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Xabier Anduaga: "La ópera no es una cosa de señores mayores ni algo solo para ricos"

  • A sus 25 años, el tenor vasco despunta como próxima estrella internacional, pero él parece más preocupado por seguir siendo normal y por esos técnicos y artistas que llevan un año sin trabajar
  • Anduaga acaba de recibir el prestigioso International Opera Award al mejor cantante joven y estrena en junio Viva la mamma en el Teatro Real
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Publicada el 18/05/2021 a las 06:00
El tenor Xabier Anduaga, en el Teatro Real.

El tenor Xabier Anduaga, en el Teatro Real.

Javier del Real (Teatro Real)

Quizás a muchos lectores, sobre todo a los que no sean aficionados a la ópera, no les diga nada el nombre de Xabier Anduaga (Donostia, 1995). Y quizás eso cambie pronto. A sus 25 años, el tenor acaba de recibir el prestigioso premio International Opera Award en la categoría de mejor cantante joven, después de ganar el concurso Operalia en 2019. Ha debutado en la Ópera de París, en Pekín o en el Teatro Regio di Parma, y ahora le toca al Teatro Real, donde el 2 de junio se estrena como Guglielmo en Viva la mamma, de Donizetti. Hay una línea clara entre aquel niño que cantaba en el Orfeón Donostiarra y el joven que se dio a conocer en 2016, en Pésaro, con Il viaggio a Reims bajo la dirección de Alberto Zedda.

Pero nada de eso parece haberle cambiado demasiado. Anduaga será la próxima nueva estrella de la ópera, pero le brilla el orgullo en lugares inesperados: cuando habla de sus amigos, de ser normal. Entre sus preocupaciones está la dificultad de ensayar con mascarilla, sí, pero también el futuro de todos los compañeros, de los técnicos a los artistas, que llevan un año sin trabajar. Parece tener un lema personal que aquí, en los señoriales salones del Real, suena casi impropio: "No estamos en un mundo de divos". 

Pregunta. Primero el Operalia, luego el International Opera Award. ¿Siente presión después de recibir esos premios, miedo a defraudar...?

Respuesta. Los premios me dan mucha ilusión y mucha felicidad, pero también mucha responsabilidad. Al final, cambia la manera en que te ven los teatros: ya no eres aquel chaval que parecía que despuntaba a alguien que poco a poco está haciendo un camino y del que también se espera más. Esto tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. A mí no me desanima, me motiva, y la responsabilidad por ahora sé llevarla.

P. La organización de los International Opera Awards señala, en su premio al Teatro Real, la importancia de que haya permanecido activo durante la pandemia. ¿Qué cree que ha supuesto, para usted personalmente y para el mundo de la ópera, que el Real estuviera funcionando?

R. Supone, en un momento en que todo estaba cerrado —y todavía no sabemos cómo va a ser el futuro—, ilusión. Los mejores artistas del mundo están soñando con venir a Madrid porque saben que está abierto y que contamos con el apoyo de un gran teatro. Y no somos solo nosotros: en cada producción somos 10 solistas, pero el teatro no para, hay 500 trabajadores. El teatro ha apostado por la cultura pero también por el trabajo de todo el mundo. Es admirable.

P. ¿Entiende que otros teatros europeos hayan preferido permanecer cerrados, o hubiera apreciado algo más de iniciativa en ese sentido?

R. Cuando veía que las cosas se iban cancelando, lo entendía. Y a día de hoy lo sigo entendiendo, porque sé que para abrir un teatro y hacer una producción la cantidad de dinero que hay que mover es muy grande. También es verdad que al final se nos iba quedando una cara... Yo he tenido suerte, pero hay gente que lleva un año sin tener ingresos. No nos quejamos, pero hay mucha gente que vive de la ópera. Y no solo de la ópera, evidentemente, de la cultura. Parece que esto se está poco a poco solucionando en España, pero en Europa siguen igual. Me han vuelto a cancelar conciertos que estaban reprogramando en Alemania y que no se sabe ni si se van a hacer, porque ya llevamos un año aplazándolos. Da mucha pena ver teatros como la Scala cerrados, la Ópera de Berlín, París, que parece que empiezan a trabajar, Viena... Da mucha pena. Pero les entiendo.

