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Es el hardware

Publicada el 26/07/2021 a las 06:00

Desde 1978, España ha conocido únicamente dos etapas en términos jurídico-institucionales. La primera atraviesa toda la década de 1980 y coloca los cimientos de las instituciones centrales del sistema a través de las grandes leyes orgánicas. La segunda arranca en la década de 1990 y se mantiene hasta hoy. En ella, el sistema político aborda la mayoría de sus proyectos (y sus problemas) con herramientas jurídico-normativas de rango medio. Así ha sido durante décadas, con independencia de la magnitud de los problemas que los gobiernos de España hayan tenido que afrontar o hayan querido impulsar. Lo que hemos visto a lo largo de este año y medio de pandemia ha llevado al paroxismo este modus operandi.

Son de la década de 1980 la mayoría de los marcos jurídicos que alumbraron las estructuras orgánicas de las grandes instituciones del Estado (ley del Poder Judicial en sus aspectos más estructurales relativos al CGPJ o al Tribunal Supremo, ley del Tribunal de Cuentas) y buena parte de los principios que constituyen los marcos jurídicos esenciales del Estado (ley del régimen electoral general, ley del reglamento del Congreso de los Diputados). En aquellos años, el sistema llevaba casi una década funcionando a partir de dinámicas negociadoras entre partidos políticos, agentes sociales y fuerzas vivas de todo tipo. Como explicaba Vázquez Montalbán, los últimos años de la década de 1970 alumbraron una democracia construida sobre una correlación de debilidades más que sobre una correlación de fuerzas.

Con esa mirada, la Constitución de 1978 estableció mayorías cualificadas de tres quintos o de dos tercios para forzar a las Cortes a alcanzar acuerdos similares a los de la Transición en decisiones tan delicadas y cruciales como la elección de las y los integrantes de las grandes instituciones jurídico-políticas del Estado o para acometer la reforma de la Constitución cuando fuese necesaria. El planteamiento era similar al de la mayoría de las constituciones de las democracias parlamentarias de los países de nuestro entorno y coherente con la situación del momento: exigir acuerdos amplios del poder legislativo que impliquen a más partidos que al partido de gobierno para tomar decisiones relativas al Poder Judicial, a la justicia constitucional o a la modificación de la Carta Magna. Hasta aquí, todo normal.

Sin embargo, la cualidad del sistema de partidos del país cambió en 1982. El modelo, concebido para operar en un sistema de partidos pluralista y fragmentado como el existente en 1977 y 1979, se topó de bruces en 1982 con un sistema de partido predominante, en el que un solo partido estaba llamado a obtener una mayoría absolutísima durante tres o más legislaturas, dejando al segundo partido a una distancia de más de 10 puntos, es decir, en el arroyo, tal y como explicaba el descreído G. Sartori. Así, el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra se vio con las manos libres para sacar adelante las grandes leyes orgánicas del país sin necesidad de acordar con Alianza Popular (AP) o con cualquier otro partido ni todo ni parte de sus contenidos. En ese contexto político se puso en pie en 1985 la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, de cuyas injusticias electorales todavía no hemos logrado deshacernos, o la primera y decisiva versión de la Ley Orgánica del Poder Judicial que, retorciéndole el brazo al artículo 122.3 de la Constitución y con la explícita bendición del Tribunal Constitucional, dejó en manos del Congreso (202 diputados del PSOE en aquel momento) y el Senado (134 senadores de 208) la elección de la totalidad de los miembros del Consejo General del Poder Judicial. Todo lo que vino después sólo han sido matices, de mayor o menor hondura, pero matices que no han alterado en el fondo lo establecido en 1985: la elección de las y los 20 integrantes del CGPJ por el Congreso y el Senado, frente a los 8 que le atribuía la Constitución en una lectura literal o naif, depende de cómo queramos calificarla.

Casi 40 años después, la práctica totalidad de los cuerpos institucionales que requieren mayorías absolutas para su renovación han vencido su mandato. El caso más grave y escandaloso es el CGPJ, cuyo mandato terminó hace ya casi tres años y cuya falta de contención en su interinidad ha revelado hasta qué punto su presidente, Carlos Lesmes, ha seguido operando como alto cargo del PP, pero por otros medios. Se suman la no renovación por falta de acuerdo de cuatro de las y los 12 magistrados del Tribunal Constitucional, de la Defensoría del Pueblo y, desde hace apenas unos días, los 12 consejeros del Tribunal de Cuentas, cuyo papel de mamporreros frente al indulto a los presos del procés todavía hace sentir sus efectos sobre la crisis territorial española.

