpabilizar al Gobierno de la crisis sanitaria y no dudó en cargar sobre su gestión las muertes de miles de ciudadanos afectados por el virus.

Este pasado miércoles, Pablo Casado volvió a cargar sobre las espaldas de Pedro Sánchez la culpabilidad de lo ocurrido estos dramáticos últimos meses. Evidentemente, habría cabido otra opción, la de aparecer como colaborador activo en la lucha contra la Covid-19 junto al Gobierno. Nadie puede saber qué impacto podría haber tenido en el electorado el ver a un partido de estado asumiendo un papel constructivo y activo en lugar de apostar por la destrucción y el bloqueo. "Es difícil saberlo —añade David Redolí—, pero creo que les habría ido mejor si hubiesen sabido separar las cuestiones más institucionales de la pelea política del día a día. Si tu país está atravesando una gravísima pandemia, deberían haber intentado pactar de verdad esas medidas".

La crisis con Marruecos

El éxito electoral en Madrid ha afectado sensiblemente a la actitud del PP, que había quedado muy tocado tras la debacle vivida en Cataluña. La absorción del voto de Ciudadanos le ha dado un notable crecimiento cuantitativo y un notorio impulso en su estado de ánimo. La crisis desencadenada tras la decisión de Marruecos de abrir su frontera en Ceuta a una incontenible avalancha de miles de inmigrantes ha pillado a todos por sorpresa. También a los estrategas de comunicación de los partidos.

El Partido Popular optó el miércoles, en el momento álgido de la crisis, por situarse otra vez contra el Gobierno, al que culpabilizó de todo lo ocurrido. De nuevo, tuvo que resolver una disyuntiva similar a la de la pandemia. Debía decidir entre buscar la rentabilidad política de forma constructiva buscando aglutinar a votantes moderados o la de convocar a los sectores más radicales antigubernamentales que prefieren por este orden la caída del Gobierno y, en segundo lugar, hacer frente a graves problemas que tienen más fácil solución si se combaten desde la unidad y el consenso.

La resolución de la disyuntiva

Los sondeos de opinión irán aportando datos sobre la reacción de los españoles ante este tipo de actuaciones políticas. Desde una posición teórica, cabría entender que el éxito o el fracaso de esta estrategia de abierto combate y oposición indiscriminada por tierra, mar y aire depende de cada conflicto. Parece sensato pensar que ante un error manifiesto del Gobierno, una oposición frontal, dura y agresiva puede aportar significativos réditos electorales.

“Otra cosa distinta”, añade Barrera, “es el límite hasta prudencial que se puede sobrepasar en el fragor de la lucha política y que puede volverse en su contra”. Sobre todo si eligen asuntos inadecuados. No sirve de forma indiscriminada. “Creo que esta oposición tan brutal no les está dando los réditos que creen que les va a dar, pero, claro, en un contexto de alta polarización, a saber... Lo hemos visto en las elecciones de Madrid con Díaz Ayuso, cómo ha triunfado ese 'yo me opongo a todo y a todos’”, termina Redolí.

Hay mucha gente que si ve un conflicto en el que piensa que la labor de todos es la de ayudar de forma colectiva, no entenderá el sinsentido de perjudicar los intereses de todo el país por un puro afán de rencor partidista. Cabe la posibilidad de que el PP hubiera podido aprovechar el conflicto con Marruecos para cimentar su papel como alternativa de Gobierno desde la defensa de España ante una agresión exterior. El PP decidió renunciar a esa posibilidad.

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5 Comentarios
  • luzin luzin 21/05/21 15:29

    Ya sabía yo que la culpa era del PP, de la derecha, del fascismo, del franquismo ...

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  • MASEGOSO MASEGOSO 21/05/21 08:28

    Sr. Contreras y Sra. Baroja.
    Olvidan Uds., premeditadamente, la actuación de la derecha en España de toda la vida sazonada, con una dictadura que trato de eliminar a todos y cada de los españoles que no pensasen como ellos.
    Producto de quienes siempre han querido al pueblo inculto y sometido fueron una guerra civil y una transición torticera y traidora que solo ha traído más dolor a este pueblo por la falsedad de una democracia que no es tal, una CE 1978 que es la continuidad de las leyes orgánicas franquistas, una desigualdad manifiesta hasta llegar a más de diez millones de pobres de solemnidad, inseguridad laboral y un largo etc.

    "El Partido Popular nunca aceptó aquella derrota parlamentaria y desde entonces siempre ha ansiado la recuperación del poder de forma inmediata."

    Tendré, a ustedes dos, periodistas, recordarles la historia reciente de España. Esa historia no han tenido que contárnosla a quienes la hemos sufrido en nuestras propias carnes, sin embargo, a las nuevas generaciones se les está ocultando y de ello viven esa derecha e izquierda que, gobernado no han tenido el suficiente valor para enfrentarse a esa oligarquía que desde las poltronas empresariales y bancarias hace de su capa un sayo sin importarles ese pueblo que lleva sufriendo injusticia mucha generaciones.

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    • Ayla* Ayla* 21/05/21 12:41

      Coincido contigo, no es sólo en esta ocasión, con la moción de censura.

      Es siempre que no están en el poder.

      Y flaco favor nos hacemos, como país y como presunta democracia plena, si no se denuncia.

      Parte de los actuales medios de desinformación están colaborando a ello.

      Volvemos a estar con la forma de hacer política del infame, que es quién está manejando los hilos, ahora con dos partidos.

      Nunca pensé que iba ha echar de menos a M.Rajoy, a pesar de estar en las antípodas.

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  • .Sasha .Sasha 21/05/21 06:23

    Ni he leído el artículo ni lo pienso hacer. Sólo pongo esto para ver si alguien más piensa lo mismo. ¿Por qué hay tantos artículos de estos dos cada semana? ¿Son jefes de línea editorial o qué? ¿Se les va a traspasar el periódico? ¿Son más baratos? ¿Son probes de pedir y hay que darles limosna?

    Comparta o no su línea, que es que no, llama igualmente la atención. Veo artículos suyos cada dos o tres días.¿Por qué?

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  • bajachico bajachico 21/05/21 06:19

    Vaya una referencia, consocio Contreras, Redolí, el vocero del lobby nuclear en España!

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