LOS FALLOS DE LA RECUPERACIÓN

Los cuatro motivos que usan las empresas para pagar ahora peor que en 2008

Los empleos de la recuperación están peor pagados que los anteriores a la crisis.

La recuperación económica ha creado medio millón de empleos anuales desde 2014. Pero esos nuevos puestos de trabajo han venido acompañados de salarios un 12% más bajos que en 2008, incluso un 14,4% más escasos si se trata de contratos de entrada en el mercado laboral, los que firman los jóvenes. El cálculo lo ha hecho Daniel Fernández Kranz, profesor del IE Business School, utilizando la Muestra Continua de Vidas Laborales, que incluye datos del 4% de la población ocupada o perceptora de prestaciones de la Seguridad Social. Su conclusión, publicada en un artículo en los Cuadernos de Información Económica de Funcas, la fundación de las cajas de ahorro, es clara: “El mercado laboral español está retribuyendo peor que antes el mismo tipo de empleo”.

Fernández Kranz ha analizado las causas de esa reducción salarial, que afecta a quienes perdieron su empleo durante la crisis y encontraron otro con la mejoría económica, pero también a quienes se estrenaban en el mercado de trabajo. De forma que la brecha entre los asalariados que conservaron su puesto y quienes fueron despedidos y han podido reincorporarse ha aumentado 14 puntos porcentuales entre 2008 y 2013. Entre 2014 y 2015 ese diferencial sólo se ha recortado dos puntos.

A juicio del profesor del Instituto de Empresa, la principal razón de este descenso salarial es lo que llama factor precio. Ni el tipo de contrato, ni de jornada laboral ni las características del puesto de trabajo o de la empresa, ni el sector en que se crea el empleo son realmente significativos. Por el contrario, Fernández Kranz atribuye el recorte en los salarios pagados por las empresas a tres factores. El primero, la “lamentable situación del mercado de trabajo”, con 3,73 millones de parados, Según la Encuesta de Población Activa (EPA), la tasa de desempleo aún está en el 16,7%,: duplica la media en la zona euro –8,8%– y cuadriplica las de Alemania y Reino Unido. En Francia está en el 9,4%. El segundo, la reforma laboral, que “otorga una mayor flexibilidad a las empresas”, con descuelgues salariales de los convenios y otras medidas. La combinación de ambos, una enorme oferta de mano de obra y un marco regulatorio que ha desprotegido a los trabajadores, merma el poder negociador de las plantillas y permite a las empresas pagar menos por el mismo trabajo, explica.

Si se les añade un tercero, la globalización y el aumento del peso del sector exportador, que empujan a favor de una mayor competitividad en los salarios, se genera una “tormenta perfecta”, destaca Fernández Kranz, que se ha cebado con los salarios. Es más, la desigualdad salarial comienza a despuntar en 2012, como resultado de la reforma laboral, pero se dispara en los dos años siguientes, cuando aumenta la creación de empleo.

Los ingresos anuales caen más que los mensuales

Porque si la atención se fija en los ingresos anuales de los nuevos contratados, aparece un cuarto factor. Aquéllos eran en 2015 un 22,6% inferiores a los de 2008. El motivo estriba fundamentalmente en que estos asalariados habían trabajado menos días a lo largo del año. En el caso de los contratos de entrada en el mercado laboral, el recorte anual es aún mayor, de un 33% respecto a 2008. Es decir, los nuevos contratos son más inestables y duran menos, por lo que abocan a muchos trabajadores a pasar por periodos de paro intermitentes periodos de paro intermitentesy sus ingresos anuales se resienten.

Según los datos de la Agencia Tributaria, 3,14 millones de personas pasan parte del año empleados y parte en el paro. Y un total de 8,41 millones, el 47,05% de los asalariados, no se llevan a casa más de 1,5 veces el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que el año pasado estaba fijado en 9.172,8 euros anuales en 14 pagas. Buena parte de ellos tienen estos exiguos ingresos precisamente porque no consiguen trabajar durante los 12 meses del año.

También porque los contratos a tiempo parcial han despuntado con la crisis, potenciados por los cambios de la reforma laboral. Sin embargo, Fernández Kranz relativiza la penalización que el trabajo a tiempo parcial puede suponer en la reducción salarial sufrida por los nuevos contratos poscrisis. En todo caso, presiona la mitad que la conjunción de los tres grandes factores antes citados. El profesor de la IE Business School igualmente descarta culpar al predominio del empleo temporal. “En eso no ha cambiado nada el mercado de trabajo, antes de la crisis los contratos también eran temporales en su mayoría”, abunda. Lo mismo ocurre con la distribución por sector de los nuevos empleos. No se están creando en sectores con salarios bajos, rechaza, sino más bien al contrario: los trabajadores han huido de la construcción y han pasado a los servicios, donde al tiempo que se generan empleos de baja cualificación también se multiplican los de altas exigencias.

El subempleo y el hecho diferencial español

La presión que el aún elevado número de desempleados ejerce sobre los salarios de quienes trabajan es tan significativa que se convierte en el factor diferencial español respecto al resto de los países desarrollados, donde las nóminas tampoco viven sus mejores días. “Es una tendencia global”, admite Daniel Fernández Kranz. En EEUU los salarios no remontan, pese que su tasa de paro es mínima. Lo mismo ocurre en Reino Unido. Según el Banco de España, en el área del euro crecen alrededor del 1,5%, por debajo del promedio histórico, y en Japón están en el entorno del 0%.

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El supervisor español culpa de esa atonía salarial a la existencia de un volumen cada vez mayor de trabajadores subempleados –con contratos a tiempo parcial y temporales no deseados— que deja pequeña la cifra oficial de parados y tira hacia abajo de los sueldos.

Es la tesis abonada también por el Banco Central Europeo (BCE). El organismo ha empezado a elaborar una tasa de paro ampliada que incluye a los desanimados, los subempleados a tiempo parcial y los no disponibles. Según sus mediciones, el 18% de la población activa de la zona euro se encuentra en esas infracondiciones laborales, un porcentaje que dobla el de la tasa oficial de paro. El BCE advierte de que una cifra tan elevada supone un freno a la subida de los salarios. No sólo porque la productividad es baja, sino también porque los trabajadores a tiempo parcial y temporales tienen menos poder para presionar a favor de subidas salariales en la negociación colectiva.

Pues bien, en España, donde el desempleo multiplica por cuatro el estadounidense y, sumado al subempleo, puede alcanzar el 35% de la población activa, el desplome salarial se ha agudizado en comparación con el resto de los países más desarrollados. “Y no revertirá hasta que baje la enorme tasa de paro”, avanza Daniel Fernández, para quien el aumento de los sueldos “tendrá que venir, si viene, por el lado de la productividad y creando puestos de trabajo en sectores que paguen más; en aquellos sectores y contratos de baja cualificación, lo veo muy difícil en el corto plazo”.

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