En paralelo, no hay atisbo de reforma constitucional alguna para hacer frente a los gravísimos problemas que la arquitectura constitucional española ha ido padeciendo a lo largo de estas cuatro décadas. Ya lo dijo Mendoza: sin noticias de Gurb. A lo largo de los años, la descentralización de la gestión de las grandes políticas sociales ha terminado edificando un país profundamente desigual en lo que se refiere a la calidad de la sanidad, la educación, la vivienda o las prestaciones sociales, y la Constitución no ha ofrecido ni un solo asidero desde el que poder construir igualdad social. Con lo fácil que habría resultado hacerlo echando un vistazo al constitucionalismo de otros países amigos.

Lo mismo cabe decir de la corrupción. España ha alcanzado cotas de corrupción en todos los niveles de gobierno que en otros países darían por si mismas para abrir un proceso constituyente. Sin embargo, aquí lo único que hemos tenido como respuesta política han sido iniciativas legislativas de rango medio e intervenciones vergonzantes de los sucesivos gobiernos para controlar el nombramiento de los jueces de la sala de lo penal del Tribunal Supremo, la Fiscalía General del Estado o las interinidades de los instructores de la Audiencia Nacional.

El estallido catalán de la crisis territorial española habría dado lugar en cualquier otro país a una reflexión profunda sobre nuestra estructura territorial y la necesidad de revisar las enormes grietas que generó la arquitectura constitucional del 78. No es un ajuste de cuentas, es puro sentido común. Y sin embargo, el 1 de octubre sólo ha servido para judicializar la política hasta extremos vergonzantes, dinamitar puentes y animar a independentistas y constitucionalistas a ceñirse cinco centímetros más en cada sisa los odiosos trajes que cada bloque se ha confeccionado con sus respectivas banderas. Ni una palabra sobre la reforma constitucional. Sin noticias de Gurb.

La gestión de esta pandemia ha venido a convertirse en el último ejemplo de esta desoladora relación. Ni siquiera una emergencia sanitaria del calibre que tenemos sobre la mesa parece estar abriendo paso a propuestas que aboguen por una reforma del Senado, una redefinición de la naturaleza y el estatuto de los Consejos Interterritoriales o de la ingeniosa y al mismo tiempo inane Conferencia de Presidentes. Nada. Ni de un lado ni de otro se escucha una sola propuesta que extraiga conclusiones estructurales de nuestras experiencias. Todo nace, crece y muere en la coyuntura. Nada de política: sólo comunicación.

Habrá quien diga que no hay agua en la piscina para reformar la Constitución. Es falso. El agua la pone la gente y desde hace años sabemos que en España hay una mayoría superior al 65% que está a favor del reformar la Constitución. Alguien podría objetar a este dato que se trata de una posición genérica y que en realidad no existe un acuerdo sobre qué materias se deben reformar. Falso también. Los datos cosechados por el CIS en 2018 repiten lo que conocíamos a través de otros estudios: las grandes mayorías quieren una reforma constitucional que garantice la igualdad social, nos proteja contra la corrupción, resuelva nuestros problemas territoriales y haga que el voto de todas las personas cuente con el mismo peso.

Atendiendo a su causa directa, el bloqueo en la renovación del CGPJ, el TC, el Tribunal de Cuentas o la Defensoría del Pueblo, pero también la crisis territorial, la inutilidad del Senado, la desigualdad de los derechos sociales de la gente dependiendo de la comunidad autónoma en la que se vive o la desproporción del sistema electoral son, en realidad, el mismo problema: la consecuencia institucional o política de haber cimentado los pilares del Estado con leyes orgánicas aprobadas en un contexto de partido predominante. Durante los diez primeros años de vida del sistema consolidado, las Cortes no generaron fricción legislativa alguna a la acción del gobierno. Fue entonces, entre 1982 y 1993, cuando se normalizó una forma de hacer política en la que cada cual sólo hace aquello que puede hacer en solitario. Y así se naturalizó que si para hacer algo reformar la Constitución, modificar la LOREG, etc. era necesario contar con otros, la primera opción y la mejor era siempre la misma: no hacer nada. Muchos años después, M.Rajoy convirtió esta forma de hacer política en política a secas. Y así es como en España ni se reforma la Constitución ni se renueva el CGPJ. No porque no sea imprescindible ni porque no haya un acuerdo social para hacerlo, sino porque nadie parece dispuesto a asumir la responsabilidad de solucionar los problemas y no sus efectos. Esto ya no va del software: va de hardware.

