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Cultura / Análisis

El discutible uso de Emilia Pardo Bazán como “faro de la igualdad” en el futuro del Pazo de Meirás

  • El presidente de la Xunta de Galicia se manifestó a favor de “convertir el pazo en el faro de la igualdad”, justificando ese objetivo en el “legado de Pardo Bazán como precursora de la igualdad de derechos
  • Si tenemos en cuenta sus posiciones racistas y clasistas, contrarias a la movilidad social, surgen interrogantes a la hora de identificar a las mujeres objeto de derechos para Emilia Pardo Bazán y los límites de estos
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Xosé A. Fraga
Publicada el 07/01/2021 a las 06:00 Actualizada el 07/01/2021 a las 14:59
Fotografía de la boda de Blanca Quiroga Pardo-Bazán y José Cavalcanti de Alburquerque y Padierna en Meirás (militar golpista), con Emilia Pardo Bazán como madrina.

Fotografía de la boda de Blanca Quiroga Pardo-Bazán y José Cavalcanti de Alburquerque y Padierna en Meirás (militar golpista), con Emilia Pardo Bazán como madrina.

Real Academia Gallega (RAG)

El paso del Pazo de Meirás al patrimonio público después de ocho décadas en poder de la familia Franco está generando un debate sobre su futuro. El presidente de la Xunta de Galicia se manifestó a favor de “convertir el pazo en el faro de la igualdad”, justificando ese objetivo en el “legado de Pardo Bazán como precursora de la igualdad de derechos”. Con una sorprendente celeridad, altos cargos de la Xunta presentaron en pocas horas unas propuestas de uso en las que se insistía en hacer justicia “a la apuesta por la libertad de doña Emilia”. De forma paralela, en estos días diversos medios se esfuerzan por destacar, edulcorada, la figura de la escritora.

No me voy a detener en la obviedad de que esas propuestas pretenden eliminar o reducir al mínimo el tratamiento en clave de memoria democrática de aquel espacio. En este comentario quiero explicar, de manera muy resumida, que esa pretensión se cimienta sobre una interpretación errónea de la historia y de la figura de Emilia Pardo Bazán. Un personaje destacado que merece reconocimiento por su labor literaria, acción cultural y la defensa del protagonismo de la mujer en la sociedad. Esa relevancia y la relación con el Pazo de Meirás hacen obligado que allí se le recuerde y celebre. No obstante, como veremos, su vida y obra no se pueden asimilar al concepto de igualdad.

En nuestro análisis trataremos de no caer en una deformación presentista, valorar el pasado desde criterios de la actualidad, olvidando el contexto y la mentalidad del momento. Por eso, por ejemplo, no vamos a decir que Emilia Pardo Bazán es incompatible con el concepto de igualdad porque fue racista y antisemita –que lo fue– porque muchos intelectuales españoles de su tiempo compartían esa perversa mirada.

La escritora banalizó y ridiculizó la quema de judíos en las hogueras inquisitoriales, “¡vaya V. a llorar por unos cuantos judíos achicharrados en el siglo XVI!” (carta a Luis Vidart, 1881), se mostró comprensiva con las persecuciones antisemitas y justificó el trato injusto recibido por Dreyfus por su origen judío. Frente a la ejemplar y arriesgada posición de su viejo conocido Émile Zola denunciando la conjura, o la postura de otros intelectuales españoles, Emilia expresó comprensión con el antijudaismo en 1899. Para ella el pecado de los judíos era “subsistir una nación dentro de otra nación”, deberían hacer –nos explicaba –como los fenicios, diluirse en las diversas sociedades. Por lo que “la cruzada contra Dreyfus se explica, y al explicarse queda medio justificada”; el perseguido pasaba, según la escritora, a ser culpable: “infeliz víctima de la tenacidad de su raza” (La Ilustración Artística, 3 julio, 1899). Porque cuando le interesaba Emilia aplicaba una versión conservadora del darwinismo social: las razas y lenguas luchan, unas ganan y otras deben aceptar la derrota, una marginalidad irreversible. Así, en 1887 explicó que su “raza” estaba por encima de las otras, pues “creemos en la superioridad absoluta de la raza indoeuropea, noble y preclara, capaz de las más altas y profundas concepciones a que puede arribar la humana mente” (La revolución y la novela en Rusia).

