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Libros texto

El saber ocupa lugar y cuesta una pasta

  • Aunque el precio de los libros de texto sube por debajo del IPC, las familias critican su elevado coste
  • Los padres denuncian que el sistema de becas no responde a las necesidades actuales de las familias

Publicada el 14/09/2014 a las 06:00 Actualizada el 13/09/2014 a las 21:09
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Una alumna de un colegio público de Aragón.

Una alumna de un colegio público de Aragón.

DGA | EP
Ya se sabe: no hay jardín sin flores, ni inicio de curso sin polémica con o sobre los libros de texto. Y Twitter, esa corrala en la que todos vertemos nuestras opiniones y lamentos, ha sido el lugar elegido por algunos para airear sus críticas.

Un ejemplo: el de la periodista a la par que madre Sara Solomando, que explotaba en la red social.
Se asombraba además Solomando de que una niña de 6 años necesite 22 libros a lo largo de un curso, vaticinaba más gastos porque aún tenía que sumar el material escolar, y terminaba lanzando una pregunta cuya respuesta ya conocía: 

Hablé con ella, me reiteró sus quejas e incluso me mandó las facturas para que viera que, en efecto, no ha sumado mal. Sí, 500 euros en libros es mucho dinero, más aún en nuestra situación económica, más todavía cuando la Constitución garantiza la gratuidad de la enseñanza obligatoria.

El saber cuesta una pasta

Le traslado las quejas a José Moyano, presidente de la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza (ANELE). "Según los datos que manejamos, el precio medio de las cinco materias troncales de primaria (lengua, matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales y lengua extranjera) estaría en torno a los 120 euros. No podemos saber por qué ese centro prescribe una lista determinada de libros". 

En cuanto a la reutilización… "Si nos atenemos a lo que marca la ley, los libros, una vez que son elegidos por los centros escolares deben mantenerse, al menos cuatro años. Pero hay más. Para que una editorial pueda rentabilizar un proyecto editorial necesita que éste se mantenga comercializándose cuatro años como mínimo. Cambiarlo cada año no permitiría recuperar la inversión. Creo que es importante destacar que, hoy, la reutilización de los libros de texto alcanza el 40% en la enseñanza Primaria, el 60% en Secundaria y mucho más importante (más del 80%) en Bachillerato y FP". 

El portavoz de ANELE admite, eso sí, que la ley se compadece mal con nuestro vivir cada día. “Cabría preguntarse si es lógico que en nuestro país haya habido siete leyes educativas en esta época democrática, con el consiguiente cambio curricular, o que no se haya conseguido un consenso en una materia tan importante como la educación”.

Empecemos por ahí

El curso escolar, el primero en el que se aplica la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), se ha estrenado en medio de una tremenda confusión.

"Hay comunidades que están aprovechando el ruido social para hacer política y poner palos en la rueda para que la ley no avance, o avance más despacio, y eso genera más descontento". Donde Luis Carbonell, presidente de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (Concapa), dice "poner palos en las ruedas" otros hablan de defender políticas distintas. Pero lo cierto es que once comunidades, entre ellas 6 gobernadas por el PP, han rechazado abiertamente el cambio de libros de texto, mientras otras cuatro han decidido dejar libertad de elección a los centros escolares y sólo Castilla-La Mancha ha obligado a los padres a adquirir nuevos libros de texto. Un gallinero que dificulta la tarea de los editores, que han de tener materiales educativos que se adapten a lo que establece tanto la legislación nacional como cada una de las legislaciones autonómicas y complica la vida a los profesores y a los padres.

"Es importante señalar que la decisión de cambiar o no los libros de texto, o incluso de tener o no libros de texto para el desarrollo de las clases, es de los centros y de los profesores. La Administración educativa no puede tomar decisiones al respecto, así se recoge en la Disposición Adicional cuarta de la Ley de Educación. Por lo tanto, ni pueden obligar a comprar nuevos libros, ni pueden negarse a que los profesores pidan materiales para adecuarse a lo que marca la ley. En este caso se ha producido un cambio curricular importante, no sólo en el contenido, también en la estructura de las asignaturas por cursos, con necesidad de una nueva programación; la aparición de los estándares y las evaluaciones, etcétera, que obliga a adaptar los materiales".  

