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Trols que matan

Publicada el 25/04/2021 a las 06:00 Actualizada el 08/06/2021 a las 10:55

Mantener mi cuenta de Twitter me compensa a duras penas. Entiendo que Ada Colau, harta de manipuladores y misóginos que acosan, intoxican e incitan al odio, haya decidido cerrarla, aunque deje colgados a casi un millón de seguidores. Digas lo que digas recibes insultos de individuos que se ocultan tras un perfil falso. Además de fanáticos, son unos cobardes miserables, porque estoy convencida de que la mayoría no se atrevería a agredir a cara descubierta. La falsa identidad ampara los insultos más rastreros. Cada vez son más los que embrutecen, tergiversan, distorsionan y crean un ambiente irrespirable en las redes.

Los que defienden el anonimato de los internautas argumentan que solo así es posible expresar opiniones políticas o preferencias sexuales sin arriesgarse a perder un trabajo o incluso acabar en la cárcel si, como es habitual, son acusados de activistas o disidentes en países sin libertades. Es una buena explicación, pero habría que buscar un sistema más eficaz para evitar calumnias, amenazas o simples mentiras que amargan la vida de la mayoría de los tuiteros, aunque sean menos notables que la alcaldesa de Barcelona. En Twitter aseguran que cuando actúa un trol, uno de esos provocadores con falsa identidad, saben cómo identificarle y evitar que aparezca en las conversaciones, incluso aunque no exista denuncia previa. Hay unas condiciones establecidas para los usuarios abonados que prohíben mensajes despectivos por razones de raza, género, religión y, últimamente, por edad, y enfermedades. Pero me temo que las disposiciones más recientes funcionan a medias. Incluso cuando se produce un incumplimiento flagrante de las normas de uso de la plataforma, no suelen cerrar las cuentas. Ni siquiera han actuado contra los neonazis que instigan al racismo y a la violencia, como es el caso de Richard Spencer, el supremacista blanco seguidor de Trump, por cierto, uno de los que más ha intoxicado el debate público a través de Twitter. Si pides que se acabe con el anonimato de los perfiles te arriesgas a que te acusen de justificar la censura y, en estos tiempos de ultradefensa de la libertad de expresión, harías un pésimo negocio. La plataforma solo ha sido prohibida en Irán, Turquía, China, Egipto y Corea del Sur.

Cuando creé mi perfil, hace tan solo una década, lo primero que hacía al despertarme era echar un vistazo a las noticias destacadas en Twitter, antes de leer más pausadamente la prensa escrita. Al principio, Twitter, además de un buen sistema de promoción, era un desafío para desarrollar la agudeza intelectual. Encontraba ideas luminosas y frases con verdadero ingenio que obligaban a sintetizar en 140 caracteres los temas de actualidad. No tomaba ninguna precaución a la hora de opinar y rara vez respondían con insultos o descalificaciones, a pesar de que cometía errores con cierta frecuencia. Confieso que me animaba al ver cómo aumentaban mis followers de forma vertiginosa y cada vez dedicaba más tiempo a generar contenidos sobre mis actividades profesionales cotidianas, pues casi nadie se refería a cuestiones de su vida privada en esta plataforma. La mayoría de los usuarios eran muy jóvenes, pero, poco a poco, se fueron acercando a mi edad. Solíamos agruparnos en función de nuestros intereses y tratábamos de esquivar los mensajes extremistas. Era divertido comentar en directo, desde un plató de televisión, debates electorales que tenían gran repercusión. Me sentía muy complacida cuando algunos de mis seguidores elogiaban mis esfuerzos por centrar los crispados debates políticos.

De pronto, noté un cambio radical y, por primera vez, percibí una deriva misógina en numerosos comentarios. Cuando empecé a recibir insultos machistas me cansé de tuitear y perdí miles de seguidores, creo recordar que a raíz de mi apoyo explícito al movimiento #MeToo, cuando miles de mujeres se animaron a denunciar el acoso sexual del que fueron víctimas. La campaña surgió en Estados Unidos a raíz del caso Harvey Weinstein, el poderoso productor de Hollywood que llevaba décadas abusando de las actrices a las que contrataba para sus películas. También en España se produjeron denuncias similares que llevaron a la cárcel a los violadores de La Manada.

Los hechos coincidieron con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Por las mañanas se despachaba con tuits sediciosos, xenófobos y sexistas que producían un impacto mediático global, mientras silenciaba en las ruedas de prensa a los medios que le eran hostiles. Las bravuconadas del presidente de los Estados Unidos hicieron un daño irreparable en el modo de comentar los temas políticos. Sería ridículo culpar exclusivamente a Trump del aumento del fanatismo y la crispación, pero es cierto que su estilo, lamentablemente, tuvo una enorme repercusión y creó escuela. Ya se sabe que quien siembra vientos… Su mandato culminó con una imagen de traca: el esperpento del asalto al Capitolio de los Estados Unidos.