Clasismo militante y excluyente

Emilia Pardo Bazán no se puede asociar a un “faro de la igualdad” porque mantuvo como señal de identidad un clasismo militante y excluyente. Para la escritora la sociedad estaba constituida por sectores diferenciados e impermeables. De origen hidalgo con algún pariente noble, la familia Pardo-Bazán Rúa-Figueroa situó como prioridad constante el establecimiento de barreras sociales y su ascenso a la cumbre de la aristocracia, de la que no formaban parte. Su padre, José, acudió al Congreso como diputado del Partido Progresista tras las elecciones de 1869. Allí realizó un rápido ejercicio de transfugismo y se opuso a las medidas de su grupo político sobre la relación entre la Iglesia y el Estado, al tiempo que negociaba, dinero incluído, con el secretario del cardenal García Cuesta (arzobispo de Santiago) una distinción nobiliaria. Así logró el título pontificio de conde, que convalidó para su uso en España negociando con el entorno del rey Amadeo, el monarca al que la familia boicoteaba y despreciaba. En 1908, a Emilia se le concedió el título de Condesa de Pardo Bazán, que cambió por el de Torre de Cela en 1916. Pasó al hijo Jaime, no a las hijas, el título de Torre de Cela y este realizó arduos esfuerzos para que la Casa Real le concediera la condición de Grande de España, el grupo más selecto de la nobleza. Emilia quiso que ese afán diferenciador también se visualizara en símbolos externos; la estrafalaria reforma de la que era Granja de Meirás, iniciada en 1894, pretendía mostrar eso. Como complemento lógico de esa visión medieval y elitista, la novelista expresó en los escritos su oposición radical a la movilidad social, que situaba como pecado digno de castigo, excepto para ella y los suyos.

En 1873 anotó en sus impresiones del viaje por Francia esa perspectiva de una sociedad segmentada. Y ya en el inicio indicaba: “La desgracia inmensa de la Francia es que la segunda [la clase media] predomina”. Sí, ese era el grupo social odiado (“he ahí el lodo”). A los trabajadores los trataba con desprecio, como niños pequeños precisados de guía. De la nobleza precisó que “no hay frases bastantes para alabarla”; como explicó en numerosos escritos, las clases aristocráticas estaban destinadas a ejercer la “influencia civilizadora”, ese era el papel que se autoasignaba.

Emilia menospreciaba a los labradores, personas que malvivían, trabajando en base a una institución de origen medieval, el foro, a cuya redención se opuso su familia. Ella y los suyos vivían básicamente de las rentas agrarias, como propietarios absentistas, recibiendo dinero procedente de hasta once unidades de explotación agrarias (“partidos”). Incluso en el período en el que la escritora cobró importantes retribuciones por la labor profesional, estas solo suponían un 25% de sus ingresos totales, casi tres pesetas de cada cuatro procedían de las rentas del rural, del trabajo de esa gente “inferior”.

Por otra parte, conviene destacar que la escritora criticó el determinismo presente en las novelas de Émile Zola porque entendía que negaba la libertad a los seres humanos, sin embargo en el terreno social ella fue bastante más allá. El desprecio para las clases humildes está acompañado en su obra de una consideración de ellas como un grupo humano con unas características biológicas limitantes, una especie de raza inferior, que, por lo tanto, el factor educativo no sería capaz de transformar. Lo que les correspondía era aceptar su posición subalterna. Por eso, cuando Emilia hablaba de uno de los intelectuales que más odiaba, Jean Jacques Rousseau, hacía hincapié en que había nacido “plebeyo” y que cometió el sacrilegio de no aceptar su condición: “La resignación, esa virtud de los pobres (...) le falta en absoluto” (El lirismo en la poesía francesa, 1921).

Insensibilidad social, los “gusanos”

En diversas ocasiones Emilia se presentó como una mujer “campechana”, de trato fácil y “franca” en sus expresiones. Una “democrática familiaridad” que probablemente procedía del sentimiento de pertenecer a la élite; en todo caso, del conocimiento actual de su biografía destaca el silencio con que recubrió relevantes cuestiones que no le interesaba desvelar y el uso de tergiversaciones en sus escritos autobiográficos.

La distancia que manifestó con los seres humanos que sufren, con los desfavorecidos, impresiona. En ese punto acertaba Manuel Murguía cuando le decía en 1896: “¿Cree acaso la eximia que el rebaño labriego de su país está compuesto de una especie de animales racionales, cuyo destino se limita a labrar la tierra, pagar foros y rentas, oír misa los domingos y comulgar por Pascua florida?”. (La Voz de Galicia, 15 de diciembre, 1896). La escritora elogió en 1905 la decisión de gobernador y alcalde de Madrid de “barrer los golfos, mendigos, busconas, hampones, perdularios, artistas de lana miseria y otros gusanillos de la gusanera matritense” (La ilustración artística, 17 julio). Como vemos, para ella no eran seres humanos, se trataba de gusanos. Que no eran pobres “porque su mala fortuna les haya hecho necesitados”, sino por una inclinación natural, biológica. Duele leer esas frases, constatar la enorme distancia moral con Concepción Arenal, o recordar lo que dijo Emilia en 1916 sobre el desastre de la I Guerra Mundial que causaría más de diez millones de muertos (casi todos “plebeyos”), afirmando que encontraba menos irreparable “la pérdida de vidas humanas que la de tesoros de arte” (conferencia “El porvenir de la literatura después de la guerra”). Con ese talante no nos puede sorprender que a la muerte de Zola (1902) por asfixia derivada de una mala combustión, le había escrito a Blanca de los Ríos un texto bien frívolo e inhumano: “La muerte de Zola ha sido bien insípida. ¡Mire usted que calentarse con carbón mineral, la cosa más dañina, un escritor, abogado del progreso, de la higiene, un naturalista!”.

