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Entrevista

Sánchez-Cuenca: “Los autores de la Transición han tenido protagonismo durante demasiado tiempo”

  • Ignacio Sánchez-Cuenca critica en La desfachatez intelectual las ideas poco rigurosas que algunos escritores lanzan desde los medios
  • "Si quieren participar en un debate sobre las causas de los fenómenos, tienen que adquirir una preparación adicional", defiende el politólogo 

Publicada 21/03/2016 a las 06:00 21/03/2016 a las 06:00    
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El politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca.

El politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca.

"Casi nadie señala con nombres y apellidos a los responsables de propalar en la esfera pública malos argumentos y emplear un estilo de intervención más estético que analítico", denuncia el politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca en su nuevo libro, La desfachatez intelectual (Catarata). Casi nadie lo hace porque esos nombres y apellidos a los que el profesor de Ciencia Política de la Universidad Carlos III se está refiriendo son los de Mario Vargas Llosa, Javier Cercas, Javier Marías, Fernando Savater o Félix de Azúa.

En su ensayo, el colaborador de infoLibre se plantea, en primer lugar, el porqué de la abundancia de escritores entre las firmas de algunos medios; señala las ideas que juzga pobres o fundamentadas en datos incorrectos; y se pregunta cómo influyen estos "excesos lamentables" en el debate público. La conclusión parece ser que la presencia de estos "figurones" —que, critica, nunca son reprendidos— en lugar de enriquecer el debate acaba empobreciéndolo. "Mi intención no es —advierte— destruir la reputación de nadie en los campos en los que destacan, sino tan solo llamar la atención sobre la pobreza de su argumentación cuando intervienen en la esfera pública a propósito de temas que no conocen en profundiad".

El libro ya ha recibido alguna crítica airada. Sánchez-Cuenca se dio cuenta hace mucho de que el ejercicio de señalar la osadía de los grandes intelectuales —o, más bien, de hacerlo en público— es "solitario". 

Pregunta. Relaciona la presencia de los figurones por la existencia de una “cultura holística” existente en España que premia un conocimiento total por encima del conocimiento especializado de la llamada “cultura analítica”, que identifica con los países anglosajones. ¿Por qué este país está dentro de esa cultura holística?


Respuesta. Pertenecemos a un marco geográfico en el que están también Francia e Italia, que comparten estas características. Desde España se extiende hasta Latinoamérica, por supuesto. Pero si me preguntas por los motivos históricos de esto… ¿Tiene que ver con que en estos países no hubiera reforma protestante y entonces haya demasiado respeto a la autoridad, antiguamente la eclesiástica y ahora la intelectual…? No me atrevo a decirlo.

P. Parte del oficio de escritor consiste también en dar conferencias, escribir artículos… ¿La omnipresencia de estos autores en prensa tiene que ver también con esta característica de la industria?

R. Tal y como lo veo, en las culturas holísticas el intelectual necesita tener una obra escrita, y a la vez rodear esa obra de opiniones que configuren una personalidad única. Esa opinión la tienes que lanzar por distintas vías, y poco a poco se va configurando una marca; no diré una marca comercial, pero sí una marca intelectual reconocible. Esto en el mundo anglosajón es distinto. El intelectual no trata de rodearse de opiniones sobre todos los asuntos posibles, sino que se centra en ciertos temas. 

P. ¿Hay alguna manera de que el intelectual mantenga un compromiso con alguna causa que esté más allá de lo que le afecta directamente —como defendía Sartre—, y lo haga sin meter la pata?

R. Con un mínimo grado de prudencia, sí. Sartre fue muy imprudente. En los años setenta abrazó todas las causas de la izquierda radical, se volvió maoísta, justificó la lucha armada en lugares donde no tenía justificación alguna, y metió la pata hasta el fondo. Ese legado de Sartre ha sido muy negativo. Igual que sus ideas literarias y filosóficas han sobrevivido mejor, sus intervenciones políticas creo que son hoy motivo de sonrojo, sobre todo las del final de su vida. ¿Qué lección podemos sacar de ahí? No sé muy bien. En el libro no apuesto por coartar la libertad de nadie o impedir que se meta en batallas, las que sea, lo único que pido es que, cuando se haga, se haga con unas condiciones mínimas.

Pregunta. Defiende que un escritor puede hacer bien de guía moral, pero, ¿hay alguna manera de que pueda llevar a cabo esa labor sin caer en un cierto elitismo?

