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MUERE UNA LEYENDA

Lou Reed y la ciudad

  • Fue hace un año más o menos, en un paso de peatones de esa autopista transitable que es la calle Delancey
  • Mientras esperábamos en multitud al verde me giré hacia atrás y me di cuenta que justo detrás de mí estaba Lou Reed, tan cerca que casi sentía su aliento en el cogote

DAVID GARCÍA CASADO
Publicada el 29/10/2013 a las 12:59 Actualizada el 29/10/2013 a las 13:09
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El músico neoyorquino Lou Reed.

El músico neoyorquino Lou Reed.

EFE
Fue hace un año más o menos, en un paso de peatones de esa autopista transitable que es la calle Delancey. Mientras esperábamos en multitud al verde me giré hacia atrás y me di cuenta que justo detrás de mí estaba Lou Reed, tan cerca que casi sentía su aliento en el cogote. A su lado estaba Laurie Anderson y estaban hablando de las cosas cotidianas de las que habla un matrimonio, de lo buenas que eran las lentejas de tal tienda orgánica o algo por el estilo. El fan que hay en mí echó mano del móvil para hacerle una foto pero enseguida me puse en situación; habida cuenta de su fama de cascarrabias seguramente me habría llamado gilipollas, y con razón.

Cuando el semáforo se abrió yo seguí recto y ellos se fueron hacia la izquierda, pero en realidad nos dirigíamos al mismo sitio: el club de John Zorn, The Stone, para ver un concierto. Una vez allí todos éramos iguales, simples espectadores, y no volví a pensar en Lou, ni en Laurie, pero su voz seguía resonando en mi cabeza, como si dialogara con una parte de mí muy remota.

Veinte años antes me había encerrado en mi cuarto con el album de la Velvet y Nico, el del plátano y I'm waiting for the man sonaba en los altavoces como una apisonadora. Dos acordes marca de la casa que se repetían en trance y la voz de Lou Reed que con esta dicción tan especial contaba la historia de un chico blanco que se aventuraba hasta 125 de Lexington Avenue para conseguir algo que meterse, disfrutar del dulce momento y mañana sería otro día. ¡Quién le hubiera dicho a Lou que algún día estaría más preocupado por la calidad de las lentejas que la de la heroína! Pero claro, quién nos hubiera dicho a nosotros tantas cosas también… 



Nueva York es la ciudad de las transformaciones, y él era sin duda un transformer. Un superviviente que se adaptó a la ciudad y fue capaz de seguir siempre el ritmo. Incluso se puede de decir que de algún modo él marcó ese ritmo ya que su música ha influido a tantas generaciones de jóvenes, y de los de músicos que tocarían para esos jóvenes propagando exponencialmente su influencia. Brian Eno dijo que solo 3.000 personas compraron el primer disco de la Velvet Underground pero todos ellos montaron bandas.

Lou Reed es la ciudad: el ruido, la energía incesante; el exceso y también la abstinencia; las calles sucias, los huracanes, los paseos por Central Park; el café y los helados de crema; Midtown, Brooklyn, Coney Island... Su obra es uno de los retratos más precisos que se han hecho de Nueva York, un lugar agridulce con múltiples caras que se muestran aleatoriamente pero a intervalos muy precisos. Debe de haber sido muy duro ser Lou Reed, incluso para él mismo; mantener el tipo, nunca desviarse de su tarea, no dejarse engullir por la ciudad sino por el contrario tener el poder administrar sus cadencias, reflejar sus formas de desolación y también de exuberancia en una obra que es tan Nueva York como el mismísimo Empire State.
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