Emilia Pardo Bazán no fue Madame Égalité (tampoco Liberté, ni Fraternité)

Difícilmente se puede afirmar que Emilia Pardo Bazán había apostado “por la libertad” ya que se posicionó frente el pensamiento democrático de su tiempo. Su radical, no coyuntural, rechazo del parlamentarismo, “por mí, que las Cortes se nombren de real orden, y librémonos de los trastornos que las elecciones llevan consigo” (junio, 1898), significaba una regresión política. Defendió de forma continua el absolutismo y la autocracia, la existencia de una voluntad superior, monarca absoluto, ejerciendo un poder sin contrapesos. Lo hizo desde la reivindicación del pasado, del Antiguo Régimen (su sociedad ideal era la del siglo XVII, la del absolutismo de los Austrias), un universo de privilegios para unos pocos y de miseria e injusticia para la inmensa mayoría. Por eso es difícil considerarla como una liberal conservadora, pues opinaba como una reaccionaria y en ella estaban vivas las ideas de pensadores antiliberales como Joseph de Maistre, Louis de Bonald y Donoso Cortés.

En España, el carlismo era la opción política que defendía ese mundo y a él se sumó. Su no fue –como se repite tantas veces– la seducción pasajera y superficial de una joven; formó parte del movimiento más de la mitad de su vida, hasta 1888, en dos etapas. En la primera con un intenso compromiso, realizó una auténtica peregrinación carlista por Europa con visita a la quinta del pretendiente a las afueras de Ginebra (1873); incluso, al año siguiente, estaría involucrada en la adquisición de armas para el ejército rebelde. En 1888, ya sin el marido José Quiroga, visitó en Venecia al “rey” carlista, frente al que se arrodilló; en ese momento buscaba conciliar la parte moderada de ese movimiento con lo que representaba en la España de la Restauración a dinastía Borbón reinante.

Al margen de la militancia carlista, Emilia Pardo Bazán continuó toda su vida defendiendo un pensamiento político y social autoritario, contrario a la soberanía popular, sobre lo que había iniciado un escrito ya en 1877, “Teoría del absolutismo”, y que se plasmaría en su obra. Incluso en pleno éxito literario, en las conferencias del Ateneo de Madrid a principios de 1887 sobre la novela rusa, se mostró favorable al absolutismo. Para ella “la autocracia no nos parece un abuso secular ni tiranía violenta”; en Rusia observó “labriegos puros” que amaban al zar, al “padrecito”, “no contaminados por la civilización occidental importada del corrompido Occidente”. También consideraba superior su organización campesina a las constituciones de los países liberales, que calificó de “derecho estéril y ilusorio escrito en papel y envuelto en fórmulas”. En coherencia con esas posiciones, realizó una crítica superficial al caciquismo político de su tiempo pero nunca lo hizo con las instituciones que estaban detrás de él y a las que habían constituido la base del Antiguo Régimen: la Monarquía y la Iglesia. En distintas intervenciones celebró la labor de la Inquisición, (que llegó a calificar de “benéfica”) y rechazó que había jugado un papel negativo en la difusión del conocimiento.

Una feminista contradictoria

Emilia Pardo Bazán fue feminista, ya que afirmó que todos los derechos que tenía el hombre debería tenerlos la mujer y desde esa perspectiva actuó en el debate público. Además, sufrió discriminación de género, por ese motivo fue excluida injustamente de la Real Academia Española. Expresó sus ideas sobre estas cuestiones en diversas publicaciones e intervenciones, por ejemplo en el Congreso Pedagógico de 1892, donde criticó las bases de la subordinación cultural femenina y reclamó el derecho la una educación igualitaria y la independencia de las mujeres. Tan importante como esos escritos y declaraciones lo fue su actitud y comportamiento, pues decidió no aceptar el papel subalterno que la sociedad le asignaba por ser mujer y peleó por tener vida propia en un mundo masculino, incluso disfrutar de biografía sentimental autónoma, un recorrido que inició bien pronto, con Augusto González de Linares (1873-75), y en el que alcanzó alguna relación ejemplar, igualitaria (como en el caso de Galdós). De hecho en su vida personal fue mucho más allá que las mujeres que aparecían en sus escritos. Sin embargo, en este tema hay que evitar miradas presentistas, ya que la lectura actual de los recorridos vitales y sentimientos de las protagonistas femeninas de sus novelas nos sitúan frente a comportamientos bien convencionales. Pero si leemos algunas reacciones escandalizadas de aquel tiempo a esos textos y de otros autores españoles de la época, observamos esos perfiles tradicionales aún más pronunciados, incluso en novelistas de progresistas como Galdós. El mundo literario español se movía en el terreno de la hipocresía, existía una enorme distancia entre la práctica social y lo aceptado para ser publicado.