R. Que hagan una tarea de agitación, de apelar a la conciencia de los ciudadanos… De denuncia: el escritor es capaz de hacerla con mucha más eficacia que cualquier estudioso. No digo, en todo caso, que se tenga que dedicar solo a sus asuntos, pero si quiere ir más allá, si quiere participar en un debate sobre las causas de los fenómenos, ahí es donde tiene que adquirir una preparación adicional, porque no es una cuestión de valores, sino de conocimiento.

El ejemplo que más examino es el del terrorismo. Cómo un grupo de intelectuales ya consolidados adopta una posición valerosa y arriesgada en la denuncia de ETA, y cómo sin darse cuenta, o quizá porque se ven arrastrados por una ola de apoyos políticos y culturales, empiezan a dictar cómo tiene que ser la política antiterrorista y cuáles son las causas del terrorismo. Y cuando hacen ese tránsito, pasan de ser un referente moral a disparatar sobre la cuestión. 

P. El libro narra cómo el relato que construyen estos escritores sobre el terrorismo acaba configurando el relato social. ¿Ve algún ejemplo actualmente de algo similar?

R. Tendría que pensarlo más despacio, razonarlo mejor y documentarme un poco, pero creo que, aunque no tiene unos contornos tan definidos como el terrorismo, durante la crisis ha habido una cierta transición de la denuncia de los males que causa la crisis hacia teorías o explicaciones sobre el origen de la crisis. Así como en el libro critico sobre todo a intelectuales que se han derechizado mucho, esto tiene más que ver con intelectuales que están más en la izquierda, y que comienzan con una indignación justificada acerca del destrozo social de la crisis, pero de ahí saltan a hacer grandes afirmaciones sobre la naturaleza del capitalismo y las causas de que hayamos llegado hasta aquí. Y ahí veo el mismo tipo de errores.

P. Patricio Pron defendía en este periódico que los autores que practican esta “prescripción” política “tan pronto como se jubilan son reemplazados por autores de una generación posterior que hacen exactamente lo mismo”. Pero usted defiende que cree que este papel de figurones es una cuestión generacional…

R. Creo que no va a haber continuidad. La de la Transición es una generación muy mal acostumbrada: tuvieron protagonismo desde demasiado jóvenes y la han tenido durante demasiado tiempo. Eso genera la impunidad de la que hablo, esta idea de que nadie les puede criticar y que, si alguien les critica, es un miserable, un trepa y un envidioso. Llevábamos, y no exagero, 40 años soportando las intervenciones de los mismos intelectuales, que han ido bajando en calidad, pero ahí siguen. Eso no tiene por qué suceder en el futuro. Seguirá habiendo figurones y aspirantes a figurones, pero será más plural y habrá más instancias de crítica y contracrítica.

P. En La desfachatez intelectual apunta un mecanismo: el de las connivencias entre medios, editoriales y premios, de manera que criticar a un autor puede suponer accionar en contra del que lo hace todo un mecanismo industrial. ¿No se va a mantener esto en el tiempo?

R. Sí, pero los periódicos en papel, que han sido los más sólidos y que han hecho la inversión más consciente en tener a sus escritores para presentarlos frente a los escritores del grupo contrario, son ahora mucho más débiles. No creo que se puedan formar esos lazos tan sólidos que había antes.

P. Hay otro vicio en los medios, que es preguntar obsesivamente a los intelectuales o a los artistas su opinión sobre ciertos temas.

R. A mí me saca de mis casillas. Preguntar a escultores, directores de orquesta, bailarines, pintores por sus opiniones sobre el futuro de Cataluña me parece una práctica ridícula. ¿Por qué no preguntan a panaderos, fontaneros, mecánicos, abogados…? Es gente muy conocida, pero no quiere decir que tengan opiniones mejor formadas que las de otros. En Estados Unidos también pasa con los actores de Hollywood, por ejemplo. Pero a mí me produce un sonrojo tremendo, porque al margen de si estoy de acuerdo o no con ellos, se ve que no lo han pensado lo suficiente.

P. La pasada semana, en la presentación de la nueva novela de Vargas Llosa, un periodista le pedía que hiciera una valoración de la situación política en Latinoamérica. Él no dudó en responder. ¿La importancia que se le dan a sus opiniones viene motivada por su autoridad literaria, por el Nobel…?

R. El Nobel magnifica su persona, pero él ya escribía estas cosas mucho antes. El caso de Vargas Llosa provoca tales contradicciones… Le admiro tanto como escritor y me parece tan lamentable como opinador, que no sé qué conclusión sacar. Yo creo que es una cuestión de pereza intelectual, que toda la energía que dedica a escribir sus novelas no la utiliza para esbozar sus opiniones. Se basa en la anécdota, en lo que le han contado, y ofrece conclusiones totalmente simplistas.

