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Mostra de Venecia

El debutante Lorenzo Vigas conquista la Mostra con ‘Desde allá’ y humilla a Egoyan

  • La película de temática gay compite por el León de Oro y desmerece el último filme del veterano director Atom Egoyan
  • 'Remember', del realizador armenio, es un torpe thriller sobre la venganza de una víctima del Holocausto

infoLibre | Noticine
Publicada el 10/09/2015 a las 20:06 Actualizada el 10/09/2015 a las 20:13
El director venezolano Lorenzo Vigas durante el pase de 'Desde allá'.

El director venezolano Lorenzo Vigas durante el pase de 'Desde allá'.

EFE
Pese a su inexperiencia —sobre todo comparándola con la larga trayectoria festivalera de Atom Egoyan—, el venezolano Lorenzo Vigas, con su ópera prima Desde allá, le ha ganado la partida al thriller de torpe guión Remember, un nuevo encargo que dirigió el armenio-egipcio-canadiense. Ambas concursaron este jueves por el León de Oro, mientras el mexicano Arturo Ripstein ofrecía fuera de competencia la cinta con la que celebra su medio siglo en el cine, La calle de la amargura.

Las películas de temática gay no tienen ante sí un camino fácil. En su mayor parte resultan poco interesantes para el público heterosexual, que las considera propias de un sentir ajeno, salvo en muy contadas ocasiones en las que los cineastas son capaces de trascender prejuicios. Eso ocurre con Desde allá, la aplaudida ópera prima del venezolano Lorenzo Vigas, una película inteligente hecha por un nuevo director suficientemente sabio como para rodearse en este debut por algunos, si no de los mejores, al menos de los muy buenos, como los mexicanos Guillermo Arriaga en el guión o Michel Franco en la producción.

El film, coproducido entre Venezuela y México, trata sobre un protésico dental, en su madurez, cuya reprimida sexualidad le hace requerir los servicios pagados de jóvenes a los que sólo contempla en la distancia, sin contacto físico. Sin embargo, con un joven pandillero las cosas se van a desarrollar de una manera diferente.

Lorenzo Vigas no es un muchachito, tiene suficiente experiencia en la vida como para haber planificado de una forma harto efectiva su primer largometraje para cine. Desde allá tiene una trama, un trasfondo y un escenario —la ruidosa y caótica ciudad de Caracas, donde se empeñó en situar la historia a pesar de que su experimentado mentor Guillermo Arriaga apostaba por algo diferente— muy bien definidos. Otra habilidad que hay que reconocerle es su buen olfato en el casting. No dudó en recurrir al chileno Alfredo Castro, comodín del cine de su compatriota Pablo Larraín, recientemente visto en El club, y un intérprete dotado como pocos para expresar con una absoluta precariedad gestual. A su lado, el joven Luis Silva es todo un descubrimiento, una revelación que sin duda dará nuevos motivos de satisfacción.



Aquí mismo, en Venecia, hemos constatado con otra película como La memoria del agua el creciente trasvase de actores de un país iberoamericano a otro. El cine hispanohablante cada vez tiene más lazos, y como nos mostró el anglosajón, nada debería impedir que se recurra a actores de otras nacionalidades pero que comparten una cultura común. Castro es un magnífico Armando, y —como ya ocurriera con Guillermo Francella en la argentina El clan— habrá que considerarlo para la Copa Volpi de interpretación.

Entre los matices en un segundo plano que contiene esta coproduccion venezolano-mexicana están dos de las constantes de las sociedades latinoamericanas, el clasismo y la homofobia (o machismo, si lo prefieren), que levantan muros entre personas, y que Vigas refleja con sutil habilidad. Porque este concepto, la sugerencia más que la pincelada de trazo grueso, es un distintivo básico de esta ópera prima que ha impactado positivamente en la recta final del festival italiano.

El cineasta venezolano ha empequeñecido en la coindencia a su colega canadiense Atom Egoyan, cuya errática carrera en los últimos años le ha llevado a firmar thrillers de guiones ajenos muy diferentes a sus anteriores obras que le convirtieron en un as que muchos festivales internacionales se intercambiaban. Remember, la película que este jueves también entró en la lucha por los Leones, sólo merece la pena por el esfuerzo de otro enorme actor, Christopher Plummer, esforzado por darle coherencia a un personaje que sobre el papel carece de ella por la torpeza del debutante guionista Benjamin August.

En la película, da vida a una antigua víctima del Holocausto nazi que junto a otro superviviente en aún peores condiciones físicas que él mismo, descubre que uno de sus verdugos de antaño vive también en la Norteamérica actual, bajo un nombre supuesto y decide partir en su búsqueda a lo largo y ancho del continente norte. En este viaje sufre (¿recuerdan Memento?) una creciente pérdida de facultades que dificulta su tarea.

Ni el tema es nuevo ni está tratado con habilidad, más al contrario, las lagunas o agujeros dominan la trama de August, que Egoyan filma con desgana. El cineasta de antepasados armenios lleva ya unos años caminando por la senda fácil de los encargos, rodando guiones ajenos cuyos resultados distan mucho de las películas que le dieron prestigio, como El dulce porvenir, Exótica o El liquidador. Si su objetivo era acercarse a un público más allá del de los festivales o el cine de autor, se ha equivocado bastante.

© E.E.-NOTICINE.com
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