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'Derechos humanos y Constitución'

Javier de Lucas | José Manuel Rodríguez Uribes
Publicada el 16/12/2018 a las 06:00
infoLibre publica un extracto de Derechos humanos y Constitución, un libro coordinado por Javier de Lucas y José Manuel Rodríguez Uribes, editado por el sello valenciano Tirant lo Blanch y que se presenta el 19 de diciembre en la Delegación de Gobierno de Madrid. El volumen de más de 800 páginas reúne a 36 autores, en su mayoría miembros de los dos institutos de derechos humanos de universidades públicas que existen en nuestro país, el Instituto Bartolomé de las Casas de la Universidad Carlos III y el Instituto de derechos humanos de la Universitat de València.

En el libro, los autores reconocen que "jamás en la historia de nuestro país hemos contado con un período semejante de reconocimiento de derechos humanos y constitucionales", pero a la vez proponen ir un poco más allá. Los coordinadores señalan que eso "no significa, ni de lejos, confundir ese juicio con la creencia de que habitamos en la mejor de las Constituciones posibles", y proponen por ello estudiar sus deficiencias y limitaciones. Javier de Lucas, también colaborador habitual de este periódico, resume estos "retos abiertos" en la inclusión de "otra concepción, que por resumir tendría dos rasgos: que sea ecofeminista, de un lado y, de otro, que tome en serio los derechos sociales". Este es el texto que introduce el volumen. 
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  Quienes firmamos esta presentación, como coordinadores de este libro dedicado al cuarenta aniversario de los derechos reconocidos en la Constitución española de 1978, coincidimos en una primera consideración: jamás en nuestra historia hemos contado con un período semejante de reconocimiento de derechos humanos y constitucionales. Sí. Está justificada la dimensión de celebración del aniversario.

¿Significa eso que vivimos  el mejor de los mundos posibles? Por supuesto que no. Ante todo, porque a lo largo de estos cuarenta años es evidente la existencia de déficits, incluso importantes, a la hora de garantizar de forma efectiva y equitativa estos derechos a todos los ciudadanos. Además, porque nunca se puede dar por acabada, por asentada, la lucha por este reconocimiento y garantía. Los juristas y, si se nos permite decirlo, aquellos que tienen, tenemos  como campo de trabajo –de docencia y de investigación— los derechos humanos y fundamentales, llevamos bien aprendida la lección de Ihering y sabemos que los avances en derechos se consiguen siempre mediante la lucha constante por ellos. Claro que esa lucha no es sólo confrontación social. Porque también se lucha por los derechos aplicándose en su pedagogía, en el debate abierto y en la investigación. Reivindicamos precisamente esa dimensión de investigación, que va más allá de la información, de la formación básica y especializada y de la transferencia de conocimientos en lo que nos gusta llamar cultura de los derechos y que consideramos base imprescindible para la tarea política por excelencia, esa permanente paideia que es la formación crítica de la ciudadanía. Sin el conocimiento de los derechos de los que son titulares, sin la conciencia de que su condición de señor del Derecho, de señores de los derechos, compromete a los ciudadanos en una actitud de vigilancia, de control y de ejercicio que va más allá del mero uso y disfrute de los mismos, no hay ni Estado de Derecho ni democracia que no se degraden. La cuestión, pues, es mantener despierta esa disposición.

Nosotros, los que escribimos en este libro, miembros en su inmensa mayoría de los dos Institutos públicos de derechos humanos, el Instituto Bartolomé de las Casas de derechos humanos de la Universidad Carlos III y el Instituto de Derechos Humanos de la Universitat de València, estamos convencidos de que mantener despierta esa disposición significa, en nuestro caso, seguir investigando para comprender y hacer progresar el reconocimiento y la garantía efectiva de los derechos humanos y fundamentales. No buscamos “la verdad”, las leyes necesarias de la experiencia o de la lógica, que no existen en este terreno. Tratamos de mejorar la satisfacción de necesidades a través de los derechos y también buscamos cómo responder a los desafíos que comporta la aparición de nuevas necesidades y de nuevas amenazas o riesgos para su satisfacción.
Todo ello explica la metodología que seguimos para responder a la propuesta que nos hizo el editor cuando nos planteó una publicación que aprovechara el aniversario. Era perfectamente posible seguir el camino de la exégesis jurídica, esto es, un comentario de todos y cada uno de los artículos del título primero de la Constitución, consagrado a los  .  Sin embargo, preferimos otro planteamiento que diera cuenta de los derechos sobre todo en clave de futuro, como programa a desarrollar, como propuesta inacabada, en permanente construcción  y adaptación al contexto, a las necesidades concretas.

Antes de hablar de los derechos, desde luego, es necesario situar el modelo constitucional. Esa es la razón de los capítulos que firman dos reconocidos constitucionalistas, que realizan ese análisis no sólo en clave de balance de lo realizado sino también, como se verá en el resto del libro, con la mira puesta en su evolución. Pero también es necesario explicar la relación entre la prioridad de los derechos y el modelo de democracia participativa propio de nuestra Constitución, algo de lo que se ocupa otro constitucionalista.