P. En el libro critica que los intelectuales se pronuncien sobre ciertos temas esgrimiendo argumentos endebles o falsos. Pero, ¿qué ocurre cuando se centran en asuntos puramente éticos o morales y dan lugar a artículos igualmente dudosos? Pongamos como ejemplo el artículo de Savater sobre la paternidad de parejas homosexuales (El País).

R. Esto es otra cuestión. Es filosofía de periódico. La cuestión es si el que lo escribe es un buen o mal filósofo, y yo creo que la calidad de los argumentos filosóficos que Savater proporciona ha ido también cayendo de forma pronunciada en los últimos años. En el terreno del debate de valores hay que refinar también los argumentos, aunque en otro sentido. Este ejemplo que trae me parece uno claro de falta de refinamiento. Pero no he querido meterme en ese registro, el de argumentar por qué Savater, además de tener malas opiniones en el debate político, encima como filósofo tampoco es gran cosa.

P. ¿Qué responsabilidad tiene el medio con respecto a la publicación de textos homófobos, racistas…?

R. En el caso de un debate de ideas y valores, si el medio decide encargarle un artículo a un pensador, debe darle libertad absoluta. Y no puede decir: "Este sí lo publico, porque coincide con mis ideas, y este no". El único criterio que veo para no publicarlo es que la calidad sea deficiente. Pero si el autor quiere decir una barbaridad, allá él. Lo ideal, claro, es que haya una réplica en el debate público, cosa que ahora no se da.

P. Hay otro tipo de artículos que sale de la anécdota personal, no de la toma de partido en un debate público, y sin embargo también están creando ideología. Pongamos como ejemplo un artículo de Pérez-Reverte muy criticado llamado Ya no hay mujeres como las de antes (El Semanal).

R. Pero esto entra dentro del género basura. Pérez-Reverte es un provocador y le gusta jugar a ello. No hay que prestarle demasiada atención. Es una persona que intoxica la esfera pública, siempre con el insulto en la boca, con una actitud muy agresiva… Lo que llamo el machismo discursivo. Es un género al que pertenecen Antonio Burgos, Alfonso Ussía, Hermann Tertsch… Es de las cosas que más vergüenza dan en la prensa.

LA AUTORA Correo Electrónico


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17 Comentarios
  • Bacante Bacante 01/04/16 09:06

    Sr. Sánchez Cuenca, no deje a ese articulista menor llamarle Pacho para que todos sepamos que son muy amigotes, aunque se dedique a contradecirle y a demostrar que usted yerra. A mí me ha sonafo  a fardada y a otra manipulación de las suyas. 

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  • Tazzman Tazzman 28/03/16 15:19

    Poco que comentar me han dejado jorgeplaza y frida56. 100% de acuerdo con ellos. Puro y duro ajuste de cuentas desde posiciones de izquierdas hacia la derecha, especialmente con el entorno de "El Pais". Suerte que su critica nace desde el respeto y el rigor, pese a lo cual no duda en manifestar que Savater no es gran cosa como filosofo y que Perez-Reverte, en singular compañia, entra dentro del genero basura. Ahi es na. La particular inquina de Sanchez Cuenca con Perez-Reverte tanto en esta entrevista como en otras que he podido leer a raiz del lanzamiento del libro, recordatorio de plagio y peticion de dimision de la RAE incluidos, no se muy bien a que responden, Supongo que al fnal todo es politica, Sanchez Cuenca quiere medrar en eso de generar opinion en los nuevos tiempos (eso del relevo generacional que cita) y un francotirador tan politicamente incorrecto para los nuevos tiempos que corren como el creado por Perez-Reverte le incomoda, no se. O tal vez le retrata, que se yo.

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  • Birth 1 Birth 1 27/03/16 20:08

    Ha sido un respiro leer la entrevista. Coincido en ver esa clase de deificación con la que se ha tratado a ciertos intelectuales, y el declive que ha supuesto para el intelecto en este país. En mi opinión no tengo nada en contra de que digan lo que les parezca sino que haya habido una especie de círculo sagrado que les protegiera de críticas a sus salidas. Ha habido igualmente autocensura. Existe un sistema cultural y de comunicación en el que la autoridad de lo que se dice se valora desde la persona y las cumbres alcanzadas y no desde el contenido de la obra, entrevista, etc. específica. Creo efectivamente que la carencia de una reforma protestante puede ser parte del origen de esta subordinación cultural y tendencia a la mitificaciión.

