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Entrevista

Juarma, del pueblo a Facebook y de Facebook a las librerías: "Decidí que iba a escribir sin que nadie me leyera nunca"

  • Este escritor e ilustrador granadino publica su primera novela, Al final siempre ganan los monstruos, la historia de unos personajes instalados en la mentira que “adaptan las cosas para que encajen con su fantasía"
  • Todo comenzó con un relato que subió a su Facebook personal, y que fue hilvanando en la red social con la ayuda de familiares, vecinos y amigos a través de un Club de Lectura
  • Ahora Blackie Books edita el libro bajo su sello, y Juarma insiste en que “no tiene sentido que todo saliese tan bien”
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Publicada el 22/03/2021 a las 06:00
Juan Manuel López más conocido como 'Juarma'.

Juan Manuel López más conocido como 'Juarma'.

Cecilia Díaz Betz

Si algo repite en las siguientes líneas Juan Manuel López, Juarma (Deifontes, Granada, 1981), es que sigue sin explicarse cómo ha llegado hasta aquí. Esto es, a publicar una novela bajo un importante sello editorial como el de Blackie Books con lo que empezó siendo un post de Facebook para familia y amigos. Poco a poco, con un proceso que se ha alargado cuatro años, ese relato inicial titulado Destellos fue creciendo. A base de empeño y de las aportaciones de su entorno, Juarma hilvanó una serie de relatos que el pasado febrero se publicaron bajo el impactante título Al final siempre ganan los monstruos.

De esta manera un hombre humilde, apasionado de la literatura y el dibujo, fue dando forma a una novela coral y visceral, llena de humor, pero con un poso de cierta amargura. Un libro sobre la vida de unos chavales que no lo tuvieron fácil, pero que se enfrentan también a las consecuencias de sus propias irresponsabilidades. Una historia sobre el engaño propio y al prójimo, sobre la dificultad de escapar de los lugares, las personas y especialmente las mentiras. Y lo más importante, contada con tanta honestidad como imaginación.

PREGUNTA: Al final siempre ganan los monstruos nace de una historia que publicas en tu cuenta de Facebook. Poco a poco vas recibiendo comentarios y felicitaciones, hasta que te animas incluso a crear un grupo de lectura privado del que te has nutrido para dar forma a las historias y los personajes que se entrelazan en el libro. ¿Cómo ha sido crear de una manera tan participativa?

RESPUESTA: Fue sobre todo espontáneo, sin preparación ninguna. Desde improvisar el subir la primera historia porque me dio el ‘puntazo’ hasta improvisar la trama. Las historias eran relatos que no tenían conexión entre sí al principio y poco a poco se fue encajando todo. Como siempre digo, si lo intento hacer otra vez igual es imposible que salga. Muchas veces pienso que no tiene sentido que todo saliese tan bien. Fue un proceso muy bonito, desde empezar a escribir porque necesitaba contar algo hasta la primera edición del libro y hasta llegar a Blackie Books. Estoy muy agradecido a todas las personas que me han apoyado y me han hecho perder el miedo escénico que siempre he tenido al escribir.

P: ¿Cómo llevas ese viaje, de relatar estas historias como una afición en la que cuentas con tus amigos y vecinos a que se publique bajo el sello de Blackie Books?

R: Tendría que empezar diciendo que escribo desde muy jovencillo. Prácticamente con 14 o 15 años ya me gustaba. Lo que pasa es que soy de un pueblo pequeño y por las circunstancias escribía para mí. Me aterraba mucho enseñar lo que escribía. Decidí una cosa, que iba a escribir sin que nadie me leyera nunca. Luego la faceta creativa la desarrollaba dibujando. Para mí era más fácil y más barato hacer un dibujo y fotocopiarlo para sacarme un fanzine. Yo no tenía máquina de escribir o un ordenador, escribía en un folio con lápiz y decía “¿a qué revista mando yo un cuento así?”. Siempre he escrito, es una cosa que siempre ha estado ahí, por la que tenido ilusión y ganas. Por lo que preguntas he concreto, pues no sé, lo que te decía, es una cosa que intentas otra vez y no te sale.

