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La otra curva

Publicada el 12/04/2021 a las 06:00

El estallido de la pandemia hace poco más de un año parece estar abriendo lo que algunos historiadores denominan cambio epocal: una transición global desde un tipo de sociedad que entra en crisis hacia otro tipo de sociedad nueva e incierta. Los cambios de época son algo más que revoluciones tecnológicas o culturales. Son cambios totales que atraviesan el conjunto de las esferas de la vida política, económica, social, familiar y personal.

En España, la gran desgracia del covid-19 sobrevino en un contexto de inestabilidad e incertidumbre extensas e intensas. Las peores consecuencias sociales, económicas y políticas de la crisis financiera de 2008 estaban lejos de haberse superado y el virus infectó un país ya gravemente enfermo de desigualdad social, precariedad laboral, conflictividad territorial, corrupción e inestabilidad política. Sin embargo, la virulencia con la que se instaló la enfermedad en las primeras semanas abrió la puerta al despliegue de decenas de iniciativas ciudadanas que por su transversalidad parecían germen de un nuevo patriotismo cívico. En abril de 2020, el 58% de las y los españoles consideraba que las medidas que estaba adoptando el Gobierno eran suficientes para combatir el virus y una aplastante mayoría del 94% de la población entendía que, como sociedad, estábamos dando un ejemplo de civismo y solidaridad a través de la forma en la que afrontábamos las medidas contra la Covid-19 (CIS ES3279, p.4 y p.11). Hoy, un año después de las movilizaciones ciudadanas para la confección masiva de mascarillas, la asistencia a las personas dependientes o la expresión de gratitud al personal sanitario del país a través de las citas puntuales a todos los balcones de España, ya no queda rastro de aquellos embrionarios cimientos sobre los que construir una nueva identidad nacional democrática y cívica. La incapacidad política para liderar la gestión de la crisis, la inmediata partidización de todas las propuestas y la descentralización autonómica de la gestión sanitaria como requisito sine qua non para sostener el marco jurídico del Estado de alarma han terminado por demoler lo que podrían haber sido un gran hito cívico español, tan necesario desde el punto de vista moral e histórico. Mientras en Francia, dos meses después del estallido de la crisis, el gobierno planteaba un debate sobre las consecuencias de la deslocalización hacia China de la fabricación de productos esenciales, en la España de mayo de 2020 la amplia mayoría de los partidos políticos de oposición exigían al gobierno la inmediata descentralización hacia las Comunidades Autónomas de la gestión de la crisis como condición de posibilidad para poder mantener jurídicamente el confinamiento domiciliario. Un espectáculo vergonzante que, lejos de saldarse con un golpe de mano –o de audacia– capaz de abrir la puerta a la transformación de la estructura institucional que sigue permitiendo estas miserias, se resolvió improvisando la activación de un Consejo Interterritorial de Salud que carece de capacidad jurídica efectiva y convocando la Conferencia de Presidentes, órgano que nunca ha poseído estatuto jurídico de tipo alguno. Desde entonces ya sabemos cuál ha sido el argumento de casi todos los que estaban llamados a liderar la salida de la crisis: yo no he sido porque no tengo la competencia. Pregúntele Ud. a quien sí la tiene. Ese famoso jingle que el pujolismo político enseñó a entonar a prácticamente todos los gobiernos autonómicos y que en esta crisis del Covid hemos visto tararear al Gobierno de España por primera vez en nuestra historia.

Esta deriva política no logró doblegar la curva de contagios y fallecimientos, pero sí la de la construcción de un sentimiento compartido de orgullo por lo común e identificación solidaria. La inhibición del Gobierno de España para acometer las reformas estructurales que le habrían permitido desplegar una estrategia de país frente a la pandemia ha tenido, como efecto secundario, el doblegamiento de la curva del sentimiento cívico nacido en las primeras semanas de la crisis y la destrucción de la épica que brotaba a borbotones de todos los balcones del país entre los meses de abril y junio de 2020.

