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Cómic

Purita Campos obtiene el Gran Premio y Miguelanxo Prado, mejor autor nacional

  • Han acudido Delisle, Chavouet, Rubín, Sheldon y Hughes, entre otros.

Abel Grau
Publicada el 15/04/2013 a las 09:09 Actualizada el 15/04/2013 a las 09:28
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Exposición en la 31º edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, celebrada el pasado fin de semana.

Exposición en la 31º edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona, celebrada el pasado fin de semana.

Los dos extremos del cómic, el industrial y el de autor, han recibido al visitante del Salón del Cómic de Barcelona, en la Fira de Montjuïc, que cerró ayer su 31ª edición, tras cuatro días de muestras sobre western, crónica autobiográfica, superhéroes y viñetas satíricas, encuentros con autores, conferencias, talleres y premios. Nada más entrar al recinto, la muestra Cuadernos de viaje presentaba algunas de las firmas más personales de la historieta de hoy: Guy Delisle, Florent Chavouet, Miguel Gallardo, Paco Roca… Frente a ellos, Marvel y DC, las grandes factorías de superhéroes: sendas retrospectivas sobre Superman y la Patrulla X/Los Vengadores. Dos caras de un arte que ha atraído a 106.000 visitantes, según la organización.

Curiosamente, uno de los momentos de mayor concentración de talento en pocos metros cuadrados sucedió fuera del Salón. El viernes por la tarde el centro comercial El Triangle acogió una sesión de firmas gigante, con más de sesenta autores. Media hora antes, una cincuentena de fans hacía cola en la planta baja para conseguir un autógrafo del transgresor noruego Jason o del curtido Gilbert Sheldon, pope del underground. Codo con codo, aguardaban Tom Gauld, nominado por su Goliat, y el historietista de culto Paul Grist, creador del detective Kane. En la segunda planta, Delisle dedicaba sus diarios de viaje y Chavouet firmaba su Tokyo Sanpo. El torrencial David Rubín estampaba las páginas de El héroe y un taciturno Pasqual Ferry perfilaba superhéroes. No se sabía por dónde empezar: Crisse, Gallardo, Moderna de Pueblo, Kim…

El día grande del Salón, sin embargo, sigue siendo el sábado, cuando el recinto parece quedarse pequeño. Fue una jornada muy completa, en la que los tipos disfrazados de tropas de asalto de La guerra de las Galaxias y los tráilers de la nueva peli de Superman conviven con sesudas disquisiciones sobre la crítica de cómics a cargo de ensayistas como Daniel Ausente y Eloy Fernández Porta. Se forman colas de fans para conseguir dibujos de las supermujeres de Adam Hughes, mientras Liniers, Delisle y Sagar Forniés disertan ante un centenar de oyentes sobre el cómic com medio testimonial y periodístico. La sátira gráfica contra la crisis se da la mano con los estands de Nintendo. Con todo, algunos editores independientes se han sentido desplazados y han organizado su Salón paralelo, el Graf, que se celebró esa misma jornada en el centro de la ciudad, con la asistencia de Albert Monteys, Manel Fontdevila y David Sánchez, entre otros.

El triunfo de la nostalgia

Junto a la gran disyuntiva entre la industria y el cómic de autor, el Salón también ha echado una mirada nostálgica. No sólo por la exposición central, Por un puñado de cómics, que recorría el género del western desde las páginas del Teniente Blueberry -firmadas por Jean Giraud/Moebius-, hasta las del Jonah Hex del extraordinario Jordi Bernet; sino también por los galardones del Salón, que han sido para ilustres veteranos. El Gran Premio (10.000 euros) se lo ha llevado la historietista Purita Campos, creadora de la serie femenina Esther y su mundo, y el premio de Mejor obra nacional (10.000 euros) lo ha logrado el renombrado Miguelanxo Prado con Ardalén (Norma), una reflexión sobre la memoria de la emigración gallega.

La creación autobiográfica también ha obtenido premio. Portugal (Norma), del francés Cyril Pedrosa, se ha llevado la distinción a Mejor obra de autor extranjero (sin dotación). Sus páginas narran la peripecia de un historietista que, en medio de un bloqueo creativo, emprende la búsqueda de sus raíces familiares en el país de Camoens. Finalmente, el dibujante Oriol Hernández, coautor de La piel del oso junto al guionista Zidrou, ha ganado el premio al Mejor autor revelación (3.000 euros) y Adobo ha sido considerado el Mejor fanzine (el público ha elegido a Sleepers).

Han sido cuatro días de contraste entre la producción industrial y la creación de autor, en los que los tebeos han convivido con otras formas de ocio cada vez más presentes en la cita. Como los videojuegos y sobre todo el cine, que ha encontrado en los superhéroes un venero caudaloso de ideas y dólares. Quizá el modelo sea la Comic-Con de San Diego (EE UU), el mayor encuentro mundial de cómics, cine y teleseries, donde la industria tiene un filón para conocer los gustos del público y donde las viñetas suministran argumentos al resto de medios. Si ese es el camino, el futuro lo dirá. Mientras tanto, el ritmo de una orquesta del Salvaje Oeste despedía ayer a los visitantes conforme echaba el cierre este 31º Saloon del Cómic.
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