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Entrevista | Toundra

Toundra: “Los hábitos de consumo de música están en nuestra contra”

  • El grupo de rock instrumental ha conseguido colarse en el número dos de las listas de ventas y encara una gira europea, toda una rareza en su género
  • "En nuestra filosofía siempre ha estado el intentar romper con ciertos roles preestablecidos en la industria", explican los madrileños a infoLibre

Publicada 11/04/2016 a las 06:00 Actualizada 11/04/2016 a las 16:39    
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Los madrileños Toundra.

Los madrileños Toundra.

Superball Music
Toundra continúa creciendo. Y rompiendo moldes en el camino, con giras cada vez más extensas —también por Europa—, presentes festivales de todo tipo —desde Primavera Sound o FIB hasta Resurrection Fest, pasando por Dcode— y hasta colándose en el segundo puesto de las listas de ventas en su primera semana, quedando entre Pablo Alborán y Melendi. Algo sorprendente para un grupo de rock español (y underground), que además hace música instrumental, alejada del gran público.

Ahora se han lanzado a un nuevo reto: acabar el tour de presentación de su último disco, IV —cuarto de su carrera—, por todo lo alto. El próximo 30 de abril actuarán en el antiguo Palacio de los Deportes —ahora Barclaycard Center—, recinto al que suelen acudir algunas de las bandas más grandes cuando pasan por Madrid. Además, no estarán solos, les acompañarán "grupos amigos": Jardín de la Croix, Viva Belgrado y los franceses Alcest.



Los responsables de las seis cuerdas en Toundra, Esteban J. Girón y David Maca, reciben a infoLibre en un pequeño estudio de grabación en el corazón del madrileño barrio de Malasaña, donde se explayan hablando de su música, la situación de la industria discográfica e, incluso, de la relación de éstas con los valores occidentales y los cambios en la sociedad.

Pregunta. ¿Por qué ese fin de gira en el Barclaycard Center, antiguo Palacio de Deportes?

Esteban J. Girón. Tratamos de hacer cosas que no hemos hecho antes cada vez que tocamos en nuestra ciudad. Ya hicimos Joy Eslava, Caracol, Moby Dick... Había que hacer algo nuevo, tocar en un sitio en el que no hubiéramos tocado antes y en Madrid, lamentablemente, se presentan pocas opciones por cómo ha estado legislada esta ciudad durante tantos años. El PP se ha cargado la música en directo. No hay apenas salas de gran aforo y hay que lidiar con muchas cosas.

David Maca. Paco [mánager de Toundra] nos propuso hacerlo en el Palacio de los Deportes, en el formato The Box [capacidad reducida, 3.500 personas]. Nos acojonó, nos acojona y nos seguirá acojonando hasta el mismo día, pero había que dar un pasito alante.

EG. Que un grupo instrumental, de un géneo underground como es el nuestro, vaya a tocar allí puede ser visto como una osadía... O también como un acto de valentía. Creo que somos un grupo valiente y en nuestra filosofía siempre ha estado el intentar romper con ciertos roles preestablecidos en la industria de la música: demostrar que si trabajas y haces las cosas bien, paso a paso, cuidando los detalles de lo que ofreces al público, se puede llegar lejos, más de lo que jamás hubiéramos imaginado. 

P. ¿Les sorprende que un grupo como Toundra se haya hecho un hueco tan importante?

EG. Entiendo la pregunta, y sí, es sorprendente. Pero también nos sentimos responsables de dar una respuesta a este tipo de argumentos del tipo: 'Es que así no vas a llegar a gente'. ¿Cómo que no? ¿Se ha intentado acaso? Si tocas bien y trabajas, puede que llegues a la gente. Es un camino más agrio, más duro, pero, ¿por qué no?

DM. También hemos tenido suerte, hemos entrado a muchos festivales en los últimos años. Son citas en las que, si nos miras objetivamente, no pegamos ni con cola: ha habido veces que hemos tocado después de Amaral. Eso ha hecho que mucha gente que no va a este tipo de conciertos nos haya escuchado y les haya gustado.

EG. No hemos sido los primeros en hacer algo así. Los teloneros de los Beatles en los sesenta eran Los Pekenikes y eran casi instrumentales ya. Hay que romper tabúes.

P. Son firmes defensores de crear discos de principio a fin, no canciones sueltas, algo que parece que se ha ido perdiendo con el paso de los años. 

DM. Es la música que nos gusta. Nos gustan los discos, no somos consumidores de una canción. La música que nos gusta, de la que nos rodeamos y la que tocamos no tiene esa visión del single, como puede haber ahora. Nos gusta escuchar discos enteros, que es de donde sacas más jugo, los entiendes de forma distinta. Todo tiene que tener cierta continuidad: si no escuchas el disco entero, no lo puedes apreciar igual. Entendemos que se puede valorar de la misma manera que hemos valorado discos King Crimson, Led Zeppelin, Pink Floyd... Es escuchar todo.