Y así, la otra curva, la de nuestros sentimientos frente a esta desgracia, no ha dejado de empeorar. La preocupación por la propia salud y por las consecuencias económicas de la pandemia no ha disminuido a lo largo de este año y nuestros miedos se han disparado.

En febrero de este año, el CIS elaboró un estudio destinado a explorar la salud mental de la sociedad española tras casi un año en esta situación. Las conclusiones de la encuesta han entrado a formar parte del debate político-partidista, pero pareciera que sus resultados han sido menos visibles que las reacciones que ha desencadenado. Muchos de los datos que ahora conocemos estaban implícitos en indicadores presentes en los barómetros del verano y el otoño de 2020, pero la fuerza de algunas de las preguntas formuladas en febrero nos obliga a atender a esta otra curva cuya evolución no mejorará necesariamente con la caída de los contagios.

A diferencia de lo que ocurría hace un año, hoy la mayoría de la sociedad española reclama medidas más exigentes o más eficaces en la lucha contra la Covid (CIS, ES3313, marzo 2021). A su vez, y en contra de la narrativa que protagoniza gran parte de los informativos de las cadenas de televisión generalista, la inmensa mayoría de la gente cumple las normas dictadas por las autoridades sanitarias y en torno a un persistente 30% de la población va más allá y ha decidido autoconfinarse, independientemente de que se suavicen o se endurezcan las restricciones. No es una posición testimonial ni un comportamiento que vincule exclusivamente a la gente mayor. El autoconfinamiento tiene presencia significativa en todos los grupos de edad y expresa no sólo el temor a la enfermedad; también nos habla de la desconfianza y los problemas de credibilidad de quienes nos comunican las decisiones que adoptan los responsables políticos de la lucha contra la pandemia.

Así, conforme desaparece la percepción de estar enfrentándonos colectivamente a un problema común, las mayorías sociales nos individualizamos y nos deprimimos en soledad, condenadas a privatizar nuestro miedo y nuestra incertidumbre a la hora de tomar decisiones frente a las consecuencias de la pandemia sobre nuestra salud y la de los nuestros, pero también sobre nuestros trabajos, nuestros negocios, nuestras familias y nuestro entorno social. Los datos del estudio de febrero nos dicen que el 35% de la gente ha llorado en algún momento como consecuencia de la situación en la que estamos, un 16% de la población ha sufrido uno o más ataques de ansiedad a lo largo de esta crisis y un 24% de la población duerme menos que antes (CIS, ES3312. p.14.a, p.10 y p.16). Una de cada cuatro personas ha cambiado sus costumbres relativas a sus cuidados personales; en su mayoría han dejado de arreglarse todos los días o ponen menos esmero en hacerlo (CIS, ES3312. p.19). Hay una España grande que lleva meses en ropa de casa y zapatillas, preocupada, asustada y sin saber bien en quién o en qué confiar.

Hay una España que se está deprimiendo. Nos estamos deprimiendo. A lo largo de estos meses, la mayoría de los y las españolas nos hemos visto en algún momento sin interés o placer por hacer cosas, hemos perdido la esperanza o nos ha sobrevenido la ansiedad. Y al contrario de lo que parece ocurrir con la curva de los contagios por covid-19, esta otra curva dibuja un escenario en el que los síntomas de depresión estarían afectando en mayor medida a las personas con niveles de estudios más altos, normalmente en posiciones de clase más supraordinadas. Serán necesarias otras investigaciones para explicarnos el por qué de esta distribución desigual, pero bien podría ser una consecuencia cuidadosamente obviada del teletrabajo.

