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La Grieta

Guadi Galego: algo más que escuchar

  • Analizamos la homogeneización cultural y lingüística en España con el caso de la cantante gallega
  • Guadi Galego presenta su último disco, O mundo está parado

Matías Daporta (La Grieta) Publicada 03/05/2017 a las 06:00 Actualizada 02/05/2017 a las 17:23    
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La cantante Guadi Galego.

La cantante Guadi Galego.

¿A cuántos conciertos habéis asistido en otra lengua que no sea inglés o castellano este último año?

Continuando mi investigación sobre los procesos homogeneizadores de la cultura española a través de la producción y la gestión cultural, que presenté en un artículo anterior para La Grieta –bajo el nombre de spanish-washing o «lavado-español»–, hoy me centro en la música, a causa del concierto del pasado viernes 7 de abril de Guadi Galego en el Café Berlín.

A raíz de su visita a Madrid y de la presentación de su último disco «O MUNDO ESTÁ PARADO» (2016, FOL Música), me entrevisté con la cantante por teléfono. Durante nuestra conversación, Guadi comentaba que si ya es difícil conseguir difusión dentro de Galicia, donde vive, cómo no lo va a ser en Madrid –donde, además de ser una extraña, hay una oferta mucho mayor, con una inmensa cantidad de conciertos y otras actividades culturales con las que competir en la publicidad–. Para los artistas de la diáspora gallega, nos comenta, las revistas especializadas, además de las redes sociales, son esenciales para difundir sus movimientos, comenzar a construir red fuera de su área de trabajo y así poco a poco poder ir asegurándose un público a lo largo y ancho del país. Pero insiste en que no es fácil.

Guadi Galego inició su carrera en solitario en 2009, después de una exitosa trayectoria dentro del grupo de folk moderno Berrogüetto. Su decisión de dejar la banda y lanzarse a cantar en solitario ha ido in crescendo desde el comienzo, las últimas pruebas de ello son el haber sido galardonada con el Premio da Crítica Galicia de Música y el Premio Bos e Xenerosos da Fundación Eduardo Pondal, ambos en 2015.

Antes de continuar con el texto, Guadi nos recomienda poner de fondo el tema «O MUNDO ESTÁ PARADO», compuesta por Carlos Abal. Una canción de amor para observar y reflexionar. Así que os recomiendo darle al play, parar un momento, y continuar leyendo…



 
"El disco nos quiere hacer olvidar por un momento el capital material para centrarnos en el capital humano y comenzar a trabajar desde él"
Esta canción, nos dice la cantante, es algo distinta al resto del álbum, sobre todo por su contenido. Las demás letras contienen una crítica social importante, que intenta poner en valor y visibilizar otros mundos: la periferia, los alrededores de la artista y su comunidad de gente, no siempre representada a través de la música y los medios. Al mismo tiempo, su ritmo pausado pero cadente, intenta desacelerar el ajetreo de la vida de los que escuchan para conseguir llevarlos a un estado de reflexión.

Sus canciones se oponen al ritmo imperante en la sociedad actual, «dirigido por las necesidades del capital», según cuenta la cantante. Guadi nos invita a pararnos a pensar en lo que realmente necesitamos en el largo plazo. No lo hace desde una perspectiva individualista, sino que defiende la importancia de observar la comunidad en la que te encuentras: el entorno social, cultural, educativo… El disco nos quiere hacer olvidar por un momento el capital material para centrarnos en el capital humano y comenzar a trabajar desde él.

«Esta quizais é a parte mais filosófica de disco, que despois vai collendo en forma de poesía e en clave de música…», nos aclara sobre el contenido de sus canciones, en las cuales, junto con su equipo, ha encontrado la combinación perfecta entre contenido, poesía y música. La experiencia le ha enseñado que una buena canción debe equilibrarse entre estos tres polos. Aunque los temas sean lentos, han conseguido diferentes dinámicas musicales: intensas a veces, agradables y delicadas otras. De esta forma, las canciones no dependen de constantes metáforas críticas que dificulten y densifiquen la escucha, sino que sus ritmos juegan con nosotros para poder comunicar más allá de lo que podamos entender racionalmente.

No es habitual tener la oportunidad de escuchar la música de artistas como Guadi en Madrid. Todas las canciones están escritas en gallego, lo cual es normalmente una barrera a la hora de conseguir programación fuera de Galicia. El concierto en Madrid fue el octavo desde el lanzamiento del disco en noviembre y la segunda presentación fuera de Galicia después de Barcelona.

«Madrid é unha aposta para nós, imprescindible. Ademais quería ir a unha sala especial, que tivera significativo, que tivera peso», comenta. Actuar en Madrid ha sido una iniciativa de la artista y su equipo y no tanto una invitación personal de la sala, aunque consideran un lujo haber conseguido el apoyo incondicional del Café Berlín, uno de los pocos lugares de Madrid que podría apostar por la presentación oficial.