La apuesta feminista de Emilia merece reconocimiento, si bien no está exenta de sombras y algunas son relevantes. Por ejemplo, si tenemos en cuenta sus posiciones racistas y clasistas, contrarias a la movilidad social, surgen interrogantes a la hora de identificar a las mujeres objeto de derechos para Emilia Pardo Bazán y a los límites de estos. O sobre cómo sería posible el ejercicio de esos derechos en el modelo de sociedad estamental y aristocrática que anhelaba la escritora, su adorado siglo XVII. También sobre su consideración del carácter transversal de la misoginia en las diferentes opciones políticas de su tiempo, una equidistancia que aún hoy sigue teniendo predicamento. Es evidente que la mentalidad misógina y los comportamientos machistas estaban presentes en todos los ámbitos ideológicos, pero el tema exige alguna matización. Recordemos el relevante papel que tuvo el líder krausista Francisco Giner en la fundamentación teórica del feminismo de Emilia; él fue quien le recomendó la lectura del libro de John Stuart Mill La esclavitud de las mujeres, del que la escritora extrajo valiosos argumentos. Tanto Giner como Mill eran dos liberales progresistas, lo que no nos debe sorprender, pues de ese mundo ideológico, y del de la izquierda en el siglo XX, surgieron las iniciativas igualitarias, con retrasos y contradicciones, pero esa fue la fuente. En este capítulo de derechos resulta ilustrativa del personaje la respuesta de Emilia a una encuesta de Carmen de Burgos para un libro que esta publicó en 1904 sobre el divorcio: “No le contesté a usted porque no tengo opinión ninguna sobre el divorcio, y por lo tanto no me es posible emitirla. Necesitaría dedicarme a estudiar esa cuestión, y no dispongo de tiempo”. Llevaba veinte años separada del marido; eso sí, un divorcio disimulado y manteniendo el status patrimonial.

También debería sorprender que la escritora feminista no hiciera alusión a la misoginia y machismo presentes en aquel tiempo en instituciones como la Monarquía, el Ejército y la Iglesia. De hecho, afirmó que la educación religiosa era la que menos discriminaba por géneros y no dijo una palabra sobre la marginación de la mujer en las estructuras eclesiásticas. Otro elemento difícil de encajar con su feminismo es el hecho de que no aplicó su postura sobre la igualdad educativa a sus hijas, que tuvieron una formación y vida totalmente tradicionales.

Hay otra contradicción que no se puede ocultar, y que no es menor. Hablamos de la ausencia de sororidad (solidaridad con otras mujeres) en Emilia Pardo Bazán. La escritora maltrató a varias y además usó con ellas argumentos misóginos. Sobre su contacto con dos figuras ejemplares, Juana de Vega y Concepción Arenal, solo escribió un comentario bien ruin: “Las dos presentaban un aspecto viril. Juana de Vega mostraba sobre las sinuosidades del labio superior algo que pasaba de bozo, y que sombreaba una boca seria y descolorida. Y doña Concepción Arenal poseía las formas rectas y angulosas de un muchacho que ha crecido pronto”. Además, es sabido que la novelista ignoró a la gran poetisa Rosalía de Castro, por ejemplo cuando en 1880 publicó Follas Novas, pero presidió una celebración en su honor en la que menospreció su obra y utilizó el evento como un acto de afirmación ideológica personal.

¿Qué puentes de diálogo construyó, qué progreso propuso?

En la parte final de los años setenta del siglo XIX Emilia Pardo Bazán decidió tener presencia intelectual en el escenario público español. Probó diversas opciones creativas e, inteligente, buscó contactos en diferentes ámbitos; no quería moverse en la marginalidad. En esos contactos iniciales obtuvo mejor recepción en la esfera liberal progresista (los krausistas) que en la de los más próximos a sus ideas (Menéndez Pelayo y Pereda), reacios a aceptar el protagonismo de una mujer. Sin embargo en 1886, cuando ya había alcanzado el éxito, la escritora realizó una descripción desdeñosa del movimiento krausista, al que debería estar bien agradecida.

Estuvo atenta a las novedades e incorporó algunas a su obra pero, siempre dócil con los viejos poderes, no llegó a establecer un auténtico diálogo intelectual, una construcción de puentes, entre su cosmovisión tradicionalista y el mundo liberal, porque nunca aceptó un cuestionamiento de sus radicales posiciones. Su esfuerzo modernizador se limitó a reclamar del sector tradicionalista que participara en los debates de su tiempo y, sobre todo, a pulir y poner al día algunas de las viejas propuestas de ese universo ideológico, porque estaban obsoletas y, sobre todo, porque carecían de eficacia comunicativa en el siglo XIX. De hecho, su eclecticismo fue sólo literario, no un encuentro auténtico y fructífero entre dos mundos ideológicos. Por eso relativizó o ignoró las mejoras legislativas que permitían caminar hacia igualdad, quizás porque ella priorizaba una visión preliberal y esos avances no encajaban en su modelo social. En todo caso, si se afirma que la labor intelectual emprendida por Emilia Pardo Bazán suponía una exploración hacia otras formas de progreso, debería explicarse en qué se concretó de forma diferenciada esa alternativa. Lo que sí sabemos es que el desarrollo de la línea de pensamiento en la que se sentía cómoda la escritora llevó a los autoritarismos de derecha que dominaron en ciertos países europeos en los inicios del siglo XX.

Por todo lo comentado considero que la relevante escritora Emilia Pardo Bazán no puede ser la luz de un “faro de la igualdad” en un futuro del Pazo de Meirás.