El escenario que describen los datos es desolador. No puedo evitar preguntarme si esta tristeza que se respira en todos los ambientes no podría haberse contrarrestado con la ilusión que genera cualquier gran proyecto colectivo cuando se afronta con honestidad y compromiso. Seguramente ya no es posible dar respuesta a esta pregunta. Pero entre tanto, la extensión del proceso de vacunación, aunque carezca de épica, sí está modificando las expectativas. En febrero, apenas el 17% de la población consideraba que lo peor de esta crisis había pasado. Un mes después, la proporción se disparó hasta el 45% (CIS, ES3312 y CIS, ES3313. p.4). No es un asunto menor. La superación de una crisis, como casi todo en la vida, es también una cuestión de expectativas.

A lo largo de este año hemos visto errores y aciertos; gente honesta y oportunistas; personas muy capacitadas y personajes indocumentados. Hemos visto mucho y estoy segura de que nos queda mucho por ver. Pero lo que parece que ya no veremos es la posibilidad de transformar todo el caudal de solidaridad social que desató la pandemia en orgullo cívico e identidad nacional. Una oportunidad más que se pierde.

Con la falta que nos hace (desde hace siglos).

_____________

Carolina Bescansa, socióloga y profesora de la Universidad Complutense de Madrid.

 

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29 Comentarios
  • Arkiloco Arkiloco 12/04/21 23:28

    Lo que plantea Bescansa es una hipótesis sobre cosas que se podrían haber hecho partiendo “del sentimiento cívico nacido en las primeras semanas de la crisis” y aprovechando “la construcción de un sentimiento compartido de orgullo por lo común e identificación solidaria” que se habría creado en las primeras semanas del confinamiento. Una oportunidad perdida, dice, y lo expone con unos datos o curvas que indicarían el deterioro de los sentimientos y la confianza desde aquellos comienzos hasta el presente.

    La hipótesis es sugerente pero creo que está hecha sobre una teoría que tan apenas tiene en cuenta los hechos y las posiciones de los diversos partidos políticos tal como se han ido desarrollando, y basada en la valoración de algo tan poco consistente como “los sentimientos”. Aparte lo que hayan influido en su deterioro los grupos políticos con sus actuaciones y, en general, “la política”, no se puede pasar por alto algo tan importante y que tanto efecto produce como el tiempo. La prolongación durante más de un año de una situación de anormalidad en la vida de los ciudadanos, en la contemplación y la escucha de datos sobre contagios, en la experiencia y conocimiento de muertes, de penurias, perdidas de trabajos y cierres de negocios, la saturación de noticias, opiniones y discusiones, el cansancio… Los sentimientos del principio, de ese momento, y como sucede con cualquier fenómeno, no es algo que se pueda mantener por la simple voluntad y el deseo y aunque los grupos políticos se hubiesen comportado mejor y actuado con más unidad y consenso.

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    • Arkiloco Arkiloco 12/04/21 23:29

      El deterioro de esa curva de sentimientos y de confianza creo que se habría producido en cualquier caso teniendo en cuenta la duración de lo excepcional, la percepción de los daños y las incertidumbres y temores de todo tipo que alienta una crisis tan prolongada e inédita. Otro problema de la hipótesis es que Bescansa no dice qué reformas habría que haber abordado y eso aun hace más difícil valorar la hipótesis y sus posibilidades. Pudo haber un buen momento sentimental pero eso no quiere decir que sea traducible a aceptar cualquier reforma. Y aun siendo un buen punto de partida, hay que contar con los grupos que representan, traducen y dirigen sentimientos de personas que no han renunciado a tener opiniones y preferencias políticas. Las derechas estuvieron de bronca contra el gobierno desde el principio y desde el principio utilizaron la pandemia como ariete contra el gobierno. Con esa situación y cuando ni siquiera se apoyaba el confinamiento o se hacía con reticencia ¿qué propuestas se podían hacer y que apoyos cabía esperar si las reformas (no señaladas por Bescansa) necesitaban de grandes consensos?

