Historia de una canción

'Porque te vas', la canción que lanzó a Perales al escenario: “Yo no quería cantar, era feliz componiendo bajo una higuera”

“Yo no quería cantar, a mí me gustaba escribir canciones”. Hasta que un día, en la soledad de su casa de campo en Castejón (Cuenca), José Luis Perales compuso Porque te vas. Fue la canción que lo cambió todo. Y no solo porque fuese versionada hasta en japonés, vendiese millones de copias y le sigan solicitando autorizaciones para grabarla. Sino porque, sin ella, jamás habríamos conocido al Perales que es hoy: el que compuso algunas de las grandes canciones de Julio Iglesias, Raphael o Isabel Pantoja y que reconoce, sin pudor, que nunca quiso ser una estrella. Siempre fue un hombre de pueblo. Alguien que, al final de esta entrevista, solo con tal de agradar, pide a su hijo Pablo que le acerque la guitarra y canta improvisadamente Porque te vas como “un pequeño regalo”.

Terminan de sonar los últimos acordes de la canción que le escribió a Jeanette y mantiene intacta la mirada brillante de ilusión con la que empezó hace casi cincuenta años. Parece como si la acabase de componer, tras una tarde gris y lluviosa, y tuviese delante a su madre —su primer gran auditorio—, con la taza de café preparada para él. “Hijo, ¡qué pena que no oiga la gente estas canciones con lo bonitas que son!”, le decía con tono cálido. Por eso, cada tarde, mientras le enseñaba lo que había compuesto, ella avisaba a todas las vecinas del pueblo. Y cuando José Luis ya había empezado a cantar, se iban colando en la habitación, sigilosamente y sin hacer ruido, solo para escucharle. Él era —y sigue siendo— feliz allí: en Castejón, en su “refugio”, junto al pantano de Buendía. El lugar en el que ha compuesto casi todas sus canciones, al calor de una chimenea, y que tanto ha echado de menos durante este año de pandemia.

Era una canción tierna, sencilla, una oda a ese amor adolescente que se escapa entre los dedos. Aunque mucha gente lo desconoce, el porque de Porque te vas siempre fue motivo y nunca pregunta. Perales la escribió durante una tarde cuando Jeanette triunfaba con Soy rebelde y él seguía trabajando como delineante. No tenía ninguna esperanza de que algún día ella la cantase, pero su amigo Josele, del Dúo Yerbabuena, le ayudó a que llegase a oídos de Rafael Trabucchelli, uno de los grandes productores de aquellos años. Él produjo la canción, pero también empujó a José Luis a iniciar su carrera como cantante. “Me llamó para decirme que le gustaba mucho Porque te vas y que a ver si tenía alguna canción más. Le respondí que sí, pero que eran para mí…. ¡Y me echó una bronca...! ¡No le conocía de casi nada!”, recuerda aún sorprendido con una leve sonrisa. Trabucchelli estaba convencido de que José Luis Perales no podía guardarse esos temas para él. Que no era justo. Creía que, por muy tímido que fuera, tenía que cantar sí o sí. “Y ahí empezó mi historia como cantante, mis nervios, mis inseguridades... Y mis ganas de irme a mi casa para ser escritor y nada más”, sentencia.

"La timidez me impedía ser más alegre"

Su éxito fue repentino. Difícil de digerir para un treintañero que ni amaba la farándula ni buscaba hacerse el más rico del mundo: “¿En qué cabeza cabía que eso me iba a pasar?”, se pregunta acercando sus manos a la sien. “¡Yo no valía para eso! No lo esperaba, tampoco lo deseaba… Estaba encantado debajo de una higuera escribiendo con mi guitarra. Ese es mi mundo. El otro lo tuve que conquistar a zancadas”. Para salir victorioso de aquella conquista siempre se apoyó en Manuela, su cómplice, el amor de su vida y la protagonista de todas sus canciones de amor, que hoy le ha acompañado y le ha venido a buscar tras la entrevista. Estaban a punto de casarse cuando Celos de mi guitarra, single de su primer disco, ya sonaba en todas las radios y la avenida Corrientes de Buenos Aires amanecía empapelada con su cara: “¡Bienvenido José Luis, bienvenido a Argentina!”.

El compositor no puede olvidar cómo, al principio, en sus primeros conciertos en discotecas, se asomaba tras el telón antes de salir para ver si había mucha gente: “Estaba deseando que hubiera poca, que no hubiera casi nadie. La timidez me impedía ser más alegre y más divertido en el escenario. Si ves mis programas de televisión de hace años estoy tenso, nunca canto como debería haber cantado”. Pero, muy pronto, se vio obligado a tragarse sus nervios, sus miedos y sus inseguridades por toda la gente que empezó a depender de él: músicos, técnicos, mánagers… Y también por el cariño que, en cada concierto, le regalaba la gente.

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Perales, ‘el vecino del cuarto’

Todavía hoy, confiesa, sigue teniendo “pánico” a los escenarios: “Salgo con una responsabilidad excesiva... Siempre me pregunto: ¿Les gustará mi concierto?, ¿me aplaudirán?, ¿me verán antiguo?, ¿me verán mayor?”. Lo dice tal cual, sin ambages ni grandes rodeos. Porque si algo ha demostrado siempre es que él se proyecta tal y como es, sin trampa ni cartón. Es un hombre de pueblo, humilde, que no ha renunciado a su huerto, a su taller de cerámica y a compartir tiempo de calidad con Manuela, sus hijos y las personas que más le quieren: “Hay gente que me dice que parezco el vecino del cuarto y de alguna manera llevan razón. No tengo nada de especial. Simplemente hago una cosa que me gusta mucho y que es mi gran vocación, y estoy muy agradecido a todo el mundo que lo ha hecho posible”.

De momento, a sus setenta y seis años, solo dejará los escenarios, porque canciones y novelas le quedan muchas por escribir. El inicio de la pandemia le pilló en México, en medio de la gira de despedida. Todos los conciertos quedaron cancelados. Pero la mayoría de los que iban a ir a verle en directo allí siguen con sus entradas guardadas, sin devolverlas, esperando a que este 2021 vuelva para poder decirle adiós. Cuando eso pase y cante Porque te vas por última vez, como excepción, podrán cambiar la causa por la pregunta y corear, emocionados, gritando bien fuerte: “José Luis, ¿por qué te vas?”.

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