Economía

La economía española crece sin Gobierno con el piloto automático del BCE y gracias al consumo interno

La economía española crece sin Gobierno con el piloto automático del BCE y gracias al consumo interno

“No es la primera vez que hay incertidumbre en España, pero la mejora de las previsiones se basa en datos sólidos, claramente la economía española se está comportando mejor y sigue haciendo progresos. Y yo me alegro de ello”, subrayó el comisario de Asuntos Económicos Pierre Moscovici cuando el pasado miércoles anunció que la Comisión Europea aumentaba dos décimas el pronóstico de crecimiento para España este año. El bloqueo político y la amenaza de unas nuevas elecciones a la vuelta del verano, esa incertidumbre que en teoría espanta la inversión y acobarda a los mercados, parecen no hacer mella en la economía nacional.

En el primer trimestre el PIB creció un 0,7% y para el conjunto del año la previsión del Gobierno era, hasta ahora, alcanzar el 2,2%, un porcentaje que también subirá tras el anuncio de Bruselas. Sólo Irlanda superará el alza del PIB español entre los grandes países de la UE: Alemania está casi estancada, con un 0,5%, lo mismo que Italia –0,1%–, mientras que Francia se quedará en el 1,3%, siempre según los cálculos de la Comisión Europea. La ralentización de la economía global es mucho más dulce en España.

Y ello pese a que desde marzo no hay Gobierno –permanece en funciones– y será difícil que lo haya antes de septiembre. Las administraciones públicas, además, llevan funcionando 14 meses con unos Presupuestos prorrogados.

“Eso da igual, afecta menos de lo que se cree. El BOE es una herramienta muy potente, pero también contamos con la vigilancia desde Bruselas”, replica el analista económico Juan Ignacio Crespo. Con él coinciden todos los expertos consultados por infoLibre al respecto. “El BCE es más influyente”, apunta el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona Josep Oliver, quien considera “razonable” el buen comportamiento de la economía española pese a la desaceleración mundial. La responsabilidad se la atribuye a un conjunto de factores. “La economía está más terciarizada ahora que hace 10 años: entonces los servicios representaban el 65% del PIB y del empleo, y ahora alcanzan el 75%, por encima de la media de la UE”, explica. Y el terciario genera más empleos por unidad de valor añadido que la industria u otros sectores. Como además de aumentar la ocupación, los salarios están creciendo por encima de la inflación, la renta de las familias también avanza. Sin olvidar que los intereses que soportan ahora están en mínimos históricos. “De los 40.000 millones de euros que pagaban al año en intereses han pasado ahora a sólo 4.000 millones, la décima parte”, precisa. Una política fiscal ligeramente expansiva, un saldo exterior neutro y el turismo en espléndida forma terminan por configurar un paisaje de bonanza económica que parece blindado ante la incertidumbre política.

Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef y director de Estudios Financieros de Funcas, considera no obstante que España no es en absoluto “inmune” al bajo estado de ánimo mundial, pero sí cree que, al igual que Portugal, ha “hecho mucho más” para corregir desequilibrios que otros países de su entorno. De ahí que mantenga su atractivo para la inversión extranjera. “Y tiene una inercia de sociedad avanzada, con un Estado del bienestar que ayuda mucho, que permite un funcionamiento casi automático de las instituciones y de la economía”, asegura.

Josep Oliver lo refrenda cuando advierte de que tendría que producirse un “choque exterior” para que se malograra el momento virtuoso de que disfruta hoy la economía española. “Su solidez es mucho mayor ahora que hace siete años, gracias a que el sector privado se ha desendeudado en unos 700.000 millones de euros y ya está al nivel de la media comunitaria”, apunta. “Si le añades que el Banco Central Europeo (BCE) te da viento de cola, y continuará haciéndolo… mientras te financia la deuda pública es difícil que te pueda ir mal”, resume.

El 'euro español '

Tanto Juan Ignacio Crespo como Oliver destacan que España va camino de llevar siete años de crecimiento por encima del 2% anual, todo un ciclo. Aunque el catedrático catalán precisa que se trata de un “fenómeno general en la Unión Europea”, igualmente basado en el consumo privado y la demanda interna; eso sí, intensificado en España por un sector turístico mucho mayor y en plena racha.

En cambio, Juan Ignacio Crespo es menos entusiasta con las nuevas cifras macroeconómicas. “Apenas son unas décimas [el aumento de la previsión del PIB], no ha ocurrido nada extraordinario que justifique la mejora”. “Es una casualidad, una fantasía”, recalca el analista, quien también habla de “inercia”: las exportaciones o el buen año turístico, por ejemplo, ya se han repetido otros años. “Los bancos centrales aciertan cuando la economía se expande, aciertan con los procesos inerciales, pero para detectar los cambios de ciclo son igual de malos todos”, critica.

A su juicio, es posible que la causa de ese mejor comportamiento español respecto a otros países europeos se deba a que el euro español se encuentre infravaloradoeuro español respecto al resto: el valor de la moneda única en España respecto al que tenía en 1999, cuando nació, se ha depreciado. En la zona euro la media de esa devaluación es del 10%, indica Juan Ignacio Crespo haciéndose eco de los cálculos del BCE. “También le ocurre al euro alemán, por eso los alemanes compran poco y venden mucho”.

El problema es el medio y largo plazo

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Cuestión distinta es si el buen momento económico va a durar. “A medio plazo, si no aumenta la productividad y mejora el nivel de vida medio, se presentarán otros problemas”, advierte Josep Oliver. Por eso reclama un cambio en el modelo de crecimiento. “Debería ser más industrial y productivo, y tiene que permitir un avance real de los ingresos por persona”, apremia el economista. Aún faltan un millón de empleos para recuperar los que había en 2007, recuerda, y sigue habiendo tres millones de parados. Por eso cree que la economía española debería aprovechar la ayuda del BCE –con unos costes de financiación de la deuda pública nunca vistos–, unos precios del crudo contenidos y la demanda interna aún con margen de crecimiento, para acometer las “reformas pendientes”. El catálogo que enumera es amplio: un sistema educativo e infraestructuras que mejoren la competitividad y un sector público que genera un déficit excesivo porque su nivel de ingresos es bajola presión fiscal es la menor de la UE sólo detrás de Rumanía y Bulgaria, destaca– pero con gastos cada vez mayores por el aumento tanto del número de pensionistas como de la cuantía de la pensión media.

Para semejante tarea “la tensión política no ayuda en absoluto”, concluye Josep Oliver, por lo que insta a lograr “consensos de Estado pensando en la España de 2030”. “La globalización, la robotización, la desigualdad y el envejecimiento no van a parar”, advierte. Santiago Carbó también pide un “Gobierno de amplio consenso” capaz de aprobar reformas que aumenten la productividad. “La incertidumbre sí que tiene efectos en el largo plazo”, asegura el catedrático de Cunef, que pone el foco igualmente en el necesario impulso de la innovación y la digitalización. “Y para ello hacen falta unos presupuestos”.

Juan Ignacio Crespo alerta, además, de que este momento dulce de la economía no va a durar mucho y “antes o después” la desaceleración en la UE, aunque sea suave, “terminará impactando en el consumo interno”. “Alemania ya está estancada, y es clave”, sostiene, “España lo notará en el turismo, lo mismo que la caída de la libra”. Santiago Carbó está de acuerdo en que la desaceleración “fuerte” no ha llegado aún y puede que ni se acerque si los bancos centrales siguen bajando los tipos de interés. De momento y con una coyuntura favorable, España apenas la nota, precisa, pero el problema grave lo sufrirá, si no está preparada, cuando se produzca el frenazo de verdad.

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