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Premio Cervantes

Cinco poemas para acercarse a Francisco Brines, Premio Cervantes 2020

  • El poeta valenciano recibió el lunes, a los 88 años, el Premio Cervantes. Estos son algunos de sus versos, escritos en 60 años de labor literaria
  • En su fallo, el jurado destacó su poesía "intimista", especialmente interesada en "la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital"

Publicada el 17/11/2020 a las 11:35 Actualizada el 17/11/2020 a las 12:23
El poeta Francisco Brines en una imagen tomada en 2010.

El poeta Francisco Brines en una imagen tomada en 2010.

2010

A los 88 años, y cuando se cumplen seis décadas de la publicación de su primer libro, el poeta Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932) recibía este lunes el Premio Cervantes. Un reconocimiento que, en palabras del jurado, alababa su poesía "intimista", especialmente interesada en "la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital", y su condición de "maestro" de la generación del 50. Estos son algunos poemas que pueden servir de puerta a su larga carrera. 

Los sinónimos

Más allá de la luz está la sombra
y detrás de la sombra no habrá luz
ni sombra. Ni sonidos, ni silencio.
Llámale eternidad, o Dios, o infierno.
O no le llames nada.
Como si nada hubiera sucedido.

De Insistencias en Luzbel (1977).

Aquel verano de mi juventud

Y qué es lo que quedó de aquel viejo verano
en las costas de Grecia?
¿Qué resta en mí del único verano de mi vida?
Si pudiera elegir de todo lo vidido
algún lugar, y el tiempo que lo ata,
su milagrosa compañía me arrastra allí,
en donde ser feliz era la natural razón de estar con vida.

Perdura la experiencia, como un cuarto cerrado de la infancia;
No queda ya el recuerdo de días sucesivos
en esta sucesión mediocre de los años.
Hoy vivo esta carencia,
y apuro del engaño algún rescate
que me permita aún mirar el mundo
con amor necesario;
y así saberme digno del sueño de la vida.

De cuanto fue ventura, de aquel sitio de dicha,
saqueo avaramente
siempre una misma imagen:
sus cabellos movidos por el aire,
y la mirada fija dentro del mar.
Tan sólo ese momento indiferente.
Sellada en él, la vida.

En Ensayo de una despedida (antología, 1997).

El vaso quebrado

Hay veces en que el alma
se quiebra como un vaso,
y antes de que se rompa
y muera (porque las cosas
se mueren también),
llénalo de agua
y bebe,
quiero decir que dejes
las palabras gastadas, bien lavadas,
en el fondo quebrado
de tu alma
y, que si pueden, canten.

En Para quemar la noche (antología, 2010). 

Reencuentro

He bajado del coche
y el olor de azahar, que tenía olvidado,
me invade suave, denso.
He regresado a Elca
y corro,
no sé en qué año estoy
y han salido mis padres de la casa
con los brazos abiertos,
me besan,
les sonrío,
me miran
—y están muertos—,
y de nuevo les beso.

De Elegías a M. B. (2010).

Mi resumen

“Como si nada hubiera sucedido.”
Es ese mi resumen
y está en él mi epitafio.

Habla mi nada al vivo
y él se asoma a un espejo
que no refleja a nadie.

En Jardín nublado (antología, 2016). 

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1 Comentarios
  • ascendos ascendos 18/11/20 10:12

    Me encantan. De los cinco poemas, los tres centrales me recuerdan vagamente a Kavafis: la vitalidad que ya se ha perdido, el recuerdo de lo que fue y una invitación a apurar la vida mientras ésta fluye.
    El primer y el último poema son existenciales y maravillosos. El primero lo ha titulado Sinónimos aunque también podría haberse titulado Antónimos...Todo está expresa en torno a la negación: no, ni, ni, no, nada... y hacia el final un espacio para la palabra dicha: llámale o no le llames... Y si eliminas esos dos versos, el poema se mantiene perfecto! Finalmente, el nihilismo del último poema hace daño, pero ese dolor es el propio de las verdades cuando son tan descarnadas.

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