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Franco y la cruz laureada de San Fernando (5/17): Nueva EPRE sobre la herida auténtica del 'Caudillo'

Publicada el 10/10/2021 a las 06:00

Pocos años después de llevar las anteriores “perlas” expuestas por la señora duquesa de Franco a la atención del público lector, el profesor Stanley G. Payne y Jesús Palacios Tapias escribieron una biografía política del papá (un grupo de historiadores la examinamos críticamente en una revista académica digital en un número extraordinario titulado Sin respeto por la historia.

En ella subsistieron las interesantes informaciones de su sobrecogedora obra anterior, aunque con nuevos toques: “Se dice que en un momento dado [Franco] cogió el rifle (sic) de uno de sus soldados caídos para disparar al enemigo”. Impertérritos, y tras el “se dice” que marca indudablemente una cierta distancia, los autores se pusieron a inventar: “Al instante fue herido en el abdomen por una bala de una ametralladora situada en lo alto de la colina”.

En situaciones parecidas, creo que para repeler un asalto quienes manejan las ametralladoras suelen disparar en ráfagas, más fácil que tiro a tiro (y que constituye, además, una tentación irresistible para tropas no entrenadas y acostumbradas a mantener, llegado el caso, un férrea disciplina de fuego). Los dos autores citados afirman que los indígenas poseían al menos dos ametralladoras, adquiridas posiblemente a los alemanes. Confieso no haber llegado a tales extremos de agudeza inquisitiva —y, ciertamente, no he encontrado la EPRE (Evidencia Primaria Relevante de Época) correspondiente—, pero remito a los lectores al correspondiente artículo de Wikipedia. Franco tuvo mucha suerte de que le tocara un único proyectil. Que fuese de una ametralladora es otro tema.

No me resisto, en cambio, a citar in extenso afirmaciones algo más interesantes (para los propósitos de esta serie) de tan cuidadosos e ilustres biógrafos.

“Años después Franco narraría su versión de lo acontecido en aquella refriega (…) Describió la protección que proporcionaron varios de sus regulares y subrayó que había conservado la lucidez para entregarle a un oficial las 20.000 pesetas que, como tesorero de la unidad, llevaba para pagar los sueldos el día de la paga” (sic).

¡FENÓMENO! Sorprende que Payne no se asombrara, en 2014, de que su biografiado entrase en combate con la tan cacareada fortunita a cuestas ni que tampoco tal cuestión llamara la atención de su compañero de investigación que, probablemente, habrá hecho la mili (si bien no lo sé de cierto, pero un exCEDADE aceptaría tal deber patriótico como timbre de honor). Ruego al lector que medite en una parte del párrafo transcrito: siguiendo el camelo básico de Franco/Arrarás de más de setenta años antes, tan distinguidos autores continúan presentando al joven capitán aferrado a las “pelas”. Servidor se pregunta, tras haber estudiado el comportamiento financiero del Caudillo en la guerra civil, si no se trataría de alguna forma de transferencia de orden psicológico que Franco hizo a Arrarás y, gracias a la biografía que éste escribió, por su mediación a docenas de brillantes historiadores posteriores. Un capitán pulquérrimo en temas de dinero. Esta es la conclusión inescapable que se desprende, para mí, de tan repetido episodio.

Dicho lo que antecede reproduzco a continuación lo que he encontrado sobre la famosa herida en el expediente personal de Franco. No conozco que ninguno de mis numerosos críticos y detractores se haya molestado en buscarlo. Es EPRE, en forma del parte médico siguiente:

“Este Sr. Capitán fue herido en el combate del Biutz el día 29 de junio quedando en el Hospital de Sangre de Kudia Federico por su estado gravísimo y no poder ser transportado hasta el día 12 de julio que ingresó en esta clínica procedente del hospital de sangre Kudia Federico. Presentaba una herida por arma de fuego de proyectil máuser con orificio de entrada por el séptimo espacio intercostal derecho a nivel de la línea axilar anterior y salida por la región lumbar izquierda línea escapular, a nivel de la tercera vértebra lumbar. El proyectil siguió un trayecto de adelante atrás, de arriba abajo y de derecha a izquierda, habiendo interesado el proyectil el lóbulo inferior del pulmón cerca del borde, el diafragma, ligera rozadura en el borde superior del hígado y el páncreas. El tratamiento fue reposo absoluto y dieta láctea los primeros días, curándose las heridas con alcohol y tiocol y cicatrizando sin complicación alguna.

Ceuta, 2 de agosto de 1916.

El Jefe de la Clínica. Cecilio Hernández. Rubricado

Es copia

El Director”


¡Vaya una desilusión!

Después de decir adiós al invento de las ametralladoras, quizá alemanas, debo lamentar (las negritas en itálicas de la transcripción las he resaltado adecuadamente) no haber encontrado referencias documentales muy precisas (aunque sí algunas que veremos en una próxima entrega) a las capacidades de diagnóstico del hospital para poder detallar de tal manera el recorrido del proyectil y la afectación de las partes abdominales.

