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Los Oscar del covid-19 hacen historia más allá de la pandemia con una celebración de la diversidad

  • Chloé Zhao se convierte en la primera mujer racializada en ganar el premio a mejor dirección por Nomadland, vencedora de una gala muy repartida
  • Sin presentador, y desprovista de actuaciones y sketches, los discursos de los galardonados fueron los protagonistas en una ceremonia deslucida
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Publicada el 26/04/2021 a las 10:32 Actualizada el 26/04/2021 a las 13:34
La cineasta Chloe Zhao recoge el Oscar a mejor dirección por 'Nomadland'.

La cineasta Chloe Zhao recoge el Oscar a mejor dirección por 'Nomadland'.

EP

Los de 2021 iban a ser, sí o sí, unos Oscar históricos. En primer lugar, por lo obvio: celebrados —pese al retraso de dos meses— en medio de la pandemia, con estrictas medidas de seguridad y la asistencia solo de nominados y su círculo más estrecho, la gala del domingo afrontaba el reto de reproducir el glamour de los premios de la Academia de Hollywood en un entorno hostil. En segundo lugar, y más importante, por la diversidad en las nominaciones: entre los candidatos a las distintas categorías, este año había 70 mujeres, todo un récord, y los creadores racializados habían sido reconocidos tanto en las estatuillas de interpretación —eran 9 de los 20 candidatos— como en otras áreas en las que no habían tenido representación, como dirección o maquillaje y peluquería.

Y algunos de los premiados quedarán en la memoria más allá de las mascarillas: la cineasta chinoamericana Chloé Zhao se convertía en la segunda mujer en ganar mejor dirección —Kathryn Bigelow lo hizo en 2010 por En tierra hostil— y la primera mujer racializada en hacerlo —había sido también la primera nominada—. Así, Nomadland, una película independiente de bajo presupuesto, a caballo entre la ficción y la no ficción, se convertía —como estaba previsto— en la ganadora de la noche, con las estatuillas de mejor película, dirección y actriz protagonista para Frances McDormand. En el otro extremo, Mank, el filme de David Fincher producido por Netflix, ganaba solo en dos de sus diez candidaturas, pese a ser el más nominado.

Para respetar la distancia de seguridad evitando las butacas vacías, los Oscar habían abandonado el tradicional Dolby Theatre por Union Station, la espectacular estación de tren art déco que preside el centro histórico de Los Ángeles. Desde ahí, los premiados accedían a un pequeño escenario que quedaba lejos de la habitual espectacularidad de las galas. Sin nadie que presentara la ceremonia, por tercer año consecutivo, y sin apenas sketches o actuaciones que hilaran la recepción de premios, los discursos de los galardonados ocuparon la gran mayoría del tiempo de emisión —para bien o para mal, este año no había orquesta que limitara el tiempo de los homenajeados—. La actriz Regina King fue la responsable de abrir la ceremonia, y no dudó en incluir en su breve discurso la reciente condena del agente de policía Derek Chauvin por el asesinato de George Floyd en mayo de 2020.

Algunos logros y una sorpresa

Habría más ocasiones para regresar a la conversación por la igualdad que ha redoblado fuerzas en el último año. Mia Neal y Jamika Wilson se convertían en las primeras mujeres negras en ser premiadas en maquillaje y peluquería, por su trabajo en La madre del blues, una película con un equipo mayoritariamente negro, y Neal aprovechaba su discurso para hablar del racismo sufrido por su abuelo, que la crió. (Junto a ellas, subía al escenario el español Sergio López-Rivera, tercero en este equipo). Daniel Kaluuya, mejor actor de reparto por interpretar al líder de los Panteras Negras Fred Hampton en Judas y el mesías negro, recordó a este referente de la lucha antirracista en su discurso: “Al presidente Fred Hampton... Qué hombre, qué hombre. Qué afortunados somos de haber vivido en un momento en el que él existía. (…) Huey P. Newton, Bobby Seale, el Partido Pantera Negra me enseñaron cómo amarme a mí mismo”.