P. Y en el mundo de la ópera hay mucha colaboración internacional. 

R. Sí. El otro día fui al teatro y en la compañía eran todos españoles. Aquí trabajamos con italianos, una compañera que es de Georgia, franceses... También es complicado eso: fui a Roma [a la Belcanto Gala de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia] hace unas semanas, y si pasaba más de 120 horas allí tenía que hacer cuarentena. Pero tenía 3 días de ensayos, lo que significaba que para esos 3 días tenía que pasar 15 en Italia. Al final pudimos arreglarlo, pero está siendo complicado trabajar.

P. ¿Cómo afecta al trabajo de ensayos y a la parte creativa las restricciones por el coronavirus los ensayos, en una ópera como Viva la mamma?

R. Ensayamos con mascarilla, y es como si un atleta le estuvieran agarrando con una cuerda mientras corre. Cuando ya has hecho una ópera muchas veces, los músculos saben lo que tienen que hacer cuando llega el momento de cantar, pero cuando haces una ópera que no has debutado, como en este caso, tienes que probar sensaciones en el teatro. Con la mascarilla es inviable. Desde luego, es la única manera de poder ensayar con seguridad, pero es complicado.

P. ¿Y cómo afecta eso al resultado?

R. Para cantar, hay que tener clarísimo cuál es nuestra manera de respirar. Para cada frase, hay un trabajo de respiración. Con mascarilla, la primera respiración la puedes hacer medio bien, pero a la segunda respiras a la mitad de tus capacidades. He llegado a estudiar con mascarilla en casa para acostumbrarme, pero no es lo mismo: pierdes respiración, no te oyes bien, y empiezas a hacer lo que los cantantes llamamos empujar, que es dejar de cantar con la técnica y empezar a cantar con lo que puedas. Pero repito que es lo que hay. Si todo es eso, pues oye...

P. Decía en una entrevista que lo que más le gusta es “ser normal”. ¿Cómo se mantiene la normalidad cuando, con su edad, está entre la élite de la ópera?

R. Los mejores cantantes con los que he estado son los más normales, los que menos dirías que son cantantes de ópera. Cuando subo a un escenario me convierto en una máquina de cantar, de hacer disfrutar, me convierto en lo que tengo que ser. Pero cuando me bajo del escenario soy como era hace siete años, cuando estaba con mis amigos, jugaba al fútbol, veía un partido e iba al cine. Cuanto más piensas que estás en primera línea, con los mejores, más te estresas, intento evitarlo. Eso de ser normal es lo que me han enseñado en casa toda la vida. Y no por ser más o menos conocido quiero cambiar. No lo digo porque quede bien en el papel, sino porque lo siento así, y quien me conoce lo sabe.

P. ¿Mantiene el contacto con sus amigos del Orfeón Donostiarra, con los que empezó a cantar?

R. Son mis mejores amigos. Cantar con ellos después de una cena me hace la misma ilusión que antes. No lo pienso perder nunca, son personas con los que he vivido cosas que me hacían muchísima ilusión, y ellos entienden muy bien lo que es la música. Además son los que más normal me hacen ver todo esto: no les tengo que explicar nada, como a lo mejor sí tengo que explicárselo a otras personas que no conocen este mundo, cuando estoy con ellos soy yo y punto. Sí les cuento con quién estoy cantando, porque les hace ilusión. Alucinan con los últimos años de mi carrera, y celebramos juntos.

P. ¿Qué se lleva de sus personajes, qué le interesa de ellos a nivel psicológico?

R. No sé si tanto de los personajes como construirlos en ensayo. Eso es lo que me hace entender cosas de la vida y evolucionar como persona. La Cenicienta la he hecho siete veces, y cada vez que la he hecho estaba en un momento de mi vida y la he interpretado de una manera diferente porque me sentía diferente. Al final te das cuenta de que has crecido, y lo que pensabas que era un príncipe que se enamoraba de una chica ves que hay mucho más detrás. Te vas curtiendo.