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Xosé A. Fraga es ensayista y divulgador científico. Una versión de este artículo fue publicada en gallego el pasado 31 de diciembre en La Opinión de A Coruña

 

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54 Comentarios
  • Mesther Mesther 08/01/21 23:24

    Los comentarios parciales tan demoledores,reflejan poca cercania con la ilustrada y rompedora Pardo Bazan.Miremonos:en pleno SXXI¿Como viven los temporeros?.En campos de esclavitud.¿Y eltrato vejatorio por parte de ciudadanos y politicos a los inmigrantes por parte de ciudadanos y politicos?No hay apenas cambios.¿Como extrañarnos de la ambigua comprension de la escritora ante campesinos analfabetos,en gran parte,y fanaticos de su tiempo,organizado en torno al caciquismo proveniente del estamento popular,que en ocasiones,se oponian al progreso por intereses sin futuro.Ej.En la rebotica de mi abuelo se formaba tertulia politica,uno de cuyos miembros era Castelao,el fue testigo de los sinsabores e ingratitud que vivio,para instalar una pionera luz electrica en su Ayuntamiento. Campesinos obstruccionistas al paso depostes,cables y flujo de aguas.Reconozca el autor,que el humilde pueblo no es tan sumiso ni puro.La union y la Cultura traen el progreso y siempre la cerrazon y los fines oscuros,deben ceder ante las empresas innovadoras que reportan el bien comun.

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    • MrFeynman MrFeynman 09/01/21 11:22

      El autor no dice que el pueblo sea sumiso y puro. Lo dice la Pardo Bazan (que es sobre quien va el articulo) sobre el pueblo ruso que vivia en la miseria bajo la tirania de los zares. Un escenario que a la Condesa le parecia idilico, frente a los gusanos de Madrid o la insoportable presencia de los burgueses en Francia...

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  • Aserejé Aserejé 08/01/21 20:48

    Magnifico articulo q aclara estupendamente quien era en realidad Dña. Emilia. Como dice un comentarista viendola en la foto, queda retratada. Su relacion, esporadica, con Perez Galdos no implica coincidencia en sus principios. Lo q si se ve claro en el articulo es q ella, por ser aristocrata (y darselas de), consideraba tener derecho a hacer lo q le daba la gana, pero no las demas mujeres.

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  • MrFeynman MrFeynman 08/01/21 17:17

    Gran articulo, enhorabuena. Profusamente documentado y con matices, huyendo de hagiografias bien pagadas y lugares comunes.

    Ademas, es particularmente agradable ver una noticia de este ambito como la mas leida de Infolibre por casi dos dias.

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  • Furancho Furancho 08/01/21 14:22

    Es curioso, porque estoy releyendo la biografía de Concepción Arenal (escrita por María Campo Alange y que pertenece a la colección 'Mujeres de novela' de Círculo de Lectores) y en una carta transcrita que le escribe Concepción Arenal a Giner de los Ríos, dice lo siguiente: " 'El visitador del preso' está en poder de Cuerpos; no he querido mandárselo a usted por la razón que tuve para no dárselo a leer cuando vino aquí, que es tener a cargo de conciencia darle ningún trabajo mental: creo que el librito no encontrará editor: no se lo ofrezca usted a la P. Bazán, porque... NO".
    Fue una mujer impresionante Concepción Arenal. Dramático que se la tenga totalmente olvidada.

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    • jsanleon jsanleon 08/01/21 19:25

      Os recomiendo la exposición dedicada a Concepción Arenal, que se puede ver ( si la nevada lo permite) en la Biblioteca Nacional en Madrid, junto con la exposición de dedicada a Azaña.

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    • Furancho Furancho 08/01/21 14:31

      *Cuerpos, no. Debe decir Guerola.

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  • Juanma Hernández Juanma Hernández 08/01/21 08:50

    Es una pena que Infolibre caiga en este error. Da igual que sea un artículo de opinión porque quien lo escribe justo hace lo primero que dice no hacer: juzgar a una persona del siglo XIX según patrones del siglo XXI, y sacando de contexto citas. Aunque cuando publicamos las cartas a Galdós tuvimos que leer mucho de y sobre Emilia, no me considero un experto en su vida, pero creo que el articulista aún lo es menos, lo que no le impide realizar juicios que yo sí me permito de tachar como bobadas. En el fondo estará siempre que Emilia fue atacada por todos, por derechas e izquierdas, por nacionalistas españoles y nacionalistas gallegos, y todos trataron de etiquetar a una mujer que, con sus errores y aciertos personales, y con su inmenso genio, nunca se dejó etiquetar. En Galicia hay mucha gente ignorante que jamás le perdonará que no escribiese en gallego. Ellos se la pierden... Para contrastar este artículo se puede leer otro que espero que Infolibre publique pronto: https://www.laopinioncoruna.es/coruna/2021/01/06/emilia-pardo-bazan-igualdad-27087469.html

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    • MrFeynman MrFeynman 08/01/21 17:21

      He tenido la posibilidad de leer el articulo de replica que usted cuelga. Me ha parecido falton y que no se acerca a empezar a rebatir lo que dice el articulo original, a duras penas proporciona dato alguno. El autor de la replica, el profesor Paz Gago, lleva tiempo promocionando un congreso internacional sobre la Pardo Bazan y vendiendo las ideas del PP para el Pazo, asi que es normal que tenga un caballo en esta carrera, como dicen los ingleses.

