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Formas de sobrevivir (celebrándolo a lo grande) al Día del Libro más raro

  • Librerías, distribuidoras y editoriales echan mano del ingenio para celebrar, pese a todo, una jornada que supone un alto porcentaje de las ventas anuales
  • Charlas confinadas, estrategias digitales, campañas de solidaridad... El mundo del libro se resiste a tirar la toalla en medio de la crisis del coronavirus
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Publicada el 22/04/2020 a las 06:00
La librería Nobel, en Vigo, cerrada por la crisis sanitaria del covid-19.

La librería Nobel, en Vigo, cerrada por la crisis sanitaria del covid-19.

EFE

Un Día del Libro con las librerías cerradas solo es un 23 de abril. Sumándose a lo verdaderamente dramático —21.282 fallecidos solo en España, con cifras del martes—, la crisis del covid-19 ha amargado el momento del año más dulce para el sector editorial, las semanas que van desde el comienzo de la primavera hasta las ferias del libro. En el noreste, ese calendario, que supone junto a la campaña navideña la mayor concentración de ventas del año, tiene un hito claro: Sant Jordi. Con una industria congelada y pocos motivos para sonreir, libreros y editores se han obligado a sí mismos a celebrar con iniciativas virtuales que sirvan de respiro económico (poco) y anímico (lo que se pueda).

Quizás la más celebrada haya sido Apoya a tu librería, la campaña que la confederación de librerías CEGAL ha puesto en marcha a través de la página todostuslibros.com. Esta web ha servido hasta ahora como herramienta de consulta: gracias a ella, los lectores podían saber qué librería tenía ese título que andaba buscando. Desde hace una semana, sirve para que los lectores puedan comprometerse con su librería de cabecera sin salir de casa, ya que la página permite comprar cheques regalo y elegir en qué comercio querrá que se cobre cuando vuelvan a abrir sus puertas. Desde que comenzó el confinamiento, todostuslibros.com ha pasado de tener dos millones de usuarios mensuales a 100.000 diarios; en los últimos cinco días se han registrado 6.600 perfiles y se han comprado 460 vales

Si esta iniciativa es especialmente relevante es porque no morirá cuando pase la crisis sanitaria, sino que es un nuevo paso en una estrategia que lleva fraguándose alrededor de un año: la web pasará pronto de ser un catálogo colectivo a ser una plataforma de venta autogestionada con la que los libreros quieren hacer frente a Amazon, el gigante al que ni la enfermedad parece frenar. Este ha venido a ser un paso intermedio. "Nos preguntamos qué podíamos hacer para ayudar", dice Jesús Trueba, librero en La Buena Vida (Madrid) y miembro de la junta directiva de CEGAL. Si todostuslibros.com estaba pensado para trasladar la circulación física de la tienda al mundo digital, bien podía ahora hacerse lo contrario: convocar a los usuarios online para que se conviertan en compradores de carne y hueso cuando puedan regresar a las calles. 

Salir del estado de shock

Dice Trueba que quizás lo más difícil haya sido conseguir que los libreros se sumaran. No es que no les interesara, aclara, sino que están muy bajos de ánimo: "Nos topamos con que muchos comercios familiares estaban paralizados, en estado de shock. Es una forma de decirles 'venga, chicos, adelante". No es el caso, desde luego, de la librería Cálamo, en Zaragoza, uno de los principales centros culturales de la ciudad. Y eso que Paco Goyanes, responsable del negocio junto a Ana Cañellas, explica que el Día del Libro, en Aragón, es "muy importante" tanto en volumen de ventas como en actividad: "Es una celebración muy popular, coincide con el Día de Aragón y las librerías y los puestos de libros se llenan". Suele suponer una parte relevante de la caja anual. No este año. 

Pero para no defraudar a sus lectores —con muchos, cuenta Goyanes, mantienen un contacto asiduo pese al confinamiento—, el día 23 realizan dos actividades a través de la aplicación Zoom. Por la mañana, lo que han llamado Desayuno con diamantes, charla y café —aquí cada uno pondrá el suyo— con cinco editoriales aragonesas, y por la tarde consultorio de recomendación de libros personalizada, también en Zoom y a través de un directo de Facebook. "Hay que celebrarlo con muchísima alegría y muchas ganas", defiende el incombustible Paco Goyanes, "porque no podemos dejarnos caer en el desánimo". En lo monetario, para pasar el bache, Cálamo ha tirado de un clásico: la cuenta de librería. El lector interesado paga la cantidad fija de 30 euros al mes, que puede canjear cuando quiera con un descuento del 5%. Sencillo y claro. 

Todos los eslabones de la cadena

Pero no todos los esfuerzos vienen de las librerías. También los hay en otros puntos de esa cadena que va desde el autor al lector. Es el caso de la distribuidora Virus —de la editorial del mismo nombre—, un proyecto catalán que hace llegar a los comercios a más de 120 sellos independientes. Para ellos tiene especial importancia Sant Jordi, tanto en ventas como en organización: se encargan de que sus títulos lleguen a las paradetas (puestos en la calle) de las distintas librerías y asociaciones, algo que les lleva meses de trabajo. En estos días, han ideado #SantJordiEntreTotes, una iniciativa que pretender conectar a todos los eslabones del libro, igual que hace la fiesta. A través de su web, el comprador puede elegir un libro de las editoriales con las que trabajan y también en qué librería lo quieren recoger. De esta manera, mediante un sistema de vales, la librería recibirá el porcentaje que le corresponde en una venta directa. 

"Cuando empezaron a ponerse en marcha iniciativas, vimos que había un eslabón que se descuidaba", protesta Daniel Moreno, de Virus. Si venden las editoriales, no ganan libreros ni distribuidores; si venden las editoriales con un porcentaje a las librerías, se quedan fuera los distribuidores; si vende Amazon, no ven nada distribuidores ni libreros... Con su sistema, todos mantienen el porcentaje de la venta que normalmente obtienen. En cuanto se pusieron a hacer llamadas para proponer su idea a los comercios con los que suelen trabajar, se encontraron con un apoyo generalizado. "En un día, unas 60 librerías se apuntaron, y ahora son unas 80", cuenta Moreno, desde Lleida hasta Mallorca, desde Perpignan hasta la Comunidad Valenciana. 

En el penúltimo escalón, tampoco se bajan los ánimos. Editoriales como Blackie Books no han bajado su actividad frenética desde que el mundo pareció pulsar el pause. Organizan clubes de lectura, charlas y encuentros bajo el paraguas de Casa Blackie; han organizado el concurso de cuentos Relatos confinados e incluso se han sacado de la manga un kakebo (sistema de organización japonés) para anotar qué libros irán a comprar los lectores raudos y veloces cuando se acabe la cuarentena, y a qué librería. Las energías dedicadas a todo esto no les ha permitido, sin embargo, preparar algo especial para el Día del Libro, algo que resulta mayoritario entre las editoriales. Quizás todo eso cambie de aquí al 23 de julio, la fecha que se ha fijado en Cataluña para una nueva celebración. Entre página y página, todos los miembros de esta gran cadena tocan madera. 

 

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