P. En Viva la mamma se habla de la ópera, aunque sea desde la farsa, y se juega con algunos estereotipos operísticos, como el de la diva y los grandes egos. ¿Qué hay de verdad y qué hay de verdad en esa concepción de la ópera como un espacio elitista en el que se mira por encima del hombro?

R. Es verdad que antes existían muchos de los estereotipos que se ven en esta ópera: la prima donna, los piques... Hoy en día no veo eso. Obviamente, te puedes encontrar de todo, pero como en la vida misma. Puedo entender por qué se considera elitista a la ópera: por el precio de la entrada, aunque muchos teatros, como el Teatro Real, tienen opciones para jóvenes, y por una cierta imagen de lo que es un cantante. Pero a quienes lo piensen les diría que se fijen en alguien como yo, que soy normal, y que tengo 25 años, no tengo 120, como la gente piensa que tienen todos los cantantes. No vamos por la calle vestidos de frac. Probablemente quienes piensan eso se están tomando una cerveza en la misma terraza que yo, sin darse cuenta de que ellos hacen su trabajo y yo el mío. No sé cómo podríamos hacer para que la gente se dé cuenta de que la ópera es... como el teatro. ¿A qué vas? A disfrutar, sin pensar quién es quién o si lo vas a entender. Pero hay que tener la mente abierta. Y según la dirección de escena te puedes encontrar cosas muy modernas, cosas que a mí mismo me parecen muy arriesgadas. La ópera no es una cosa de señores mayores ni algo solo para ricos. Eso ha cambiado y lo seguiremos cambiando: para mí es importante dejar claro que no estamos en un mundo de divos, y menos ahora con la pandemia.

P. ¿Cuál cree que debe ser el papel de la ópera en el futuro inmediato, qué puede aportar?

R. Para empezar, seguridad. Ir adelante poco a poco viendo que se puede ir hacia una normalidad de manera segura. Aquí estamos con mascarilla, con distancia de seguridad, con geles por todas partes. No es lo mismo que en otros ámbitos. Soy aficionado absoluto al fútbol, pero se habla de abrir campos de fútbol... y a mí, conociendo lo que conozco del fútbol, me parece muy complicado. Yo soy el primero que si marca un gol mi equipo me voy a abrazar con el que tenga al lado, casi de manera automática. En la ópera, cuando el tenor da un agudo, no se abraza la gente. Ir a la ópera es una manera de ir recuperando la vida, haciendo cosas que hace un año parecían inviables, pero de manera segura. Aparte de cultura, obviamente, que todos la necesitamos. Es importante seguir manteniendo la conexión entre el teatro y la gente, pero para eso tiene que venir la gente.

P. Y pensando en el futuro pero a nivel personal: ¿personajes soñados?

R. Tengo muchos. Si me tiro a la piscina, diría que Rigoletto, aunque me tiren piedras por todas partes por decirlo, pero hay que ser sincero. Pero hay que ir viendo cómo evoluciona la voz. Yo ahora mismo me siento bien con el repertorio que hago, con Donizetti, con Bellini, incluso con Mozart y Rossini, pero me gustaría ir abriendo nuevos horizontes. La voz lo irá diciendo. Todos los tenores quieren cantar Rigoletto o La traviata, y yo no te voy a decir que no, por mucho que sepa que tengo que esperar.
 

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3 Comentarios
  • MPAC MPAC 23/05/21 16:36

    La ópera no entiende de ricos o pobres, lo que la ópera entiende es de cultura, y mucha!
    Se puede asistir a una ópera al mismo precio de una entrada de futbol o un concierto de música pop(ulista) . Y esto no es anecdótico, es reflejo de una sociedad muy poco culta por mucho que nos duela decirlo.

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  • leandro leandro 20/05/21 22:05

    La ópera es una cosa para señores mayores y para gente rica . Lo demás es anecdótico .

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  • Excomulgado Excomulgado 18/05/21 18:04

    "La ópera no es una cosa de señores mayores ni algo solo para ricos"

    ¿Cuantos carteles de próximos conciertos de opera han pegado en Puente de Vallecas?

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