Tampoco sé si el documento puede considerarse absolutamente fiable. Sin embargo, es histórico porque desempeñó cierto papel en el juicio contradictorio que se abrió a Franco sobre si merecía o no la Laureada, que es el tema central de esta serie. Se trata de una copia, no el original, y si es una copia el autor, quizá en un descuido, omitió señalar la fecha en que la hizo. También ignoro si hubiera podido haberse efectuado alguna otra alteración con respecto al texto primitivo.

Esto viene a cuento porque, como señala José Luis de Vilallonga (El sable del Caudillo, Plaza y Janés, Barcelona, 1997, p. 37), después de afirmar que Franco cayó herido al final de la operación, “inmediatamente corrió entre los soldados y oficiales la voz de que a Franquito le habían pegado un tiro en los huevos” (sic). (Advierto que servidor no es tan procaz como el deslenguado aristócrata).

Es más, algún autor reciente y citado por otros autores, como es el psicólogo Andrés Rueda (Franco. El ascenso al poder de un dictador, Nowtilus, Madrid, 2013, p. 66) afirma rotundamente que fue herido “en el aparato genital”. Debo decir que me sorprende. La pérdida o incapacidad de dicho aparato figuraba en las tablas de exenciones que imposibilitaban el acceso al deber de servir a la Patria con las armas. Es evidente que cualquier médico militar (no había otro en El Biutz) lo hubiese hecho constar. Es decir, es improbable que no le hubiesen llamado inmediatamente la atención y figurado en el parte.

En lo que se refiere a la copia anterior he consultado al Dr. Miguel Ull, hijo, quien me informa que “es difícil con los medios de la época y sin abrir al paciente (cirugía para un vivo o autopsia para un muerto) saber tan detalladamente el recorrido del proyectil y el grado de la afectación de los órganos. Esta herida no tendría por qué afectar a la posible capacidad procreadora si no afectó a la médula espinal y salió la bala por donde dice el parte. Otra cosa es que el parte sea falso y la salida del proyectil fuera en las 'partes bajas'“.

Naturalmente, no puede obviarse la posibilidad de que, a medida que la estrella de Franco fue ascendiendo hasta llegar al generalato, un sicario cualquiera hubiese podido arramplar años más tarde con algún documento del expediente y reproducido parcial o falsamente el parte médico de 1916. Con todo, quedan indicios que me llevan a sostener que, para el tema en cuestión, es algo totalmente inverosímil.

Para sostener esta tesis, que comprendo que se opone a miles de murmuraciones y mitos muy del agrado de los millones de personas a quienes Franco no les inspira mucha simpatía, hay que volver atrás en el tiempo. Ir a los inicios, por así decir. En este caso a las declaraciones del Dr. Enrique Blasco Salas, el primer médico que atendió a Franco en el puesto de socorro de urgencia. Sorprende un poco que los miles de turiferarios, civiles y militares, que tuvo Franco en su vida y sigue teniendo tras su muerte hace ya más de cuarenta años, no se hayan preocupado de aclarar el incidente. Así que le ha tocado hacerlo a un servidor.

El 21 de enero de 1917, a los seis meses del glorioso incidente de El Biutz, el Dr. Blasco Salas indicó en el juicio contradictorio para la concesión o no de la Laureada al capitán Francisco Franco que el espacio intercostal fue el sexto; que la bala atravesó el tórax y el abdomen; que el orificio de salida fue por la región lumbar izquierda; que el pronóstico inmediato era gravísimo; que con la hemorragia y el colapso producido era imposible en absoluto que el capitán Franco quedase en condiciones de mandar ni aun con lenguaje mímico fuerza alguna inmediatamente después de recibida la herida que produjo, según queda dicho, la pérdida de conocimiento”.

Añadió que ya “había curado dos o tres individuos de tropa” y que “el citado capitán fue el primer oficial que pasó por la ambulancia”. OBSÉRVESE QUE NO HAY LA MENOR ALUSIÓN A LAS “PARTES BAJAS”. Me parece imposible que se falseara este tipo de lesiones que, repito, no figura en las declaraciones del juicio contradictorio. En mi modesta opinión, sirve para desautorizar plenamente el rumor del que se hicieron eco Vilallonga y tantos otros.

Con todo, en el juicio contradictorio lo más importante fue determinar (por las razones que veremos más adelante) si el herido pudo hacer algo para mandar la tropa. La respuesta del Dr. Blasco Salas fue una negación rotunda. Y con ello empiezo a cargar el torpedo que se disparará en la línea de flotación de numerosos cuentistas y aficionados a cierto tipo de heroicidades que rodearon y rodean la inmarcesible figura del futuro Caudillo. No por casualidad.