EG. Aparte, es interesante a nivel creativo. En cada disco, en la fase de composición, eres una persona diferente, pasan los años, tienes otras inquietudes, otras inspiraciones y has descubierto artistas... O les das una vuelta a los que ya has escuchado. Los hábitos de consumo de música de hoy en día están en nuestra contra. Pero también hay que verlo como una ventaja: nos diferencia de la mayoría. 



P. ¿Por qué creen que ha caído en desuso esta forma de consumir música?

DM. La sociedad avanza, y ahora todo va más rápido. Antes enviábamos cartas escritas a alguien cuando te ibas de vacaciones, luego pasaron a los SMS, de ahí a Whatsapp... Ya es todo inmediatez. Se siguen viendo películas, pero ahora están de moda las series, formatos cortos, de una horita, sencillo.

EG. Levántate, consume y vete a dormir.

DM. Por desgracia la música está dentro de ese todo. Esta vida ajetreada en la que nos envuelve la sociedad nos lleva a consumir todo el rato y desechar. Me acuerdo que antes ibas a comprar un disco a [la tienda] Madrid Rock y lo abrías en el metro, te ponías el discman, ibas escuchando, leyendo el libreto, viendo los agradecimientos, detalles de la grabación... Ahora te bajas un disco y lo escuchas dos días si te flipa, pero al tercer día ya te has bajado otro. 

EG. Veías las fotos mil veces porque eran las únicas fotos del grupo que podías ver. Somos unos románticos (risas).

P. Si Toundra no fuera un grupo afincado en España, ¿habría llegado más lejos?

EG. Nunca se sabe. Últimamente he pensado un montón sobre esto, porque hay mucha gente que se va fuera. Estamos viviendo la segunda parte de la emigración a Alemania que sufrieron nuestros padres. Ni me planteo irme a otro sitio, creo que hemos sido muy afortunados: tuvimos el golpe de suerte de estar en el momento adecuado en el lugar correcto. Quizá si hubiéramos vivido en otro país no lo hubiéramos disfrutado.

DM. Al final es una cuestión de suerte, de que te escuchen o que no te escuchen. No hay más. A lo mejor lo único beneficioso de otro país son las ventajas que tienen a nivel de ayudas culturales en ayuntamientos, salas... Por ejemplo, el concierto en el Palacio de Deportes lo hemos hecho porque en Madrid apenas hay salas de mediana capacidad. Luego vas por Europa y tienen salas de flipar en Holanda, Bélgica, Inglaterra...

EG. Hay salas increíbles hasta en pueblos de 25.000 habitantes que están a media hora de la capital. La gente ayuda a los grupos para cuando hacen giras, comprar equipos, etcétera.

DM. Eso hubiera sido más sencillo, seguro, pero luego el éxito... De todos modos, esta música no deja de ser minoritaria. No podemos llegar a grandes masas: nunca seremos los Kiss.

P. ¿Por qué apostaron por lo instrumental?

EG. Víctor [exguitarra] y Alberto [bajo] venían de un grupo con cantante y querían hacer un grupo instrumental para liberarse de esa presión de la voz, y de la composición de estrofa-estribillo-puente-estribillo y que termine ahí el single. Querían y queríamos huir de eso. Nada más formar el grupo, Alberto y yo fuimos a un concierto de El Páramo, donde él [Maca, que se uniría más tarde a la banda] toca, y al día siguiente llegamos al local y dijimos: 'He visto lo que quiero hacer'.

DM. Se puede hacer música instrumental, no sé porqué siempre es algo tan extraño. Toda la vida ha habido música instrumental. Parece que tienes que excusarte de por qué eres instrumental. Nos da mayor libertad a la hora de componer. 

EG. Tiene un parecido con la música clásica, que es una suma de capas de diferentes instrumentos y esa suma de atmósferas que hacemos es la base de nuestra música. 

P. Cuando sacaron IV, su último disco, se colaron en el segundo puesto de las listas de ventas en España, por delante de Melendi y solo por detrás de Pablo Alborán. ¿Cómo lo encajaron?

EG. A mí me hubiera gustado ser el número uno, así lo encajé (risas). Era algo que buscábamos para dar un golpe en la mesa, meter el dedo en la llaga. 

DM. Es una anécdota al fin y al cabo. 

EG. Queríamos arrojar un poco de luz sobre una realidad, que es que hay una música que se consume —no solo discos, también grupos, festivales, público...— que en los medios no tiene repercusión. Nos sentimos parte de ello. Con eso sabíamos que íbamos a conseguir relevancia: todo el mundo empezó a llamar. 

P. Llegaron a decir: "Nos hemos colado en la fiesta...".

EG. ...de la música burguesa. Ya nos pasó cuando tocamos en Joy Eslava. La semana que habíamos anunciado el sold out, recuerdo que salí de trabajar una noche y me encontré a un periodista que trabajaba para El País y otros medios de Prisa, y me dijo: 'Qué pasa, ¿habéis llenado de colegas la lista?'. Ahí me picó la curiosidad: 'Nos estamos colando en la fiesta a la que nadie nos ha invitado'.

DM. No hemos pagado por estar ahí. Simplemente se hizo una estrategia para que se consiguiera. 