P: ¿Y por qué cambias al final tu postura sobre guardarte para ti lo que escribes?

R: Hay una historia detrás tochilla. Hacía varias cosas. Hace unos años ya edité un libro de poemas que escribía en esa época [Poemas escritos a navajazos, 2017]. Pero sí que tenía el rollo de “me muero con esto y no lo va a leer nadie nunca”. Hasta que bueno, por las circunstancias, al final ha salido esto. Que es imposible de repetir, inexplicable. Si echo la vista para atrás no sabría explicar cómo he llegado a publicar una novela que esté en las librerías. El camino desde que yo quería ser escritor con 14 o 15 años hasta ahora que ha salido esto es imposible. No tiene explicación. La parte humana de todo esto es lo que más estoy disfrutando porque para mí es maravilloso. Estoy agradecido a muchísima gente, para mí es la hostia.

P: En tu proceso creativo combinaste el peso de las redes sociales con la memoria personal de Deifontes (Granada), tu pueblo. ¿Percibes que esa combinación entre ‘lo moderno’ y ‘lo de toda la vida’ se traslada a la novela?

R: El pueblo que se refleja en la novela no es el mismo que el pueblo real. Los escenarios y muchas ubicaciones son reales porque me divertía que la gente que estuviese leyendo se pensara si lo que pasa es verdad o no, jugar con eso. Los personajes son ficticios, y el decorado sí es real. El proceso de escribirlo fue con un grupo sobre todo de gente cercana. Eran familia, mi madre, mis hermanos, amigos del pueblo, algunos que he conocido con lo de los dibujos. Era un grupito de gente pequeño, muy dispar entre sí, y claro para empezar a tener su atención y que no se aburrieran tenía que empezar a meter imágenes, como el cartelito con la búsqueda del gato o el pósit que escribe el personaje de Antoñita. Intentaba engancharlos un poco con el uso de los WhatsApp o de Tinder, también para reflejar el entorno donde estábamos los que estábamos leyendo la novela. Me gusta sobre todo que refleja cosas que cualquier persona que las leyó las sentía cercanas, y en ese sentido pues está bien.

P: Encadenas los capítulos sin apenas dejar espacio entre ellos. Prescindes totalmente de las páginas en blanco, con la excepción de la separación entre el epílogo y el resto del libro. ¿Buscabas con ello reforzar la sensación de escritura descarnada, casi vomitada, que envuelve toda la novela?

R: La cuestión de la separación de los capítulos es sobre todo un tema de la editorial. Lo planteó así y me pareció chulísimo porque no te deja respirar, te tienes que meter y leerla del tirón. El tema de la estructura está construido para que los personajes te hablen como si te estuviesen hablando en una terraza del bar. Como si los estuvieses escuchando y diciendo para ti “¿qué película me está contando este?”. Mi intención era contar las cosas así sin juzgar en ningún momento a los personajes. No se mitifica un estilo de vida ni quiero idealizar cosas. La novela simplemente te está contando una cosa que pasa y te la cuenta de una manera. Y la mayoría de lo que los personajes te están contando pues son mentiras cada vez más grandes. Para mí era muy importante el tema de la mentira y cómo idealizan las cosas y cómo las adaptan para que encajen en su fantasía.

P: Lo de hablar como en un bar esta conseguidísimo, adaptas esa visceralidad para amoldarla a la voz del personaje que asume el punto de vista en cada capítulo. Modificas constante y completamente registros, tonos y percepciones, y con ello te camuflas en una historia que no te pilla nada lejos. ¿Te resulta complicado ponerte tantas máscaras al escribir?

