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Hago 'Crash' y aparezco a tu lado: las polémicas del mítico filme sobre sexo y accidentes de tráfico que regresa a las salas

  • 25 años después de su estreno, la obra más controvertida de David Cronenberg regresa a casi medio centenar de salas con una edición remasterizada en 4K
  • A Contracorriente Films se ocupa de la distribución de este largometraje basado en la novela homónima J.G. Ballard, caracterizado por la división de opiniones desde su estreno en Cannes
  • Despreciada por otros cineastas y víctima de campañas que intentaron impedir su lanzamiento en 1996, este reestreno viene a confirmar cuál de las dos Crash ha resistido el paso del tiempo
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Publicada el 30/01/2021 a las 06:00
Imagen promocional del reestreno en cines de 'Crash' (David Cronenberg, 1996).

Imagen promocional del reestreno en cines de 'Crash' (David Cronenberg, 1996).

A CONTRACORRIENTE FILMS

“La colisión de un coche es un evento más fecundador que destructivo”. Esta frase abre el nuevo tráiler de una de las películas más atípicas y excepcionales de los 90, y lo cierto es que resume su esencia. La pronuncia Robert Vaughan, el líder de un variopinto grupo de personajes unidos por la excitación que les producen los accidentes automovilísticos. Hablamos, claro, de Crash (la buena).

El director canadiense David Cronenberg (Toronto, 1943) sacudió el panorama cinematográfico de 1996 con esta adaptación del libro escrito por J.G. Ballard. Un cuarto de siglo después, con una cartelera necesitada de cualquier estímulo, la película vuelve a estar en los cines desde el 29 de enero bajo la distribución de A Contracorriente Films. Lo hace además con una edición remasterizada en 4K.

Una obra abocada a dividir

Crash ‘arranca’ cuando el productor de cine James Ballard –la referencia al escritor ya estaba presente en la novela–, interpretado por James Spader, se ve involucrado en un accidente de tráfico. El resultado es desolador: el cuerpo sin vida del conductor del otro vehículo sale disparado hasta quedar atrapado en el coche de Ballard.

Sin embargo, en medio de la tragedia Ballard cruza su mirada con la mujer sentada en el asiento del copiloto del coche con el que ha impactado –Holly Hunter–. En esa mirada ya está presente la atmósfera de placer malsano, pero al mismo tiempo nunca reprimido –Cronenberg no introduce en toda la película un personaje que juzgue u observe con recelo un comportamiento a priori tan ‘particular’– que dominará toda la película.

Ballard y su esposa Catherine –Deborah Kara Unger–, que como la película nos muestra ya eran dados a una vida sexual activa y polígama, se adentran entonces en una espiral de excesos atraídos por la enigmática figura de Vaughan –Elias Koteas–. Llevarán a cotas cada vez más siniestras la sinforofilia, término con el que se conoce a la parafilia en la cual la contemplación o experimentación de catástrofes provoca excitación sexual.

La publicación de la novela de J.G. Ballard (Shanghái, 1930) ya generó una enorme controversia en 1973. Algunos críticos lo consideraron “el libro más repulsivo” que jamás habían leído. Ya antes, cuando buscaba un editor para el manuscrito original, Ballard recibió una nota en la que le pedían encarecidamente que no publicase su obra. El autor de El imperio del sol (1984) consideró este hecho un “rotundo éxito artístico”. Con el paso del tiempo, Crash ha sido revisitada y reivindicada por figuras de todo tipo, desde el crítico de cine Tom Shone hasta la novelista y ensayista Zadie Smith.

A ello contribuyó decisivamente la llegada de su adaptación cinematográfica. Cronenberg era ya uno de los más laureados directores de terror y ciencia ficción. Además, tenía cierto bagaje en adaptaciones a priori complicadas. En 1986 actualizó un clásico de culto como La mosca (Kurt Neumann, 1958) con un reparto liderado por Jeff Goldblum y Geena Davis. Posteriormente, en 1991, llevó a la pantalla el salvajismo de la novela El almuerzo desnudo (1959) y otros escritos del autor William S. Burroughs.

‘Crash’ en Cannes

Sin embargo, nada puso sobre aviso a los espectadores que pudieron ver Crash en primicia durante el Festival de Cannes 1996. Como es habitual con las películas más polémicas del certamen, muchos espectadores abandonaron la proyección, cuyo final vino acompañado de silbidos –tampoco faltaron los aplausos entusiastas–. No obstante, lo más ‘chocante’ es que estas posturas apasionadas se trasladaron al jurado.

En esa edición el presidente era nada menos que Francis Ford Coppola. Las favoritas del director de El Padrino (1972) o Apocalypse Now (1979) coincidieron con las de la crítica. Dos dramas tan del gusto del público festivalero como Secretos y mentiras, de Mike Leigh, y Rompiendo las olas, de Lars Von Trier –la única personada verdaderamente sádica en toda esta historia–, recibieron respectivamente la Palma de Oro y el Gran Premio del Jurado.

Crash no se fue de vacío: recibió el Premio Especial del Jurado por Audacia, Atrevimiento y Originalidad. Se trata de un reconocimiento que no se ha concedido antes ni se ha vuelto a conceder después, ya que no es el habitual Premio del Jurado que supone algo así como la medalla de bronce en la Croisette. En una reciente entrevista, Cronenberg opina que Coppola se opuso de forma tan frontal a su película que los miembros del jurado que la defendían solo pudieron sacarle esta mención tan anómala.

