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Festival de San Sebastián

La necrofilia continúa en el festival donostiarra con ‘Amama’ y ‘Eva no duerme’

  • La muerte sigue paseándose por San Sebastián gracias a dos cintas que, salvando la ficción, toman cantidad de elementos reales de la historia vasca y argentina

infoLibre | Noticine
Publicada el 21/09/2015 a las 21:04 Actualizada el 21/09/2015 a las 21:05
El director Pablo Aguëro (segundo por la derecha) y los actores Imanol Arias, Daniel Fanego, y Sofía Brito presentaron este lunes en San Sebastián 'Eva no duerme'.

El director Pablo Aguëro (segundo por la derecha) y los actores Imanol Arias, Daniel Fanego, y Sofía Brito presentaron este lunes en San Sebastián 'Eva no duerme'.

EFE
Las cintas que hasta ahora se han presentado al Festival Internacional de Cine de San Sebastián estan reiterando, quizá en exceso, una temática fúnebre que deja ver a la muerte por casi todas partes. El turno fue esta vez para la argentino-franco-española Eva no duerme, de Pablo Agüero, y la vasca Amama, de Axier Altuna.

Con ella empezó la jornada de este lunes. La película, en euskera, gustó en general y fue aplaudida al terminar, aunque para los no vascos no haya resultado demasiado interesante. Como escenario, la Euskadi rural del baserri (caserío), y como tema principal algo tan palpable y real como el matriarcado vasco. En ella se muestra el inmovilisimo de no querer abrirse a lo nuevo, y quedarse en las costumbres ancestrales y tradicionales. Sus interpretes son Kandido Uranga, Iraia Elias, Amparo Badiola y Klara Badiola, entre otros.

La trama nos acerca a una familia en la que la presencia de la mujer y la edad tienen poder. Una abuela (que así se traduciría el título al español) que sin decir nada –esa ausencia de expresividad en los sentimientos tan propia de esta tierra– parece que lo dice todo. Algunos calificaron esta película como un "poema vasco hecho de silencios".

No hacen faltas palabras, con una mirada y silencios prolongados basta para hacerse entender. La fotografía muestra unas hermosas imágenes del medio rural del país.

Amama se rodó en los bonitos bosques de Artikutza, que por sí mismos están llenos de poesía visual, con ese verde tan intenso y esos troncos plagados de musgo y rodeados de frondosísima vegetación, como un Amazonas, pequeño, íntimo, apartado de la modernidad y lo urbano, donde el caserío es el epicentro y el refugio.

Después del éxito de Loreak, parece que el cine euskaldun se abre paso en el mercado hacia un publico no solo local, aunque en este caso la cinta trate un tema mucho más costumbrista e intimista. Habrá que esperar a ver si esta vez funciona tan bien –sobre todo fuera– como la película vasca propuesta este año para ir en la terna española para el Oscar.

La segunda del día fue una cinta argentina dirigida por Pablo Agüero, joven director nacido en Mendoza pero afincado en Francia, que participó en Cannes con su película Salamandra (2008), y se alzó con el premio al mejor director en este festival de San Sebastian con 77 Doronship (2009).

Evita ha muerto, la madre de los descamisados, la princesa de Argentina ha dejado de existir, pero aun después de muerta no deja de ser un símbolo, un botín, una rehén de su mito en la historia. Eva, una mujer poderosa en vida, y ahora en muerte, amada y venerada por el pueblo peronista y odiada por muchos otros estamentos del país argentino.

Agüero mezcla acción ficticia con documentales de la época, que muestran un país conmocionado, un funeral faraónico, y un posterior embalsamamiento, que corre a cargo de uno de los mejores especialistas del país, personaje que interpreta el español Imanol Arias.

El director tardó años en acabar su obra, hasta llegar a la perfección con unas imágenes del proceso que dejan al espectador en un estadio extraño y perturbador.

La cinta impacta, revuelve, remueve, es incomoda, algo morbosa, en realidad mostrando una ínfima parte del horror de aquellos episodios, de aquellos años de terror que vivió el país.

Esos retazos de fotografías y de documentales exhiben cómo ella lo llenaba todo con su carisma y su fuerza ante las masas. "Mi mamita es una rosa, Evita es una estrella, los pobres de la tierra, se están mirando en ella".

La adorada, deambuló inerte por medio mundo, y aunque esta cinta no muestra el macabro peregrinaje en sí, asistimos a algunos hechos aislados, como el primer traslado y enterramiento de María Eva Duarte, o el secuestro y posterior fusilamiento del auto-proclamado presidente, General Pedro Eugenio Aramburu.

Abundan los planos cortos de todos los personajes que aparecen en la oscura y perturbadora escena, rojo de sangre en sus créditos iniciales, y en algunas de las escenas del embalsamamiento que resultan realmente impactantes y escalofriantes para el espectador.

Hubo silencio absoluto a la finalización de su primer pase en el teatro Victoria Eugenia, una cinta que te deja frío, destemplado, aterrado. La aventura postmortem de los restos de la reina de los descamisados es una magnífica historia que quizá hubiera merecido mayor presupuesto, ambición y un tratamiento menos autoral que el de Agüero.

El horror que un pueblo vivió y la peregrinación de su primera dama, como una santa sin canonizar, como una reliquia valiosa que algunos se disputan y que, después del destierro, finalmente entierra un militar que la odiaba (Gael García Bernal), en los albores de los años 70. Fue el encargado de "inmovilizarla" para siempre, la que él y algunos llamaban "Esa yegua, esa hembra", bajo más de seis metros de cemento armado para la eternidad".
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