El modelo constitucional de derechos implica asimismo una apuesta por valores y principios cuya garantía y desarrollo no es una cuestión neutra, como dirían algunos- sino que nos comprometen a todos, a los poderes públicos y a los ciudadanos. Se trata de la igualdad, la libertad, la seguridad, la justicia y la solidaridad. Pero a nuestro juicio hay otro principio que inspira y ofrece un fundamento coherente con la universalidad a la acción de reconocimiento de los derechos, el de laicidad. Y también consideramos vinculado al principio de libertad el análisis de la función de la pena en un Estado garantista de Derecho.

La cuestión de los sujetos de los derechos contemplados en la Constitución exige tener en cuenta algo que no podían contemplar los constituyentes, esto es, la dimensión europea presente en el reconocimiento y garantía de los derechos y, asimismo, una cuestión clave en el modelo de democracia inclusiva: la extensión de la condición de sujeto de derechos a los extranjeros hasta la posible plena equiparación. Hay otros dos aspectos relacionados con este bloque, la aparición de nuevos sujetos de derechos, buena parte de ellos de carácter colectivo. Habría que añadir que los niños no son, no deberían ser una nueva categoría de derechos, pero sería ingenuo dejar de reconocer que su consideración como tales, la prioridad de la defensa del interés del menor, es una conquista reciente que no se contemplaba suficientemente en el texto constitucional.  Por ultimo, en este bloque prestamos atención a la emergencia de un principio que se erige como contrapeso al límite del principio de igual soberanía de los Estados y su correlato de no intervención, cuando nos encontramos ante algunas grave violaciones de derechos humanos, tal y como ha definido la Convención de Roma. Nos referimos al novedoso instituto de la jurisdicción universal, que es necesario estudiar  no sólo como una cuestión teórica, sino en su práctica ante los tribunales y teniendo en cuenta además la práctica de resistencia por parte de no pocos Estados de la comunidad internacional, incluidas, claro, grandes potencias.

En lo que se refiere al estudio de algunos de los derechos que nos han parecido particularmente relevantes desde el punto de vista de la evolución de su reconocimiento y protección, también como programa de futuro, encontramos  en un primer grupo los trabajos sobre diferentes aspectos relacionados con el derecho a la vida y a la integridad física: del aborto y los derechos reproductivos, a la pena de muerte, la eutanasia o la tortura. Abordamos asimismo diferentes aspectos relacionados con derechos emblemáticos desde el punto de vista de los indicadores de la calidad democrática: la libertad ideológica y religiosa, la libertad de expresión (y la vexata quaestio de los delitos de odio), el derecho a la educación, el derecho al matrimonio y a la familia, y los derechos de las minorías en la democracia parlamentaria.

El bloque relativo a los derechos sociales, particularmente castigados en la gran depresión a la que ha tenido que hacer frente de forma muy dolorosa nuestro país en los últimos diez años, comienza con dos estudios que tratan de encuadrar del contexto social, político e ideológico del actual debate sobre los derechos sociales: el primero, sobre el futuro del derecho al trabajo y de los derechos sociales y otro acerca de la consagración del modelo de economía de mercado en el texto constitucional. Tres derechos emblemáticos, el derecho a la salud, a la vivienda y a la cultura, son objeto de un examen individualizado.

La última parte del libro aborda nuevos problemas y nuevos o no tan nuevos derechos. Comienza con dos estudios relacionados con el parteaguas que ha supuesto el 8 de marzo de 2018, no sólo en nuestro país, pero desde luego en él. El primero, la apertura de la concepción de los derechos a la visión que podemos calificar como ecofeminista. Además, la discusión de un auténtico problema social y de Estado, que muestra la brecha que afecta a la igualdad de derechos de las mujeres, la protección frente a la lacra de la violencia de género. Con el mismo ánimo de impulsar la reflexión sobre derechos aún situados en una zona de indefinición o relativa imprecisión, abordamos los déficits en el reconocimiento de derechos en situaciones de discapacidad y dependencia y la necesidad de respuestas específicas, adecuadas. Por supuesto, no queríamos dejar de tratar os derechos de las víctimas, en particular desde el punto de vista de un hecho que marca la historia de nuestro país, la represión que desató el franquismo ya desde el final de la guerra.

No es nueva sino casi inmemorial la discusión acerca del derecho a la objeción de conciencia y de la desobediencia civil, pero es de plena actualidad el debate que hoy se plantea acerca de la desobediencia como estrategia política. Sí es relativamente reciente  la toma de conciencia acerca de la necesidad de reflexión sobre el impacto de la robótica y de las nuevas tecnologías desde el punto de vista de reconocimiento de los derechos.  Finalmente, proponemos tomar en cuenta el debate sobre una cuestión que se afirma progresivamente como una frontera a superar en la lucha por el reconocimiento de los derechos, la pertinencia de la noción de derechos de los animales no humanos.

Decíamos al comienzo de esta presentación que nuestro propósito no era sólo ni aun primordialmente el de la celebración, sino también y sobre todo el de ofrecer pistas sobre las tareas que debemos afrontar e la etapa que se abre ahora en la lucha por los derechos desde esa referencia que es la Constitución española de 1978. Un texto que, sin duda, deberá experimentar transformaciones en los aspectos señalados y en otros que no hemos podido examinar aquí. Esa tarea es, claro, tema para otro día.

 
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