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Carolina Bescansa es profesora de Sociología y Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid.

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20 Comentarios
  • Epi Epi 27/07/21 08:49


    " Uno por otro y la casa sin barrer". Artículo muy aclarativo de Carolina Bescansa: queremos hacer un cesto, pero "algunos" esconden las mimbres.

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  • Varsovia Varsovia 26/07/21 15:58

    Señora Bescansa, siempre es un placer leerla y escucharla. Me gusta su claridad.

    Lleva usted toda la razón. Hay que cambiar el hardware, porque éste el único software que soporta es el malware. Un abrazo.


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  • paloma88 paloma88 26/07/21 14:14

    Muchas gracias por el articulo, claro, conciso y de puro sentido comun

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  • GRINGO GRINGO 26/07/21 13:37

    Descansa Bescansa, que éste examen es para Septiembre.....qué chapa !!!!

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    • Ahankara Ahankara 27/07/21 10:02

      Venga hombre, no seas rencoroso.

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  • svara svara 26/07/21 12:21

    Buen artículo de Carolina Bescansa, se nos hace eco de lo complicado que resulta iniciar un proceso de reforma de la constitución que responda a las necesidades mas acuciantes de la generalidad ciudadana, dados los corsés legislativos poco democráticos y políticos mas preocupados por su caché y en mantenerse en política por el puro aspecto crematístico y de poder. Continuar por la senda que quieren los partidos mas conservadores no beneficia por igual a la ciudadanía, establece guetos en las instituciones que impiden un desarrollo normal de la actividad política y sume en la miseria a los de siempre, al no encontrar eco a sus necesidades en las instituciones que deben velar por ese bienestar social que, como a cualquier ciudadano, a ellos les afecta mas especialmente para sacarles de la vergonzosa penuria en la que viven por falta de leyes que impidan llegar a situaciones vitales límite en una sociedad moderna que propugna justicia social. Hay que terminar en las urnas con esta actitud retrógrada frente al progreso y la igualdad de oportunidades, si queremos tener una sociedad que en lugar de desintegrarse, sea mas solidaria, respetuosa y consecuente con los valores democráticos en un futuro inmediato. De no ser así, como a día de hoy, esos valores son puro escaparate.

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  • jumar jumar 26/07/21 07:41

    Bien Carolina, gracias por la clara reflexión. Pero a parte del hardware, o del software recuerda que también hay un firmware y otras características que nos vienen dadas (es decir IMPUESTAS) en este sistema que no se concreta y siempre se deja, interesadamente pendiente de ser INTERPRETADO (mientras sea "UN@ DE L@S NUESTR@S" quien lo interprete).

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  • ROMANILLO ROMANILLO 26/07/21 07:33

    Buen artículo y clara exposición. Felicitaciones

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  • JPZ JPZ 25/07/21 22:05

    El análisis es correcto, salvo que no es verdad que haya mayoría social para reformar la Constitución, ni quiere el Psoe, ni quiere el PP. Lo imprescindible es fortalecer el espacio a la izquierda del Psoe, con alguna fórmula de unidad y respeto de las diferencias, pues el Psoe en cuento pueda tirará hacia la derecha. Y entonces cualquier cambio de la Constitución será a peor. No otra cosa es el intento de acuerdos con Ciudadanos en Murcia.

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    • Ahankara Ahankara 27/07/21 09:54

      Total.ente de acuerdo. Eso de que la gran mayoría de ciudadanos, en torno al 65% dice, están por reformar la Constitución, no cada para nada con la enorme cantidad de gente que vota al PP, PSOE y no digamos a Vox un partido contrario claramente a ella y a cualquiera otra.

