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Los héroes modestos

  • En estos días en los que tanto se habla de Astérix, nos preguntamos si el galo y otros como él pueden ser considerados superhéroes
  • Alejados del modelo estadounidense, los superhéroes europeos que han tenido cierto éxito han sido parodias como Superlópez

Publicada el 30/03/2020 a las 06:00
El dibujante Albert Uderzo posa con Asterix y Obelix durante una conferencia de prensa en la Monnaie de Paris.

El dibujante Albert Uderzo posa con Asterix y Obelix durante una conferencia de prensa en la Monnaie de Paris.

E.P.

El pasado día 24, Astérix y Obélix quedaron definitivamente huérfanos: murió Albert Uderzo, uno de sus padres junto a René Goscinny (fallecido en 1977), y el mundo se llenó de lamentos. La noticia vino a coincidir con el 80 aniversario de Robin, "quizás ―escribe Julia Savoca Gibson― el compinche más icónico de todos los tiempos, el 'niño maravilla', la alegre presencia al lado del melancólico Batman". Y tal vez por eso me pregunté si los dos galos son lo más parecido a unos superhéroes como los habitantes de Gotham que puede haber en el cómic europeo.

Manu González, periodista y autor de Cómic de los 80, puntualiza: "no se pueden considerar superhéroes porque no nacieron para ser superhéroes. Astérix es un cómic irónico sobre la sociedad francesa y el chauvinismo, mientras que Tintín es un cómic de aventuras". Los héroes del cómic francobelga, abunda Gerardo Vilches, vienen de otra tradición, en muchos casos, son héroes niños o adolescentes "que viven aventuras humanistas, sin demasiada violencia. La idea de un justiciero enmascarado que usa la violencia para imponerse a sus enemigos no se consideraría muy apropiada para los niños en la Francia post segunda guerra mundial". En opinión de este historiador, profesor, crítico y divulgador, miembro de la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España (ACDCómic), Astérix y Obélix "son una actualización de ese tipo de historieta, con un subtexto más adulto y un humor mucho más complejo y gamberro. Ahí radica la importancia de Uderzo, Goscinny y otros autores de la época como Morris: revolucionaron los cánones del cómic francobelga dándole una vuelta de tuerca a la tradición infantil de forma que llegaron a nuevos públicos. De alguna forma, llevaron el cómic a la posmodernidad".

Es un debate eterno, me dice quien se hace llamar Bamf!, divulgador y youtuber de cómics, también asociado a ACDCómic. "Podemos entender que Astérix es un superhéroe (pues tiene en ocasiones poderes sobrehumanos), y que sin embargo Batman no lo es (pues no tiene nada sobrehumano)", asegura. Pero… "Si nos atenemos a la definición tradicional norteamericana de superhéroe derivativo de Superman, la cosa cambia". El quid de la cuestión está en el prefijo "súper", cargado de matices. Ahora bien, si hablamos de relevancia, "no hay ninguna duda en que Astérix o Tintín comparten el Olimpo de los héroes con Superman en completa igualdad de condiciones".

Superhéroes, término registrado 

Explica Vilches, acogiéndose a teóricos como Pepo Pérez, que los superhéroes son una actualización de la figura del "héroe de la frontera", individuos que luchaban al margen de la comunidad para garantizar su supervivencia en la época de la conquista del salvaje oeste, cuando aún eran necesarios aventureros y héroes de acción. Esa figura icónica del individuo que se mueve al margen de la ley pero que hace "lo correcto" para proteger a la comunidad puede verse también en muchos héroes del pulp de los años 30 que son los antecedentes directos de los superhéroes: la Sombra, Tarzán, John Carter de Marte, Doc Savage... "Son aventureros sin poderes, pero con habilidades extraordinarias, no muy lejos, en realidad, de los personajes con poderes que van a aparecer poco tiempo después". A estas cuestiones culturales suma las económicas: en los años 30, en EE.UU. se dan las condiciones adecuadas para que muchas empresas se lancen a publicar cómics baratos, "que precisan de toda una legión de guionistas y dibujantes para abastecerlos. Hay que tener en cuenta que el éxito de los superhéroes tuvo mucho de casual: una editorial apuesta por Superman y, de inmediato, de forma imprevisible, arrasa en los quioscos. Acto seguido, sus competidoras lo imitan y comienzan a lanzar sus propias versiones".

Habían encontrado un filón, por eso, las dos grandes editoriales estadounidenses, Marvel y DC aparcaron momentáneamente sus diferencias para registrar conjuntamente el Super Lópeztérmino "superhéroe", de forma que, afirma Pedro Monje, director y co-fundador del medio Sala de Peligro (y miembro de la asociación ya citada), solo ellos pueden utilizarlo en portadas y publicidad. "Esa restricción se aplica a todos los países anglosajones, aunque ha habido varios conflictos burocráticos con el paso del tiempo". Así, "Alan Moore, uno de los mejores guionistas de cómics de la historia, optó por referirse a los superhéroes en sus cómics británicos como Science Heroes, un término muy interesante".