      Tampoco parece que hubiesen contado con el apoyo de los grupos nacionalistas que sustentan el gobierno y que aparte de denunciar el ninguneo de sus competencias no paraban de presionar para que se descentralizase la gestión de la pandemia. Con todo el buen comportamiento cívico y “el sentimiento de orgullo por lo común e identificación solidaria”, los ciudadanos y ciudadanas no dejaron de identificarse y alinearse con los partidos a los que habitualmente votan. La percepción a través de encuestas de “un sentimiento”, no deja de ser la constatación de un sentir bastante abstracto e intraducible para la acción política y que no excluye otros sentimientos y opiniones que también estaban presentes pero que no se incluyen en esas encuestas.

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      • Arkiloco Arkiloco 12/04/21 23:35

        Como sugerencia suena bien, como hipótesis me parece inconsistente o fuera de la realidad y tiene el problema habitual de teorías que se hacen a posteriori sin tener en cuenta los hechos tal como se producen y desarrollan. Que casi toda la teoría se base en “sentimientos”, caracterizados de forma conveniente para sustentarla, y en la comparación del inicio con el presente para ilustrar lo que habría sido “una oportunidad perdida” me parece un “abuso sentimental” y suponer que se podrían haber congelado y mantenido los mismos o parecidos durante toda la pandemia. Creo que, en general, el buen comportamiento cívico, la responsabilidad y la solidaridad siguen siendo ejemplares aunque estemos muy cansados y hasta deprimidos. Que hechos como una pandemia como esta, con todo lo que altera y los efectos que produce, sean momentos de oportunidad para grandes reformas, creo que está bastante lejos de lo que llamamos “sentido de la realidad”.

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  • luzin luzin 12/04/21 19:02

    Gran artículo

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  • FJMartínez FJMartínez 12/04/21 16:48

    Agur Carolina....

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  • GRINGO GRINGO 12/04/21 13:47

    Me parece un análisis correcto de la situación actual, lo cual no evita que siga en mi mente el recuerdo de su "forma de entender la coherencia y el respeto a las reglas del juego democrático".

    Una pena, porque hubiera podido aportar mucho más si no se hubiera dejado liar....

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  • Grobledam Grobledam 12/04/21 12:05

    Excelente artículo Sra Bescansa y excelente su intuición sobre la auténtica dimensión sociológica de la influencia de la Pandemia en la sociedad española, con aspectos referentes a la dimensión personal y colectiva del asunto acertadísimos y poco descritos o, lo que podria ser peor, encubiertos en los medios de información y de debate político, algo mencionó el Sr Errejón y le menospreciaron con aquel exabrupto rastrero y ruin de: ¡vaya al medico!.
    Fue Vd, Sra Bescansa, un rayo de esperanza política que recogía la auténtica dimensión cohesionadora, crítica y de futuro ilusionante que aportaba el 15M para este país y sus gentes y que se encargaron de reducir a cenizas los chupopteros beneficiarios de las eternas lacras de nuestro Estado: la corrupción y la separación y enfrentamiento de las dos o diecisiete españas...., con la inestimable cooperación de Pablo Iglesias y una parte del progresismo de este país empeñado en desatinos y trincheras étnico-burguesas.
    Lo confirmaba personalmente cuando la veía esperar pacientemente en la cola del autobús que la llevaba a Vd al Congreso y a mí a mi trabajo. Ahora veo pasar raudo y veloz al coche blindado y a los escoltas del antedicho o su compañera mientras sigo esperando el Bus de las 8 de la mañana.
    Hay quien buscaba y encontraba la cohesión, la solidaridad, la ilusión y el bienestar de sus conciudadanos y se podía permitir compartir con ellos el día a día y hay quien tiene que usar de los privilegios de casta para ir por la vida marcando territorio, como hacen y gustan los ricos y poderosos.
    Ojalá volviera Vd a la arena política, Sra Bescansa, contaría con más apoyo del que pueda imaginar, créame. Y, en todo caso, siga aportando su juicio y valoración en los medios de difusión en la medida en que crea conveniente.
    Un saludo, ex-vecina; aunque el otro día la vi y saludé paseando por la rivera del río. Si ha vuelto...sea bienvenida.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 12/04/21 11:43