¿Qué hizo el fiscal que intervino en el juicio contradictorio? Se llamaba Antonio Gudín García y era comandante de EM. Acababa de tomar posesión de su puesto en la Comandancia Militar de Ceuta. Siguiendo órdenes, a las que aludiremos en una futura entrega, recabó un pronunciamiento taxativo respecto al heroico herido.

Correspondió a los doctores y médicos militares Gustavo Prieto Muñoz, Luis Cuveiro Parcero y Miguel Benzo Cano dar tal pronunciamiento el 21 de marzo de 1917 (es decir, casi un año después del suceso y dos meses tras las declaraciones de su compañero Blasco Salas). Estudiaron detenidamente los antecedentes obrantes en el hospital, es decir, la historia clínica. Se trataba, naturalmente, de la fuente principal de información para cualquiera que se acercase al tema. No la hemos encontrado en el expediente de Franco, pero a lo mejor se conserva por algún lado, aunque probablemente se tiraría a la basura. En aquellos momentos, no cabe olvidarlo, nadie en su sano juicio hubiera pensado que Franco llegase a ser capitán general de los Ejércitos, presidente del Gobierno y Jefe del Estado español. El mayor genio militar de la Historia contemporánea de España, según importantes autores. En cualquier caso, aportaremos más EPRE, ese tipo de documentos de los que tantos aficionados se ríen.

El trío de médicos militares convino en lo escrito por el Dr. Cecilio Hernández. Me dice el Dr. Miguel Ull Jr que la diferencia entre espacios intercostales no es muy importante. Aunque el primer galeno que atendió a Franco dijo séptimo, según su apreciación inmediata prácticamente a la salida del campo de batalla, hay que fiarse de la historia clínica posterior, establecida según normas mucho más estrictas y tras detenida observación en el hospital que acogió al supuestamente heroico capitán.

Ahora bien, es fácil observar discrepancias, dudas, equívocos en lo referente a la pérdida de conocimiento de Franco y a la posibilidad de que pudiera haber seguido dando órdenes a la tropa, en un rasgo de supremo heroísmo. El Dr. Blasco Salas había visto al herido inmediatamente después del percance y, desde luego, es difícil que hubiese habido alguien mejor que él para apreciar cómo se encontraba físicamente en aquel momento, es decir al poco tiempo de recibir el tiro de marras.

*Esta serie está dedicada a la memoria del Dr. Miguel Ull y de mi primo hermano, Cecilio Yusta, fallecidos a causa de la pandemia, que me ayudaron a desentrañar el primer asesinato de Franco, en la persona del general Amado Balmes.

* Ángel Viñas es economista e historiador especializado en la Guerra Civil y el franquismo.

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3 Comentarios
  • diego lopez diego lopez 10/10/21 14:25

    Muy agradecido por este artículo.
    Viñas sigue desgranando minuciosamente las circunstancias, paso a paso.
    El lector Centén Martín pregunta sobre las declaraciones de otros testigos del hecho. Saldrán, Viñas no deja huecos sin cubrir.
    Lo importante es cómo se van desmontando las mentiras que durante la dictadura se fueron amontonando sobre la única herida de tan belicoso mílite.
    Salud y República

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  • JOLOVA JOLOVA 10/10/21 12:43

    Gracias profesor Viñas. Nueva entrega de las hazañas del "oficial pagador" ¡ al aaataquee !, con la pasta de la tropa en su bolsillo ... ¡ Un caso único en la milicia ! Cualquier día algún historiador de esos profranquista y "super pelota"de SEJE, nos cuenta las aventuras de como Franquito "andaba sobre las aguas" y como multiplicaba los "panes y el rancho" a la soldadesca magrebí ... Me creo ya cualquier cosa ... ¡ Cosas veredes, Sancho !
    Va a resultar que el gallego del Ferrol , era una especie del Karl Friedrich Hieronymus barón de Münchhausen del siglo XVIII, pero más bajito ... ¡ Por favor , profesor Viñas ... más madera... ! Pero esta gente tardofranquista ¿ no se cansa de decir tantas "chorradas ? Está por venir la "del caballo blanco del héroe" como si fuera un vulgar "el llanero solitario" de cómic americano.

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  • José Enrique Centén Martín José Enrique Centén Martín 09/10/21 21:30

    Me gustaría saber si hay constancia de los Regulares que llevaron al capitán herido al hospital de campaña. Relato de Abdón Martin Nieto fallecido en 1968, el fue uno de ellos. También condecorado por heridas y licenciado. Cuando se fundó la Legión se apunto en el Banderín de Bilbao,. Acabó como sargento legionario. Pero fiel a la República fue detenido en Valencia en 1939, condenado y encarcelado en Sigüenza y luego desterrado a Málaga. No le fusilaron como era habitual en esos cafres (alcanzó el grado de Tte.Coronel con el ejército republicano), por el motivo indicado anteriormente me dijo. Fue amnistiado el sargento Abdón en 1978. 10 años después de su fallecimiento. Abdón Martín Nieto era mi abuelo.

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