El saber cuesta una pasta

Según el Informe anual de Evolución de los Precios de los libros de Texto que ANELE elabora consultando a sus asociados (una treintena de empresas, el 90% del sector), el precio de los libros de texto para el curso escolar 2013‐2014 se ha incrementado en un 1,1% con respecto al año anterior y mantiene así la tendencia de años anteriores de situarse por debajo del Índice de Precios al Consumo (IPC).

No obstante, son conscientes del contexto socioeconómico en el que vivimos. Por eso, les llama “poderosamente la atención que hayan desaparecido los presupuestos destinados a las ayudas a las familias para los libros de texto en los programas de cooperación territorial del ministerio. Hemos pasado de 200 millones a cero. Más cuando se ha puesto en marcha una nueva ley que hace necesario cambiar los manuales”.

En cualquir caso, la realidad es terca y los libros de texto, caros. "Un best seller no cuesta 30 euros, que es lo que cuesta un libro de matemáticas cuyo contenido es prácticamente el mismo todos los años", compara Jesús Salido, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa).

Pregunto a los presidentes de las dos confederaciones de padres citadas si el del precio es un asunto que aborden con las autoridades, y ambos me recuerdan que estamos en una economía de libre mercado, por lo que poco se puede hacer en ese terreno. Lo que sí pueden hacer, señala Carbonell, es impulsar la reutilización de los libros, “por lo menos deben durar 5 años para que las familias puedan amortizar ese coste”. Y no dejar de recordar, añade Salido, que “la educación pública obligatoria es gratuita y que tienen que financiarla”.

Es en este punto donde el sistema de becas debería demostrar su eficacia, pero, como denuncia Solomando, los criterios de concesión no se ajustan a la situación a día de hoy de las familias.

“En la propia convocatoria de las ayudas, introduce la concurrencia competitiva, lo que quiere decir que se asigna un presupuesto y en cuanto se acaba el presupuesto, independientemente de que cumplas los requisitos, no se te concede la beca –explica Salido–. Luego, los baremos que se utilizan son la renta, y la renta que se presenta es la de hace dos años, por lo tanto, la situación actual no tiene nada que ver con la de hace dos años. Incluso se exige que toda la tramitación se haga on line.” Ni que decir tiene que no todas las familias tienen Internet o saben saben utilizarlo.

El saber ocupa lugar

Parece, pues, que hay coincidencia entre los paganos: los libros cuestan mucho dinero. “Y a esto añado –me apunta Carbonell– que es hora de que migremos hacia el libro digital, no ya del libro de texto al libro digital sino a contenidos digitales que son mucho más económicos, mucho más versátiles, y permiten abaratar los costes.”

Porque ésa es otra

Esta semana, Joaquín Rodríguez se preguntaba en su blog Los futuros del libro si tiene sentido gastar en libros de texto "en un ecosistema educativo digital, en el que el libro de texto tradicional pierde en buena medida su papel y su significado". “Es importante saber que las editoriales desarrollan proyectos editoriales en todos los formatos, no sólo en papel. De hecho, para este curso, las editoriales españolas asociadas a ANELE disponen de más de 6.000 referencias digitales (con un incremento del 100% con respecto al año anterior). Sin embargo, la facturación digital sólo representa un 3,2%. Esto se debe fundamentalmente a que en la incorporación de los contenidos digitales no sólo hay que tener en cuenta el contenido, que como vemos ya hay una oferta importante, sino cuestiones como la conectividad, los dispositivos, la formación del profesorado, cosas que no dependen de los editores”.

Por cierto que Rodríguez empezaba su entrada citando uno de los últimos números de la revista The Economist (“poco sospechosa de no creer firmemente en la economía del libre mercado”) en el que se reproducía un gráfico cuyo título no dejaba lugar a dudas: “Un caso de manual de manipulación de precios”. Se refería al incremento exponencial e injustificado del precio de los libros de texto en los Estados Unidos.

No es consuelo, pero en todas partes cuecen habas.
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