Lo cual no ha impedido que Europa se haya llenado de superhéroes, nacidos algunos como franquicias, o a imagen y semejanza de sus mayores estadounidenses (hay capitanes de nombre Britania, Suecia o Italia… incluso un Capitán Europa), surgidos otros como reacción autóctona: Capitão Falcão, SuperDupont… o el ínclito Superlópez de Jan, que todos mis interlocutores veneran por, utilizamos las palabras de Bamf!, "su calidad, su humor, su diversión, su humanidad, su incansable crítica social y su amor por lo superheroico supeditado a lo realista en los detalles que importan. Ese sí que está en el Olimpo. En un cuartito que da al patio de luces y seguramente tenga una sevillana encima del televisor... pero en el Olimpo, al fin y al cabo".

En otra estancia podemos encontrar, y es de justicia recordarlos, a ese puñado de superhéroes que algunos autores españoles imaginaron hace casi treinta años imitando el modelo norteamericano, en la conocida como Iberia Inc. "Autores de la talla de Carlos Pacheco, Rafa Fonteríz o Rafa Marín crearon un grupo de superhéroes formado por Trueno, Lobisome, Melkart, Aquaviva, Drac de Ferro, Dolmen, Trasnu y Traka ―dice Monje―. Un grupo al servicio del gobierno con muchos guiños a comunidades españolas y a otros héroes USA. Por ejemplo, Dolmen viene de las Baleares y tiene sus similitudes con la Cosa, de Los Cuatro Fantásticos."

Es una tarea compleja, "no resulta sencillo replicar los modos de producción de un gigante editorial americano, pero, además, resulta muy complicado hacer superhéroes 'patrios' sin que se perciban como una copia, una imitación de 'los de verdad'. Es por eso que creo que los superhéroes en sentido estricto que han tenido cierto éxito han sido parodias", apunta Vílches.

Contamíname

La relación del mundo del tebeo español con los superhéroes es peculiar, incluso en el peculiar contexto europeo, entre otras cosas porque, como recuerda Manu González, "Franco prohibió la importación de cómics norteamericanos porque en los 40 los superhéroes se enfrentaban a los nazis. Eso potenció la creación de tebeos patrios, con la Escuela Bruguera por delante. Con la entrada de España en la ONU la censura se relajó y pudimos ver los primeros héroes de DC en 1952 (aunque ya se había impreso Superman en 1940 con el nombre de Ciclón el Superhombre) y los primeros tebeos Marvel en 1964."

Por otro lado, del mismo modo que los quioscos europeos se llenaban de héroes trasatlánticos, las factorías de superhéroes se poblaban de personajes europeos. Me viene a la mente Thor, si bien, puntualiza González, aunque, está inspirado en la mitología nórdica, "en realidad es un asgardiano". Me corrijo, pues. "Figuras como Thor o Hércules no se pueden considerar una apropiación, dado que antes de aparecer como iconos pop en los cómics, eran figuras mitológicas ―dice Vilches―. Fue idea de Stan Lee y Jack Kirby convertir a Thor en un héroe moderno. Y, por supuesto, en el fondo esos mitos son parte de la tradición cultural de los EE. UU. blancos, no lo sienten como algo ajeno: si acaso, algo un poco más exótico. También hay superhéroes europeos creados en Marvel y DC, pero eso responde a una lógica interna de los universos de ficción: si existen en esos universos personas con superpoderes, lo lógico es que las haya también en países ajenos a EE.UU". Lo cual no resta un ápice de americanidad a esas creaciones.

Puestos a citar a europeos trasterrados, González evoca al mago Zatara, "uno de los primeros héroes de DC (salió en el Action Comic 1 de 1939), y que, aunque tenía la nacionalidad norteamericana, había nacido en Italia: su nombre era Giovanni Zatara". Marvel, lo hemos mencionado ya, creó para Gran Bretaña superhéroes como Union Jack o Capitán Britania y DC dio a Batman un mayordomo británico, Alfred Pennyworth. "Pero la nueva Patrulla-X, o los X-Men de 1975, presentaba una formación de mutantes venidos de todas partes del continente. Entre ellos estaban un ruso, Coloso; un irlandés, Banshee, y un superhéroe alemán, Rondador Nocturno, que sigue siendo el mutante favorito de muchos fans."

Hay más: la griega Elektra en las páginas de Daredevil; la Liga de la Justicia de Europa y la Internacional de Giffen, DeMatteis, Maguire y Sears con la francesa Zorra Carmesí, el ruso Rocket Red, la noruega Hielo... "Algunos de ellos eran inicialmente visiones desinformadas según la imagen mental que un guionista estadounidense tenía de determinados países, y muy habitualmente basados en clichés ―dice Bampf!―. Con el tiempo esto va mejorando algo, y dependiendo siempre del artista. Pero el mejor sitio para encontrar héroes europeos es ir a las filas de grandes supergrupos con mucho personaje secundario: la Patrulla-X es el mayor filón. Diría también que hay más villanos europeos que héroes: me vienen a la mente Batroc (francés), Diablo (español y de Zaragoza, para más inri), Kilgrave (croata)..."

Pero, que estos injertos no nos llamen a engaño. "Los superhéroes son un invento más norteamericano que el pastel de manzana… que, en realidad, era británico, pero eso es otra historia", afirma Manu González. Y Monje concluye: "El término superhéroe es raramente aplicable al cómic europeo".

Héroes, pues, a secas. O bañados en pócimas.

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