R: Fue sencillo en el sentido de que yo estaba escribiendo para gente que conocía, y estaba ambientado en un pueblo parecido al mío. La idea era que los personajes no se pareciesen a nadie real. A raíz de eso, se construyeron un poco solos al tener que diferenciarlos entre ellos mismos y entre las personas que participaron en el Club de Lectura. Salía un poco natural, al tener en cuenta todos esos factores tirabas por un lado. ¿El Liendres por qué es así? Pues porque salía solo, no pensaba que podía llegar a ser gracioso ese personaje. Era siempre una cuestión de jugar y tener a la gente enganchada, y cuando tuve claro que iba a hacer una historia y no relatos sueltos pues terminarla. Porque si te fijas el libro empieza contando una historia de amor en la ciudad que acaba en la página quinta. La parte más complicada fue encajarlo todo, que encajara como un puzle y transmitiera algo que toque.

P: En la identidad de cada una de estas máscaras cobran una importancia vital los nombres y los motes. Tú mismo firmas el libro de manera anómala, anteponiendo tu apodo a tus apellidos. ¿Cómo das con el nombre adecuado para cada personaje y qué importancia le das a esta elección?

R: Bueno, el tema de Juarma es que llevo muchos años dibujando, haciendo publicaciones para mí, y era como la firma del dibujante. Sobre los motes, en esta edición se han recortado algunas partes y ya no salen con sus motes en el capítulo final todas las personas que participaron, una cosa bastante divertida porque conseguí encajar a 75 personas en un capítulo sin que resultara pesado leerlo. Al terminarlo me iba a explotar la cabeza. También es muy importante que ese lío de nombres realmente dice mucho. A veces estás hablando bien con una persona y la llamas por su nombre de pila, y ya si te molesta un poquito le dices el mote. La idea era trasladar eso que veo con mis amigos en el pueblo a un libro. Al principio te puedes perder un poquito al no saber cuántos personajes son o cuántas personas están hablando, pero yo creo que luego se pilla rápido. Yo no sé cómo, pero al final todo encaja.

P: La coca es probablemente el eje principal de Al final siempre ganan los monstruos. Carcome la vida de los personajes, pero de un mondo mucho más complejo, ambiguo y finalmente demoledor de lo que suelen mostrar discursos aleccionadores o celebratorios. ¿En qué momento decides situarla como punto central de la novela? ¿Le diste muchas vueltas a cómo tratar la drogadicción?

R: Realmente yo no quería escribir una historia sobre la coca, y de hecho para mí no es una historia sobre ello. Al final siempre ganan los monstruos va sobre no tener esperanza, sobre no tener futuro, sobre la mentira. El tema es que cuando empecé a escribir y unir los relatos me di cuenta de que lo que tenían en común los personajes era ese modo de vida, hacerse polvo de esa forma. Así que fui tirando un poquillo de ese hilo hasta el final, pero realmente es algo que no está buscado ni está planteado de antemano. Lo único que sí había casi desde el principio es el robo de una plantación de marihuana, que ya sale en uno de los primeros capítulos.Pero ya digo, mucha gente que está leyendo el libro me comenta de lo que va: crecer, madurar, equivocarse. Del amor incondicional que te da la gente que te quiere, aunque no te lo mereces.

P: Lo que sí está presente es el constante aire de tragedia que suele envolver estas historias, con ciertos pasajes en los que se concatenan las desgracias. El destino de otros personajes, como venos en el epílogo, es menos drástico, pero aun así incierto y desolador. ¿Ves el mundo en el que vivimos de la misma manera, abocado a un porvenir bastante negro?

R: Supongo que cuando vas cumpliendo años te das cuenta de que la vida a lo mejor no era lo que esperabas, que las situaciones no tienen una solución tan fácil como pensabas. La novela tiene partes muy trágicas, pero también mucho de humor, te intenta hacer reír y emocionar. Sobre los personajes, en el caso de Dani vemos que no puede escapar de ciertas cosas. Además, tiene sus secretos, que aquí no se exploran, pero si todo saliera bien terminé otra cosa en la que lo cuento en dos líneas. Luego el Liendres, por ejemplo, sí ha encontrado algo para tirar para adelante, aunque haga el tonto de vez en cuando porque no lo puede evitar. A mí me gusta pensar que siempre hay esperanza, que siempre puedes tener formas de salir hacia adelante con lo más cercano que tienes: tu familia, tus amigos. Hay muchas cosas de las que puede haber escapatoria, aunque hay otras que te las planteas y mucha salida no le ves: el tema del trabajo, de tantas injusticias, de tanta desigualdad. Lo piensas un poquito y te dan ganas de o echarte a llorar o reírte. Y aunque mucha gente me está diciendo “me he hinchado de llorar”, también me comentan “me he hartado de reír” o “he terminado el libro y parecen que son mis amigos”. Para mí eso es maravilloso.