Aunque pocos sean conscientes de ello dentro de la capital, la dificultad que experimentan artistas nacionales que canten en una lengua distinta al castellano se relaciona con un concepto que suelo llamar spanish-washing (o «lavado-español», por analogía al white-washing presente en Hollywood) que mencionaba al comienzo. En el cine hemos visto recientemente casos como la película Julieta de Almodóvar, un tema que analicé en este artículo.

Teniendo en cuenta que Madrid, como capital de España, es la mayor exportadora cultural a nivel nacional, extraña la falta de integración en su propia programación de trabajos en las otras lenguas del estado. Dada esta falta de oferta, es normal pensar que al público le cueste cada vez más no sentirse distante de este tipo de contenidos. Y, sin un público interesado, se crea cierto círculo vicioso que potencia una jerarquía económica entre los grupos de diferentes regiones. Y así se genera el «lavado español» del que hablamos.

Es por esto que cada vez vemos aparecer a más grupos jóvenes gallegos que componen y cantan directamente en castellano, e incluso ya en inglés, ignorando la lengua propia –como Dead Wood o Agoraphobia–. Como nos comentaba Guadi, esta situación no se da necesariamente por necesidades económicas sino que también tiene mucho que ver con la diferencia generacional y los referentes a los que estas nuevas generaciones están expuestas. En Galicia mismamente se están perdiendo referentes culturales auténticos, lo cual provoca que los grupos gallegos pierdan interés por trabajar dentro del contexto en el que nacen. Es lógico pensar que, fuera de ese contexto, el interés por ese tipo de trabajos será mucho menor. También es cierto que el gallego ha entrado en recesión el año pasado: menos del 50 % de la población habla gallego habitualmente, en oposición a hace treinta años, cuando las cuotas de uso estaban en el 75 %.

«Ainda que eu non me fio dos datos da Xunta, porque no día a día o que experimento e moito pior que o 50%, moito mais baixo…», explica Guadi sobre su experiencia. Y por tanto nos toca preguntarnos si lo dejamos pasar y desaparecer, o hacemos un mayor esfuerzo en elaborar programas inclusivos y diversos para generar interés tanto dentro como fuera de la comunidad autónoma gallega.

Por tanto, no solo está el problema de si hay o no gallegos trabajando o siendo invitados a mostrar su obra en Madrid, sino si los programadores culturales hacen un especial cuidado en la representación de la identidad de cada región (acento, lenguaje, comportamiento, tradición…) y sin caer en generalizaciones estándar u omisiones casi completas de los rasgos característicos. Si entre artistas, productores y programadores consiguiesen generar interés en el público por contenidos que no fueran en inglés o en castellano, quizás fomentaría la creación en los otros idiomas y no la rendición de los artistas a los intereses del mercado. Y al fin y al cabo, si la gente no escucha canciones en gallego no es porque no lo entienda –probablemente tampoco entiendan inglés– sino porque no se está produciendo y difundiendo música en esta lengua al nivel de las otras.

¿O acaso tienen que venir Hollywood a recordarnos el valor histórico de nuestras lenguas? Si habéis visto La llegada (D. Villeneuve, 2016) quizás os disteis cuenta de que, al inicio de la película, vemos a la protagonista (interpretada por Amy Adams) impartiendo una clase sobre el portugués y su diferencia con las otras lenguas romances:
 

«(…) la historia del portugués comienza en el reino de Galicia, en la edad media, cuando el lenguaje era entendido como un expresión artística…»




También es cierto que se está viendo un esfuerzo por parte de algunos centros culturales por incluir obras que no sean en castellano. Por ejemplo, este mismo año hemos podido disfrutar, por ejemplo, de la obra teatral Eroski Paraiso de la compañía Chevere en las Naves de Matadero, en gallego y castellano; y de la obra La Cocina de Sergio Peris-Mencheta para el CDN (Centro Dramático Nacional), en la que se hizo un esfuerzo por representar los acentos de cada comunidad autónoma y de parte de la comunidad inmigrante. En el ámbito de la poesía tuvo lugar el ciclo Tinta Roja, organizado por Ana Cibeira. Curiosamente, esta misma poeta también estará este fin de semana recitando en gallego poemas de María Reimondez y Antía Otero en la Casa Encendida durante el II Maratón de reciclaje textil creativo.

Hablar de Guadi Galego no es solamente hablar de música, cuya calidad es incuestionable, sino también de política. Asistir a su concierto no es un acto inocente, ya que uno se posiciona en relación a la lengua, a la idea de fronteras culturales, del cuidado de lo autóctono y la tradición. En el concierto del café Berlín se puso a prueba una vez más si Madrid es capaz de representar a un Estado multicultural e integrar el multilingüismo que lo conforma.
_____________________

Matías Daporta es coreógrafo.

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