      A otro nivel, a mi y a mis colegas de la Universidad de La Coruña nos sorprende sobremanera ver al autor de dicha replica (Paz Gago) de abanderado del feminismo...

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      • Juanma Hernández Juanma Hernández 08/01/21 20:04

        No conozco ni a un articulista ni a otro. Sólo leo lo que dicen y lo comparo con las varias biografías de Pardo Bazán que leí y con sus escritos. A mí me asombra sobremanera que dude tanto del segundo artículo y se crea a pies juntillas las toscas afirmaciones del primero. Pero todos somos libres de creer lo que nos plazca, incluso de convertir un asunto que es histórico y literario en una cuestión banal de creencias. 

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        • MrFeynman MrFeynman 09/01/21 11:28

          No dudo ni dejo de dudar. En uno hay datos, hechos, referencias y declaraciones de la protagonista. En el otro, escasisimos datos (que no refutan lo aqui dicho) y multiples juicios de valor (que quizas reflejan las los intereses del firmante mas que otra cosa) y una cita de un personaje de una obra literaria de la autora, lo cual no es un argumento serio, y menos frente a un registro sostenido de escritos, cartas y declaraciones de la autora en si cuya veracidad en ningun momento se cuestiona.

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    • yavatocando yavatocando 08/01/21 10:22

      Es una pena que usted no nos ilustre con algún argumento que desmienta el artículo y así ir sabiendo la verdad.

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      • MIglesias MIglesias 08/01/21 10:53

        Tiene un enlace con diversos argumentos.

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        • yavatocando yavatocando 08/01/21 13:26

          Con sos argumentos no entiendo como el señor que los sustenta es catedrático de universidad, utilizar como argumento unas palabras de un personaje de ficción es de traca

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          • MIglesias MIglesias 08/01/21 13:30

            Tiene muchos más argumentos y datos que demuestran falsedades en este artículo, pero usted ya ha dictaminado y no le interesan. Ni los ve.

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            • MrFeynman MrFeynman 09/01/21 11:34

              Podria por favor explicar cual de las citas o datos que ofrece el articulo es fals@? Es importante respetar el trabajo de los investigadores y no ejercer de censura cuando no nos gusta lo que encuentran.
              Este articulo recoge docenas de citas y datos biograficos y ni uno de ellos es refutado por usted ni por el articulo que cuelga (que es muy pobre en datos y rico en opinion y juicios). De hecho, el articulo que usted menciona llega a decir que no se puede cuestionar a las figuras locales, lo cual es un argumento anticientifico, antiperiodistico y decimononico. Eso es fe, no ciencia.

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            • yavatocando yavatocando 08/01/21 13:37

              No sé, yo lo que veo es que el principal argumento del susodicho catedrático es que un personaje de La Sirena negra habla de igualdad. Ni siquiera es Doña Emilia. Insisto, no me puedo creer que eso lo diga un profesor de Literatura.

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  • Grandota Grandota 08/01/21 07:25

    Me ha gustado el artículo, no conocía esta faceta tan conservadora de Doña Emilia, me ha dejado helada. Se puede ser una excelente escritora y una mala persona?. Por supuesto, ejemplos hay a cientos. No creo que el artículo critique a la escritora, critica sus ideas sobre las mujeres, los parias....En definitiva, era una conservadora a la que las mujeres le importaban muy poco 

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    • EAJ49radio EAJ49radio 08/01/21 21:26

      Ejemplo de lo mismo es Vargas Llosa, muy buen escritor pero en lo tocante a lo demás está al mismo nivel que Pardo Bazán. O sea se puede ser un excelente novelista pero el clasismo y el menosprecio por el prójimo no tiene nada que ver. Este escritor tiene novelas que te hacen pensar pero está claro que su forma de ser social y política no va parejo con algunos temas que usa para su narrativa. Yo no lo pondria como adalid de la libertad, ni ahora ni dentro de un siglo ni de dos

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  • JOECAR JOECAR 08/01/21 00:17

    MUY INTERESANTE ARTICULO, que descubre la verdadera faz de la condesa de Pardo Bazán, que la foto de la escalinata del Pazo retrata a la perfección. Una señorona de la nobleza segundona de provincias, que no supo avanzar con su época, ejemplo de lo que tendría su fin con la llegada de la II Republica. Fraga no abusa de exhibirla como lo que era y a mi me parece que su amistad con Pérez Galdós, como sus devaneos con el Krausismo, no la salvan de llamarla cavernícola, aunque escribiera muy bien y los Pazos de Ulloa es un ejemplo.

