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De la tiranía de Pyongyang a las tribulaciones de la paternidad


Abel Grau
Publicada el 15/04/2013 a las 13:54 Actualizada el 16/04/2013 a las 16:58
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Una viñeta del cuaderno de viaje 'Pyongyang', donde retrata su estancia en el país durante el año 2001.

Una viñeta del cuaderno de viaje 'Pyongyang', donde retrata su estancia en el país durante el año 2001.

El historietista Guy Delisle, que describió la vida bajo el régimen de Corea del Norte abandona los cuadernos de viaje para abordar con humor las dificultades de la crianza de los hijos.

Pese a su apariencia taciturna y desmañada, Guy Delisle es una superestrella del noveno arte. Su aire despistado puede resultar equívoco. Sucede un poco como con su otro yo de papel, el personaje que protagoniza sus historietas: la sencillez del trazo encubre el gran trabajo de depuración que conlleva. Delisle acude puntual a todas sus concurridas citas en el Salón del Cómic de Barcelona –sesiones de firmas, conferencias, encuentros en centros comerciales- y las abandona del mismo modo. (Y ojo: dribla a los fans rezagados mejor que Messi.)

Ese semblante distraído lo desmienten los cuadernos de viaje que ha dibujado sobre sus estancias en China, Birmania, Corea del Norte e Israel. No son producto de una mirada despistada, sino de un observador atento, que hilvana el testimonio autobiográfico con el retrato sociológico. Su modo de trabajar es distinto al de otros cronistas-dibujantes, como el célebre Joe Sacco, que acude a los lugares de conflicto con un propósito reporteril. Delisle, en cambio, toma el punto de vista del viajero ingenuo –e irónico- que cuenta lo que le va ocurriendo. Sus relatos –o crónicas heterodoxas- han obtenido el aplauso de la crítica y la devoción de los lectores. Pero los viajes se han acabado. Ahora documenta otro campo de batalla: la paternidad. A ello ha dedicado su nueva obra.

Tiene la agenda a rebosar, pero acepta responder unas preguntas mientras se marcha tras un par de horas firmando ejemplares. “Es que mi mujer me está esperando”, se disculpa. De gesto serio y palabras justas, Delisle (Quebec, Canadá, 1966) prefiere hablar a través de las viñetas. Formado en el campo de la animación, empezó a dibujar sus diarios de viajes cuando un estudio de dibujos animados lo envió en 1997 a la ciudad de Shenzhen (China) para supervisar el trabajo de sus empleados deslocalizados. “Allí se me ocurrió mezclar cómic y autobiografía, y me gustó el resultado”. Delisle atesora un periplo que ya quisieran para sí muchos periodistas. Sin embargo, cuando oye que alguien compara sus libros con reportajes, tuerce el gesto. “Es que no soy periodista, ni es mi intención hacer periodismo”, aduce. “Sólo hago grandes postales, como las que podría enviar a mi familia explicándoles lo que he visto, lo que he vivido y lo que me ha sorprendido”.

Su viaje más impactante fue a Corea del Norte. En 2001, poco antes de los atentados contra las Torres Gemelas, Delisle pasó dos meses en la capital, Pyongyang, enviado de nuevo como supervisor de un equipo de dibujantes deslocalizado para otra productora de animación. Casi confinado en el hotel, el historietista pudo entrever algo de la vida cotidiana bajo el yugo del Querido líder. ¿Cuál fue la imagen que le quedó grabada? “Es difícil decirlo”, responde Delisle, durante una charla sobre cuadernos de viaje. “De hecho, llené 200 páginas con todo lo que me impresionó, no puedo decir sólo una. Podría decirte que la estatua del dictador, de 22 metros, a la que siempre hay que llevar flores, es muy impresionante, pero el resto del país también lo es”.

En Pyongyang (Astiberri), Delisle cuenta cómo llegó al país provisto con un ejemplar de 1984, la novela de George Orwell que describe un mundo distópico dominado por un Estado totalitario. Si lo llevó como guía de lo que podía esperar, el país no le decepcionó. Retratos del dictador por todos lados, restricciones en los deplazamientos, temor de la gente a hablar con libertad, apagones constantes de las luces de la ciudad, excepto para la iluminación de las estatuas y monumentos a la gloria del Estado y el Líder. Años después, Delisle ha relatado otros viajes a Birmania y Jerusalén -acompañando a su mujer, miembro de Médicos sin fronteras-, pero ninguno como aquél. “Cada uno es diferente, porque pertenecen a momentos distintos de mi vida; pero seguramente la experiencia más dura han sido los dos meses en Corea del Norte”. E inesperadamente sonríe: “es un país raro”. El propio Delisle ha reconocido en alguna ocasión que seguramente ya nunca vuelva a ser bienvenido allí.

Establecido con su mujer y sus dos hijos en Montpellier, Delisle ha dicho adiós a todo eso. “No voy a escribir más cuadernos de viajes. Los niños han crecido y voy a centrarme en ellos,”. En su último álbum, Guía del mal padre (Astiberri), vuelve a ser el protagonista, pero esta vez junto a sus dos hijos: Louis, de 9 años, y Alice, de 7. En una página, el mayor le pregunta por qué el ratoncito Pérez se ha olvidado desde hace días de dejar un regalo bajo la almohada a cambio de un diente de leche. “El ratoncito Pérez no seréis vosotros, ¿no?”, pregunta el pequeño. A lo que el padre contesta: “Tú crees que si fuésemos nosotros nos habríamos olvidado dos días seguidos?”. Ha llegado el momento de las crónicas domésticas.

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