EG. La primera semana del disco lo pusimos a la venta en canales que sí que contasen para listas de Promusicae [patronal de la industria discográfica en España]. No todas las tiendas reportan, si lo vendemos on-line tampoco reporta, pero lo hicimos a través de la Fnac en exclusiva la primera semana, para que toda la gente se comprara allí el disco. Como eso sí reportaba, se vendieron 1.300 discos en la primera semana, y entramos en el segundo puesto. En la primera semana del anterior vendimos 500. Es curioso. Mucha gente se apunta al carro ahora, y me parece bien, porque nos han descubierto así. Se sorprenden, y eso es lo que queríamos: un mensaje que no tenía difusión lo tuvo. Nos hubiese gustado hablar con Melendi, a ver si nos conocía o ver qué sabía de nosotros.

DM. Alborán sabemos que sí que preguntó: '¿Estos quiénes son?' (risas).



P. Suelen ser muy críticos con la industria discográfica. ¿Se debe a alguna mala experiencia en sus inicios?

EG. Somos críticos porque es el reflejo de una sociedad elitista y superficial. No digo que la gente que trabaje en la industria de la música sea superficial y elitista, que la habrá como en toda industria, pero sí que hay unas normas que se cumplen. ¿Por qué Pablo Alborán es de repente el número uno y no es un tío feo, bajito y cojo? Por principios de vida, nosotros estamos en contra de esa superficialidad y de esos modelos a seguir que te entran desde pequeño. Tienes que ser guapo, el éxito es ganar dinero y comprarte una casa con una chica —ya ni una chica o un chico, en los tiempos en los que estamos—, formar una familia... Yo quizá termine así, pero porque yo lo elija, no porque sean los pasos a cumplir en una vida. Como estamos en contra de eso, y estamos en la industria discográfica, tenemos la responsabilidad de decirlo.

DM. De todos modos, nuestras experiencias con las discográficas han sido siempre muy buenas. Esa no es la razón. Desde el primer disco hasta el último, no hemos tenido ningún problema.

EG. Es más, nos han tratado muy bien. Estamos muy agradecidos. No es una crítica a la industria en sí, sino a unos valores que están presentes en la industria de la música como pueden estar en la industria de los cosméticos o cualquier otra.

P. También han sido duros al hablar de ránkings, listas, premios...

M. Es que vas a un premio de la música y dices:  'Joder, si es que no hay una puta banda que toque una guitarra eléctrica... bien'. El mejor grupo de rock es un grupo de hard rock o así, muy light. Como nos rodeamos de muchos músicos, vemos que hay mucha más música de la que aparece y la que se anuncia.

E. El tema de los premios es: ¿en torno a qué? Y mira que nos va bien: [la revista especializada] Mondosonoro nos elige como número uno, número dos o tres en otros ránking... ¿Pero se puede juzgar así el arte? ¿Cuál es el baremo? ¿Quién es el que vota? No te puedes basar en nada. Igual a él le encanta Picasso y a mí no me gusta nada Picasso. ¿Qué es? ¿Un 50% de una mierda? No. Son cuestiones que responden a una sensibilidad, no a una cuestión matemática. Y un ránking es una pura cuestión matemática.

P. Aunque no es su caso, cada vez más bandas apuestan por la autogestión para salir adelante. ¿Creen que puede ser una alternativa de futuro?

DM. Es una alternativa buena y recomendable, perfectamente factible. Hoy en día la figura de la discográfica se ha perdido porque puedes grabar tú los discos, hay miles de estudios, la inversión finalmente también la haces tú... Hablando siempre de las bandas normales, no superbandas, claro. La discográfica lo único que hace es fabricar, como mucho, y dar un soporte para la distribución, poco más. ¿Para qué vas a sacar disco con una discográfica que ponga su sello si finalmente lo vas a pagar tú todo?

EG. Es totalmente loable. Me gusta mucho el ejemplo de Vetusta Morla. Todas las discográficas les dijeron que no, lo sacaron y lo reventaron. La autogestión en todos los frentes de la vida es una opción que nos atrae.

DM. Es mucho más trabajo, no solo tocar y componer, pero yo lo veo muy recomendable. 

P. ¿Qué es lo que hace que Toundra salga adelante: la venta de discos o los conciertos?

EG. Nuestros trabajos de lunes a viernes en la oficina. Venimos de trabajar los dos, hacemos la entrevista y después a ensayar. Es lo que más nos gusta, un estilo de vida que hemos elegido.

DM. En las giras hacemos malabares para combinar las vacaciones con los conciertos. Renunciamos a muchas cosas para poder hacerlo, y te planteas tu trabajo en base a esto. Los conciertos es lo que más pasta da, también el merchandising en las giras, que ayuda mogollón. Nosotros sacamos para poder pagar el local de ensayo, para grabar el disco...

EG. Invertimos para seguir creciendo. Todo lo que ganamos lo reinvertimos en el grupo. A lo mejor nos hemos repartido un poco de dinero alguna vez, pero se puede contar con los dedos de una mano, y muchas veces lo hemos gastado en mejorar el equipo de cada uno.


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