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  • EAJ49radio EAJ49radio 07/01/21 23:18

    Un artículo que "despeja" al personaje Pardo Bazán. He entendido el artículo desde la perspectiva de su posición ideológica, social y humana, me ha despertado la curiosidad por ella. Vamos que podría ser en términos políticos y sociales actuales lo más parecido a Cayetana Álvarez de Toledo, la cuál el término humanidad ni lo contempla, sí, ella misma, su entorno inmediato y sus privilegios. Me ha gustado

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    • MIglesias MIglesias 08/01/21 02:44

      Emilia Pardo Bazán era conservadora, monárquica, burguesa y seguramente clasista, un producto de su época y de su clase social que se atrevió a romper moldes y a enfrentarse a un mundo de hombres que le cerraban los pasos, una gloria de las letras españolas por derecho propio, presentarla como un monstruo comeniños es ridículo y solo denota un profundo sectarismo. Compararla con Álvarez de Toledo es como comparar una castaña con un murciélago.

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      • MrFeynman MrFeynman 08/01/21 18:34

        Nadie la presenta como un "monstruo comeniños". No hay que recurrir a la demagogia. El articulo mismo dice que se le debe reconocer como escritora y como feminista y que debe ser reconocida en el Pazo. Pero que no puede ser, como propone el PP, un "faro de igualdad". Y eso parece mas que evidente.

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      • yavatocando yavatocando 08/01/21 10:29

        Álvarez de Toledo es conservadora demócrata, Doña Emilia no era demócrata

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        • MIglesias MIglesias 08/01/21 12:45

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          Permítame que dude de la vocación demócrata de Cayetana. Emilia Pardo Bazán murió en 1921, en ese contexto en España es más objetivo hablar de liberales progresistas y moderados que de demócratas según el concepto actual de ese término. El progresismo de la primera mitad del XIX no pretendía romper de raíz con el sistema establecido ni lo entenderíamos hoy como demócrata, solo planteaba una apertura relativa con participación de la burguesía en la política y una disminución de las atribuciones de la monarquía. El concepto actual de democracia empieza a aparecer tímidamente a partir de la segunda mitad del siglo con los aires revolucionarios nacionalistas en Europa, la propagación de las ideas socialistas premarxistas y los primeros movimientos obreros. En España se plasma en el Manifiesto del Partido Progresista Demócrata de 1849, que escenifica la ruptura de la facción izquierdista del Partido Progresista, con un planteamiento monárquico, católico y excluyente de la mujer y de gran parte de la población como sujetos de derechos políticos. Más tarde derivaría en el republicanismo. Quiero decirle con esto que Emilia Pardo Bazán vivió en un periodo de revoluciones políticas, cientificas y sociales, de trauma nacional por la pérdida de las colonias, el fin del imperio, crisis política y social, nuevas ideologías y transformaciones en el que los conceptos y valores actuales no son intercambiables.

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          • yavatocando yavatocando 08/01/21 13:28

            Emilia Pardo Bazán se opuso al parlamentarismo, a las constituciones, al voto, su postura no es la de una conservadora, es la de una reaccionaria defensora de una monarquí autoritaria, como la que apoyó su familia, la de Primo de Rivera

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            • MIglesias MIglesias 08/01/21 14:26

              Sí, una mujer contradictoria y compleja, tradicionalista política y progresista en lo social que se merece una mirada objetiva, no un libelo. Como tengamos que despreciar a todos los monárquicos las artes se nos van a quedar muy vacías.

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              • MrFeynman MrFeynman 08/01/21 17:25

                Progresista en lo social? Por favor...

                En que lo nota? En sus alabanzas del servilismo del campesino ruso? En sus comentarios despectivos hacia el fisico y talento de sus coetaneas celebres? En su defensa de la Inquisicion? En su llamamiento a limpiar Madrid de "gusanos"?
                Si no se demuestra que tales cosas son falsas, lo demas es fe, no opinion.

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          • MIglesias MIglesias 08/01/21 12:54

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            Su trayectoria vital estuvo marcada por la misoginia, que salvo excepciones particulares, estaba incardinada en todas las ideologías, incluso en el krausismo que abogaba por la educación de la mujer pero subornidándola a su aspecto de esposa y madre bajo la dirección del hombre, esa fue su lucha y no encontró lo que buscaba en ninguna opción política, de ahí su eclecticismo, si algo define su posición política son sus propias palabras:
            "No sé como podrá España seguir existiendo, qué hacer para conseguirlo, diré que lo primero, instruirse, lo segundo, instruirse, lo tercero, instruirse, y después, desenvolverse con arreglo a su naturaleza, y con variedad y libertad, reconociendo, respetando, cultivando la intimidad de cada región"
            "También los pueblos pueden ejercitar el heroísmo fuera de los campos de batalla; hay el heroísmo del trabajo, el de la resistencia al poder injusto, el de la adquisición de la cultura, el de la justicia social. Aquí en estos instantes, algo tendrá de héroe el que enseñe, el que aprenda, el que escriba, el que hable, el que comercie, el que produzca, el que labra la tierra, el que pinte, el que esculpa, siempre que refiera estas acciones al fin de la rehabilitación nacional."
            Me parece muy injusto este artículo que destila una inquina reconocible desde el primer párrafo a la que no encuentro otro sentido que un sectarismo fuera de lugar. Nos quejamos del sectarismo de los contrarios pero quizás deberíamos mirarnos un poco el nuestro.