Youn Juh-jung, la enternecedora abuela de Minari, se hizo con el galardón a mejor actriz de reparto por delante de Glenn Close, que pasaba a igualar a Peter O'Toole como intérprete con más nominaciones sin premio, ocho en total. Youn se convertía en la primera coreana en ganar un Oscar de actuación —en Estados Unidos viven ahora más de un millón de inmigrantes coreanos— y la segunda actriz asiática en hacerlo, algo que no ocurría desde 1958. Su discurso fue uno de los más aplaudidos de la noche, y también un alivio cómico en medio de la gravedad: “No creo en la competición. ¿Cómo puedo ganarle a Glenn Close? He visto tantas de sus actuaciones. He tenido suerte, he tenido más suerte que tú”. No parece cuestión de suerte la relación de amor de Frances McDormand y la Academia de Hollywood: con su Oscar por Nomadland, el tercero como mejor actriz tras Fargo y Tres anuncios en las afueras, solo tiene por delante a Katharine Hepburn, que ganó cuatro.

La gran sorpresa de la noche fue la victoria de Anthony Hopkins como mejor actor protagonista por El padre, donde interpreta a un hombre que sufre demencia. Todas las apuestas daban como ganador a Chadwick Boseman, de manera póstuma —el creador falleció en agosto a los 43 años por un cáncer de colon—, por su trabajo en La madre del blues, hasta el punto de que los productores de la gala trasladaron la entrega de este galardón al final de la ceremonia, un lugar que suele ocupar el de mejor película, para terminar la noche con un esperado homenaje al intérprete. Pero en lugar de un emocionante final, los Oscar de 2021 tuvieron uno truncado: a la sorpresa se añadía el hecho de que Hopkins, que con 83 es ya el ganador más mayor en recibirlo, ni siquiera estaba en Los Ángeles. Sin nadie que condujera la gala, tampoco había nadie que recogiera este momento y la diera por concluida, con lo que el cierre resultó, además de abrupto, algo confuso. 

¿Y en 2022?

“Ha sido un año especial, y estamos aún en medio de todo esto. Hemos llorado la pérdida de tantas personas, y, tengo que ser honesta, si las cosas hubieran ido de otra forma la semana pasada en Minneapolis, quizás habría cambiado mis tacones por botas de batalla”, decía Regina King en la breve intervención que hizo las veces de discurso de apertura. Sin duda los Oscar, como tantas otras cosas desde marzo de 2020, han estado marcados por la excepcionalidad. Y es precisamente esta excepcionalidad la que impide que muchos celebren como querrían los logros en materia de representación y diversidad, no solo de los nominados, sino también de las películas contendientes de esta edición. Esta inclusión de los márgenes, ¿es una excepción, una especie de concesión de los grandes estudios? ¿En 2022 volverá todo a la normalidad, esa que da prevalencia a las películas sobre hombres blancos por hombres blancos, pese a que Hollywood y el país que describe dejaron hace tiempo de responder a esa homogeneidad cultural?

Había otro fenómeno del que preocuparse, además de la crisis sanitaria pero asociado a ella. “Hoy estamos aquí para celebrar. Este ha sido un año muy duro para todos, pero nuestro amor por las películas nos ha ayudado a superarlo. Nos hizo sentirnos menos aislados y nos conectó aunque estuviéramos lejos”, señalaba King. Pero, aunque esto pueda ser verdad, la realidad es que, con los cines cerrados durante buena parte del año en todo el país, las películas nominadas han sido de las menos vistas de la historia de los Oscar: en el momento de la ceremonia, Nomadland había recaudado 6,5 millones de dólares en todo el mundo, frente a los 39 millones que Parásitos, la ganadora del pasado año, había hecho en taquilla cuando ganó sus cuatro Oscar—. En su discurso de recepción del premio a mejor película, McDormand, también productora del filme, hizo una defensa breve pero acalorada de los cines: “Por favor, ved nuestra película en la pantalla más grande posible. Y un día, muy, muy pronto, lleva a todo el que conozcas al cine, hombro con hombro, en ese espacio oscuro, y ved todas las películas que han sido representadas esta noche”. Hollywood y gran parte de la industria en todo el mundo esperan que ese deseo se cumpla.

 

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