P: En muchas de tus obras los personajes utilizan el lema ‘Libertad para lo mío’. ¿Cómo resumirías esta forma de vida?

R: Es una cosa que empecé a usar muchos años en los tebeos, y se lo puse de título a uno de ellos. Es la filosofía de algunos personajes que no ven más allá de sus narices, que quieren cosas solo para ellos y a los demás que les jodan. Te ríes porque lo piensas y detrás de cualquier argumento serio o cualquier parrafada lo que están diciendo es “venga, esto para mí y que los demás se busquen la vida como puedan”.

P: No sé si pensabas en alguna referencia literaria concreta cuando comenzaste a escribir la historia, o si surgieron autores y autoras en el Club de Lectura. ¿Tenías algún referente concreto en la cabeza?

R: Me gusta leer tebeos, novelas, de todo. Empecé a escribir el libro en agosto de 2017 y luego en octubre fue cuando la cosa empezó a marchar. En mayo de ese año, estaba yo en la temporada de la cereza en Francia, y me llevé unos libros. Un amigo me regaló uno de Donald Ray Pollock. Me leí un par de textos y están también ambientados en un sitio, es una cosa muy local, muy salvaje. Me saltó un poco la chispa y pensé que si alguna vez me ponía a escribir me gustaría tirar de lo que conozco, de mi pueblo y de mi ambiente. Aunque luego cojo cosas que escribí con 19 o 20 años y se me parece mucho, no he evolucionado que digamos.  Pero vamos, en todas las entrevistas me preguntan si he tomado de referencia alguna película o alguna serie y yo pienso “Macho, ¿no leéis las crónicas de sucesos de la prensa local?”. Se me está haciendo un poco raro estos días dar referencias porque lo que yo hago es contar el mundo que veo como si quedamos mañana a tomarnos una cerveza. Luego es verdad que por ejemplo el tema de escribir en primera persona siempre me ha llamado la atención desde que leí de chaval a Mohamed Chukri. Me impactó mucho por su forma de escribir tan descarnada, te hablaba directamente. Para mí al contar una historia en tercera persona se quedan un poco más frías las cosas. La primera persona, además si los personajes te están contando una mentira increíble, me resultaba más cómoda, más fluida y más divertida.

P: Además de escritor eres ilustrador. Se te podría catalogar como eso que ahora se tiende a llamar ‘artista multidisciplinar’. Pero todo ello lo compaginas con tu trabajo, que es lo que te permite tirar para adelante. ¿Te ves viviendo del arte?

R: No sé, a mí lo que de momento me preocupa es que se vendan los libros que hemos sacado y que no se les queden cajas en un almacén. Me da mucho miedo, he hecho tiradas de tebeos de 700 copias como mucho que se vendían muy rápido, pero no es comparable. Por mis circunstancias yo tengo los pies, hasta las rodillas, en el suelo. No me voy a venir arriba ni nada. Para mí sería precioso que el libro le gustase a la gente, que lo entendieran y no tuvieran prejuicios de quién soy ni de dónde vengo porque puede dar la impresión de que me he caído de un árbol y ha salido un libro. Lo que pasa es que no se lo he dicho a nadie y lo hacía para mí. Para mí sería bonito poder contar más cosas, ojalá. Pero bueno que si no se puede seguiremos intentando tirar para adelante y sacando cosas de la mejor forma posible.

 

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