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  • Isabelle006# Isabelle006# 25/07/21 21:38

    Magistral. Hacía muchísima falta un artículo como este, el contubernio de los dos unicos partidos del Tinglado, en el que Felipe González Márquez tuvo una inmensa implicación como mestro bruñidor de un buen puñado de leyes sin control por mayorías absolutas, generando una pinza descomunal por el blindaje acordado con el amigo Aznar, hoy sobrepasa a niveles vergonzantes por el engaño con promesas incumplidas, maquilladas superficialmente, momentáneas y trileras que ponen de manifiesto su intención de seguir igual ¿quién dijo que el atado y bien atado era cosa de Franco?

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    • paco arbillaga paco arbillaga 26/07/21 07:23


      Isabelle006#: «… ¿quién dijo que el atado y bien atado era cosa de Franco?»: Lo recuerdan con frecuencia algunos militares (incluso con su deseo de cargarse unos cuantos millones de españoles que se quieren «desatar»), al igual que lo hacen algunos jueces, partidos políticos, y hasta algunos popes eclesiásticos, sin olvidarnos de algunos deformadores de opinión.

      Son numerosos los interesados propagadores de que continúe el «atamiento» franquista y además cuentan con muchísimos miles de seguidores. Osasuna2 salu2.

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      • paco arbillaga paco arbillaga 26/07/21 07:51


        Más interesados en que todo continúe atado y bien atado: «El diario de Villarejo revela que la brigada política del PP atacó a Podemos desde su irrupción. - Las primeras anotaciones del comisario sobre Podemos se remontan a septiembre de 2014, apenas cuatro meses después de que la formación obtuviera cinco escaños en las europeas. En el mes de enero siguiente, el número dos de Interior contacta con Villarejo: "Venezuela-Podemos. Varias gestiones. Quedamos en hablar''»:

        https://www.eldiario.es/politica/diario-villarejo-revela-brigada-politica-pp-convirtio-objetivo-irrupcion_1_8121323.html

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        • Isabelle006# Isabelle006# 26/07/21 12:51

          Gracias, Paco interesante artículo que pese a que ya sabíamos de semejantes movimientos cloaqueros, hoy nos lo confirma el mafioso Villarejo, hombre fuerte de las Cloacas del Estado donde nadaban los gobernantes de uno y otro bando político, uno pergueñaba bulos y el otro miraba para otro lado, a mi que no me digan que estas prácticas no llegaban a los oídos de la oposición, teniendo entre sus filas adeptos en todas las instituciones del Estado y en medios de comunicación. Osasunados Saludos

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          • Ayla* Ayla* 26/07/21 20:10

            No, nadie sabía nada, como con el demérito.

            Igual que no se han dado cuenta que han estado acosando en su domicilio a una familia con tres menores.

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            • Ahankara Ahankara 27/07/21 09:45

              El problema es que gran parte de la izquierda y muchos votantes de izquierda compra las calumnias y los bulbos que lanzó y lanza el fascismo convirtiéndose ellos mismos en correa de transmisión de esas calumnias colaborando y llamando a la movilización.
              El votante de izquierdas es muy endeble y los partidos de izquierda muy rápidos y prestos al enfrentamiento entre sí, cumpliendo de esta forma con el objetivo que se marcan los Villarejos y sus medios y cayendo en sus trampas. Es desesperante. Mientras permanezcamos divididos ganarán siempre.

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              • Ahankara Ahankara 27/07/21 09:50

                Tengo el día. Donde pone movilización quiere decir desmovilización.

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              • Ahankara Ahankara 27/07/21 09:48

                Quise decir bulos.

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  • Eleusis Eleusis 25/07/21 21:15

    No se si el PSOE quiere de verdad cambiar este país, me gustaría que si, pero no les veo el coraje y las ganas de hacerlo. Buen artículo gracias. 

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    • Ahankara Ahankara 27/07/21 09:48

      El PSOE, atendiendo a lo que describe minuciosamente Descansa, es uno de los artífices del "hardware" existente y no le interesa cambiar para nada algo que sirve muy bien a sus intereses aunque no esté en el poder.

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