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Trombos

Publicada el 20/04/2021 a las 06:00 Actualizada el 19/05/2021 a las 18:31

La probabilidad de que una mujer en una relación de pareja con un hombre sea asesinada es 6,2 veces más alta que la probabilidad de que una persona vacunada con Janssen sufra un trombo, y 1,6 veces superior si la vacuna es la de AstraZeneca. Si ponemos en relación la probabilidad de morir por el trombo aparecido tras la vacunación con AstraZeneca con la probabilidad de ser asesinada por su pareja, el riesgo de homicidio es 7,7 veces más alto que la muerte por la complicación trombótica tras la inyección de la vacuna.

Según los datos de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), actualmente se investigan 62 casos de trombosis de senos venosos cerebrales y 24 casos de trombosis esplénica, en personas vacunadas durante las dos semanas previas a la complicación, lo cual hace un total de 86 casos, de los cuales 18 han sido mortales, un 20’9%. Todo ello en un total de 25 millones de personas vacunadas. Esta situación indica que la complicación trombótica se produce en un caso cada 290.697, y que la muerte por trombosis en estas circunstancias ocurre en un caso entre 1.388.888. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España hay alrededor de 11.191.900 parejas heterosexuales, dentro de las cuales se produce la violencia de género con una media de 60 homicidios cada año. Estos datos indican que se produce el homicidio de una mujer por cada 186.531 mujeres que mantienen una relación de pareja. De hecho, según el último Estudio Global de Naciones Unidas sobre homicidios (2019), el 58% de todos los homicidios que sufren las mujeres son llevados a cabo dentro de las relaciones de pareja y familiares.

La aproximación gráfica descrita nos muestra que las mujeres en las relaciones de pareja tienen más riesgo de ser asesinadas que cualquier persona de sufrir trombosis por las vacunas contra el SARS-CoV2, mucho más si lo ponemos en relación con la posibilidad de morir por los trombos. Y todo ello sucede sin que la sociedad ni las instituciones sean conscientes de ese riesgo, ni alerten sobre su realidad para que al menos ellas o sus entornos puedan tomar decisiones atendiendo al mismo. Todo lo contrario, a través de los mitos del amor romántico los mensajes que se mandan hablan de que la violencia de los hombres es normal, que todo ello forma parte del amor y sus vaivenes, que la violencia es algo pasajero y que los hombres cambian, que en esas circunstancias es cuando hay que demostrar el amor a través de la comprensión y el perdón... y tantas otras cosas que llevan a que permanezcan bajo ese riesgo, y a que éste aumente. Porque a diferencia de la trombosis por las vacunas (AstraZeneca y Janssen), que suelen presentarse dentro de los primeros 15 días tras su administración, en la violencia de género el riesgo permanece durante toda la relación y aumenta con el paso de los días.

La sociedad no es un protoplasma ni un organismo simple donde todo ocurre de manera ordenada y en una especie de espacio abierto a la vista de todo el mundo. La sociedad es un organismo complejo con diferentes “órganos, aparatos y sistemas”, y queda estructurada por elementos de organización formales e informales desarrollados por parte de la ciudadanía, las administraciones y las instituciones. Y como tal sistema organizado cuenta con sus canales de comunicación e interrelación para hacer de su funcionamiento convivencia dentro del orden establecido. Cuando esas vías de comunicación e interrelación se rompen o se obstruyen, las zonas alejadas quedan sin los nutrientes necesarios para la convivencia.

Ahora que tanto sabemos de coronavirus, de receptores celulares y de trombos, podemos entender en parte el mecanismo de funcionamiento del machismo. El machismo tiene receptores distribuidos por todo el “organismo de la sociedad” para que sus mensajes y mandatos lleguen y sean aplicados en cualquier parte, receptores propios que ha ido colocando conforme ha impuesto su normalidad en cada uno de los espacios de la sociedad levantada bajo sus referencias androcéntricas. De ese modo puede activarlos cuando le interese, y evitar que la comunicación y la relaciones ocurran con igualdad entre hombres y mujeres, y entre cualquier otro elemento que quiera discriminar o excluir.

Por eso en su momento situó trombos en el acceso de las niñas a la educación, después los puso en las vías oportunas para impedir que las mujeres fueran a la Universidad, más adelante, conforme se superaban esas obstrucciones, los colocó en una parte más avanzada del trayecto e impidió que trabajaran sin el permiso del padre o del marido. También puso trombos en los canales de la democracia para que no participaran en las elecciones con su voto, y en el acceso a los puestos de responsabilidad y decisión con el objeto de que no pudieran influir en la sociedad. Todo como parte de su modelo androcéntrico, por eso hoy continúa creando trombos para que la democracia tenga zonas isquémicas y espacios infartados a los que no puedan llegar los valores e ideas enraizadas en los derechos humanos, y así mantener su injusticia social basada en la desigualdad.