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  • Bacante Bacante 25/03/16 10:34

    Sánchez Cuenca pagará muy caro su atrevimiento. Ha osado tocar a ciertas vacas sagradas, aunque era tan urgente y perentorio ponerlas en evidencia. Las perlas escogidas dan fiebre. 

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  • laguncar laguncar 24/03/16 01:05

    Con todos mis respetos, por la lectura de los comentarios de jorgeplaza, le diría que tengo la impresión de que no hemos interpretado de la misma manera el sentido que le ha dado Sánchez-Cuenca al concepto de desfachatez intelectual, y para mí es evidente que en su análisis estén unos y no otros, no tanto por lo que dicen sino por el hecho de lanzar "sus verdades" con un claro desconocimiento de lo que hablan y opinan, lo que, a nivel intelectual  no deja de ser prepotente y además una grosería. Para mí, esos grandes escritores, que lo son, no tienen patente de corso para hablar sin saber de lo que hablan por muy bien que lo escriban, y si además se creen que sus opiniones van a misa por ser buenos escritores, más puntos a descontar: desfachatez intelectual y falta absoluta de honestidad.

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    • Angels Angels 24/03/16 16:14

      Es posible, que el sr. Sanchez Cuenca, confunda opiniones con dogmas de fé. Un intelectual tiene la libertad de opinar, la libertad de equivocarse, la libertad de meter la pata, porque no imparte doctrina ni convierte sus opiniones en dogmas ni en la teoria de la relatividad. El sr. Sanchez Cuenca es muy bueno en lo suyo, como critico y juez , es otra cosa.

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      • Bacante Bacante 25/03/16 10:32

        Muchos de los participantes en estos foros opinan con superioridad, ignorancia, fanatismo, odio, enfado y absoluta falta de auténtica información sobre lo que opinan. 

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    • jorgeplaza jorgeplaza 24/03/16 10:29

      Precisamente por eso deberían estar, entre bastantes otros, Almudena Grandes o Millás: reúnen todos los requisitos. Y como en este rato me ha dado tiempo a comprar y leer el libro, puedo decir que, como sospechaba, casi no aparece ninguno de los dos: se cita su nombre en un par de listas de autores, pero no se recoge ninguna de sus (con frecuencia muy chocantes y yo diría que desfachatadas) opiniones ni para bien ni para mal. El libro de Sánchez-Cuenca es interesante y vale la pena leerlo pero, como sospechaba, sólo habla de la desfachatez de los intelectuales de derechas o los que así se lo parecen al autor. Y tampoco de todos, porque sí están Albiac o el formidable de Prada (una auténtica mina de despropósitos y más cursi que un repollo con lazo, sin duda) pero no aparece, por ejemplo, el inefable Sánchez-Dragó salvo en medio de dos listas, como Grandes y Millás. En algunos aspectos el libro de S-C tiene todo el aire de un ajuste de cuentas que probablemente solo entiendan los iniciados, por más que su autor diga explícitamente que va a dar nombres y apellidos precisamente para evitar hablar sólo para ellos: ejemplo claro es la crítica a Muñoz Molina y su libro "Todo lo que era sólido", que me parece desorbitada para un libro que personalmente encontré bastante anodino.

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      • Angels Angels 24/03/16 16:18

        Son solo los que escriben en El Pais, ha pasado de puntillas con Almudena Grandes ( que me encanda como escritora) y Millás ( que me divierte en sus articulos de opinión y en sus colaboraciones radiofonicas.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 22/03/16 19:22

    Las opiniones se combaten con otras opiniones y con argumentos. Están las redes sociales, los foros de comentarios, los medios de comunicación, los libros para quiénes tienen la posibilidad de publicar. Si alguien dice una barbaridad, hay muchas maneras de ponerlo de manifiesto. ¿No se reclama tantas veces el debate como medio de iluminar o, al menos, de poner de manifiesto todos los puntos de vista relevantes para un asunto?: pues eso, debatamos. Tampoco entiendo que se reclame "rigor" por encima de otras consideraciones (humor, brillantez o incluso ganas de molestar): allá cada cual con lo que dice y, eso sí, que esté preparado para la crítica pública si públicamente se ha manifestado. Supongo que los que escriben o dicen esas cosas que a Sánchez-Cuenca le parecen disparates están convencidos de decir cosas muy verdaderas y, como suele tratarse de asuntos opinables y no de un teorema matemático, casi nunca será fácil rebatirlos. En todo caso, yo sigo echando de menos entre los desfachatados intelectuales a Almudena Grandes, que no es que se muerda la pluma precisamente: a ver si leo el libro y salgo de dudas.