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  • MIglesias MIglesias 07/01/21 21:11

    Creo que el artículo es un poco de parte, un tanto exagerado y descontextualizado, parte de una base real pero pasa por alto que a finales del XIX y comienzos del XX lo normal era pensar que occidente y sus habitantes eran superiores, adjudica a la escritora los pecados del padre, saca frases de contexto y hasta la criminaliza por lo que no dijo, como si tuviera una obligación especial de ocuparse de todos los temas. E.P.B. fue una fuerza de la naturaleza, con luces y sombras, nadie resistiría un escrutinio a fondo de toda su vida, de sus declaraciones y comunicaciones sin salir un poco perjudicado. No he leído toda su obra, pero en lo que he leído no he visto todas esas lacras que se le suponen, sino una mujer con sus condicionantes pero bastante adelantada a su tiempo.

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    • JOECAR JOECAR 08/01/21 00:26

      Pues la comparación de lo que era frente a otras mujeres relevantes, que pensaban distinto que ella por su puesto, lo tiene Ud. en que ignoró a Rosalía de Castro y ridiculizó a Concepción Arenal. A finales del XIX lo normal sería lo que Ud. dice, que lo dudo mucho, pero existía una cosa que se llamaba humanidad y la Condesa no tenía mucha, aunque por su figura sí.

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      • MIglesias MIglesias 08/01/21 01:33

        Solo tienes unas palabras escritas en un artículo que te crees a pies juntillas sin ponerlas en cuestión. Yo sí las pongo, por ejemplo, me parece ridículo cuestionar el feminismo y la sororidad de alguien porque haya hablado mal de otra mujer, ahora va a resultar que si eres feminista te tienen que caer bien todas las mujeres. Las citas de las cartas no explican el contexto, son frases exentas, ¿tú nunca has hecho un chiste de gitanos? ¿Has leído el discurso que pronunció en el homenaje a Rosalía de Castro? ¿Una frase irónica sobre la muerte de Zola es la prueba de su falta de humanidad? ¿Cambiar de opinión o de opción política es un delito? El autor empieza diciendo " En nuestro análisis trataremos de no caer en una deformación presentista, valorar el pasado desde criterios de la actualidad, olvidando el contexto y la mentalidad del momento" pero lo hace a partir de la siguiente línea, en el XIX el darwinismo social era una corriente ampliamente aceptada. Es evidente que quien escribe no es objetivo. Nos creemos cualquier cosa solo porque aparece en un medio que concuerda con nuestras ideas.

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  • MIRMILON MIRMILON 07/01/21 18:13

    El escritor norteamericano Walt Whitman decía con gran sabiduría:

    Do I contradict myself? Very well then I contradict myself. I am large, I contain multitudes.

    Que viene a decir en español ¿que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y ¿qué? ( Yo soy inmenso, contengo multitudes.)

    En otras palabras, Doña Emilia era una mujer inmensa, caleidoscópica, compleja, luchadora y una gran feminista que luchó toda su vida por una sociedad mucho más justa para las mujeres, todas ellas, las de la ciudad, las del campo, las intelectuales, las ilustradas....
    Con un ensayo parcial, sesgado y poco basado en su literatura y en su obra en general que solo interpreta algunas contradicciones en las que pudo caer la escritora, como todos los humanos, no se acerca en absoluto a la realidad abrumadora de una figura literaria que si hubiera tenido la suerte de nacer en el Reino Unido o en USA sería simplemente una de las grandes glorias de l literatura realista y naturalista. Pero tuvo la desgracia de nacer en un país que le negó todo hasta pertenecer a la Real Academia de la Lengua por ser mujer y encima ser crítica y disidente literaria. Algún insigne miembro de esa Academia incluso llegó a decir que no debía entrar en dicha institución porque no le cabían las posaderas en el asiento..........

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    • yavatocando yavatocando 07/01/21 19:05

      Lo de la complejidad queda muy bien, pero el historiador ha de trabajar para identificar las claves de una biografía. Y no ocultar que un excelente artista puede ser un ciudadano perverso. Me encanta Picasso pera un machista y un misógino

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      • MIglesias MIglesias 08/01/21 02:45

        El Sr. Fraga no es historiador, es biólogo.

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        • MrFeynman MrFeynman 09/01/21 11:47

          Este señor es Dr en Biologia, en concreto en Historia de la Ciencia. Es miembro del consejo de direccion de la revista española de Historia de las Ciencias y las Tecnicas, del Consello da Cultura Galega, academico de la Real Academia Galega, entre otras muchas cosas. Su curriculum de investigacion biografica e historica usando metodos cientificos de la historiografia esta fuera de todo cuestionamiento.
          En todo caso, ataque a los argumentos y a los datos objetivos, en vez de emitir juicios personales y de valor.

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        • yavatocando yavatocando 08/01/21 13:30

          Creo qur el Sr. Fraga es doctor en Biología, en Historia de la Ciencia

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