El ejemplo más claro de toda esa fisiología machista social es la situación que vivimos ante el riesgo de trombosis tras la vacunación. Tal y como hemos explicado, se trata de un efecto secundario que ocurre en un caso cada millón y medio de vacunaciones, pero despierta una gran alarma social y lleva a exigir medidas inmediatas a las autoridades competentes. En cambio, esa misma sociedad no ve el riesgo que supone la violencia de género, a veces ni siquiera después de denunciarla y pedir medidas de protección para que no llegue a materializarse su amenaza letal. Y no se trata de un efecto secundario, el homicidio de las mujeres es un “efecto principal” derivado de la decisión violenta de sus agresores.

La conclusión diagnóstica es clara: el homicidio de las mujeres por violencia de género, a pesar de ser un “efecto principal” y suponer un riesgo 7,7 veces más alto que morir por un trombo tras la vacunación, todavía encuentra por respuesta el silencio y la negación. Una radiografía que muestra el esqueleto machista de nuestra sociedad.

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Miguel Lorente Acosta es médico y profesor en la Universidad de Granada y fue delegado del Gobierno para la violencia de género.

 

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3 Comentarios
  • jorgeplaza jorgeplaza 20/04/21 20:36

    Suponiendo que son asesinadas al año por su pareja 60 mujeres (menos de 60 el año pasado y, al ritmo que vamos, también este, por fortuna) y que hay unos 25 millones de mujeres en España, la probabilidad anual (¡no se olvide que es por unidad de tiempo!) de ser asesinada es de 6 en 2,5 millones, que son 2,4 por millón y por año. Se podría intentar hacer la cuenta por mujeres emparejadas, ya que en otro caso es difícil que las mate su pareja, pero la cosa es complicada porque a veces es la ex-pareja la víctima. En todo caso, el número no se duplicaría, así que sería del orden de, como mucho, 4 por millón y por año.

    Los británicos han supuesto 1 trombo por 250.000 dosis; la EMS, uno por cien mil; Dinamarca, uno por 40.000. Si suponemos que es necesaria una vacuna al año (no se sabe, pero es probable que, como de la gripe, haya que revacunarse), eso son 4 trombos por millón y por año (RU); 10 trombos por millón y por año (EMS); 25 trombos por millón y por año. Parece claro que el riesgo es comparable al de ser asesinada una mujer por su pareja en España y, sobre todo, lo que es evidente es que uno y otro riesgo son bajísimos.

    Una precisión: cuando se calculan casos totales entre el total de mujeres o de vacunados, es porque se supone que todas las mujeres tienen la misma probabilidad de ser asesinada por su pareja o que todos los vacunados son iguales frente a la vacuna. Eso es obviamente falso aunque no sepamos predecir bien quiénes están en peligro. Y ese es el meollo de la cuestión: si la medicina supiera distinguir los rasgos (medicación, herencia genética, enfermedades) que hacen a un vacunado susceptible de desarrollar trombos, se evitarían prácticamente todos los casos; igualmente, si la policía y los jueces fueran capaces de predecir con mucha más fiabilidad que ahora qué mujer está en riesgo real, se evitarían la mayor parte de asesinatos. Los vacunados susceptibles y las parejas de determinados individuos tienen un riesgo muchísimo mayor del que se calcula dividiendo casos entre población, pero los vacunados y las mujeres comunes y corrientes no tienen riesgo alguno.

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  • Guillem Antoni Guillem Antoni 20/04/21 15:47

    Magnífico artículo. Sólo hay una cosa que no logro entender aunque lo lea en muchos medios de comunicación. Lo que estamos diciendo es que 18 vidas no valen nada en comparación con 25 millones. O sea que la vida de los negros vale menos que la de los blancos, la de los viejos menos que la de los jóvenes...Expliquesemelé (Por eso pienso que la Estadística nunca me ha interesado como asignatura. Nunca he sentido calor, sino un frío intenso cuando observaba las gráficas en la pizarra)
    P.S.: Yo ya he sido vacunado con la primera dosis de AstraZeneca. Acudí a la cita completamente seguro de mí mismo y salí de ella infinitamente agradecido por el magnífico trato que recibí de todo el personal sanitario.

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  • passarola passarola 20/04/21 09:15

    Me ha gustado muchisimo este articulo. Muy ilustrativo, deberia ser obligatorio en el telediario. Mi efusivo aplauso Sr. Miguel Lorente. Slds

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