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    • ARVA44 ARVA44 22/03/16 20:57

      Caramba! Lo del rigor iba por el uso de la mentira y el desprecio. Nada lo contrapone al humor, la brillantez ni las ganas de pinchar. Faltaria más. De todas maneras no encuentro en esos escritos ni el humor ni la brillantez. Y nada, hombre, si tiene ganas de criticar a la Grandes, ánimo!

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      • jorgeplaza jorgeplaza 22/03/16 22:38

        No tengo ganas de criticar a Almudena Grandes en particular, pero sí es cierto que es una escritora de éxito, no historiadora ni socióloga, que opina de manera muy rotunda y muy subjetiva sobre asuntos políticos un día sí y otro también; en ese sentido, se diferencia muy poco de Javier Cercas, Javier Marías o Antonio Muñoz Molina, pongamos por caso, aunque sus puntos de vista suelen estar mucho más a la izquierda. Pero mientras que ya sabemos que los tres citados sí salen en el libro de Sánchez-Cuenca, nada se dice de la Grandes pese a que, como decía más arriba, parece una candidata natural a la "desfachatez intelectual". Sospecho que no encontraré el nombre de la buena escritora madrileña por mucho que escudriñe el libro, pero no puedo saberlo hasta haberlo leído, así que lo dejo por ahora.

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        • Carmen47 Carmen47 24/03/16 10:14

          (32 y 33) a propósito de los comentarios de laguncar y jorgeplaza: Soy entusiasta del libro de Sanchez-Cuenca "Desfachatez intelectual" que estoy ahora leyendo. Creo, sobre todo, que es muy importante sacar a debate público la pontificación sin ningún rigor de algunos análisis sociales de los intelectuales por el señalados. Los avances de la ciencia política y la sociología no han sido en vano y esto en sí mismo debería bastar para que los que no son expertos en estos campos fueran más cuidadosos a la hora de hacer sus análisis globales de la crisis que vivimos o sus análisis electorales (Cercas), por ejemplo. El libro de Sánchez-Cuenca derrocha frescura, lucidez y rigor en sus planteamientos, además de una admirable valentía. Sin embargo, comparto la crítica de jorgeplaza en cuanto a la escritora Almudena Grandes: "es cierto que es una escritora de éxito, no historiadora ni socióloga, que opina de manera muy rotunda y muy subjetiva sobre asuntos políticos un día sí y otro también",...."aunque sus puntos de vista suelen estar mucho más a la izquierda". Con todos mis respetos hacia A. Grandes, entiendo también que esta literata abunda en análisis rotundos con poca o ninguna base científica para sostenerlos. Y quizás lo único que la diferencia de los otros, en este sentido, sea que su punto de vista está más a la izquierda.

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  • Ciro2 Ciro2 22/03/16 15:20

    Y no es lo peor que opinen a lo tonto sin saber, sino que opinen lo que se les pide que deben opinar si quieren cobrar. Vamos, que se venden.

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  • DS DS 22/03/16 10:30

    Buen libro con buenos argumentos. Hay muchos intelectuales (que escriben muy bien y leo sus obras) que en temas de actualidad se van por los cerreos de ..., con tal de pillar unos € más para sus gastos personales...y no tan personales; están inscrustados en el sistema mismo y nos quieren dar lecciones de todo los muy.... Claro que vivir del cuento como en este caso es muy descansado. Y crerar un libro o un ensayo eso es otra cosa. Los últimos en desbarrar el Reverte que no sé si va o viene (mas bien viene) o el Marías que necesita pasta para vivir en London. Que se dediquen a lo suyo y dejen de decir tonterías mal intencionadas para que sus amos les paguen la propina (que a veces es un sueldo).

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  • tagusti tagusti 22/03/16 09:32

    Como complemento a la interesante entrevista y debate adjunto el prólogo del libro , compartido por La Lamentable. Enhorabuena por el tercer aniversario y mis mejores deseos para le futuro. http://lamentable.org/la-desfachatez-intelectual/

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  • Javier Pardo Calvo (Madrid) Javier Pardo Calvo (Madrid) 22/03/16 01:16

    Qué tranquilidad me proporciona el Sr. Sánchez Cuenca cuando me ilumina sobre lo buenas o malas que son las reflexiones políticas y las capacidades profesionales de los "figurones". Yo hasta hoy tan engañado ya solo leeré al Sr. Sánchez Cuenca. Pero ¿a quién quiere ilustrar? ¿a los pocos "antifigurones" de siempre?

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