El hecho es que las redes sociales se han convertido en un campo de batalla, donde la demagogia se ha impuesto contra el rigor, el extremismo contra la moderación, el guerracivilismo contra el consenso. Nunca me acostumbraré a admitir que la ceguera política y el sectarismo son irremediables. Desde que me he apartado de Twitter para no ser víctima del fuego cruzado, recibo mensajes privados de seguidores amigos que se preocupan por mi silencio. Les explico que hay trols que me masacran. Antes no me importaba, pero el confinamiento me ha hecho más vulnerable. No he sido objeto de manipulaciones tan indignas ni descalificaciones tan salvajes como las que ha recibido Javier Cercas, pero cuando reaparezco en un programa de televisión, doy una charla o me manifiesto en algún medio, me descalifican. Se discrimina a las mujeres de mi edad, se les aparta como si fueran apestados. La gerontofobia es una de las múltiples secuelas del Covid. Los trols me llaman dinosaurio y me piden que me jubile de una puñetera vez. Estoy dolida, pero no me retiro. Contra la tentación del precipicio, seguiré activa hasta que el cuerpo aguante.

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Nativel Preciado es periodista, analista política y cronista parlamentaria. Autora de más de veinte ensayos y novelas, galardonadas con algunos de los principales premios literarios.

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19 Comentarios
  • Varsovia Varsovia 25/04/21 16:42

    Señora Nativel Preciado, es usted una persona de honor y de respeto y a la que, todos los que amamos la democracia y las libertades, nos encanta leerla y escucharla. La dignidad de un país la hacen personas como usted.

    No la digo que no abandone las redes anti-sociales, pero no nos deje sin su voz. Y espero de todo corazón poderla escuchar con más asiduidad en las tertulias serias de las televisiones.

    Un abrazo grande señora Preciado.

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  • ANTOM ANTOM 25/04/21 15:23

    tengo 67 años, me tocó correr ante los "grises" discutí de política y derechos humanos con personas que no pensaban como yo. debatíamos ideas que aún cuando erea entre diferentes y a veces acaloradas. siempre sa sacaba algo bueno para nuestra sociedad y aspirada Democracia, Creo que es secreto estaba en que hablabamos mirándonos a los ojos. Éramos (todos) mucho más valientes que la generación que hoy está destinada a dirigir nuestro País, y lo digo sin aspavientos ni rencores pueslas descalificaciones no llevan a nada. Si nosotros hubiéramos hecho como vosotros, habríamos acabado a tiros, pero "ya habían sufrido bastante nuestros ancestros como para ptirar opor tierra su sacrificio", No os digo nada mas que os mireis el ombligo y abrais los ojos, pues a todos los que os dedicais a insultar, crear odio y descalificar os digo que "ASÍ NO SE HACE HISTORIA NI PAIS"

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  • Marftia Marftia 25/04/21 13:55

    No tengo cuenta en Twitter (ni uso Facebook) pero me gustaba entrar en ocasiones y encontrar esas "ideas luminosas y frases con verdadero ingenio..." mientras pulsaba el eco de la calle. Ahora me asusta el ruido que se escucha, casi todo es vocerío amplificado. Por eso, Nativel, (que te "sigo" desde Tiempo) es más admirable la moderación de los periodistas que como tú se mantienen en primera línea en estos tiempos tan revueltos. Gracias.

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  • CinicoRadical CinicoRadical 25/04/21 13:07

    ...no hacer aprecio.
    Ánimo.

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  • eloyzinho eloyzinho 25/04/21 12:05

    Una de las voces mas sensatas y sosegadas que pueden verse, oírse y leerse en los medios actualmente, donde desgraciadamente las buenas formas brillan por su ausencia. Felicidades y mucho ánimo.

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    7

  • Berbel Berbel 25/04/21 11:06

    Querida Nativel, yo no tengo Twitter y prácticamente tampoco Facebook e increíblemente se puede vivir. Es más, yo diría que se vive mejor. Nada de lo que digan en estas redes va a impedir que seas una buena periodista e intuyo que una mejor persona. Así que sé tu misma......

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    • Miguel alfoso Miguel alfoso 25/04/21 12:06

      Totalmente de acuerdo

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  • mituca mituca 25/04/21 10:39

    Gracias, Nativel. No te rindas, necesitamos tus opiniones sosegadas, certeras y honestas. Un abrazo

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  • Larry2 Larry2 25/04/21 09:52

    Animo nativel, no te conozco personalmente, pero siempre que te he visto en tertulias en televisíon, me has encantado como periodista. La verdad que apareces poco ahora por televisión, pero de acuerdo contigo twitter es una plataforma que está haciendo mucho daño, la gente no da la cara, se ocultan, y hacen muchísimo daño a esta sociedad, insultos, amenazas, etc. agur.

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  • Epi Epi 25/04/21 09:37

    Estoy contigo, Nativel. Ánimo.

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  • GRINGO GRINGO 25/04/21 09:35

    Pues no les hagas ni caso, no te retires, hoy en día haces más falta que nunca, tú y todos los que sois capaces de defender unas ideas sin estridencias y desde el respeto al que piensa diferente.

    Todo lo contrario de lo que vemos diariamente es éste escenario tan contaminado.

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