Varios detalles apuntan a que su tesis tiene cierto sustento. Coppola se negó a entregar personalmente el premio a Cronenberg –que además fue de nuevo abucheado por gran parte del público presente en la ceremonia de clausura–. Por si no fuese suficiente, al anunciar el reconocimiento el director de La conversación (1974) aclaró que no se trataba de una decisión unánime.

Una aclaración que uno de sus compañeros en el jurado, Atom Egoyan, no tuvo reparos en calificar de “extraña” años después. Cineasta ahora repudiado y camino del olvido, en los 90 Egoyan gozaba de enorme prestigio en el circuito de festivales. En 1994 irrumpió en Cannes con otro largometraje con componentes eróticos, Exótica, y se llevó el Premio de la Crítica Internacional. Tres años después obtendría aún más éxito con El dulce porvenir, un drama que le valió el Gran Premio del Jurado en Cannes e incluso nominaciones al Oscar como director y guionista.

Entre ambas películas, Egoyan tuvo tiempo de integrar el jurado que Coppola presidió en 1996. Allí quedó completamente maravillado con la película de Cronenberg, quien además era su compatriota. Una postura diametralmente opuesta a la del presidente, pero compartida con otros integrantes del jurado. El problema es que, según Egoyan, no pudieron discutir hasta el último día de deliberaciones. Coppola insistió en que hasta esa fecha nadie hablase sobre las películas que estaban viendo.

En declaraciones para The Hollywood Reporter, el director canadiense ilustró así lo acontecido durante aquellas dos semanas: “Tuvimos comidas maravillosas, nos contamos los unos a los otros historias sobre nuestras vidas y vimos películas estupendas, pero luego nos percatamos de que teníamos gustos enormemente diferentes a la hora de tomar una decisión”.

Las dos Crashes

Para la siguiente controversia avanzamos casi diez años en el tiempo. 5 de marzo de 2006, ceremonia de los Oscars en Los Ángeles. Pese a no ser ni mucho menos un asiduo a estos premios, la película de Cronenberg Una historia de violencia (2005) opta a dos galardones: mejor guion adaptado para John Olson y mejor actor secundario para William Hurt. No logra ninguno de ellos. Sin embargo, pudo haber sido una gran noche para el cineasta: la sorprendente triunfadora, con tres reconocimientos incluido el de mejor película, fue Crash. El único inconveniente es que se trata de otra Crash.

Cuando Cronenberg se enteró de que la ópera prima de Paul Haggis, por entonces guionista habitual de Clint Eastwood, llevaba el título de una de sus películas más recordadas se sintió como mínimo molesto. La web Ballardian recopiló alguna de sus declaraciones, en las que afirma que optar por el mismo título fue una decisión “irrespetuosa” tanto hacia él como hacia Ballard, ya que el libro original es también muy conocido.

Cronenberg menciona el caso de Francia, país en el que la distribuidora modificó el título a Collision. En España, donde las personas encargadas de esta labor adoran los paréntesis, se optó por una solución intermedia: la película de Paul Haggis llegó como Crash (Colisión).

La segunda vida de una película a contracorriente

25 años después de toda la polvareda levantada en Cannes 1996, el tiempo parece haberle dado la razón a Egoyan frente a Coppola. Crash ha recorrido ya medio mundo con esta versión restaurada, que se presentó en el Festival de Venecia 2019. La restauración digital en 4K ha sido supervisada por el director de fotografía Peter Suschitzky, habitual colaborador de Cronenberg. En Estados Unidos podrán disfrutar además de un lanzamiento en Blu-Ray y DVD de la mano de Criterion Collection. En España llega a 48 cines, una cifra nada desdeñable tratándose de un reestreno y dadas las circunstancias actuales.

Peor suerte ha corrido en Reino Unido. El relanzamiento coincidió con el confinamiento generalizado del país a finales de noviembre. Solo algunos cines escoceses se mantuvieron abiertos. Crash estuvo disponible en una única sala y obtuvo el peor dato histórico de recaudación en el país: 7 libras. Es decir, un único espectador.

Cuanto menos curioso que el covid-19 haya conseguido lo que en su estreno original no lograron los grandes detractores de Crash. Algunos medios de comunicación, capitaneados por el tabloide sensacionalista y derechista Daily Mail, intentaron impedir el estreno de la película alegando su alto componente obsceno y su poco reparo hacia las personas con discapacidad.

La British Board of Film Classification, organismo responsable de la clasificación por edades en la exhibición cinematográfica británica, llegó a tratar esta petición con expertos en derecho, psicología e incluso a un grupo de once personas con diversidad funcional. Ninguno percibió ofensa alguna, por lo que Crash se estrenó en Reino Unido en marzo de 1997 como película catalogada para mayores de 18, pero sin ningún corte ni restricción. Ahora es posible disfrutar de ella de la misma manera, solo que con una calidad inaudita. Eso sí, sigue sin ser la que J.G. Ballard considera la forma idónea de ver la película: en un coche a 160 kilómetros por ahora.

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1 Comentarios
  • bayardo bayardo 29/01/21 23:26

    Una película muy especial, que creo rompió moldes en su momento. 
    Y se sigue recordando, por algo será. Los actores, especialmente las actrices que participaron, eran de talla, reconocidas e hicieron un trabajo, en mi opinión, estupendo.
    Y ahí está y sigue la cinta. Desde luego, no deja indiferente a nadie.

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