    Se me olvidaba, Carolina. Comparto el comentario anterior de alguien que piensa en su desaparición prematura. Siempre se puede volver claro, muchos agradeceríamos su equilibrio y buen trabajo en arenas políticas tan movedizas. Si nos tenemos que contentar con sus aportaciones analíticas, por favor que sean frecuentes. La luz, coherencia y dignidad que transmites nos conforta.

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  • Antonio LCL Antonio LCL 12/04/21 11:37

    Interesante análisis Carolina, pero me temo que van a seguir utilizando la crisis y las penurias por las que está pasando tantas personas, para justificar la provocación y el ataque a las instituciones democráticas para favorecer las proclamas y actos fascistas. Ahí seguimos, herederos desprotegidos y acosados por los poderosos de siempre.

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  • Chuchi1 Chuchi1 12/04/21 11:32

    Gracias por aportar datos ante tanto opinador indocumentado

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  • alcornoque alcornoque 12/04/21 11:05

    No comparto en nada el fondo de este análisis. Dice la autora que “Esta deriva política no logró doblegar la curva de contagios y fallecimientos, pero sí la de la construcción de un sentimiento compartido de orgullo por lo común e identificación solidaria.” La curva de contagios y fallecimientos SÍ se doblegó con el primer estado de alarma (recordemos que con la oposición de la derecha) bajando a un nivel mínimo y suficientemente manejable en el mes de junio (Incidencia acumulada a 14 días el 20/06/2020, media en España 1,57). Todos vencimos entonces al virus. El problema vino después, y en mi opinión debido a dos razones básicas.
    La primera, la decisión política miserable de la derecha, que ejerció ferozmente desde la manifestación feminista del 8 de marzo, de utilizar la pandemia para derribar al primer gobierno de coalición, el cual acababa de conformarse poco antes de llegar el virus. No olvidemos que ya Rajoy hizo esta misma política de oposición nada más llegar Zapatero al gobierno, utilizando entonces los muertos de ETA.
    La segunda, la absoluta falta de empatía de las élites económicas de este país, que en la crisis del 2008 recibieron miles de millones de euros públicos para sanear sus negocios, pero son insaciables e incapaces de ser solidarios con sus conciudadanos. En el año de pandemia muchas personas y pequeñas empresas han perdido mucho, pero banca, eléctricas, etc. han tenido ganancias.
    Después de doblegar la curva de contagios y fallecimientos en junio del año pasado no se mantuvo el control (recordemos la falta de contratación de rastreadores y de refuerzo de la atención primaria, competencia de las Comunidades Autónomas, a las que el gobierno transfirió fondos para ese fin), tirando a la basura el esfuerzo colectivo de la ciudadanía. Los intereses de la “gran economía” presionaron para que se siguiera la estrategia de “convivir con el virus” (recordemos a Ayuso diciendo que “todos los días hay muertes por atropello, y no por eso se van a prohibir los coches) en vez de la estrategia de “eliminación del virus” que tan bien ha funcionado en otros países. Tremendo error propio del egoísmo de las élites, cuya consecuencia, y ojalá me equivoque, ...

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    • Grobledam Grobledam 12/04/21 12:22

      Lleva Vd razón; pero no ha entendido el artículo de la Sra Bescansa.
      A veces hay que escarbar en el suelo para poder desenterrar los pies, dejar el garrote a mano (por si...) y tomar distancia con el vecino que seguirá blandiendo su garrote y dando garrotazos a la nada porque sigue enterrado y no nos llega. A lo mejor así él y Vd se dan cuenta de que el garrote hay que dirigirlo ¡juntos! hacia otros lomos e instancias que nos azuzan desde sus poltronas.
      En los primeros compases de la Pandemia, muchos comenzaron a desenterrarse, tomar distancia y empezar a ver más claro; luego -los de siempre- nos volvieron a echar tierra encima y poner el garrote en la mano. Créame en lo que voy a decirle: no soy ni he sido en mi vida una hermanita de la caridad; más bien al contrario: en mis muchos años muchos han aprendido a temerme.

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      • alcornoque alcornoque 12/04/21 14:47

        Creo que sí he entendido el sentido del artículo de la Sra. Bescansa. Ella resalta “las movilizaciones ciudadanas para la confección masiva de mascarillas, la asistencia a las personas dependientes o la expresión de gratitud al personal sanitario del país a través de las citas puntuales a todos los balcones de España,” y concluye que “ya no queda rastro de aquellos embrionarios cimientos sobre los que construir una nueva identidad nacional democrática y cívica.” Siendo cierto ese sentimiento de una parte, posiblemente mayoritaria, de la sociedad, es muy llamativo su olvido, entre otras cosas, de las manifestaciones que promovió la derecha PIDIENDO LIBERTAD. Recordemos a Ayuso diciendo en la Asamblea de Madrid en el mes de mayo, “Esperen a que la gente salga a la calle porque lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”.
        https://www.lavanguardia.com/politica/20200514/481143104867/isabel-diaz-ayuso-defiende-ciudadanos-protestas-contra-gobierno-espana-coronavirus-nunez-de-balboa-madrid-video-seo-ext.html
        Cuando llueven garrotazos tenemos que saber de dónde nos llegan, porque si no estamos inermes ante ellos. Quienes en sus análisis no dejan claro de dónde vienen, están contribuyendo al desconcierto. Y ya sabemos aquello de “a río revuelto, ganancia de ….”

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    • alcornoque alcornoque 12/04/21 11:07

      ... y ojalá me equivoque, nos va a tener por mucho tiempo en una montaña rusa de subida y bajada de olas de mortandad. El cuento de nunca acabar.

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      • alcornoque alcornoque 12/04/21 15:00

        Ojala me equivoque. Ciertamente, a corto plazo, las vacunas están siendo muy efectivas: como usted bien señala lo indican los datos de descenso de mortalidad en el Reino Unido, que también ya se ve en nuestro país en las residencias de ancianos. Pero el virus se sigue propagando muy activamente en gran parte del mundo, y con ello generando nuevas variantes. Con la movilidad de la humanidad globalizada, esas variantes no tardarán en llegarnos, y ya hay estudios que indican que pueden ser insensibles a la inmunidad generada por la vacuna que nos hayan puesto, haciéndola inútil. Es el caso de la variante sudafricana y la vacuna de Pfizer:
        https://www.efe.com/efe/espana/sociedad/un-estudio-israeli-revela-la-resistencia-de-variante-sudafricana-a-vacuna-pfizer/10004-4508946
        Si las vacunas no llegan lo antes posible a todo el planeta, y esto solo es posible con una expresión de solidaridad internacional, estaremos permanentemente en el cuento de nunca acabar. ¿aceptarán las “élites económicas” minorar un poco sus negocios para salvar a todos?

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      • Prometeo46 Prometeo46 12/04/21 12:03

        Sin duda que se equivoca, pues ahí tenemos el ejemplo del Reino Unido con una vacunación masiva, en gran parte con la denostada Astra Zeneca, con un nivel de contagios muy bajos y con ningún fallecido en alguno de los últimos días, y afortunadamente aquí también se empieza a vacunar masivamente desde la semana pasada, por lo que sin duda los contagios y sobre todo los fallecidos irán a la baja en las próximas semanas.

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  • Larry2 Larry2 12/04/21 10:47

    Sra Bescansa, gracias por elartículo, una pena su desaparición de la política. Debiera haber aguantado un poco más, siemprre se puede volver, agur.

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